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Qué es la nueva Ruta de la Seda, el ambicioso proyecto chino que desembarca en América Latina

Se inaugura en Pekín el segundo foro de la iniciativa OBOR. El proyecto, que nació en 2013 y ya cuenta con la adhesión en diferente grado de 129 países y 30 organismos, plantea un desafío a la actual balanza de poderes internacional.

Especial desde Pekín - Al menos 199 centrales eléctricas, un número similar de obras de infraestructura, y 41 gasoductos son todos los proyectos repartidos en cinco continentes que integran hasta ahora el ambicioso plan diseñado por el Gobierno de Xi Jinping en 2013. Bajo el nombre La Franja y la Ruta -“One Belt, One Road”, (OBOR)- China está dispuesta a destinar 3,67 billones de dólares en recrear sus antiguas conexiones comerciales, una estrategia que en su origen se limitaba a un sector de Asia y que fue expandiéndose geográficamente hasta alcanzar a América Latina.

En China es primavera, pero las temperaturas en Pekín han estado más cerca de cifras de un dígito que del clima que se asocia con esa estación del año. Las condiciones del tiempo no son, sin embargo, excusa para que no haya jardines floridos. En apenas días fueron instaladas miles de plantas junto a carteles alusivos al gran evento que comienza mañana: el segundo foro de la mega inversión que tendrá entre sus asistentes a 37 jefes de Estado, 300 ministros y 90 organizaciones internacionales.

Actualmente, a casi seis años del boceto inicial, unos 129 países, es decir, dos tercios de los países soberanos del mundo, ya firmaron el convenio de participación, aunque no todos ellos son miembros plenos, como Argentina por caso.

Las inversiones engloban puentes, rutas, puertos, ferrocarriles y pueden ser propuestos por cualquiera de las partes interesadas. “Los proyectos no son impuestos. Puede presentarlo el país en cuestión y luego la parte china lo evalúa”, explicó la embajadora Liu Yuqin, representante especial del Gobierno chino sobre asuntos latinoamericanos y caribeños, en una conferencia de prensa de la que participó Ámbito Financiero.

Y cada pieza forma parte de un todo: el corredor económico comenzará en Xi´an, la antigua capital del país, y cerrará en Italia, pasando por Pakistan, Irán y Turquía. Habrá al mismo tiempo una ruta marítima que conectará los muelles locales con los de Malasia, Sri Lanka, India y Kenia. La iniciativa OBOR lleva inversiones a zonas olvidadas al mismo tiempo que China se beneficia con la creación de nuevos destinos para sus productos en momentos que su economía se contrae. Al unísono, amplía su peso internacional. Se trata de una apuesta que transformará la actual relación de fuerzas entre potencias por décadas y que genera recelo a EE.UU.

El Gobierno de Donald Trump ha sido particularmente crítico con Italia, el primer integrante del G-7 y de la Unión Europea en unirse al proyecto a mediados de marzo pasado. Bruselas, así como Japón, se ha ofrecido en trabajar en obras puntuales y supeditó una colaboración más amplia a la existencia de garantías medioambientales y el beneficio compartido.

Uno de los motivos que han contribuído al éxito de la adhesión a la nueva Ruta de la Seda es la ausencia de objeciones al sistema político de naciones a las que Washington usualmente pone reparos. Así, Pekín anunció el lanzamiento de la vía férrea que unirá Bayannur, en la Región Autónoma de Mongolia Interior, y Teherán, expandió su vínculo con Venezuela y confirmó la invitación de representantes de Corea el Norte al Foro que culmina el sábado. Los tres países se encuentran bajo sanciones financieras y diplomática por parte de la Casa Blanca.

“Esta relación de asociación no es una herramienta geopolítica, sino una plataforma para la cooperación”, afirmó el canciller Wang Yi, el viernes último durante un encuentro con los medios, entre lo que se encontraba este diario. Al ser consultado acerca de los reparos estadounidenses a la presencia de miembros del régimen de Pyongyang y la ausencia de representantes de alto nivel de la Administración Trump, el diplomático respondió: “Damos la bienvenida a cualquier país que esté interesado en participar. Depende de EE.UU. decidir si participa o no. Lo deciden ellos”.

Región

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, fue recibido ayer con honores en el Salón del Pueblo por Xi, en medio de una llovizna incesante. El acto de bienvenida debió ser trasladado al interior del recinto, en donde sonaron los himnos y un nutrido grupo de niños los vitoreó alzando banderas de ambos países, observó esta enviada. Luego, se produjo la firma de los convenios para incrementar la defensa comercial, un protocolo de exportación de peras hacia el gigante asiático y la ampliación de la red de 5G, de los que solo se conocieron los enunciados.

Chile junto con Uruguay, Bolivia, Panamá, Cuba y Ecuador integran el grupo de 16 países de América Latina que se han incorporado plenamente al proyecto y mantienen una diversidad de propuestas en carpeta. Brasil, en tanto, se distanció retóricamente de Pekín tras la asunción de Jair Bolsonaro -sigue siendo su principal socio comercial- y se descarta por lo pronto un acuerdo en ese sentido. Por su parte, Argentina solo adhirió a los principios rectores de la iniciativa en 2017 pero nunca finalizó su incorporación.

“En los últimos meses se hizo más notoria la presión de EE.UU. sobre ciertos países de América Latina”, reconoció Liu Yuqin. “Tenemos posibles conflictos con Washington pero no significa que no podamos convivir”, concluyó.

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