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¿Qué opinaría Julio Ramos de la situación económica actual?

Mi padre siempre decía que "los países como Argentina no pueden tener dólar libre", porque los principales bienes y servicios de la economía se tasan en dólares y entonces "la variación del tipo de cambio altera todos los precios". Inocultablemente se debe esto a la inflación, que desde 1969 hasta hoy promedia el 205% anual, y si exceptuamos las dos hiperinflaciones no baja de 85% al año. Es endémica la inflación en Argentina, aunque sabemos que se trata de un síndrome y no de una enfermedad, debido al descomunal gasto del Estado y su tremendo déficit fiscal. Julio Ramos elogió en forma pública el Plan Austral, de Sourrouille, de 1985 y la Convertibilidad de Cavallo de 1991, porque "redujeron drásticamente la inflación, que enloquece el funcionamiento de empresas, comercios y familias".

También solía decir que "el sindicalismo es el peor cáncer de la Argentina". Detestaba el gremialismo corrupto e intransigente que impide el desarrollo del país porque "espanta las inversiones extranjeras". Las leyes laborales vigentes en Argentina datan de 1974, cuando no existían internet, los celulares, la televisión digital, las computadoras personales, los drones, el blue tooth, los discos compactos ni el GPS.

Reiteradamente criticaba "la industria del juicio laboral" que martiriza empresas y eleva costos, la cantidad de feriados particulares que inventaron los popes sindicales, el ausentismo mayor en Argentina que en cualquier país desarrollado, y la costumbre tan criolla del paro y la huelga. Ramos odiaba los cortes, marchas y piquetes que impiden trasladarse y realizar actividades con normalidad, y no dejaba de señalar "lo mal que impresionan a los visitantes del exterior". ¡Hoy trinaría!

En épocas de crisis afirmaba que "una gran reducción de impuestos puede reactivar la economía". No conoció a Donald Trump presidente aunque hubiera aplaudido el exitoso recorte de impuestos que lleva adelante el gobernante norteamericano, porque en Argentina tenemos tal cantidad y variedad de impuestos que asfixian la industria y el comercio. Y hagamos aquí la tercera aproximación con la actualidad de Mauricio Macri, luego del dólar flotante y el sindicalismo brutal: resulta penoso que se hayan aumentado y generalizado todos los impuestos de la Argentina, en particular las retenciones a la exportación "que son el sueldo del país" al decir de JR. El Presupuesto votado en estos días consagra y aumenta todas estas distorsiones y no corrige ninguna.

Tras la experiencia de los 80 con Raúl Alfonsín, solíamos decir que "Festival de bonos + alto endeudamiento= caos financiero". Mal acabó aquella parafernalia de Ticof, Tacam, Bagon, Tidol y otros bonos con nombre de insecticida que emitió el Gobierno radical, que primero derivaron en dos hiperinflaciones y luego reunidos en el "Plan Bonex", de 1989 tuvo que convertir Carlos Menem forzosamente en dólares. Hoy equivaldrían a las Leliq, Nobac, Lebac, Bonar, Lecap, Global, Bontes, Bocan, Letes en pesos y dólares, y un endeudamiento que pronto sobrepasará 90 por ciento del PBI y que además se contrae en forma dramática, aumentando "la puja por el ingreso" (JR dixit).

El Plan Primavera de 1988 no sobrevivió a 1989 por la cercanía de elecciones con pronóstico incierto para el oficialismo. ¿Sobrevivirá este símil Primavera de 2018 a 2019 en la inminencia de elecciones complicadas para el oficialismo? Estos planes de altísima tasa de interés en pesos para que la gente se vaya del dólar funcionan con efectividad mientras falta mucho tiempo para las elecciones. Pero su fragilidad queda de manifiesto al aproximarse comicios nacionales, que pueden alterar el rumbo general de la economía, tal como ocurrió tres décadas atrás. Esperemos que esta vez resulte todo diferente, aunque es dable pensar que si hacia junio o julio cuando se acumulan importantes vencimientos de bonos y se aproximen las elecciones, si las encuestas dan alto a los opositores y para entonces este plan de estabilización financiera no fue reemplazado por algo más sólido y duradero, es factible imaginar que la base del plan crujirá.

No soy exégeta de Julio Ramos ni pretendo arrogarme la interpretación de su pensamiento, pero dudo mucho que sus pronósticos fueran favorables en caso de vivir hoy ante este panorama de altos y múltiples impuestos, tasas de interés por las nubes, inflación de dos dígitos, fuerte caída de la actividad económica, marcada retracción de la oferta monetaria, sindicalismo salvaje en boga, auge del piqueterismo y la protesta social, e inmigración descontrolada que compite laboralmente con la mano de obra nativa.

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