Ningún problema más grave que la basura

Política

Mauricio Macri deberá enfrentar, no bien asuma el Gobierno porteño en diciembre, un tema que hoy no se ventila y que tampoco promueve adhesiones, pero que puede jaquearle la gestión como ningún otro: el destino final de las más de 150.000 toneladas mensuales de basura que produce el distrito.

Hasta ahora, esos desperdicios se entierran en territorio bonaerense junto con los residuos del Gran Buenos Aires y en conjunto acumulan unas 15.000 toneladas diarias.

El problema será si se le impidiera -como ya se piensa- seguir utilizando los llamados rellenos sanitarios bonaerenses. Casi podría ser la excusa del gobierno para mortificar al mandatario electo el día de mañana.

Algo ya le anticipó Daniel Scioli. En caso de que el vicepresidente acceda en diciembre a la gobernación de la provincia, le pondrá a su vecino porteño -y socio de la CEAMSE-, por lo menos, condiciones. Pero, aun sin restricciones, el destino final de la basura metropolitana ya presagia una crisis en los próximos años. Para evitarla, los expertos dicen que se debe actuar ahora.

Scioli tiene un equipo, que coordina la Ana Corbi, que viene desarrollando cómo implementará una solución para la basura en la provincia en caso de consagrarse gobernador. Quiere eliminar unos 150 basurales clandestinos a cielo abierto y lo viene prometiendo en campaña. Maneja un plan para reducir los desperdicios en origen, es decir, que los consumidores intensifiquen la separación y luego se reciben en puntos especiales, aunque nada de eso provocará resultados inmediatos. En lo referido a los residuos de la Capital Federal y el resto de la llamada Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), ya hay una decisión tomada: se cerrarán a fin de año los rellenos sanitarios bonaerenses que mantieneen González Catán y en Ensenada la CEAMSE (Coordinación Ecológica Area Metropolitana Sociedad del Estado).

  • José León Suárez

    Hasta la Justicia ha intervenido por la inconveniencia de seguir utilizando esos predios para depositar los residuos de la Ciudad y los municipios del conurbano por las consecuencias que trae para los pobladores de la zona. Quedará solamente el relleno denominado como Norte III, que está ubicado en el Camino del Buen Ayre, en José León Suárez, Partido de San Martín.

    Ese relleno fue abierto en 2000 (se amplió en 2004), cuando Aníbal Ibarra se encontró también con que no había más capacidad para la basura de sus vecinos en Villa Domínico (ya cerrada). La Ciudad de Buenos Aires y la provincia son socias en la CEAMSE, pero la Capital Federal además es cliente, junto con los municipios bonaerenses. Sin bien los dos distritos aportan fondos para la infraestructura de los rellenos sanitarios, además la Ciudad paga por toneladas como los municipios, que suelen tener deuda por el servicio. Hasta ahora, ningún intendente quiere que se abra otro relleno en su territorio, pero alguna solución de ese estilo deberá encontrar Macri para el futuro. El plazo que tiene no se puede medir hoy, porque juegan distintas situaciones. Si se cierran Ensenada y González Catán, los residuos que allí se depositan recalarán en Norte III, pero además, en los últimos años se ha incrementado la cantidad de basura, al ritmo de la mejora económica. La operación de ese relleno está a cargo del consorcio TECSAN, que integra Benito Roggio e Hijos/ ORMAS SA-UTE y allí se admiten -como en los otros dos que aún funcionan- tanto residuos de las casas de familia como de generadores privados, comercios y pequeñas industrias. Cuando se inauguró, se calculaba que aproximadamente podría recibir unas 15 millones de toneladas. La Ciudad lleva cada día unas 5.500 toneladas.

    Pero, si quedara como único relleno, su vida útil no puede calcularse hoy. Algunos estiman ocho años; otros, cuatro o menos.

    Explicó el legislador Alberto Pérez -integrante de los equipos de Scioli- que, en principio, si asumiera el vicepresidente la gobernación bonaerense, le exigirían a la Ciudad acciones para disminuir la cantidad de desperdicios. «Si la Ciudad no hace un esfuerzo por reducir la cantidad de basura y aplicar la Ley Basura Cero, en esas condiciones, no seguiremos recibiendo los residuos», dijo Pérez aludiendo a la puesta en marcha de la norma que prevé disminuir los residuos a lo largo de una década, aproximadamente.

    El problema de la disposición final de lo que se denomina residuos sólidos urbanos preocupa también al actual ministro de Medio Ambiente de Jorge Telerman, Juan Manuel Velasco (promotor, además, de la Ley Basura Cero). El funcionario, que ayer anunció la apertura de otros dos centros verdes para la separación de basura, admitió que la cantidad de desechos que se separan allí no incide para nada en el total.

    Velasco explicó que « aproximadamente son unas 15 toneladas diarias» lo que se clasifica de lo que ya viene separado, proveniente de grandes generadores, como hoteles. El ministro consideró que «hay que producir un espacio donde los cartoneros sean clasificadores, con un ingreso mensual, y se pueda dar participación al capital privado para la recuperación como se hace en otros lugares del mundo».

  • Conducta dura

    Pero, la conducta de los vecinos de la Capital Federal aparece en ese sentido dura. No logró Ibarra la separación de cartones en bolsitas verdes, y Telerman, en un paso más, abrió cuatro centros de recuperación que no llegan a procesar ni 1% de lo que tiran los porteños.

    Todos hablan de «separación en origen», lo que significa que cada consumidor disponga en forma diferenciada los residuos secos (botellas, cartones, etc.) de los otros, como restos de comida.

    En ese sentido, aliado de Telerman en la actualidad, el legislador porteño, Alejandro Rabinovich, aventuró otro matiz del conflicto: «Es lógico que los municipios bonaerenses no quieran recibir nuestra basura; no tenemos por qué contaminarlos». Advirtió entonces que «Macri debe plantearse el tema con urgencia porque dentro de cinco años no vamos a tener dónde tirar los residuos porteños; es necesario comenzar con que todos los vecinos, no sólo los grandes generadores, separen secos de húmedos».

    Para Rabinovich, «si no pensamos la Ciudad de Buenos Aires a mediano plazo, con los niveles de crecimiento de los últimos años, las toneladas de basura que producimos van a ser un problema gravísimo».
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