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Rosario ampliará la sede de su museo Juan B. Castagnino

Es el segundo museo en importancia del país, por detrás del Museo Nacional de Bellas Artes. Hoy sólo puede exhibir 5% de su patrimonio total.

La semana pasada se presentó la nueva edición de la Gran Gala Rosario en el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino. La intendente de la ciudad, Mónica Fein, señaló el destino filantrópico de la fiesta: recaudar fondos para ayudar a financiar la remodelación y ampliación del Museo Castagnino, estimada en 97 millones de pesos. Fein defendió la inversión en cultura, aún en tiempos difíciles. La institución ganará metros, pero más que nada calidad. El mercado del arte rosarino es incipiente pero los artistas gozan allí de un extraño privilegio: el aprecio de la clase política. De hecho, en medio de la peor crisis económica del país, el gobernador Hermes Binner apoyó la fundación del MACRO, la extensión del Castagnino que desde 2004 alberga arte contemporáneo argentino. Mientras hoy, al proyecto de la intendencia se suma el aporte de Miguel Lifschitz con el gobierno de la provincia de Santa Fe y el patrocinio privado de la Fundación Gran Gala Rosario.

Dos grandes temas se cruzaron en ese encuentro. Por un lado, las obras van a poner en primer plano un museo con 82 años de vida que hoy exhibe sólo 5% de sus colecciones, que van desde fines de la Edad Media hasta la modernidad. Con una superficie de apenas 2.200 m2 y un rico patrimonio, el Castagnino es el segundo Museo del país luego del Nacional de Bellas Artes. Por otro lado, se habló de las novedades que suman atractivos a la gala del 13 de abril; para comenzar, el menú. Allí, estarán los mejores chefs de Rosario para deslumbrar a los personajes top de la gala solidaria; también habrá shows y sorteos a lo largo de la noche.

La gravitación de la obra puede resultar crucial para el mundo del arte y la cultura rosarina. La falta de espacio es la principal carencia del Castagnino en el presente. El modelo de gestión cultural de Rosario, forjado durante los tiempos de gran prosperidad del modelo agro exportador, es un fenómeno interesante. Lejos de la frivolidad, en un ensayo erudito titulado “Hacer el bien… ¿hace bien?” la Fundación de Amigos convoca a la Gala mientras analiza y cita estudios que sostienen que las personas somos solidarias porque “nos genera bienestar”. “¿Sería entonces la solidaridad una forma altruista de egoísmo?”, se preguntan. “Algunos son solidarios por naturaleza y hoy la ciencia nos demuestra que también se puede ‘aprender’ a serlo a través de la psicología cognitiva, el coaching ontológico o la psicología positiva”, responden, sin ningún cinismo.

Consultado Raúl D’Amelio, director del Castagnino+Macro sobre los cambios que plantea la nueva sede para la programación, respondió: “Estamos muy entusiasmados. El concurso fue el año pasado y ganaron unos arquitectos jóvenes, el grupo Pasto, Carballo- Errasti. La obra que hay que hacer dentro del Castagnino está planeada para comenzar en junio, y va a influir sí, claramente, en la programación. Pero creemos que este año la programación será normal”. D’Amelio agrega: “La obra permitirá ampliar las áreas técnicas y educativas y crear espacios de intercambio, accesibilidad y participación. A la vez, se devolverán al edificio sus características originales, subrayando de este modo el carácter patrimonial del mismo y su importancia como una de las instituciones fundantes de la cultura de la ciudad de Rosario”.

Las obras en depósito son 4500 y la ampliación contempla un 24% más de metros lineales para exposición en la planta baja y 30% más de metros lineales en la planta alta. Pero las áreas dedicadas a las Reservas son fundamentales. El Castagnino es dueño de una de las mayores colecciones de grabados históricos y obras sobre papel que ocuparán 60 m2 con sus planeras. La reserva de Pintura, otro fuerte del Museo, tendrá 220m2, y la de Escultura, 120 m2, además de dos patios de exhibición.

El proyecto contempla un Auditorio para 200 personas con acceso independiente, al igual que el Bar- Restaurante (siempre colmado en la sede del MACRO). Hay áreas para depósitos, sala de máquina, biblioteca, sala de lectura, archivo, oficinas y los talleres de educación, montaje, conservación preventiva y restauración, que no estarán a la vista, pero van a determinar la excelencia del Museo.

El arte siempre ha sido importante para Rosario, por tradición. Allí nacieron Berni, Fontana, Bertolé, los hermanos Guido, Gambartes, Grela, Schiavoni; Iommi, Piccoli, Renzi, Puzzolo, Escandell, Daniel García; Costantino, Sacco, Battistelli, Carlos Herrera, Vitali; Villar Rojas, Vergara, Calvo y Tellería, que en mayo representará a la Argentina en la Bienal de Venecia. Y el listado se extiende a Laura Glusman, Eugenia Calvo, Mauro Guzmán, Lila Siegrist, Carolina Antoniadis, Max Cachimba; Alejandra Tavolini, Pauline Fondevila, Gastón Herrera, Laura Echenique, Florencia Laorden, Cecilia Lenardón, entre muchísimos otros, rodeados por operadores culturales de primer nivel.

Un Castagnino renovado que muestre sus tesoros podrá atraer a los extranjeros que tejen y destejen la gloria de los artistas. Y sobre el tema de la inserción internacional, D’ Amelio, observa: “Tengo agendado un par de viajes. Hay contactos con varios museos de España, Italia y EE.UU. De hecho hay obras del Castagnino expuestas en el Museo Reina Sofía de Madrid en estos momentos”. Hasta el siglo XVIII, cuando el Museo del Louvre abrió sus puertas a las colecciones reales, una clase social que no tenía cabida comenzó a disfrutar de un patrimonio que, hasta entonces sólo era accesible a las personas cultas y ociosas, la nobleza y el clero. Siglos más tarde, los políticos tal como los conocemos, comenzaron a ocuparse del arte cuando Malraux cruzó el océano para llevarle a Jackie Kennedy la Mona Lisa. El Metropolitan de NYC batió el récord de 1,5 millón de visitantes. Y así comenzó la democratización del arte.

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