Fiesta y tragedia

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Arribó ayer al país el plantel de Boca Juniors, flamante campeón intercontinental. En un micro azul y oro, que destacaba en sus ventanillas la leyenda «Gracias... Campeón”, la comitiva xeneize demoró más de seis horas en llegar desde Ezeiza hasta la Bombonera, tras recorrer la ciudad. La caravana fue saludada por miles de personas en todo su recorrido. Lamentablemente este desborde hizo que dos de ellos murieran atropellados por un automóvil. También hay cinco heridos. Pasan por Paseo Colón frente al edificio de este diario (foto).

El pueblo boquense tuvo su fiesta. Una multitudinaria fiesta donde la euforia, en el largo trayecto que realizaron los jugadores desde su llegada a Ezeiza hasta su propio estadio, fue acompañada por un gran colorido, donde no faltaron ni la música ni los cánticos, aunque -como siempre- fue empañado por la tragedia, que lamentablemente siempre se hace presente en grandes aglomeraciones de gente.

La pasión popular se unió a la euforia cuando apenas el vuelo 8640 de la empresa Varig aterrizó (con retraso a las 13.15) en Ezeiza, trayendo de regreso al plantel de Boca, que el domingo ganó la Copa Toyota Intercontinental en Japón. Una impaciencia que fue creciendo desde muy temprano, cuando una multitud se agolpó al costado de la Autopista Riccheri, con el único objetivo de brindarle al plantel una bienvenida de gloria y recuerdo, más allá de acompañarlo hasta la Bombonera en esa «caravana triunfal».

Tanto que los hinchas desbordaron el control policial dispuesto en la autopista y hasta los micros tomaron el carril contrario, por lo que la Autopista Riccheri quedó intransitable en ambas manos, tanto que no se podía salir ni ingresar al aeropuerto.

Los festejos -además- provocaron un caos vehicular no sólo al paso de la caravana, sino también en la zona céntrica de Buenos Aires, porque muchos de los hinchas no realizaban la espera sobre las aceras y desbordaban la calzada vehicular, en la bajada de la Avenida 9 de Julio, en el barrio de Constitución, y alrededor del Obelisco. Una situación que provocó trastornos en el tránsito porteño.

La escasa presencia policial durante todo el recorrido del micro de la empresa transporta-dora (pintado con los colores de Boca) dio pie también para que el entusiasmo superara cualquier control y hasta pusiera en riesgo la vida de mucha gente.

Es que apenas el micro salió del aeropuerto y tomó la autopista, hinchas de todas las edades, madres con niños pequeños en sus brazos y chiquilines corriendo entre automóviles pintaron un cuadro surrealista del festejo.

El espectáculo era tan emocionante que quedaba reflejado en los ojos empañados de algunos jugadores ataviados con kimonos blancos y con los cabellos pintados de azul y oro.

La pasión de la gente hizo cambiar los planes de los jugadores y directivos, que tenían pensado bajar del micro e irse a sus casas. Con buen tino decidieron abrir la cancha para que todos esos hinchas les hicieran llegar su cariño y vieran de cerca a sus ídolos.

Los jugadores intentaron dar una vuelta olímpica, mostraron la Copa Intercontinental a su gente y terminaron haciendo el clásico «avioncito» de festejo arrojándose al piso.

Mientras tanto, desde las tribunas bajaba el «dale campeón, dale campeón...».

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