Los nuevos paradigmas

Política

Estamos llegando a un país donde atacar una legislatura, cerrar una ruta o tomar una comisaría como piquetero acreditan mérito para ser candidato a ingresar en el Congreso nacional como legislador. Donde la escolaridad pública insume menos período anual que los de vacaciones y huelgas. Donde el sindicalismo lo maneja Hugo Moyano; y la Justicia, Horacio Verbitsky. Donde hemos pasado del «voto cuota» al «voto pago fácil» en octubre próximo. Donde los propietarios de empresas de camiones son eximidos de aportes previsionales por decreto si adhieren a Moyano; y los empresarios de medios de difusión, castigados con multas de medio millón de dólares para arriba por capciosa interpretación. Donde nos salvamos de pagar 20.000 millones de deuda, pero perdimos 25.000 en inversiones por el regateo de tres años que nos descolgó del mundo. Donde el mayor enemigo del gobernante pasó a ser el otrora patrocinante, y nadie sabe conceptualmente qué los diferencia. Donde el Parlamento no puede deliberar porque una mafia gremial se lo impide. Donde la «caja» oficial y la cama matrimonial pasaron a ser el foro de donde emergen los postulantes a sancionar futuras leyes. Donde el ideal de prensa pasó a ser el coro. Donde en los actos de la oposición hay menos concurrentes atemorizados que «escrachantes» intimidadores. En este nuevo país, Hugo Moyano asumió ayer su unicato desde el cual mandará en la CGT sin intervención de los grandes gremios tradicionales.

Hugo Moyano se emocionó ayer, para decir a los demás capitostes de la CGT que lo escuchaban alrededor de la mesa del nuevo consejo directivo: «No soy soberbio; lo seré cuando me enfrento a los empresarios o al gobierno de turno. Pero jamás sería soberbio o perjudicaría a un compañero o un trabajador». Era una aclaración oportuna: muchos sindicalistas de los que estaban en la reunión temen ahora por el poder que le otorgaron a alguien cuyos límites y tendencias no conocen. Ahora lo encumbraron al frente de un unicato sindical y se les vuelven más preocupantes algunos detalles de los últimos tiempos: en la CGT se pusieron al día con los sueldos, pintaron, cambiaron los muebles, colgaron nuevas cortinas. Es decir, Moyano llegó ayer a la cúspide para pelear un largo período de poder sindical.

La aclaración de Moyano estuvo dirigida a un grupo de gremialistas que están incómodos por la ausencia de los «gordos» (Armando Cavalieri, Oscar Lescano, Carlos West Ocampo, José Pedraza, etc.) en la nueva jefatura. El camionero sabe que Gerardo Martínez, Andrés «Centauro» Rodríguez y el propio José Luis Lingieri no lo aprecian demasiado y les hubiera gustado diluirlo en un grupo más amplio y variado. Pero debieron optar, un poco por la corriente mayoritaria que se formó a favor del camionero, otro poco por la orden de Néstor Kirchner: «El gobierno está con Moyano». Hasta a Lingieri se lo veía ayer un poco desorientado: después de todo, él había llegado a la nueva conducción a pedido de los « gordos», pero otra vez decidió no tener pasado y olvidar a quienes le dieron un poco de poder. Ahora es moyanista, como antes fue menemista. Hasta hizo un discurso en contra de Susana Rueda, mientras la otra representante de los «gordos» recorría el edificio, retiraba papeles, hablaba con la prensa en contra de todos los que estaban reunidos para consagrar a Moyano.

• Advertencias

El nuevo mandamás de la central obrera no sólo debió dar garantías a quienes lo creen un prepotente, capaz de utilizar el nuevo cargo en contra de otros sindicalistas para quitarles afiliados, como sucedió con Cavalieri. Moyano también tuvo que escuchar, estoico, advertencias más o menos contundentes sobre lo que se espera de él. Tal vez quien más claramente se expresó fue Raúl Martínez, del sindicato del Seguro (otrora ligado a Alberto Fernández), quien le recordó al nuevo jefe que «hay que pelear por los intereses de los trabajadores, sobre todo frente a un gobierno que es una continuidad neoliberal del de los '90". No hizo falta que Luis Barrionuevo, junto con Juan Manuel Palacios uno de los dos cerebros de la operación de Moyano, expresara alguna combatividad. Apenas recordó que «hoy cumplimos con los pactos que hicimos el año pasado; ahora tenemos que pelear con más fuerza por los interesesde los trabajadores». Kirchner debería haber hecho filmar los rostros de la mayoría de los gremialistas alrededor de la mesa: en muchos la expresión equivalía a «no te confíes, ahora vamos por vos, Néstor». Uno de los presentes, de un sindicato de servicios, comentó ante este diario: «Al Presidente le hicieron confundir de 'gordos'. Creyó que el peligro eran los 'gordos' de Duhalde. El peligro somos nosotros». Sinceridad implacable para decir algo que para ellos es evidente: «Moyano le puede sacar a Kirchner toda la plata que quiera, como está haciendo. Pero cuando cambie el viento, será el primero en enfrentarlo. El no quiere ser otra cosa que el jefe de la CGT más combativo de la historia».

Teorías que, por ahora, son de difícil verificación. Anoche, los duhaldistas del grupo debían desmentir que su nuevo jefe estuviera con Kirchner ofreciéndole apoyo electoral para el acto de lanzamiento de Cristina, hoy, en La Plata. ¿Lo invitará a Kirchner al acto oficial de asunción que prepara para el próximo jueves en la CGT? Moyano estuvo con el Presidente después de su asunción pero no se informó sobre si hablaron del acto de hoy. En realidad, en los gremios hay bastante desencanto electoral con el gobierno. Tanto que hasta Andrés Rodríguez, socio de Alberto Fernández en el PJ Capital, prometía ayer que, una vez firmada la paritaria de UPCN con el jefe de Gabinete, soltaría amarras. En cambio, Julio Piumato seguía apegado ayer a la sexta candidatura de la lista de diputados que le ofreció Fernández. A pesar de la burla de sus compañeros quienes, como el colectivero Palacios, le decían ayer: «Para estar sexto, mejor pasate a la lista de Moria que es más divertida que la de Morgado».

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