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Se retiró Pérez Companc y cedió Molinos a sus 7 hijos

• El magnate -uno de los más reservados de la Argentina- cumplió 75 años

Gregorio Pérez Companc se retira de los negocios; el hombre que suele encabezar el ranking de los más ricos de la Argentina les transfirió la totalidad de las acciones del holding familiar a sus siete hijos. El grupo PCF (obvias iniciales de «Pérez Companc Familia») es dueño de Molinos Río de la Plata, y hasta ayer el accionista principal del holding era el propio «Goyo»; desde la víspera, los dueños a partes iguales son sus siete hijos: Jorge, Luis, Pablo, Rosario, Pilar, Cecilia y Catalina.

En un comunicado remitido a la Bolsa porteña, el ex petrolero y dueño del Banco Río informó que «en el día de la fecha he procedido a transferir a mis hijos, en partes iguales, la totalidad de mi tenencia accionaria en PCF, que actualmente es accionista controlante directa de Molinos». El holding familiar tiene el 74,7% de las acciones de la alimentaria; el resto flota en el mercado bursátil.

Los nuevos accionistas constituyeron una nueva empresa, Santa Margarita, que tendrá como único objeto social consolidar las tenencias de los siete hijos de Pérez Companc; también -por razones que no se explicaron- convirtieron el 35% del capital en acciones preferidas, y el resto en ordinarias.

Para hacerlo todo más familiar, cabe recordar que la madre de Gregorio Pérez Companc fue Margarita Companc de Pérez Acuña; el nombre Margarita también le fue dado a la hija mayor del matrimonio entre Pérez Companc y María Sundblad Beccar Varela; la chica falleció a los 19 años en un accidente automovilístico. La elección del nombre del holding parece haber obedecido entonces a razones más que obvias.

Donación

En el contrato constitutivo de Santa Margarita los hijos declaran haber recibido «en donación» las acciones de PCF. Esta empresa tendrá el 65% del capital de PCF, o sea, el total de las acciones ordinarias. También contiene un «poison pill» para evitar el ingreso de accionistas no consensuados por el resto de los hermanos: además de establecer un «período de bloqueo» (cuya extensión termina con «el evento de desbloqueo», pero sin establecer plazos para ninguno de ambos) durante el cual ninguno de los hermanos podrá vender sus tenencias, cada uno de ellos está obligado -en caso de querer desprenderse de las acciones- a ofrecérselas primero a sus hermanos. Sólo en la improbable eventualidad de que ninguno de ellos acepte comprar la porción de la empresa que se pone en venta, podrá ingresar un «extraño» a PCF. El resto del contrato abunda en cláusulas que restringen o impiden la venta extrafamiliar de la firma.

La decisión de «Goyo» de dejar la empresa en manos de sus hijos seguramente obedece a que en agosto pasado cumplió 75 años, y quizás tenga a esta altura de su vida más ganas de disfrutar de su colección de autos que de lidiar con el día a día del grupo. Además de la alimentaria -comprada a los Bunge & Born en enero de 1999 por unos u$s 400 millones- tiene la bodega Nieto Senetiner, grandes extensiones de campo en la provincia de Buenos Aires -donde cría ganado-, la cadena de heladerías Munchi's -apodo de su esposa- y el parque temático Temaikén.

El retiro de «Goyo» implicará, sin dudas, un mayor protagonismo del management profesional de la empresa, pero también marca la salida de la escena empresarial de una de las figuras más comentadas y a la vez menos conocidas de la Argentina. El magnate hizo casi una cuestión de fe no hablar con la prensa, no ser fotografiado y no permitir la difusión de su vida privada ni la de su familia.

Se sabe, por caso, de su pertenencia al Opus Dei, de su práctica católica ferviente (en la que es acompañado por su esposa y algunos de sus hijos) y de que sus obras filantrópicas se canalizaron hacia la Universidad Austral -vinculada con «la Obra»-, a la que donó su campus en Pilar y el hospital que es un modelo de eficiencia y modernidad. También contribuyó de manera generosa a la construcción y mantenimiento del FLENI, el instituto de neurología del barrio de Belgrano.

Poco más es lo que se conoce de «Goyo», al margen de su colección de autos antiguos, en la que se incluye una Ferrari por la que pagó en subasta más de siete millones de euros. También se sabe que sus tres hijos varones heredaron (además de Molinos) su pasión «tuerca», y que Pablo -el menor de ellos- sufrió un gravísimo accidente en una carrera del Indy Pro Series que casi le cuesta la vida.

Se descuenta, entonces, que las características recoletas de su vida privada se acentuarán con la oficialización de su retiro: de hecho, ninguno de sus voceros habituales atendió ayer el teléfono para explicar su decisión. Nunca lo hizo antes, menos lo hará desde su lugar de retiro.

Sergio Dattilo

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