Shannon, de la basura a la mesa

Política

Alas 5 de la tarde, finalmente, Cristina de Kirchner recibirá a Tom Shannon, el segundo del Departamento de Estado norteamericano para las relaciones con Iberoamérica. Dicen que influye poco en la administración Bush, tal vez por el escaso interés de ese gobierno por esta región del continente (y, en especial, por ciertos países). Viene, claro, a enmendar una demorada quebradura entre los dos países desde que la Justicia de los Estados Unidos investiga al valijero Antonini Wilson por los 800 mil dólares que trajo desde Venezuela. Como se sabe, en su momento sostuvo que ese dinero era para la señora de Kirchner y ésta, ya Presidente, impugnó esa declaración, calificándola de «operación basura» al tiempo que imaginaba una suerte de complot y un enjuague entre el poder político norteamericano y los jueces de ese país. Hoy todo sigue igual, avanzó el proceso en los estrados de aquellas tierras, con nuevas confesiones, pero ya nadie señala si esto es basura. Casi una alegría la llegada de Shannon, a quien ya no se lo reputa como enemigo público, el afincado embajador Earl Wayne se desvive en declaraciones a favor del país, su colega argentino Héctor Timerman presentó credenciales en Washington sin reparos y, si no hubiera sido por la crisis del campo, el recién llegado hubiese tenido el privilegio de entrevistarse con Alberto Fernández en Washington hace una semana, luego de disertar en el corazón más conservador de EE.UU.: el Council of Americas. Pero el corte en las rutas del agro también bloqueó el viaje a los Estados Unidos del jefe de Gabinete, (como el de Cristina de Kirchner a Londres, en un periplo más progre).

Con Shannon, para demostrar amistad, es probable que la Argentina anuncie un mecanismo de consulta bilateral a reunirse dos veces por año con pompa y circunstancia. En rigor, esto ya existe, pero la burocracia -y la escasa disposición- durmió el proyecto, sobre el cual el visitante junto a Timerman conversaron en el 1815 de la calle Q, sede de la residencia argentina, durante un desayuno reciente. También el enviado de Bush dialogará con la Presidente y el propio Fernández para arrimar voluntades y ver, por ejemplo, si la Argentina logra algún tipo de habilitación para vender limones en el mercado norteamericano.

Habrá, no se sabe si en esa reunión, algunos comentarios a las afinidades políticas de la región (tema que, hasta ahora, Shannon nunca lo pudo conversar con Jorge Taiana, con el cual no existe ningún tipo de vínculo). Veamos algunos puntos:

  • Venezuela. Más de una pregunta sobre la solidaridad bolivariana, especialmente desde que Hugo Chávez estatizó ayer una empresa argentina ( Sidor, del grupo Techint). Tema repentino del cual Shannon sabe bastante: él era consejero de su embajada, en Caracas, También fue partícipe involuntario, durante la enojosa Cumbre de Mar del Plata (2005), cuando Hugo Chávez quiso comprar 60% de Sidor. Habrá que recordar entonces que debió terciar el matrimonio Kirchner ( garantizar también un incremento del precio del mineral de hierro que Venezuela le vendía a Techint) para evitar que el venezolano avanzara sobre Rocca. Ahora, se entiende, puede existir una duda: la estatización de Sidor ¿puede ser una represalia venezolana contra intereses argentinos? Tampoco los Kirchner querrán embarcarse en la defensa de intereses privados que, quizás, no les preocupen demasiado. Aunque, por supuesto, tienen la vista encendida frente a las dificultades que atraviesa la administración Chávez.

  • Colombia. Este tema será clave: ya manifestó el gobierno Bush -John Negroponte se lo precisó a Timerman, cuando lo recibió en lugar de Condoleezza Rice- que «el problema de las FARC es una cuestión de seguridad continental para EE.UU.». Ese criterio, hasta ahora, no ha sido compartido por la Argentina, cuyo gobierno -por insistir quizás en la liberación de rehenes famosos- se mostró renuente a manifestarse en contra de la violencia guerrillera. No menor será la dedicación a la extrema delicadeza con la que se observa la situación en Bolivia: allí, tampoco, los dos países parecen compartir criterios.

  • Acompañantes. El visitante, también, deberá ser extremadamente juicioso y diplomático -si es que lo hace- para expedirse sobre algunos personajes que rodean a la mandataria argentina. En particular, el vehemente piquetero Luis D'Elía (también, quizás Hebe de Bonafini), quien suele acompañar a Cristina en algunos actos. Más que objeciones discriminatorias -para usar el pensamiento del propio D'Elía- a los norteamericanos les inquieta que gente tan afín y colaboradora del régimen iraní rodee a la Presidente. Para ellos, como se sabe, el tema del fanatismo bélico árabe no es un punto negociable.
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