Espectáculos

Rambo aprendió a hablar, por desgracia

La última parte poco tiene que ver con el perfil del personaje y copia demasiado el argumento de "Taken", que interpretó Liam Neeson.

No es que Stallone sea demasiado viejo para seguir haciendo de Rambo, sino que esta nueva secuela -y, aparentemente, última, según lo que anuncia el título- por momentos no tiene mucho que ver con la serie iniciada en la excelente película en la que el personaje se enfrentaba al sheriff autoritario y corrupto Brian Dennehy. En “Rambo: Last Blood” el guión roba la trama de las películas de la serie de “Taken”, en las que Liam Neeson liquida mafiosos albanos por docenas con tal de rescatar a su hija de una red de trata centroeuropea.

Aquí el asunto transcurre entre Arizona y México, país cuya Secretaría de Turismo no querría auspiciar este film donde sólo cruzando la frontera ya se cometen todo tipo de actos aberrantes. La hija adoptiva de un Rambo más aburguesado, que se la pasa montando a caballo como un cowboy y armando una extraña red de túneles, cruza a México a encontrar a su padre, y pronto la mala idea se transforma en tragedia. Pero lo trágico es que aquí no hay acción hasta pasados los 40 minutos de film, y el otrora monosilábico Rambo ahora lanza unas peroratas más temibles que su gigantesco cuchillo. Eso sí, los últimos 20 minutos a pura masacre son de lo más entretenidos.

“Rambo: Last Blood” (EE.UU./España, 2019). Dir.: A. Grunberg. Int.: S. Stallone, Y. Monreal, P. Vega.

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