Más de 500 muertos en El Salvador

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San Salvador (EFE, ANSA, Reuters) - Entre dolor, esperanzas y temblores continuaba ayer el trabajoso rescate de las víctimas del terremoto que destruyó el sábado pasado varias regiones de El Salvador. Mientras el Comité de Emergencia Nacional (COEN) reconoció que las cifras de muertos por el sismo llegó a medio millar, una ola de réplicas del terremoto dificultaban la tarea de los socorristas y despertaban temor y pánico en la población que esperaba el arribo de la ayuda internacional.

Cuerpos de socorro nacionales y extranjeros cumplen jornadas agotadoras en zonas como Las Colinas, la más dañada por el sismo, situada en Santa Tecla, unos 20 kilómetros al oeste de San Salvador. Miles de personas buscan angustiadas a familiares que están sepultados entre los escombros de sus viviendas, que quedaron cubiertas por toneladas de tierra desprendidas del cerro La Colina, y lo mismo sucede en otras regiones del occidente, centro y oriente del país.

A 48 horas del terremoto, la cifra oficial de muertos era de 500, un millar de heridos y al menos 4.000 desaparecidos en su mayoría registrados en Las Colinas. «Lamentablemente la cifra de personas rescatadas con vida no llega a las diez», dijo un oficial de la Cruz Roja salvadoreña.

El presidente de El Salvador,
Francisco Flores, indicó ayer que «sigue siendo prioridad» salvar vidas y agradeció la solidaridad internacional que comenzó a recibir este pequeño país de seis millones de habitantes.

El terremoto, cuya intensidad fue de 7,6 grados en la escala de Richter, tuvo una onda horizontal que afectó los 14 departamentos de El Salvador, con mayor intensidad los del litoral pacífico, donde había aldeas y caseríos que literalmente desaparecieron del mapa. En otras regiones, 80 por ciento de las viviendas, muchas de ellas construidas de adobe, resultaron total o parcialmente destruidas por la onda del fenómeno natural.

El rescate de personas se hace manualmente con socorristas locales, centroamericanos, estadounidenses, europeos y asiáticos que comenzaron a llegar doce horas después del desastre.
Decenas de palas mecánicas remueven con cuidado los escombros, posteriormente los socorristas hacen lo suyo con herramientas de mano y perros entrenados para localizar cuerpos con o sin vida. En Las Colinas, las tareas de rescate podrían durar varias semanas porque la zona donde se produjo el mayor derrumbe está cubierta por más de 250.000 metros cúbicos de tierra, informó un portavoz de la Comisión de Emergencia Nacional (COEN).

Desesperanza

María Elena Osorio, quien llorando buscaba a su sobrino Danny Steve Orellana, de 19 años, que quedó enterrado en el interior de su vivienda, así como a una niña vecina y una empleada doméstica, clamaba hoy por la llegada de un grupo de bomberos españoles que trabajan con perros para que le ayudaran a buscar a su pariente. Minutos después, tres «perros de agua» de la Unidad Canina de Rescate de Sevilla (sur de España), comprobaron que «en el interior no hay esperanzas de vida», le dijo a Luis Miguel Godoy uno de los bomberos españoles.

Entre los escombros en Las Colinas asoman juguetes, libros, fotografías familiares, muebles, vehículos destrozados, enseres de cocina, colchones de camas, zapatos de niños y adultos, equipos de sonido y bicicletas, entre los numerosos objetos abandonados.
Los cadáveres que no son identificados ni reclamados por ningún familiar son enterrados en una fosa común del cementerio cercano, en tanto que partes de cuerpos mutilados son depositados en bolsas y sepultados en otro extremo de la fosa para evitar una epidemia.

La ayuda humanitaria sigue llegando a El Salvador, país que en los últimos 100 años ha sufrido al menos cinco terremotos de gran intensidad, según fuentes oficiales.

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