Política

Redes sociales: ¿cuánto salen las campañas sucias?

¿Cuánto tardan en dar resultado? ¿Solo para tal fin las contratan? ¿Cómo les pagan? ¿Cuántas personas trabajan? Estas son algunas de las preguntas.

Para ningún usuario de plataformas como Facebook o Twitter es una novedad que cada tanto, mucho más en épocas electorales, haya acciones coordinadas ya sea para imponer un tema o para atacar a un funcionario o dirigente opositor, por caso. Sin embargo, no abundan las precisiones sobre la logística que hay detrás. Peor, menos se sabe con qué herramientas cuenta el Estado para atacarlas.

Las agencias de marketing son las piezas fundamentales que quedan por fuera del radar. Ámbito habló con una de las más solicitadas en el mercado, no solamente por la política sino también por empresas. Una salvedad: la estrategia que utilizan para ambas no difieren en lo más mínimo. ¿Cuánto salen las campañas sucias? ¿Cuánto tardan en dar resultado? ¿Solo para tal fin las contratan? ¿Cómo les pagan? ¿Cuántas personas trabajan? Estas son algunas de las preguntas.

Andrés-así se nombrará para resguardo de su identidad- creó una agencia para brindar servicios de comunicación política digital en los primeros años de este siglo. Tiene entre sus clientes a políticos de las principales fuerzas del país, y también a algunos del exterior.

Los primeros trabajos de su agencia fueron cuando un municipio de la Primera Sección de la provincia de Buenos Aires, le encargó la optimización de sus buscadores. Luego, les salió un contrato de consultoría con uno de los sindicatos más poderosos del país. A partir de ahí, se abrieron las puertas de los contactos políticos. La expansión fue de boca en boca, y a partir de dar charlas.

Según Andrés, su crecimiento fue a raíz de que la mayoría de los políticos no tienen equipos especializados, sino militantes con escasa pericia. Su ideal, dice, es no hacer campañas sucias, porque, conjetura, si se hacen bien las cosas, no son necesarias. Pero, cuando se deben hacer, ellos están dispuestos a todo.

Los políticos llegan a él desesperados, usualmente cuando son víctimas de una campaña de descrédito. Ahí, Andrés trata de explicarles que en esas circunstancias es poco lo que se puede hacer. Pero si insisten, lo intenta. Generalmente, tarda dos días en surtir efecto y dar vuelta lo que venía ocurriendo. En esto, los políticos y las marcas comerciales no se diferencian en nada.

Para Andrés, la estrategia sobre la base de cuentas falsas sirve para afuera y para adentro.

  • Caso A: una vez, un político los buscó desesperado porque lo estaban matando cuentas falsas en Twitter. La agencia de Andrés detectó que había usuarios que apoyaban al político pero no estaban expresándolo. Después de varias operaciones entendieron que lo que esa gente necesitaba era un empujoncito. Entonces crearon cuentas falsas apoyando al político, y ahí sí comenzaron a postear sus seguidores reales.
  • Caso B: hay mandatarios locales y provinciales que quieren que se inflen los likes de sus publicaciones mostrando la concreción de una obra para legitimarse frente a los suyos.

El precio

Pero todo tiene un costo. ¿Cuánto sale contratar a la agencia de Andrés? ¿Durante cuánto tiempo lo suelen hacer?

Andrés cotiza en horas. En julio de 2019, cobraba 700 pesos una hora de trabajo. Crear una cuenta de Facebook que parezca real tarda alrededor de dos horas; una de Twitter, 45 minutos y una de Instagram cerca de una hora. El e-mail más el chip de celular y la administración inicial de todas esas cuentas, lleva entre 3 y 4 horas cada una. Cuando es de urgencia o de alcance nacional, el valor aumenta. Si se piden 30 o 40 cuentas durante un mes, el costo ronda los 100 mil pesos. Comprar cuentas truchas sale entre dos y tres dólares. Antes de la devaluación postelectoral, el costo total era un 25 por ciento menos.

¿Cambia la demanda en épocas electorales y en tiempos que no lo son? “Cuando solo hay gestión, se descuida un poco la imagen”, asevera. Según él, se muestran más las obras y les importa menos las notas negativas. En campaña, precisó, “les ataca la paranoia y empiezan a revisar Wikipedia y otros rastros de referencias negativas en la web. Empieza el lavado de cara. Esa es la tarea de Andrés, ordenar la basura”.

¿Y las campañas sucias? A Andrés lo buscan, generalmente, cuando son víctimas de ellas, y no para dirigirlas. Lo primero que él les aclara es que necesita tiempo para revertir el ataque, y que será creando cuentas truchas que muestren de dónde viene la información falsa. Uno de los motivos es porque las redes sociales están cada vez más estrictas para crear fakes. ¿Qué les aconseja? Estar preparados para cuando esto ocurra.

Caso: una vez lo contrató un político que se mandó una “súper cagada”. Cada año, cuando se cumplía un aniversario, se lo recordaban con duros cuestionamientos. La agencia de Andrés decidió no confrontar, y, sobre la base de notas que estaban con poca prensa, notaron que el nuevo gobierno tampoco se había ocupado del problema que causó el accidente. Entonces, crearon una imagen sin ningún tipo de complejidad, como si hubiera sido hecha por una persona que carece de conocimiento de diseño de imagen, con una inscripción cuya idea eje era que no te engañen porque ahora si saben lo que puede pasar y no están haciendo nada. A partir de ahí, las cuentas falsas compartieron la imagen y las noticias que decían que no habían comenzado las obras, y en dos días desaparecieron los insultos a su cliente después de 5 años. El eje de la discusión había virado y el objeto de los insultos también.

Andrés afirmó que tanto el macrismo como el kirchnerismo tienen a personas dedicadas a hacer campañas sucias en las redes sociales, pero, a su vez, tiene la certeza de que están contratados para otros fines y no tienen ningún tipo de especialización, lo cual se nota en la forma en que lo hacen: “Cuando los que deciden hacia dónde va el dinero, quieren que el trabajo se haga bien, contratan a una consultora ya sea tercerizando el servicio, en negro o con contratos de consultoría XXX. A esto lo hacen todos”.

No hay muchas diferencias en las demandas del kirchnerismo y del macrismo. El matiz es que el kirchnerismo enfoca la potencia, mientras que el macrismo la calidad: “El kirchnerismo te pide 50 cuentas. En cambio, Cambiemos te pide 15 con amigos y demás”, precisó.

En la agencia de Andrés, trabajan alrededor de 7 personas, de las cuales se dedican solamente dos a este tipo de trabajo. Entre sus competidores, aunque él no se refiere a ellos como tales, está Mediacom, la firma británica cuyo director ejecutivo en el país es Ariel Bérgamo, quien se encuentra secundado por el experimentado Carlos Cianfoni. Según Andrés, “Mediacom le maneja la mayor parte de las cuentas truchas al gobierno de Mauricio Macri, y en parte también lo hizo con el kirchnerismo. Una forma de medir la baja calidad de su trabajo es ver que los likes de las cuentas de los funcionarios están repletas de usuarios con nombres exóticos en estos destinos”. Para él, esa es la explicación de la campaña fallida popularizada como “satisface a Mauricio”.

Después de todo lo que dijo, cuesta preguntarle a Andrés si sabe decir que no. El dice que sí: sabe decir que no. Su ejemplo fue una campaña en un país latinoamericano. Los buscó el equipo de un candidato homofóbico y racista. Ahí Andrés reconoció que se levantaba frente a él un límite, y rechazó la propuesta.

¿Y el Estado?

De cara a estas elecciones, la Cámara Nacional Electoral (CNE) firmó un Acuerdo Ético Digital contra la desinformación y sendos memorándums de entendimiento con las redes sociales, aunque en ninguno se incluye un compromiso explícito para que entreguen información concreta sobre quiénes pagan los avisos, por ejemplo.

Consultadas para esta nota, fuentes de la CNE señalaron que los instrumentos con que cuentan son los propios de cuando las campañas eran analógicas y, como ahora, en gran parte digitales. Mientras especulan que el 50 por ciento del gasto proselitista será en publicidad en internet, se jactan de que Facebook se comprometió a entregarles una lista en la que se informa quién pagó los avisos. No obstante, ese acuerdo depende de la voluntad de la empresa. En el caso de Twitter esa vía aún está por lograrse, pero todavía no se concretó.

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