18 de octubre 2003 - 00:00

Carlos Mesa asumió la presidencia y dijo que será una "transición"

Se trata del hasta ayer vicepresidente, quien se había distanciado del gobierno el último lunes debido a la crisis. Carlos Mesa es periodista y dueño de un canal de televisión de Bolivia. Al asumir anoche la presidencia dijo que realizará una "transición histórica". Y pidió al Congreso que "permita convocar a unas elecciones transparentes".

El flamante presidente de la convulsionada Bolivia, Carlos Mesa, sucesor constitucional del renunciante primer mandatario, Gonzalo Sánchez de Lozada, es un empresario de medios, intelectual y periodista que hasta el 2002 no había incursionado en la política partidista.
 
Mesa era ya un conocido analista político, dueño de un canal de televisión, periodista e historiador antes de aceptar la candidatura a vicepresidente en la fórmula encabezada por Sánchez de Lozada para las elecciones del 16 de junio de 2002.
 
La fórmula Sánchez de Lozada-Mesa llegó al gobierno después de obtener el 22,5 por ciento de los votos en los comicios y al lograr, en segunda vuelta indirecta, en el Congreso nacional, el respaldo legislativo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la Nueva Fuerza Republicana (NFR).
 
Pudo imponerse así a Evo Morales, con más del 20 por ciento de los votos, y su partido Movimiento al Socialismo (MAS), que se constituyó como primera minoría en el Congreso y referente de las protestas sociales.
 
En su discurso al asumir la Presidencia, el 6 de agosto de 2002, Sánchez de Lozada dijo que había "invitado (para acompañarlo en su fórmula) a Carlos Mesa que es un hombre sin partido, que nunca había estado en el gobierno, como abanderado de la lucha contra la corrupción".
 
El perfil anticorrupción, precisamente, distinguió el discurso de la campaña de Mesa, uno de los dueños de la Red de Televisión PAT, originada en 1990 y en la que condujo hasta saltar a la política- su principal informativo.
 
Su ruptura con el jefe de Estado se concretó sólo el lunes último, 13 de octubre, cuando ya eran al menos 62 los muertos desde el sábado por la represión a las protestas que exigían la renuncia de Sánchez de Lozada, además de rechazar la exportación de gas a Estados Unidos vía Chile, entre otras demandas.
 
No obstante, Mesa marcó desde mucho antes ciertas diferencias de matiz con el jefe de Estado y sus aliados del MIR, encabezado por Jaime Paz Zamora, y la NFR, del empresario Manfred Reyes Villa.
 
Lo hizo ya en el acto de asunción de Sánchez de Lozada, hace más de un año, cuando Paz Zamora le reprochó que en un discurso fuera de protocolo ignorara el respaldo del MIR sin el cual no habrían podido llegar al gobierno.
 
También hizo leves gestos para diferenciarse del presidente cuando la rebelión policial de febrero de este año, fue reprimida con 30 muertos.

Y en una minicrisis del gabinete gobernante en julio último, cuando un llamativo comunicado de la oficina de Carlos Mesa anunció enigmático que "tendrán noticias del Vicepresidente".

Mesa procuró además mantener su discurso anticorrupción y hasta "antipolítico", como cuando dijo hace unos meses que "los partidos han construido un sistema cerrado, excluyente, prebendista y corrupto para reproducirse en el poder".
 
O hace pocas semanas, ya abierta la última crisis, cuando proclamó que "éste es un momento en el que la sociedad boliviana demanda transparencia, éste es un momento en el que la sociedad boliviana demanda legitimidad".
 
Sus críticos y muchos analistas, sin embargo, le atribuyen una "mera retórica" anticorrupción, sin consecuencias prácticas y citan al respecto el pobre balance de la Unidad Técnica de Lucha Contra la Corrupción (UTLC), conformada bajo su iniciativa.
 
También ponen en duda su anterior condición de "periodista independiente" ya que, aseguran esos analistas, adquirió los equipos para su red televisiva PAT con facilidades otorgadas por el entonces gobierno de Paz Zamora (1989-93).
 
Con todo, aun los más acérrimos opositores a Sánchez de Lozada, como el diputado Evo Morales y el líder indigenista Felipe Quispe, consideran públicamente como aceptable que la sucesión constitucional del actual presidente recaiga en Mesa, con condiciones.
 
Entre ellas, la convocatoria a una Asamblea constituyente, la anulación definitiva de la exportación de gas vía Chile por cuenta de compañías trasnacionales y la recuperación de los hidrocarburos como principal riqueza y fuente de divisas para la paupérrima economía de Bolivia.

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