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BLUMBERG, AL PISO

Desastroso el epílogo electoral de Juan Carlos Blumberg. No sólo por el resultado (sacó 1,2%, cuando imaginaba más de 7% y era la figura más reconocida de la provincia). También tuvo otra escaramuza, impensable, con algunos hombres de la fracción a la que respondía. Al parecer, reclamó -ya pasada la medianoche- algún tipo de colaboración, vaya a saber si prometida o no, crematística obviamente, exigencia que irritó a un colaborador del búnker mayor: hubo discusión, cada vez más irascible, hasta que concluyó con un trompis (en apariencia, bastante bien aplicado) sobre la naturaleza de Blumberg, quien evitando comentarios se desplomó lentamente sobre el piso.

EL SENDERO PARA LA DAMA

Cuidadoso, atento con la futura inquilina, casi con amor de revista -parodiando inclusive a las escenas que el «Corcho» Rodríguez le preparaba a Susana Giménez cuando empezaron a noviar-, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, diseñó una recepción especial para Cristina de Kirchner. Dispuso, luego de comprar varios ramos, que se hiciera un camino de pétalos de rosas rojas y amarillas -seguramente colombianas porque los pétalos eran perfumados- a la entrada de la Casa Rosada. Exactamente, diez minutos antes de las 9 de la mañana, cuando se suponía habría de ingresar en cualquier momento la ya elegida mandataria. Pero, unos minutos después, un viento primaveral borró ese sendero florido, hizo añicos el romántico gesto. Igual, los Kirchner ni siquiera se presentaron en la mañana de ayer en la Casa de Gobierno, nadie entiende que los altos funcionarios de esa Administración no tuviesen información sobre los movimientos de la pareja presidencial.

¿LEAL MACRI CON EL NADADOR?

Sin consuelo para Ricardo López Murphy, sumergido como pocos en la política de tanto ejercicio natatorio en la piscina. Para remediar su dolor (apenas cruzó 1% de los votos cuando en 2003 superó 16%, casi una paradoja para él, reconocido como cuidador de capitales), se propone un retiro espiritual en Córdoba, con su gente. Pero, parece, no consigue acompañantes, ni los más allegados. Aspira, claro, a que su partido determine si continúa asociado con Mauricio Macri (otro depredador de su propio capital político), hoy para nada reputado como intrínsecamente leal. Ni siquiera entre sus filas, ya que a la nómina de colaboradores postergados, ahora acaba de sumar a Diego Guelar. En verdad, lo ha restado de su entorno, pues designó a Fulvio Pompeo como responsable de las relaciones internacionales de su futuro Gobierno porteño. Pompeo está casado con una analista de encuestas de Julio Aurelio y, él mismo, ha respondido siempre a la conducción política de Jorge Argüello, hoy embajador de Néstor Kirchner en Naciones Unidas. También fue miembro del gabinete de la Cancillería de Carlos Ruckauf. Casi, un mismo gobierno, dirá López Murphy a quien quiera escucharlo en el raleado retiro de Córdoba.

SINO DRAMATICO PARA EL APELLIDO

La maldición de los Fernández parece un gran guignol de la Casa Rosada, ya que sólo una portadora sana de ese apellido (Cristina) tuvo suerte en las elecciones. Los otros dos, Alberto y Aníbal, tuvieron su propio drama. El jefe de Gabinete indignado porque los porteños no votan como él desea, ira comprensible : siempre sufragan en contra de la política oficialdebido a que sus candidatos entraron segundos en la Capital y, como observación política, señala que el kirchnerismo en ese distrito pierde siempre: sea por derecha (Mauricio Macri) o por izquierda (Elisa Carrió). El ministro del Interior, a su vez, padeció una irreparable pérdida de territorio: fue desalojado en Quilmes, lugar donde alguna vez gobernó y mantenía influencia a través de un alter ego para tareas menores, el derrocado intendente Sergio Villordo. Como a Aníbal suelen consentirlo menos que a Alberto, su situación parece crítica hacia el futuro. Tampoco había sido feliz su rol durante los comicios, explicando transparencias y otras perfecciones, dando cátedra de conducta, justo él que viene del duhaldismo, del aparato que para la propia Presidente desde diciembre estaba más cerca de Corleone que de Napoleón.

PATINANDO UNA PESADILLA

Otro que no depara fortuna, del lado artístico, es Marcelo Tinelli. Al menos, su cómico estrella Larry de Clay fracasó en su intento kirchnerista por ocupar la intendencia de Escobar, lo que le valió entre sus farandulescos compañeros el calificativo de «Hotel Alojamiento» (cuarto cómodo). No pudo ni con un hombre del decaído Luis Patti a pesar del impresionante despliegue por TV, la confianza en la prensa oficial, hombre que no es nuevo en la política: le hacía prensa al «Buscapié» Cardozo ( ministro y embajador de Carlos Menem), también lo sirvió a Julio Rachid cuando éste ocupó la Secretaría de Medios. Ni la pantalla, ni su historia, ni la bendición del productor de «Patinando» le alcanzaron para llegar a la cima. No todos los sueños se cumplen.

LA TRASNOCHE CON CARRIO

Casi nadie quedaba en el búnker de Elisa Carrió luegoque ésta confesara su derrota por TV y, de paso, felicitara a su ex amiga Cristina de Kirchner. Desparramado Alfonso Prat-Gay, más activo el empresario Santiago Del Sel, cansina -como del Altiplano- la ya senadora María Eugenia Estenssoro, custodiada por su marido Haroldo Grisanti, algo desprolijo y con la camisa fuera del pantalón. ¿ Habrá sido él quien la asesoró para el penoso discurso de una hora antes, enojadísima con el Correo, cuando una desencajada Carrió volvió a parecerse a la de los memorables tiempos de las denuncias? Es cierto que le duró poco, pero más de uno semejó esa Carrió sospechando de cucos y fantasmas dañinos con el Domingo Cavallo que también protestaba descontrolado contra el mundo. No era casual: al lado de éste, entonces, estaba Grisanti, responsable de aquel otro más bochornoso Correo que no supo ni contar los votos en Santa Fe.

Como son todos jóvenes, casi nadie recordaba ese episodio y, felices con el segundo puesto, la Estenssoro y Patricia Bullrich se fueron a celebrar al bar de la esquina sus logros personales. Curioso: se ubicaron en mesas separadas, la nueva senadora secreteando y en susurros con su grupo, mientras la futura diputada -junto a colaboradores entonados por cerveza- cantaban: «Olé, olé, olé, para Macri que nos mira por TV». Los parroquianos presentes se preguntaban: ¿estas chicas no competían contra los kirchneristas?

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