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DE CONFIANZA Y EN ASCENSO

Hombre de formación policial, experto en la custodiade mandatarios -cumplió ese servicio hasta en tiempos de Carlos Menem-, ahora se ha vuelto imprescindible en la cercanía de la esposa de Néstor Kirchner, Cristina. Por decisión del mandatario y, también, porque ella le dispensa especial confianza. Como suele ocurrir con los guardaespaldas, a veces hasta se integran a la rueda familiar. A este especialista, cuando la senadora Kirchner culminó su discurso en el Council of the Americas, le preguntó: «¿Hablé mucho?». Como si fuera Jorge Taiana, el canciller, aunque quizás con una opinión menos profesional pero más mundana. También es quien le acerca el agua mineral Nestlé en todos los actos, aleja indeseables y la preserva de posibles inconvenientes. Pero no es esa tarea la que le envidian entornistas o altos funcionarios: como parece una persona sensata, además de evitarle penurias a la dama -tipo ¿qué hacer con los cuadros, obsequios o condecoraciones que le entregan en ciertas ceremonias?-, también puedeopinar con criterio sobre distintos episodios. Su nombre, aunque no su fotografía, todavía es un misterio.

MACRI, ¿A FAVOR DE LOS KIRCHNER?

Si la reflexión trapense de 48 horas a la cual se dedica Mauricio Macri con su equipo de gobierno (en una estancia alquilada) no tiene tropiezos, tal vez mañana anuncie a su futuro secretario de Cultura (cargo por el cual hubo más de una porfía). Se habla de un empresario del negocio cultural con razonables antecedentes, no demasiado cercano al futuro jefe comunal (bueno, Macri nunca se destacó en ese sector). Como nadie sabe aún lo que conversa el ingeniero con sus fieles en el retiro de General Rodríguez, muchos se preguntan si en ese múltiple diálogo porteño se hablará sobre una duda que hoy recorre los ambientes políticos: ¿hasta dónde llega la oposición de Macri al gobierno de Néstor Kirchner? Al margen de comprensibles encuentros y afinidades entre dos hombres de negocios -como son ambos jefes políticos, enfrentados entre sí-, hay dos observaciones que despiertan interés:

1) al parecer, uno de los más influyentes amigos del titular boquense, más asesor que futuro funcionario, le recriminó a uno de los legisladores propios ( Esteban Bullrich) la dureza con la que denunciaba presuntas complicaciones kirchneristas en el caso Skanska. Más allá de las suspicacias, lo cierto es que la promoción del juez Guillermo Montenegro -a cargo de Skanska- como secretario de Seguridad porteño también adormeció imputaciones y suspicacias, casi como un sueño eterno. Para algunos intrigantes, ese salto a la política de Montenegro debe entenderse como un favor de Macri a Kirchner. Improbable, seguramente, pero también se añade otra jugada política poco explicable y menos revisada;

2) como Unión PRO, en la provincia de Buenos Aires, no lleva candidato a presidente (en la Capital respalda a Ricardo López Murphy), algunos entienden que también ése ha sido un favor al Presidente (el mismo cargo se lo formulan a Luis Patti). La rara alianza de Macri con Francisco de Narváez a gobernador, sin aspirante a ocupar la Casa Rosada, hace pensar a varios que los votos allí recaudados beneficiarán a Cristina de Kirchner para evitar el ballottage: es que si por ejemplo De Narváez obtiene 10% de voluntades para gobernador, esos probables 700 mil votos sin adjunto presidencial luego se restarán de la base con la que se computa el voto a la primera magistratura. Un cálculo sencillo entonces le permitiría a la senadora pasar de 38% a 42% sin sobresaltos y eludir una posible segunda vuelta. Casi una picardía no prevista en su momento por Macri y De Narváez -de ahí que algunos afines a Kirchner juren sonriendo que Cristina obtendrá más votos que Daniel Scioli- pero que alimenta extrañas teorías para rédito del matrimonio santacruceño.

LAVAGNA, UCR Y LA INTERNA

Por haberse convertido casi en un fenómeno de las nieves (porque está congelado siempre en el mismo número de las encuestas), Roberto Lavagna enfrenta una minicrisis: su estado mayor (Alejandro «Topo» Rodríguez, Javier González Fraga y Alberto Cotto) no encuentran elementos para promover al personaje. Por lo tanto, discrepan entre ellos (el «Topo» parece el más querido por el ex ministro). Pero quienes más se irritan son los radicales: sienten que han invertido vanamente en el candidato, siguen molestos por sus constantes límites a relaciones o encuentros y, sobre todo, se desesperan por la escasa simpatía de quien debería encabezarlos (ni preguntarle a Raúl Alfonsín por esta campaña que más bien parece una agonía). Más porque imaginan, si el resultado del 28 de octubre se vuelve aciago, que los radicales K asalten al comité nacional y desalojen a quienes a ellos habían desalojado del partido. Tal vez el trío gerenciador, en sus discusiones, encuentre la chispa que encienda al hibernado Lavagna.

MOYANO, CADA VEZ MAS LEJOS

Por ellos o por interpósitas personas, Hugo Moyano y Cristina de Kirchner se han transmitido falta de empatía. Para colmo, al dirigente camionero se le han rebelado gremios importantes y hace equilibrio en la CGT. Pero, si está acechado hacia el futuro, otra complicaciónse le asoma: en una causa en Mar del Plata de la década del 70, cuando la violencia fue estremecedora en ese balneario, lo imputan como cercano a grupos de derecha violentos. Las organizaciones de derechos humanos -algunas tan dilectas para la candidata oficial- se han preocupado por descubrir esos momentos pasados de Moyano con camisa oscura, también sus posibles responsabilidades; algo semejante a lo que ya se tramita judicialmente contra el conocido líder de los mecánicos, José Rodríguez, a quien le endosan culpabilidad por la desaparición de delegados obreros en la fábrica Mercedes-Benz, también en aquellos tiempos. Parece que en la nueva administración, si triunfa el kirchnerismo, algunos sindicalistas como Moyano quizás no disfruten de las gentilezas de hoy.

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