Por qué fue importante el Día Internacional de la Salud y la Higiene Menstrual

Salud

Es indispensable la politización de la menstruación como parte de la salud sexual y reproductiva. Hoy sigue siendo tabú.

El 28 de mayo pasado fue el Día Internacional de la Salud y la Higiene Menstrual. Y si bien distintas organizaciones sociales y dependencias del Estado realizan acciones al respecto, en la sociedad sigue siendo un tema tabú. ¿Por qué es importante este día?

Se elige crear este día para combatir los mitos sobre la menstruación, para visibilizar las desigualdades económicas que genera y comprender los efectos en la salud. Es necesario abrir el diálogo sobre la menstruación en la sociedad, incorporar la temática en la ESI y en políticas públicas.

Se eligió esta fecha para reclamar por la salud y la higiene menstrual porque Mayo es el quinto mes del año, representa los 5 días que dura la menstruación en promedio cada mes. Y el 28 representa el número promedio de días de un ciclo menstrual completo.

Muchas organizaciones realizan campañas de acción durante la última semana de mayo: entregan dispositivos de higiene menstrual en barrios carenciados, difunden información sobre la higiene necesaria, y reclaman por el precio accesible de toallitas, tampones y copitas menstruales.

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Durante los últimos años, desde el Estado se promovieron distintas acciones para generar políticas públicas que garanticen el acceso a toallitas higiénicas, tampones, copas menstruales y analgésicos a precios accesibles a toda la sociedad. La primera semana de mayo se presentó el informe “Justicia Menstrual. Igualdad de género y gestión menstrual sostenible”, un diagnóstico que permite avanzar en reducir las desigualdades generadas por las barreras económicas en el acceso de productos de gestión menstrual, que tienen implicancias en la salud, la educación y el trabajo.

Además, el año pasado para esta fecha, se presentó un proyecto de ley integral de menstruación sostenible contempla la entrega gratuita por parte del Estado, obras sociales y prepagas de insumos ecológicos y saludables para la gestión menstrual, además de antiinflamatorios, y la incorporación de la menstruación en la educación sexual.

Sin embargo, muchas personas menstruantes carecen, no solo de los recursos económicos, sino de los saberes necesarios para manejar la menstruación.

En la televisión, las campañas publicitarias de toallitas higiénicas y tampones empezaron a mostrar la sangre del color que es: roja. Porque si algo era paradójico, era que se muestre la sangre azul, sangre de reyes. Aún hoy en algunas sociedades la mujer menstruante es impura, debe encerrarse en su casa, no puede cocinar mayonesa, ni lavarse la cabeza, se las humilla, se las esconde. Nada que ver con un palacio monárquico donde viven los de sangre azul.

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La menstruación fue invisibilizada y ocultada durante mucho tiempo en nuestra sociedad. Esto implicó no sólo ocultar la sangre, sino también ocultar los diferentes síntomas que pueden sentir las mujeres durante el proceso. La importancia de mostrar las cosas como son, de poder nombrarlas, hace que podamos conocernos. Hay poca circulación de información científica y conocimiento real sobre la temática, sobre todo acerca de su impacto. El conocimiento nos permite comprender lo que sucede, y poder tomar nosotras la decisión de ¿qué hacer en ese momento?

Recuperar, conectar, poder

Las políticas generadas para la gestión de la menstruación apuntan a distribuir toallitas, tampones o copitas, para que podamos seguir con nuestras actividades como en cualquier otro día. Poder contener la sangre es poder contener nuestro cuerpo.

¿Y si no queremos activar? ¿Y si queremos tiempo para poder sangrar? Conectarnos con nuestro cuerpo y con el ciclo vital de la vida. Las personas menstruantes lo hacemos durante más de la mitad de nuestras vidas. Será nuestra relación más larga, ¿no deberíamos poder amarla? Con sus altibajos, como toda relación, pero poder acexptarla, nombrarla y comprenderla, podría ser lo inicial.

Recuperar una vivencia que nos fue arrancada, comprender el ciclo menstrual como una fuente de poder y no de sufrimiento.

Conectar con el momento, con la menstruación desde un lugar positivo, tener un contacto más profundo con el cuerpo, conocernos. Y para eso necesitamos parar, frenar, dejar de estar permanentemente en movimiento y productivas.

Poder utilizar esos días para apropiarnos de nuestro cuerpo, comunicarnos con él y a través de él, dejar de ocultar e invisibilizar la menstruación.

(*) Licenciada y Profesora en Cs. de la Comunicación (UBA). Maestranda en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural (Universidad Nacional de San Martín). TW: @Bianquilaus

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