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Sabatini y Nalbandian, los argentinos que dominaron el césped

"El pasto es para las vacas", fue una de las tantas frases memorables de Guillermo Vilas. Lo dijo en 1975, luego de perder en Wimbledon, un torneo esquivo para los argentinos tan arraigados en el lento polvo de ladrillo. Pero pese a lo que la creencia popular manda, nuestro país supo tener momentos gloriosos en el Grand Slam inglés

Aunque se suele decir que Argentina nunca tuvo campeones en el césped de Londres, Gabriela Sabatini pudo darse el gusto de alzarse con el título. Fue en 1988, cuando ganó junto a la alemana Steffi Graf el trofeo de dobles femenino. 

Fue la única vez que un tenista nacional pudo ganar en el All England en los diferentes cuadros de mayores. Pero hubo jóvenes promesas que lograron llegar a lo más alto. Por ejemplo, la santafesina María Emilia Salerni fue campeona en dobles junto a la checa Daja Bedanova en 1999. 

También en el cierre del milenio Guillermo Coria y David Nalbandian le pusieron el broche de oro a sus carreras de juniors ganando el dobles masculino. En 2000, la "Pitu" Salerni se quedó con el título en singles de mujeres, y una temporada después, Gisela Dulko obtuvo el máximo logro en pareja con la estadounidense Ashley Harkleroad. 

La presencia argentina en finales de Wimbledon es amplia. Tal vez las más recordadas sean las de Nalbandian y Sabatini. En 1991, la mejor tenista nacional de la historia estuvo en la puerta de ganarle a Graf, cuando estuvo a dos puntos de un triunfo que se le escurrió de las manos. 

Por su parte, el cordobés, de apenas 20 años, llegaba a su segunda definición en el circuito y no pudo ante el australiano Lleyton Hewitt, por entonces el mejor del planeta. 

En la era amateur, Enrique Morea era el indiscutido emblema del tenis argentino. Su agresivo estilo de saque y volea lo llevaron a jugar tres finales en Wimbledon, en la modalidad doble mixto: en 1952 junto a la australiana Thelma Long, un año después con la estadounidense Shirley Fry, y en pareja con la también norteamericana Alice Brough en 1955. 

Javier Frana, con el mexicano Leonardo Lavalle como compañero, acredita una definición perdida en 1991. Además, esta misma pareja llegó a semis en las dos ediciones anteriores. 

Una de las mejores combinaciones que el tenis actual vio en los últimos años fue la de Paola Suárez y la española Virginia Ruano Pascual. Ganaron todos los Grand Slam, a excepción del campeonato inglés. Llegaron a la final en 2002, 2003 y 2006, pero nunca lograron triunfar. También tienen en su registro una semifinal, en la edición de 2004. 

Justamente Suárez alcanzó la mejor actuación femenina en singles desde Sabatini. En 2004, tal vez el año en que mejor rendimiento logró alcanzando el top ten de singles y dobles, cayó en cuartos de final del cuadro individual. 

Si de semifinales se trata, Sabatini merece un párrafo aparte. En 1986, 1990 y 1992 se quedó en dicha instancia jugando en solitario, mientras que en 1995 perdió en pareja con la holandesa Brenda Schultz-McCarthy. 

También en dobles, el mítico Alejo Russel llegó a semis en 1938 junto a la británica Winifred James, y Morea se quedó al borde de una nueva definición en 1961, esta vez con la australiana Margaret Smith. Hace tres años, Juan Ignacio Chela y Eduardo Schwank, incentivados por ser la pareja del equipo de Copa Davis, perdieron en la misma instancia, en la que también quedaron eliminadas Dulko y la italiana Flavia Pennetta. 

La famosa frase de Vilas fue luego de perder en cuartos de final, mejor resultado del marplatense en Wimbledon, en 1975 y 1976. Lo curioso es que en césped ganó el Abierto de Australia en 1978 y 1979, aunque con un tipo de pasto diferente. 

Desde que llegó al primer plano del tenis mundial, Juan Martín Del Potro es la gran esperanza argentina, pero en Londres no se siente del todo cómodo. Su mejor producción son los octavos en las últimas dos ediciones, aunque el año pasado, en el marco de los Juegos Olímpicos, ganó la medalla de bronce, demostrando una mejor adaptación a la superficie. 

En paralelo al torneo principal, se desarrolló una especie de "campeonato de consuelo" para los que perdían en primera o segunda ronda. Se lo denominó The All England Plate, y tres argentinos lograron grandes actuaciones. 

En 1948, Mary Terán de Weiss perdió en la segunda instancia y pasó a competir en el certamen alternativo, donde se coronó campeona. Ese mismo año, su esposo Heraldo Weiss perdió en la misma ronda que su mujer, pero luego llegó a la definición de la competencia secundaria. 

Héctor Cattaruzza, en 1928, fue el primero en tener una gran labor en el All England Plate. Quedó eliminado del cuadro principal en segunda rueda, y posteriormente se metió entre los cuatro primeros del torneo paralelo. 

Sin lugar a dudas, un Grand Slam es difícil de ganar, y más cuando la tradición impone un tipo de cancha diferente. Pese a todo, los argentinos supieron hacerse con una parte de la gloria en la superficie que durante tantas generaciones los complicó.

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