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Regresa Delia Cancela en una merecida retrospectiva

La muestra de esta figura crucial en la historia del pop argentino atraviesa 50 años de una trayectoria que compartió en sus inicios con su marido, Pablo Mesejean y que, a partir de 1980, siguió en soledad.

El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires cierra un año de grandes logros. Con su sede ampliada y, sobre todo, con un cambio rotundo en la gestión, viene a reparar la omisión de aquellos que, por indolencia, dejaron a grandes artistas argentinos excluidos o librados a su suerte. La exposición retrospectiva de Delia Cancela (1940), ubica por primera vez a la artista en el papel estelar que merece, la exhibe como una figura crucial para la historia del Pop argentino.

La portada del catálogo muestra a Cancela de cuerpo entero. Menuda, tapándose el rostro con las manos, con sus pelos rojos y vestida de negro como una viuda, descalza y con la falda de una Menina. La exhibición del MAMBA atraviesa 50 años de trayectoria que Cancela compartió en sus inicios con su marido, Pablo Mesejean y que, a partir de 1980, prosigue en soledad. Tan dramática y sensitiva como glamorosa, la muestra se abre en el año 2010 con “Atributos masculinos”, una serie de dibujos, unos moños resueltos con una gracia suprema. La selección de la curadora del Moderno, Carla Barbero, sin duda definida por la estética, descubre más la capacidad artística y sensible que la de una brillante diseñadora (que también está).

“Love & Life”, la instalación que al promediar los años 60 Cancela presentó con Mesejean en la Galería Lirolay, es un universo de flores, un recinto de tules. El espectador ingresa allí con anteojos especiales, para ver la vida color rosa. Desprejuiciados y talentosos, Cancela y Mesejean habitaron una ciudad cuyo corazón cultural palpitaba –al menos por un brevísimo tiempo- a la par de los grandes centros del mundo. En 1966 pintaron sus “Muchachas y muchachos” y redactaron su Manifiesto: “Nosotros amamos los días de sol, las plantas, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushingham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young savage look, las canciones de moda, el campo, el celeste y el rosa, las camisas con flores, las camisas con rayas, que nos saquen fotos, los pelos, Alicia en el País de las Maravillas, los cuerpos tostados, las gorras de color, las caras blancas y los finales felices, el mar, bailar, las revistas…”. Así sellaron una alianza del arte con la vanidosa moda y cuando el Premio Braque los llevó París, el mundo los recibió con los brazos abiertos.

Los corazones destrozados son un leitmotiv de Cancela. Aparecen atados con moños y también fragmentados, colgando de una cinta ensangrentada. Las Experiencias Visuales 67 y 68 del Instituto Torcuato Di Tella, los tuvieron a ambos como protagonistas. Y cuando se acabó la magia porteña, Nueva York fue la primera escala. En Londres crearon la marca Pablo y Delia y asumieron la dirección artística de las tapas de “Vogue” y “Harpers Bazar”. En París le prestaron su talento a Kenzo e Yves Saint Laurent. La delirante creatividad se percibe en las portadas de moda, pero también en los dibujos, como los del vestuario para la obra “Sueño de una noche de verano” (1968).

Hay en la muestra numerosos dibujos y pinturas de Cancela que brindan visibilidad a las cuestiones artísticas que ambos aportaron a la moda. Hay, además, una filmación donde se advierte una libertad ostensible. Los gestos de las modelos se alejan del estereotipo de las muñequitas mecánicas que desfilan por las pasarelas. Ellos le dijeron adiós a la “tiranía” de la moda. Hicieron lo que nadie había hecho. Nadie había utilizado bolsas de residuos en lugar de carteras, ni había llevado costureras, actrices y bailarinas a las pasarelas. Ellos presentaron a una novia desnuda con velos transparentes, con un halo en la cabeza y un par de despampanantes medias rojas. En 1980 Cancela retomó la producción individual. En 1986 nació su hija Celeste Leeuwenburg, autora del Homenaje que cierra la muestra y ese mismo año murió Pablo Mesejean. Delia Cancela vive y trabaja en Buenos Aires desde 1999.

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