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Rebajan (otra vez) la estimación del PBI de Argentina a -1,8%

El dato para este año surge del nuevo recálculo que realizó el organismo internacional. También para el próximo año rebajó la estimación del PBI.

La OCDE volvió a bajar la estimación de crecimiento de Argentina para este y el próximo año. En 2019 el PBI caería 1,8% mientras que en 2020 crecería 2,1%, según el informe de Perspectivas Económicas presentado ayer (ver nota aparte).

Según el organismo internacional este año el consumo privado registraría una caída del 3,2%; el consumo público del 3,7%; y la formación de capital fijo del 16,3%. De modo que la demanda doméstica acusaría una baja del 5,3% que junto con un retroceso de la construcción del 0,7% dan como resultado un caída de la demanda doméstica total del 10,3%. Por su parte, las exportaciones crecerían 22,6% mientras que las importaciones caerían 16,2%. La inflación implícita del año sería del 40,9% y el déficit de la cuenta corriente de 1,8% del PBI.

A continuación, lo más relevante del informe sobre Argentina.

La economía irá recuperándose paulatinamente de las turbulencias en el mercado financiero experimentadas en 2018. Una fuerte depreciación de la moneda ha acentuado aún más la elevada inflación, lo que ha mermado los ingresos reales y la confianza de los inversores. Las políticas macroeconómicas contractivas y la incertidumbre política previa a las elecciones de octubre de 2019 pesarán en la recuperación de la demanda interna. Sin embargo, la economía irá saliendo poco a poco de la recesión gracias a las exportaciones, a las que ha favorecido una buena cosecha y un tipo de cambio real más competitivo. Al mismo tiempo, el lento crecimiento del comercio internacional limitará considerablemente la expansión de las exportaciones. Según las proyecciones, el desempleo no retrocederá antes de 2020.

Actualmente se está llevando a cabo una amplia y oportuna consolidación fiscal cuyo objetivo es alcanzar un superávit fiscal primario en 2020. Se mantendrá una política monetaria restrictiva para combatir una inflación persistentemente elevada. A fin de restaurar la confianza, resultará crucial cumplir las metas anunciadas, aunque debería utilizarse cuando sea necesario el margen fiscal acordado para amortiguar el impacto social de la recesión. Reducir las barreras a la competencia y al comercio exterior será clave para un crecimiento más fuerte.

Es necesario seguir avanzado con las reformas estructurales para mejorar la productividad, impulsar las exportaciones y fortalecer el crecimiento. La competencia sigue siendo escasa en muchos sectores, debido a las restricciones domésticas a la entrada de empresas, los obstáculos al emprendimiento y las restricciones a las importaciones. El descenso de los precios al consumidor que se obtendría con una competencia doméstica y extranjera más reñida mejoraría el poder adquisitivo de los hogares, en especial el de aquellos con bajos ingresos. Un mejor acceso a insumos intermedios incrementaría la productividad y la competitividad de los productores nacionales, permitiendo a las empresas crear empleos formales y mejor remunerados. Un mejor acceso a la formación profesional ayudaría a los trabajadores a prepararse para la llegada de estas nuevas oportunidades. Un seguro de desempleo más eficaz podría proteger mejor a los trabajadores cuyos puestos de trabajo se muevan de unas empresas a otras o de unos sectores a otros. En la actualidad aproximadamente un tercio de la fuerza de trabajo tiene un empleo informal, por lo que carece de toda protección laboral.

La economía saldrá de la recesión gracias a las exportaciones.Habida cuenta de que la demanda interna sigue siendo escasa, se prevé que sean las exportaciones las que impulsen la recuperación y que a lo largo de 2019 las tasas de crecimiento trimestrales regresen a terreno positivo. Sin embargo, la disminución de los flujos internacionales de comercio podría limitar la demanda global para las exportaciones argentinas. Se proyecta que el crecimiento del PIB aumentará hasta el 2,1% en 2020 a medida que se recupere la demanda interna. La incertidumbre política previa a las elecciones generales de octubre es un riesgo fundamental a la baja, mientras que una recuperación más marcada de las exportaciones podría generar un riesgo al alza.

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