Economía

¿Qué pasará con las bajas de tasas que los mercados esperan?

En Wall Street un veredicto de "no innovar" -aunque se inspire en la evidencia de una economía sana- podría ser un dolor de cabeza.

Estados Unidos creó 240 mil nuevos puestos netos de trabajo en junio. Esto es 50% más que lo que se esperaba tras tomarse en mayo un breve recreo. Es otro eslabón de la expansión más larga de toda su historia. Un auge que lleva diez años -y un mes- desde que nació en junio de 2009 de entre las cenizas de la Gran Recesión. No es el más potente en registros (apenas el cuarto). Tampoco está exento de amenazas ni de altibajos. Sin embargo, persiste, no se doblega ante la adversidad. Wall Street temió un fin de ciclo sobre el filo de 2018 -con su correspondiente mercado bear- pero hoy navega aguas arriba, en zona de récords flamantes. A decir verdad, la mano visible de la Fed pesa más que la expansión para apuntalar la suba. La economía está bien, sostiene siempre el banco central llueva o truene. Y si hace falta, relajará la política monetaria para salvar eventuales atascos. A los bonos la promesa no los convence. ¿O cómo justificar la tasa de diez años en 2,05%? La Bolsa, en cambio, abraza una fe ciega. Y con los ojos cerrados no se sufre de vértigo en las alturas.

La Cumbre del G-20 trajo buenas noticias. Trump y Xi Jinping acordaron una tregua comercial, la segunda, la que debe contemplarse como un pacto de no agresión (hasta nuevo aviso). No parece todavía el camino a un acuerdo de paz (la Casa Blanca concedió mucho, pero se negó a dar marcha atrás con los aranceles ya establecidos, y Beijing no sellará un compromiso si no se elimina su vigencia). La incertidumbre que acompaña a la confrontación comercial -que no es sólo con China- le cobra peaje a la actividad, en especial de la industria, y a los planes de inversión (que se posponen). La tarifa del conflicto es alta: el índice PMI global manufacturero que estima Markit para JP Morgan se contrajo en junio por segundo mes consecutivo.

Paradoja

En ese contexto, la capacidad de creación de empleo (intacta en los EE.UU.) es un signo de buena salud. La paradoja bursátil es que cuando prevalece una mirada de corto plazo y se depende más de la ayuda de la Fed que de la propia robustez de la economía, las muestras de vigor pueden no ser las mejores novedades. De ahí, el mar de dudas. ¿Qué hará la Fed con la baja de tasas que los mercados dan por descontada a fin de mes? Si reina buen tiempo, y está soleado el mercado laboral, ¿querrán Powell & Cía gatillar un recorte? La munición convencional escasea -la tasa de fed funds se ubica en un rango entre 2,25% y 2,50%- y sería razonable conservarla para los momentos intrincados de crisis. En Wall Street un veredicto de “no innovar” -aunque se inspire en la evidencia de una economía sana- podría ser un dolor de cabeza. La relación de canje -entre estímulo monetario y fortaleza de la economía- que utiliza la Bolsa no es la misma que considera la Fed. No importa lo que diga la teoría (y confirme la praxis en el largo plazo) -que no existe tal trade off ya que la política monetaria es neutral y no afecta los valores de equilibrio de las variables reales como el PBI- Wall Street sabe el peligro que corre si debe recalcular (y anular) una baja de tasas que ya incorporó en sus precios. Hasta preferiría que una mala racha de indicadores la devolviese a la situación original. ¿Y qué hará entonces la Fed? Mantener la reducción de tasas de un cuarto de punto que ya estaba prevista para julio.

El famoso mapa de puntos que publica la institución insinúa tal recorte que sería el único para todo 2019. Los mercados, sin embargo, esperan otros dos rebajes, que la Fed nunca sugirió, y que ahora, menos que menos, querrá alentar. Tozudos, los futuros de Fed Funds, al cierre del viernes, los preservan como si nada. Allí hay material para un cortocircuito. Qué mejor que la doble visita al Congreso de Jay Powell, este miércoles y jueves, para tratar de aclarar la cuestión. Aun cuando aclararla oscurezca el panorama.

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