Un traspié que revela grietas en espacio K

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El escrutinio avanzaba a paso de hormiga, lento e irregular, cuando pasadas las 21 Néstor Kirchner pidió que alguien le diga, sin ocultamiento, qué pasaba en Misiones.

Escuchó la verdad temida: su protegido, Carlos Rovira, perdía de manera irreversible.

Desde Río Gallegos, en la otra punta del país, el Presidente se notificó de la derrota -que a esa hora se proyectaba de entre 11% y 15%- por boca del ministro del Interior, Aníbal Fernández.

Para Kirchner, tuvo el impacto de un fracaso personal porque comprobó que el peso de su propia imagen no había alcanzado para que prospere un intento de reformar la Constitución misionera para permitir la reelección indefinida del gobernador.

Vidriera nacional, la votación de ayer le alertó en otro sentido: el kirchnerismo (o la encarnación del kirchnerismo que en Misiones son Rovira y sus socios radicales) perdió en las ciudades grandes y de manera contundente. Rondó, casi siempre, 30%.

Aunque particular y local, enciende las alarmas sobre las elecciones que vienen. La de ayer fue, de hecho, la primera de una larga serie que continuará en marzo en Entre Ríos -quizá Catamarca vote en febrero y habría constituyente en Jujuy- hasta clausurarse en octubre.

Además, pero sobre todo, de la certeza de que la supuesta buena adhesión no es transferible y no hay forma -menos a la distancia- de producir una simbiosis, Kirchner tropezó con factores negativos que le generan algunas dudas sobre su dispositivo electoral. A saber:

  • Zigzagueó respecto de Rovira. Lo acompañó un mes atrás, pero luego se bajó de un acto en Misiones cuando detectó, tarde, que la elección se proyectaba adversa. Fracasado el ensayo Rovira ahora deberá buscar un heredero que pueda sobreponerse al golpe que supone la derrota de ayer. Quizá el elegido sea el diputado Juan Irrazábal, un antiguo kirchnerista misionero, enfrentado a Rovira pero que en la Constituyente respaldó -a pesar que atentaba contra sus deseos- la reforma continuista.

  • Los claroscuros sobre el gobernador -que en la Casa Rosada tenía más de un detractor- hicieron que la amplia franja que se proclama kirchnerista haya tenido comportamientos ambiguos. ¿Cómo se entiende, por caso, que Miguel Bonasso haya llamado a votar contra Rovira o que recién en la última semana Carlos Zannini haya logrado que cambien de bando grupos K que llamaban a votar por el No?

  • La dispersión del kirchnerismo se percibió en otro indicador: en las ciudades donde perdió el Sí, gobiernan intendentes radicales ligados a senador Maurice Closs, un dirigente de la UCR que confeccionó con Rovira una «concertación» sui géneris en Misiones, aún antes de que a Kirchner se le ocurra a nivel nacional. Anoche, buscando fantasmas, se apuntaba que Closs -y sus socios radicales- no tuvieron el éxito que Rovira esperaba de ellos. ¿Fue el radical un «Judas» como temían ayer en el kirchnerismo?

  • Si no rindió como se esperaba su propia alianza, todo lo contrario ocurrió con la oposición que -gracias a Piña, debe decirse: el único que podría aglutinar a opuestos- quizá se podrá ilusionar con que la unión de fragmentos puede, como en las matemáticas y a contramano de las usuales ecuaciones electorales, sumar un todo que les permita ilusionarse con resultados dulces en otros territorios.

    P.I.
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