Londinenses esperaban el atentado y lo enfrentaron con calma

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Las autoridades británicas temían desde hace tiempo que Londres fuera golpeada por el terrorismo islamista, después de Nueva York y Madrid, y multiplicaban las advertencias para preparar a la población.

Un atentado contra Londres es "inevitable", afirmaba a comienzos de 2004 John Stevens, en ese entonces jefe de Scotland Yard. "La cuestión no es saber si habrá un atentado, sino cuándo", insistía meses más tarde.

Su sucesor Ian Blair describió el jueves los cuatro sangrientos atentados como "una situación que habíamos considerado posible y a la cual nos habíamos preparado".

Desde 2002, el primer ministro Tony Blair afirmaba que la amenaza de un ataque de Al Qaeda en la capital británica era "real y grave".
   
Debido a estos antecedentes, los británicos reaccionaron a los atentados terroristas de hoy en el centro de Londres con "sangre fría" y "aplomo", dispuestos a no dejar "que un grupúsculo de indeseables" interrumpan su vida diaria.

En las últimas horas de una jornada sangrienta, en la que murieron al menos 37 personas y hubo centenares de heridos, Simon Fowles, de 26 años, explicaba que "esta noche voy a ver el partido de cricket tal y como tenía previsto".

"Los terroristas quieren alterar nuestras vidas, infundirnos miedo, y eso no lo vamos a permitir los londinenses", declaró este joven, residente en el barrio de Islington, al norte de la ciudad.

Pese a que todavía se oía alguna ambulancia aislada en esta zona a primera hora de la noche, la normalidad reinaba en las calles y los pequeños comercios abiertos hasta tarde continuaban vendiendo enseres a los clientes.

"Así somos los británicos: aquí no se han dado ni se darán escenas de pánico. Es lo que llamamos en francés "sang froid" (sangre fría)", dijo Fowles.

Sin embargo, para Oliver Potts "el pánico no se ha instalado entre la población porque todavía no nos hemos dado cuenta de la magnitud de los atentados".

Los medios de comunicación, según este londinense, tuvieron mucho que ver con la "tranquilidad con la que reaccionamos: dieron hechos no imágenes sangrientas".

La confianza en las autoridades policiales y los servicios de emergencia es "muy grande" y eso ayuda a controlar "la angustia", concluyó Potts.

Otra residente del barrio, Louise Tufnell, que trabaja en la City, uno de los lugares afectados por los atentados, narró que esta mañana no pudo "llegar a la oficina", pero que eso no le impidió trabajar, aunque fuera desde casa.

"Me sentía culpable de no poder estar con mi equipo trabajando. Lo que ha pasado no es una excusa para tomarme el día libre", admitió esta joven de 25 años.

Tufnell declaró que "varias personas de mi empresa no pudieron volver a sus casas, así que las voy a albergar en la mía por esta noche y mañana iremos todos a trabajar, aunque tengamos que ir andando".

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