Túnez sorprendió a todos. Después de un pobre desempeño en su debut (ante Rusia) y una pretemporada negativa, donde perdió dos partidos ante equipos japoneses de segunda división, esta vez le empató a Bélgica y -a decir verdad- hasta pudo ganarlo.
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Bélgica salió a buscar el partido desde el minuto inicial y a los diez minutos no sólo habían marcado diferencias, sino que dominaban a voluntad. Un dominio que predecía una goleada. Al tiempo que Túnez mostraba inseguridad en todas sus líneas y solo intentaba el despeje (a cualquier parte desde su área).
Que el fútbol tiene alternativas impredecibles nadie lo duda. Y esta vez no fue la excepción. En un contraataque aislado, Túnez tuvo una de las pocas posibilidades ciertas hasta ese momento: un tiro libre al borde del área rival. Bouzaiene demostró una técnica envidiable en la pegada y dejó sin chance al arquero belga. Gol e inamovible empate.
El resultado fue como una inyección para Túnez. Sus jugadores se afirmaron, a través de un buen trabajo de Bouazizi, Ghodhbane y el autor del gol Bouzaiane. No sólo emparejó el juego sino que comenzó a devolver ataque por ataque.
Esa situación hizo que los belgas comenzaran a mostrar sus limitaciones: una defensa lenta y pesada ante los veloces contraataques tunecinos. Wilmots -que había sido figura en los primeros minutos- se fue desdibujando y esa circunstancia hizo que su equipo perdiera "volumen de juego", como consecuencia que los delanteros resultaran deefectuosamente abastecidos. E otras palabras, les costaba sobremanera crear situaciones de gol.
Túnez mostraba que aún teniendo menos la pelota, resultaba más peligroso, porque sus volantes mostraban tendencia a rematar de media distancia, con potencia y bastante precisión. Bélgica siguió buscando el ataque, pero cada vez con menos ímpetu y con más desorden. Las entradas de Vermant y Sonck no le agregaron nada al equipo, que siguió exponiendo un juego anodino y aunque daba la impresión de manejar con mayor solvencia el balón, estaba cada vez más lejos del arquero Ali Boumnijel.
Los belgas -en la desesperación- empezaron a tirar centros. Situación que favoreció el trabajo del arquero, que aunque se mostró inseguro, contó con una buena dosis de fortuna en los rebotes, ya que siempre eran capturado por algún compañeros.
En el final el protagonista terminó siendo -paradójicamente- el otro arquero, De Vlieger al tapar un remate a quemarropa de Godhbane que llevaba destino de ángulo. Hubiese sido el triunfo de Túnez y prácticamente, el adiós de Bélgica del torneo. El empate les da la posibilidad a los dos de clasificar. Bélgica deberá ganarle a Rusia y Túnez superar -por tres goles- a Japón. Difícil pero no imposible.
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