Serios, Brasil y Chile no revisan leyes del pasado

Política

Los gobiernos de Brasil y Chile se pronunciaron ayer contrarios a revisar el pasado y eventualmente derogar las leyes de amnistía que perdonaron los crímenes de lesa humanidad, como lo hizo el gobierno de Néstor Kirchner con efectos políticos impredecibles.

El presidente chileno, Ricardo Lagos, aseguró que no piensa impulsar la anulación de las leyes que perdonaron los crímenes de la dictadura en su país. En el mismo sentido, se pronunció el gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva: «Brasil ya cerró sus heridas por la represión ilegal de la dictadura y no hay ninguna posibilidad de que se deroguen las leyes que beneficiaron a los represores, como se debate en la Argentina y Chile».

En declaraciones al diario brasileño «Folha de Sao Paulo», Lagos precisó: «A los organismos de derechos humanos no les gustó que no haya aceptado enviar un proyecto revocando la ley de amnistía creada por el gobierno Pinochet. No tengo fuerza política para revocarla».

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Y si tuviera votos y revocase la ley de amnistía, ¿cuáles serían los efectos jurídicos? Ninguno», completó.

Las pragmáticas apreciaciones de
Lagos siguen la lógica que rige el derecho en el mundo: las leyes no tienen efecto retroactivo. Salvo, claro está, en la Argentina, donde hasta un Congreso puede anularlas.

La semana pasada,
Lagos también propuso la reducción de penas a los militares que colaboren con la Justicia, siempre que «no hayan participado del núcleo que ordenó las torturas», e indemnizaciones a los presos políticos.

Cuando el periodista le pidió una evaluación sobre la decisión de
Kirchner de impulsar la derogación de las leyes que perdonaron a los militares, Lagos respondió: «Depende de cómo funciona el sistema judicial en cada país. En Chile -dijo-casi todos los casos de desaparecidos llegaron a la Justicia aun en el régimen de (Augusto) Pinochet. En otros países, los procesos sólo fueron abiertos después del fin del régimen militar», agregó.

Lagos
afirmó que su objetivo es reforzar la cohesión social de su país ya que «un país sin cohesión social es conflictivo. Un país conflictivo no es competitivo. Para competir en el exterior es preciso cohesión social».

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En Brasil no tiene sentido anular la ley de amnistía para que vuelvan los procesos. Hoy la deuda mayor que quedó con el pasado son los desaparecidos y muertos cuyos cuerpos no fueron devueltos», dijo a la agencia «ANSA» Nilmario Miranda, secretario nacional de Derechos Humanos del gobierno de la izquierda moderna brasileña.

Miranda
, ex preso político durante el gobierno militar y ex diputado del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, dedicó gran parte de su vida pública a la cuestión de los desaparecidos y muertos durante el gobierno de facto brasileño.

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Las secuelas de la dictadura no dividen a los brasileños -afirmó Miranda-; no es un tema que forme parte de la lucha política. Es reconocido como un deber del Estado. No es una cuestión de los partidos políticos

Sin embargo, el funcionario admitió que «
existen pequeños grupos y personas que utilizan el tema políticamente, y a partir de lo de la Argentina van a resurgir».

Para
Miranda, es importante entender que « la dimensión de las desapariciones y muertos en Brasil es bien menor» que en países como la Argentina y Chile.

Recordó que fue Brasil el que exportó esa metodología para sus vecinos, porque su primer caso es de 1969, el de
Virgilio Gomes da Silva.

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