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Respetando las instituciones (multilaterales)

Las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional anticipan dificultades para que se cumplan las estimaciones del proyecto de Presupuesto 2019, que presentó en septiembre el Gobierno nacional.

La principal variable a tener en cuenta es el Producto Interno Bruto (PIB), que para el FMI caerá en 2019 (-1,6%) por encima de lo que figura en el proyecto de ley (-0,5%). Esto no implica considerar que los parámetros que maneja el FMI sean los correctos: por ejemplo, en abril de 2018 el FMI visualizaba un crecimiento del 2% para este año, que seis meses más tarde (octubre) colocó en el -2,6%, un error de estimación de más de cuatro puntos, que no es poco.

En la confección del Presupuesto 2019, las implicancias de subestimar la caída de la actividad económica son importantes, ya que cuanto más profunda es la recesión, mayor es el impacto negativo en la recaudación tributaria. Ante ello, la búsqueda del déficit primario "cero" demandará una profundización del ajuste mayor aún que la prevista, que seguramente implicará un mayor recorte del gasto. Todo en aras de intentar acatar lo acordado con el FMI. Las prioridades están más que claras. El Presidente las volvió a ratificar el jueves pasado, en el Centro Cultural Kirchner: "Estamos pasando meses difíciles, meses duros, que nos están poniendo a prueba, y siento que estamos pasando esa prueba, nos aferramos firmes al timón y no cambiamos el rumbo". En el mismo sentido se expresó Christine Lagarde, quien destacó "la disciplina demostrada por el Gobierno del presidente Macri" para acelerar el ajuste fiscal.

Los números de recaudación ya nacieron desvirtuados. La Oficina de Presupuesto del Congreso elaboró un informe donde establece que en 2019 habría ingresos fiscales por unos $19 mil millones menos (0,6% del PIB) que lo proyectado para el Presupuesto (El Cronista, 8/10/18).

Uno de los rubros donde hay sobreestimación es el de ingresos por retenciones sobre las exportaciones de bienes, calculadas sobre ventas externas por u$s75 mil millones. Este número de ventas externas luce exagerado, no sólo para los analistas privados, sino incluso para algunas estimaciones del Gobierno. En la presentación del plan Argentina Exporta, que apunta a triplicar las exportaciones totales (bienes y servicios) de aquí a 2030, se plantea una meta de u$s75 mil millones de exportaciones de bienes, pero recién para el año 2023. Este dato surge de uno de los gráficos de la presentación del Ministerio de Producción y Trabajo, encabezado por Dante Sica (Ámbito, 11/10/18). Otra diferencia con el dato del Presupuesto, donde se plantea que tal nivel de exportaciones se alcanzaría el próximo año.

Constituye una prueba más de que el Presupuesto que están tratando los legisladores, aparte de ser cuestionable -por el ajuste que conlleva-, tiene estimaciones más que discutibles.

A la luz de los problemas de consistencia presupuestaria, cabe preguntarse por qué el FMI tiene tanta urgencia en que se ratifique un texto que no cumpliría con lo proyectado para las principales variables. La clave está en que su aprobación constituiría una muestra de apoyo a las políticas de ajuste, más allá del cálculo fino de los números. No se trata de ver si es o no el Presupuesto de "la verdad". Lo relevante es mostrar que los representantes de la ciudadanía convalidan el ajuste.

Esto es lo que buscan los mercados y el FMI, que en el informe de Perspectivas de la Economía Global sostiene: "Un significativo ajuste fiscal es necesario en Argentina para disminuir la carga de financiamiento federal y colocar la deuda pública en una firme trayectoria a la baja". Esto significa que la meta de déficit primario cero no es el objetivo final con el que se contentarán.

La única forma de que la deuda pública entre en una trayectoria a la baja es persiguiendo un objetivo de déficit financiero cero (hoy en 3,2% del PIB), porque ése es el gasto en intereses de la deuda. Una meta inconfesable para el corto plazo, aunque son los parámetros que se utilizan en las economías centrales. Es decir que, de persistir con estas políticas, las perspectivas son las del ajuste que no tiene fin. El fiel de la balanza inclinado hacia el lado del respeto a las instituciones, pero a las multilaterales.

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