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Roggeri: el difícil arte de saber gozar de la vida

• LA PIANISTA ARGENTINA DARÁ MAÑANA UN CONCIERTO CON FRANÇOIS CHAPLIN
“Le boeuf sur le toit”, que alude al restaurante parisiense de los años locos, es el título de la presentación de ambos artistas en el ciclo de Nuova Harmonia.

La temporada 2017 de Nuova Harmonia tendrá mañana a las 20.30 su anteúltima propuesta del año en el Teatro Coliseo, con un concierto de los pianistas Marcela Roggeri y François Chaplin. El programa, llamado "Le boeuf sur le toit", en alusión al mítico restaurant parisiense homónimo de la obra de Darius Milhaud, comprende obras de autores franceses de las primeras décadas del siglo pasado: Saint-Saëns, Poulenc, Ravel, Debussy, Satie y el mismo Milhaud. Dialogamos con Roggeri.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea de este programa?

Marcela Roggeri: Surgió en Europa en momentos un poco complicados por los que se pasó en estos últimos dos años. Con François nos encontramos en un crucero musical llamado "Piano en el mar", en el que había otros grandes pianistas. Enseguida nos entendimos, y pensamos que sería bueno hacer juntos en un programa alrededor de la "joie de vivre", la alegría de vivir, y eso quedó relacionado automáticamente con Francia y con el año Debussy (2018). François había grabado la obra completa de Debussy, y entre el autor y sus amigos fue gestándose de a poco esta idea de un programa alrededor de esta época maravillosa entre las dos guerras mundiales, llamada "les années folles", los años locos. Europa salía de la Primera Guerra, la Segunda se avecinaba pero de lejos todavía. Y también la idea fue hacer el programa sobre este lugar, Le boeuf sur le toit, este cabaret famoso de París en el que todos se reunían para tocar y divertirse, y donde había una cantidad increíble de genios que querían sobrellevar todo lo que había pasado luego de la Primera Guerra.

P.: Dentro de ese período, ¿cuál fue el criterio para la selección de las obras?

M.R.:
Empezamos a pensar en cuál sería la mejor manera de unir y cuál el hilo conductor de un programa. Podemos hacer un recital clásico con compositores que no tienen que ver directamente, pero en este caso teníamos detrás una idea, y a pesar de que la primera obra (la "Danza macabra" de Saint-Saëns) no pertenece a ese período, tiene en común la danza con el resto del programa.

P.: Casi todas las obras en este repertorio tienen una relación (explícita o implícita) con lo orquestal. ¿De qué manera influye ese hecho en la interpretación pianística?

M.R.:
Ya el piano de por tiene posibilidades orquestales, de timbres, de intensidades, de sonidos, y a dos pianos este rasgo es aún más notorio. Y además, en la música francesa de ese tiempo, casi todos los compositores dominaban tanto el piano como la orquestación. El hecho de que las obras se puedan hacer a dos pianos, salvo la "Petite suite" de Debussy, le da al programa una dimensión orquestal.

P.: ¿De qué manera fue madurando esta colaboración artística con François, y qué es lo que más la entusiasma de tocar con él?

M.R.:
En ese crucero, que organizaba Radio Classique de Francia, cada uno hacía un recital. Nos entendimos muy bien, y de a poco empezamos a tener la ocasión de tocar juntos informalmente. Creo que somos complementarios: tenemos mucho en común pero también maneras un poco diferentes de afrontar las situaciones, yo soy más de ir adelante. Ya venimos tocando juntos. Tocar a dos pianos es algo que me gusta mucho, que hice con mi maestro Bruno Gelber durante mi formación, y me gusta. En el caso de las cuatro manos es otro tema, pero me gusta esta dimensión orquestal que da la música a dos pianos. François es un conocedor profundo de la música de su país, y si bien no es imprescindible ser de un país para comprender su música, siempre hay cosas que podemos aportar, como sucede cuando tocamos música argentina a dos pianos.

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