Ambito BIZ

¿Quiénes son los "ohitorisama"?, el tipo de clientes al que apuntan en Japón

La figura del consumidor solitario en Japón -hay muchos en ese país- tiene un nombre: "ohitorisama". Este "querido cliente solo" es uno de los nichos favoritos del mercado, pues es muy lucrativo.

En el archipiélago, cada vez es menos tabú llevar a cabo actividades en solitario que, en principio, están pensadas para realizarlas en grupo. Hay quien defiende esta tendencia en nombre de la libertad.

Además, cada vez hay más personas en Japón que viven solas. Más de un tercio de los hogares del país, de 126,4 millones de habitantes, están ocupados por una sola persona. La sociedad nipona moderna no favorece el contacto espontáneo y encontrar pareja se ha vuelto más difícil que antes, cuando las empresas hacían de celestinas.

En la categoría "ohitorisama", además de ancianos viudos o alejados de su pareja (hospitalizada o en una residencia) en un Japón que envejece rápidamente, figuran numerosos jóvenes que han renunciado a buscar a alguien y prefieren la autonomía del celibato, sobre todo cuando obtienen descuentos comerciales.

La tendencia a complacer al "ohitorisama" está por todas partes: en los estantes de los supermercados 24 horas, donde no faltan los platos preparados para una persona, en los cines, donde se pueden reservar (pagando un extra) asientos aislados por mamparas o en las ofertas de viajes en solitario.

Hartos de acumular horas extras en la oficina y de estar conectados a las redes sociales permanentemente, muchos japoneses necesitan tiempo para ellos, lejos del frenesí cotidiano.

En los restaurantes de la cadena Ichiran incluso es posible comerse el plato de ramen (fideos) sin tener ningún contacto humano, o casi. "Empezamos con este concepto de 'espacio personal' antes de que se volviera una moda", afirma Satomi Nozaki, portavoz del grupo.

Al contrario que en los locales tradicionales, en los que los chefs cocinan directamente delante de los clientes, en los restaurantes Ichiran aportan "unas condiciones que permiten a los clientes disfrutar de su comida sin preocuparse por la mirada de los otros", una discreción que gusta especialmente entre las mujeres, asegura.

Aquí, los clientes realizan su pedido a través de una máquina (algo común en Japón) y luego se sientan en una cabina, donde una persona anónima, de la que solo le ven las manos o el rostro de forma furtiva, les sirve la comida.

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