23 de abril 2002 - 00:00

Desconfianza en Duhalde


La reforma de la banca pública en la que se ha embarcado Eduardo Duhalde sólo ha conseguido levantar suspicacias en una población desesperanzada que no acaba de creer ni en la capacidad ni en las buenas intenciones de su gabinete, máxime cuando las puertas de bancos y casas de cambio se han cerrado a cal y canto hasta que el Parlamento dé vía libre a la ley que convierte los depósitos en bonos públicos. Por un lado, el proyecto de fusión de los bancos estatales, se entiende más como una maniobra tendente a facilitar el control del Ejecutivo sobre el sistema financiero que como un instrumento eficaz contra la crisis.

Lo mismo ocurre con la anunciada desaparición del corralito.Duhalde pretende suprimirlo, pero antes quiere sacar adelante una reforma que permitirá transformar en bonos los depósitos a plazo fijo que permanecen congelados desde diciembre. Propone como incentivo una tasa de cambio muy ventajosa de 1,40 pesos por dólar en relación con los precios del mercado libre. El Parlamento, sin embargo, no aprobó ayer el proyecto, que tendrá que consensuar con la oposición. A modo de apremio, el presidente ha asegurado que si la medida se demora los bancos tendrán que reanudar su actividad cambiaria, con el siguiente añadido apocalíptico: «...y que sea lo que Dios quiera».

No van descaminados quienes interpretan que su intención es poner coto a la salida de fondos del corralito por los fallos judiciales favorables a los ahorradores. En medio de este panorama desalentador, sólo la ayuda financiera del FMI que negocia Duhalde puede proporcionar un balón de oxígeno a un Gobierno tan asfixiado como la economía del país.

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