Espectáculos

"Rosita": sobre el dolor y la ira

Ciertos prejuicios, la persecuta cotidiana, y algún discurso de moda, se ponen a prueba en este nuevo relato de Verónica Chen. Primeras escenas: en la noche, un hombre de pocas pulgas dispara contra un perro que ladra; luego, en lo que parece un criadero de perros (esto no se aclara) una joven despierta junto a su novio, pedalea hasta el trabajo y, concluida la jornada laboral, vuelve a casa. Ahí empieza el drama, porque falta la hija menor.

“Se fue con Omar”, dicen los hermanos, absortos en un juego de playstation. Luego deduciremos que el aludido es el abuelo de los chicos y padre de la joven. También es el dueño de casa, porque ella no tiene dónde caerse muerta. Y es el tipo de la escena inicial. Un ex convicto con un empleo nocturno. Que esa noche faltó al trabajo y recién cuando amanece vuelve con la nena. El público, especialmente el público femenino, sacará inmediatamente sus conclusiones. Error: serán conclusiones apresuradas.

Ahí, en el ida y vuelta de la verdad, está lo más relevante de esta historia sobre dos seres enojadizos, de carácter fuerte, desconfiados, que no saben comunicarse ni practican la paciencia. Ella, resentida desde chica, practica el manejo de la culpa. Quizás el guión pudo estar más pulido pero, en este caso, es un detalle menor. Se impone la tensión, la observación de personajes y situaciones, lo verosímil de esas vidas mal organizadas, la advertencia a modo de callada moraleja. Intérpretes, Sofía Brito y Marcos Montes (al fin este valioso actor tiene un protagónico). De apoyo, Luciano Cáceres, Noemí Frenkel y Javier Drolas (escena propia de estos tiempos: la vecina le pregunta a la joven si el padre de los niños no la ayuda, la otra responde altanera que cada hijo es de un padre distinto y ya expulsado de su vida, y la vecina pide entonces disculpas por haber hecho esa pregunta).

P.S.

“Rosita” (Argentina, 2018). Dir.: V. Chen. Int.: S. Brito, M. Montes, L. Cáceres.

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