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Se luce Sbaraglia en un amargo policial

«Sin retorno» (Argentina, 2010, habl. en español). Dir.: M. Cohan. Int.: L. Sbaraglia, F. Luppi, M. Slipak, L. Machin.

Este policial con algo de drama judicial parece una reelaboración de «La bestia debe morir» de Nicholas Blake, novela filmada tanto en la Argentina, por Roman Viñoly Barreto, como en Francia, por Claude Chabrol. Sólo que la historia escrita por el mismo director Miguel Cohan tiene varias vueltas de tuerca que la convierten prácticamente en una película en tres actos.

En el primer acto hay un un doble accidente, uno que sólo llega a aplastarle la bicicleta a un hombre que de inmediato es atropellado por otro auto. El chico alcoholizado que realmente atropelló a la víctima abandona al herido de muerte y denuncia su auto como robado, mientras que el pobre infeliz que sólo rompió la bicicleta sigue su vida lo más tranquilo, incapaz de sospechar que lo podrían llegar a meter preso por homicidio culposo.

El segundo acto es el de la justicia buscada por el padre de la víctima, burlada por el verdadero culpable y sufrida por la otra víctima de esa noche de perros, es decir el que es acusado de un crimen que no cometió. El tercer acto es el de la venganza de este falso culpable.

La película tiene un buen guión en cuanto a que logra que los pormenores de la historia tengan coherencia y resulten verosímiles. No tan así en cuanto a la intensidad de las situaciones, que por momentos resultan familiares y típicas de tanto policial del cine nacional que no se anima a ir al fondo de algunas situaciones fuertes, como por ejemplo, la única escena carcelaria, con un clima ominoso que se prefiere solamente insinuar.

El buen nivel actoral también ayuda, empezando por un Leonardo Sbaraglia que se luce en la metamorfosis de tipo tranquilo e inocente -para colmo un humorista ventrílocuo, que hace un show con muñeco al estilo Chasman y Chirolita- a ex presidiario corroído por el deseo de venganza. Federico Luppi es super profesional en su papel, que podría haber ocupado más espacio en el guión. Y varios de los personajes secundarios se lucen en sus breves apariciones, por ejemplo Manuel Longueiras como el más heavy entre los presos, o Arturo Goetz como el liquidador de la empresa de seguros que ve algo raro, y actúa en consecuencia (argentinian style, obviamente). «Sin retorno» es bien amarga como el tema lo necesitaba, y el hecho de que la historia no tenga concesiones ya habla bien de esta opera prima, provista de una formidable fotografía de Hugo Colace.

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