7 de enero 2001 - 00:00

El calor no da tregua

El calor no da tregua
La inusual ola de calor que afectó a todo el país la semana pasada y que pareció dar un respiro con la tormenta del sábado volvió ayer a dar castigo. Para los principales centros de veraneo el buen clima contribuyó en la llegada de turistas. Para otros, en cambio, el calor obligó a buscar alternativas, como la de estos niños, que en Rosario se refrescaron en una fuente cercana al Monumento a la Bandera. Estiman que el calor seguirá toda la semana.

En los páramos donde reina el ocio todos esperan, de alguna manera, la mitad exacta de enero. Los unos, los visitantes, como angus-tiante cuenta regresiva hacia el ocaso de los días libres. Los otros, los nativos, como esperanza de una mayor demanda de sus afanosos servicios. Lo que es seguro -así lo indica el relevamiento que Ambito Nacional realizó en los principales centros de veraneo-es que con el recambio de la segunda quince-na los homo vacacionantes serán más y, a juzgar por el calor que no cesa, estarán ansiosos por consumir el merecido reposo.

En Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell, y otros importantes balnearios de la costa los hoteles están con 70 u 80% de las plazas ocupadas, pero esperan llegar a la cima de sus posibilidades con la segunda andanada de gente. Si bien algunos consideran que durante esta temporada la cantidad de visitantes es un poco menor a otros años, no dudan de que el buen tiempo atraerá más turistas. A pesar de los embates de la última tormenta que se desató el viernes pasado, la balanza se inclina ampliamente a favor del buen tiempo.

El sol resurgió de sus cenizas y los bañistas volvieron al ritual de untarse aceite, flotar entre las olas, y rascarse la panza sobre la arena, una tentación demasiado seductora para los que aún están en el ajetreo. Otro fenómeno llama la atención en toda la costa y arroja, quizás, alguna luz de optimismo para la industria turística. Ya es sabido que en los últimos tiempos la mayor cantidad de veraneantes llega los fines de semana. Arrojados por el insoportable fuego de las ciudades, los viajeros permanecen cuanto pueden como hipnotizados por el mar, revolcándose en las olas aunque llueva, truene, o granice. Según indican las reservas hoteleras, en esta oportunidad el período de descanso de estos extraños visitantes se alargó levemente desde los 3 días habituales a 7 o 10 jornadas.

En Córdoba, en tanto, los ánimos están en alto desde las fiestas de Fin de Año. El pasado fin de semana los registros de ocupación superaron en todos los centros turísticos los porcentajes registrados durante Año Nuevo.

Sin embargo, recién el próximo fin de semana los operadores y las autoridades provinciales esperan llegar al nivel de ocupación acorde a las expectativas previas y a los antecedentes de años anteriores.

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