A LA ESPERA DEL MECENAZGO

Secciones Especiales

Escribe Norberto Frigerio
D espués de largas confrontaciones entre las fuerzas del arte y el dinero, que duraron centurias, parecería que esta dicotomía se encuentra absolutamente superada.
Por lo menos, esto ocurre en países de Europa, Estados Unidos y América latina, que muestran una prolongada tradición del financiamiento privado asistiendo a las expresiones del arte, juntamente con el Estado, como una manera común de coparticipar en intereses de los ciudadanos.
La Argentina, que puede exhibir inagotables expresiones de su valiosa producción cultural, no termina de encontrar en el Estado nacional, el socio para el sostenimiento de infinidad de proyectos culturales de las artes plásticas, la literatura, el cine, la música, la danza o el teatro, entre otros.

SIMETRIAS

Parecería que las acciones del Estado se encuentran escindidas en muchos casos de los particulares, que se ven en la necesidad de realizar para sí o para el bien de sus marcas o compañías, desarrollos culturales que les aseguren una mejorpresencia a través de expresiones institucionales que los exhiban ante la sociedad. Aun con reservas, se podría pensar que los proyectos de ley de mecenazgo argentinos, son simétricos, a la actualizada maldición de los Grimaldi. Tanto en cuanto el Estado nacional en las últimas décadas a través del Poder Legislativo, la Secretaría de Cultura y la AFIP, no encontraron aún un modelo suficientemente equilibrado y ecuánime que posibilite que la iniciativa privada pueda acompañar dinerariamente el fomento de la cultura.
Brasil o Chile llevan décadas con una Ley de Incentivos, mientras que la Argentina sigue viuda de un marco legal. La maldición de los Grimaldi, predijo por boca de una gitana, que jamás ninguno de sus miembros alcanzaría la felicidad pues el abuelo de Rainiero rehusó casarse con la referida cíngara. Las muertes, infidelidades, búsquedas insaciables y devaneos que abarcan los dos sexos de la familia monegasca muestran que la gitana no sólo predijo bien, sino además la vigencia a más de seis décadas.
La Argentina, al igual que esta dinastía, ofrecehace años artistas e intelectuales apreciados internacionalmente, pero como un amante errante, nuestro país sigue tratando de encontrar un modelo que asegure la cohabitación entre el Estado y el financiamiento privado. La felicidad espera, no llega, o se escapa, pareciera que sólo será para los otros. Se legisló sobre la reducción de IVA, circulación de bienes culturales, un registro único de bienes patrimoniales y el compromiso y la participación en el desarrollo cultural mediante ciertos reconocimientos fiscales. Sin embargo, hoy a nada de fondo está resuelto.
El proyecto sobre una nueva ley de incentivos fiscales para el arte y la cultura, liderado por la senadora María Perceval, tiene hoy voto favorable de varias comisiones y espera su debate en la Cámara de Diputados. Ojalá sea el instrumento que exorcice el vacío que nos indefine y condena a no tener un esquema jurídico para poder asistir a la cultura.
El proyecto tiene en el Fondo Nacional de las Artes la autoridad de aplicación, control y fiscalización. El régimen de estímulo fiscal que plantea, acuerda una exención impositiva mediante la donación, y un pago a cuenta del Impuesto a las Ganancias bajo la forma de patrocinios. En este aspecto, los patrocinios son la novedad que aparece en la ley. El patrocinante podrá imputar a cuenta del pago de su Impuesto a las Ganancias, hasta 80% o 60% del valor dinerario, según sea persona física o jurídica, y hasta un máximo de 3% de las ganancias del ejercicio, sujeto a impuesto.

PERDIDAS Y GANANCIAS

No se puede suponer que este primer proyecto, que cuenta con ciertas adhesiones de instituciones, hacedores y promotores de la cultura, pueda calificarse de perfecto o ideal. Serán la sociedad y las instituciones las que en el devenir moderen y corrijan los criterios básicos. Esta futura ley nacerá vacía, y serán la vida, lo diario, quienes la nutran y desarrollen. La AFIP, hipotéticamente, podría resistirse a renunciar a cierta parte de los ingresos por Impuesto a las Ganancias. Pero deberá evaluar criteriosamente y con mente abierta que, los países que han adoptado leyes de incentivo, se han encontrado montos sorprendentes ingresados por el valor reproductivo que generan las industrias culturales. Basta ver cómo Brasil, aún con algunos desmadres, ha podido exhibir en el ultimo quinquenio pasar de 450 proyectos a 4.300, con montos de incentivos aprobados por cifras que rondan los 400 millones de dólares anuales. Acá es donde mueren las palabras. De mecenas privados, la Argentina ha conocido silenciosos unos, y públicos otros, pero gozó de la generosidad de fundaciones o personas que asistieron a las artes, la ciencia y la cultura por decenios.
Amalita Fortabat se alejó ahora de lo empresarial, pero podría concluir su museo, brindarle a la Ciudad un nuevo testimonio del arte argentino. Tal vez nuevos vientos soplen en el país, ya sea por un Estado que se ocupe de estimular las artes plásticas, las letras, la música, la danza, la fotografía o el teatro, en el marco de esta esperada ley. Confiar en que algo bueno sucederá suena a esperanza, y ¿por qué no?


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