Economía

¿Por qué cuesta bajar la inflación?


Por Fausto Spotorno*
León Walras divulgó en sus cátedras de la Universidad de Lausana, Suiza, un principio que más tarde se llamó la Ley de Walras. Dicho principio, establece que si en una economía hay "n" mercados y "n-1" de esos mercados están en equilibrio, entonces el último también lo estará. La contrapartida lógica de ello, es que si hay un mercado desequilibrado, entonces habrá otros que también lo estarán. Una forma de entender esto, es pensar a la economía como una serie de balancines conectados entre sí. Si uno de ellos se desequilibra, tiende a desequilibrar a los demás. Este principio es lo que está detrás de la dificultad para bajar la inflación. Siendo que la economía sufre serios desbalances macroeconómicos, el mercado monetario también tiende a estar desequilibrado, eso significa que hay más oferta de dinero que demanda y ello causa la inflación.

La historia económica argentina reciente es un gran ejemplo de este principio, con la particularidad de que en Argentina los desequilibrios siempre comenzaron por el Estado. Hasta el 2015, el exceso de gasto del Estado se pagaba directamente con emisión de dinero, lo cual provocaba inflación y así el desequilibrio fiscal terminaba en desequilibrio monetario. A su vez, la inflación provocaba un desbalance en el mercado de crédito, porque no se ahorraba localmente, sino en divisas, lo que llevaba a la compra de dólares y el desequilibrio externo terminó en el cepo cambiario, lo que desequilibró aún más la economía. Durante la convertibilidad, no hubo un desequilibrio monetario y no hubo inflación. Pero eso, era justamente por la ley de convertibilidad que impedía que eso sucediera. Pero como los desequilibrios macroeconómicos persistían, fue el mercado laboral el que se desequilibró, generando un alto desempleo. Ello enseña otra lección: que a veces se puede "desviar" el efecto de un desequilibrio de un mercado a otro.

Este principio de Walras, es el que dificulta la baja de la inflación (junto con los aumentos de tarifas). Es muy difícil que el Banco Central estabilice el mercado monetario cuando tiene que estar emitiendo dinero para comprar las divisas que se generan por el endeudamiento del Estado. Es verdad que después lo absorbe vía Lebac, Leliqs o pases, pero ello mete presión al mercado de crédito a través de las tasas de interés que se ubican por encima de las que habría en condiciones de equilibrio. Como sólo esteriliza una parte de lo que emite, dichas tasas son menores de las que veríamos si el BCRA quisiera esterilizar la totalidad de lo que emite por la compra de reservas o si el Gobierno quisiera financiarse enteramente de forma local.

Una alternativa que tendría la entidad monetaria sería no comprar reservas y no emitir, pero eso podría llevar a un fuerte atraso cambiario dado que el Gobierno debería vender los casi US$40 mil millones de dólares que ingresan anualmente en el mercado local, generando una sobre oferta de dólares. La venta de dólares que estuvo haciendo en los últimos días el Central es una versión modificada de esta opción.

En otras palabras, el desequilibrio fiscal y la necesidad de financiarlo siempre va a terminar desbalanceando otras áreas de la economía. La política monetaria hoy intenta "distribuir" ese desequilibrio entre varias variables y evita concentrarlo todo en una sola. O sea, parte se lo llevan las Lebac y ello sostiene las tasas de interés algo elevadas, parte se queda en dólares y provoca un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y parte se deja en pesos y tiene un costo que se mide en inflación.

Por lo tanto, la baja de la inflación será gradual e irá de la mano de la reducción del déficit fiscal. Ello explica por qué luego de gradual izar el programa fiscal, fue necesario suavizar también la política monetaria. Es muy probable que hacia la última parte del año, con una mejora en las cuentas públicas y ya sin tanto aumento de tarifas, sea algo más sencillo bajar la inflación, sobre todo en 2019. Pero esto no quita que la principal dificultad de la economía esté en el déficit fiscal y en el tamaño del gasto público.

*El autor es Economista, Director de Orlando J. Ferreres y Asociados

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