16 de marzo 2007 - 00:00

Se complica aun más la relación con Uruguay: pedirían relocalizar ENCE por contaminación

Se complica aun más la relación con Uruguay: pedirían relocalizar ENCE por contaminación
Al hipotético conflicto por el agua (tema de Tabaré Vázquez con George W. Bush, luego que lo admitiera la Argentina) se suma ahora la instalación de la planta celulosa de ENCE (a estrenarse en setiembre de 2009) en las inmediaciones de Colonia, exactamente en Conchillas. Esa fábrica tendrá una dimensión más vasta que la que inicialmente los españoles iban a edificar en Fray Bentos, lugar del cual partieron para evitar complicarse socialmente con el proyecto de la finlandesa Botnia.

Pero ocurre que distintos ambientalistas, más activos desde que prosperaron los cortes en Gualeguaychú, han comenzado a observar críticamente la iniciativa de ENCE y, por lo tanto, a recolectar adhesiones para forjar un movimiento en contra de la futura planta, advirtiendo al gobierno sobre nuevos conflictos en el pleito con el Uruguay.

En principio, aparte de la desconfianza por las seguridades que los directivos de ENCE les garantizaron a los habitantes de Conchillas en materia de contaminación, varios especialistas impugnan la certeza presunta de que el Río de la Plata -por ser más amplio que el Paraná- padecerá menos riesgos contaminantes. Al contrario, se teme que debido a los vientos, la famosa sudestada, por ejemplo, distintos tipos de destrucción ecológica impacten sobre Buenos Aires, La Plata y hasta Mar del Plata (como modelo exterminador le atribuyen a la planta de Fanapel, en el comienzo de la costa uruguaya del Río de la Plata, responsabilidad en la muerte de los sábalos del lado argentino). Esta presión de técnicos y estudiosos, más la gestación de ciertos movimientos de protesta, empieza a incomodar al gobierno Kirchner, el que duda -al menos, analiza esta posibilidad- de la conveniencia de recurrir a la española ENCE para que, de nuevo, relocalice su planta en Conchillas, como ya lo hizo en Gualeguaychú (para ser ubicada fuera de la Cuenca del Plata, recordar que hay un tratado al respecto).

El cuadro se complica semana a semana, con agregados como la andanada de insultos que recibió el presidente del Uruguay de sus socios del Mercosur Néstor Kirchner y Hugo Chávez por recibir a George W. Bush, algo que aleja los ánimos de cualquier acuerdo.

O el gesto que significa que el gobierno argentino haya elegido la zona de Gualeguaychú como sede de maniobras de entrenamiento de militares que participarán del programa de Cascos Azules de la ONU. Ya el año pasado hubo un simulacro de conflicto en esa frontera con el Uruguay que ese país tomó como otra agresión.

Parece un episodio de nunca acabar, una azarosa novedad cuando el mediador o «facilitador» entre la Argentina y el Uruguay por el caso Botnia, un personal representante del rey de España, ya no sabe a qué recurso apelar para salir del aprieto en que se encuentra entre los dos países.

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