AAA: recuerdos de la muerte

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Muchas de mis libretas de anotaciones no están al alcance de la mano. Han sido guardadas en un lugar en el que buscarlas resulta dificultoso. De todas maneras, sé que entre los tantos apuntes de la década del 70 está un relato que me hice a mí mismo de un encuentro fortuito que tuve una semana antes del golpe del 24 de marzo de 1976. Fue en la librería Paner. Una librería ubicada en la avenida Callao casi Alvear, cuyos dueños fueron "Pancho" Bunge y su hijo Ernesto. En ese lugar compré lo que podría decir la base de mi biblioteca. La frecuenté mucho porque quedaba a tres cuadras de mi casa de soltero y teníamos con los dueños una relación casi familiar.A pesar de no contar con mi ayuda memoria, como para dar la fecha y la horas exactas, una tarde, como dije, a una semana del golpe, me encontré con un antiguo colega de radio "Municipal". Nos habíamos cruzado varias veces, entre 1972-1973, con Patricio Errecalde Pueyrredón en los pasillos de la emisora. A veces hacíamos algún comentario al pasar. No éramos amigos.
Mientras miraba unos libros en la gran mesa de entrada lo reconocí, sabía algo de su pasado, me le acerqué y conversamos un rato sobre los días que estábamos viviendo. Me acuerdo que le tiré un "gancho" y como consecuencia de eso me invitó a tomar un café al recordado Vía Venetto de Schiaffino, entre avenida Alvear y Posadas.
Patricio se mostraba nervioso. Recuerdo que de vez en cuando pasaban unos Ford Falcon y él los señalaba, diciendo "ése es nuestro" o aquél es de "Ejército", o de "coordina" (Policía Federal). Tenía ganas de conversar. Llevaba varios días encerrado en un departamento de los alrededores esperando "una orden", la orden "de salir".
Como tenía ganas de contar, no tuve más que poner el oído. Estaba a la espera de la instrucción de un contraalmirante para largarse a la calle, o a la larga noche a buscar a ciertos miembros de las comisiones internas de empresas importantes. Recuerdo que le pregunté: "¿Por qué vos?". Y me dijo: "Porque es lo que debo hacer, es la tarea que tengo asignada". Y a partir de ese instante comenzó a hablar de la dolorosa guerra contra el marxismo en la que estaba comprometido. Fue una mezcla de relatos que helaban, de hechos y personajes que aún tengo en la mente sin necesidad de la ayuda de los apuntes: el retorno de Juan Perón, Ezeiza, las Tres A, el "Oso" Fromigué (a quien nunca conocí, pero tengo entendido que cayó a balazos en una emboscada), culatas de sindicalistas, ex miembros de fuerzas de seguridad, gente despatarrada a balazos. Todos capítulos siniestros de una época que uno imploraba que terminara cuanto antes. Después de un buen rato, enfilamos por avenida Alvear hacia Callao y ahí nos despedimos. El me dijo que tenía que volver a su lugar a la espera de la orden telefónica. Por discreción, no pregunté dónde estaba parando. Ese relato sólo fue conocido por no más de cinco personas. A una de ellas le pregunté: "¿Esto es lo que viene?". Y como toda respuesta se me dijo: "No, es lo que termina".
Con el tiempo, volví a encontrarlo. Esta vez en los libros, porque Patricio Errecalde Pueyrredón murió hace ya algunos años. Su nombre figura en "Tacuara. Historia de la primera guerrilla urbana argentina", de Daniel Gutman, visitando en julio de 1966 al ministro del Interior del presidente Juan Carlos Onganía. En la ocasión, le expresó el "apoyo sin reservas" del Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara (MNRT). Su adhesión provocó un gran revuelo y una denuncia penal presentada por Víctor Alderete, que se presentó como secretario de la Comisión Popular de Afirmación de la Revolución Libertadora. Luego, con el correr de las páginas, Errecalde Pueyrredón aparece arriba del palco de Ezeiza, ya como miembro de Concentración Nacional Universitaria (CNU). No fue un día cualquiera aquel 20 de junio de 1973. Ese día Juan Perón debió bajar en Ezeiza, hablar a la multitud, pero no pudo hacerlo por razones se seguridad ya conocidas. Bajó en la base aérea de Morón, donde lo esperó el comodoro Jesús Orlando Capellini.
El 20 de junio de 1973 fue una jornada de encuentros mal concebidos, nacidos al amparo de viejas divisiones, rencores, envidias y odios profundos entre viejos "camaradas". Si hay una imagen que refleja ese siniestro y sinuoso camino, es la de José Luis Nell avanzando al frente de una columna de Montoneros y arriba del palco Patricio Errecalde Pueyrredón disparándole a la masa. Ambos en el pasado habían militado protagónicamente en Tacuara. Nell quedó parapléjico como consecuencia de un balazo. Arriba del palco, dice Gutman, de las 600 personas que respondían a las órdenes del coronel Jorge Osinde (oficial de extrema confianza de Perón), 400 habían pertenecido a Tacuara. Como otros que ahora se encontraban enfrentados: Joe Baxter (ERP), Horacio Mendizábal (Descamisados-Montoneros), Dardo Cabo (Montoneros) contra miembros de Guardia de Hierro
*, Comando de Organización, Alianza Libertadora Nacionalista y CNU. ¿Nombres? Félix Navazo de la CNU con contactos con Rogelio Coria (UOCRA) y, si bien no aparecen en los relatos del 20 de junio, sí tenían el pasado "tacuarista" y estaban ubicados en la extrema derecha: Emilio Berra Aleman, el "Mono" Grassi Susini y Roberto Etchenique. Son sólo unos pocos ejemplos de un fenómeno mayor, la ruptura de un movimiento extremista de derecha que nació en los albores de la década del 60 y terminó generando líderes del ERP, FAP, FAR y Montoneros, que a su vez eran perseguidos por sus antiguos compañeros.
La formación de las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina) fue apañada dentro del peronismo por Juan Perón. "La Opinión" del 2 de octubre de 1973 informó de las instrucciones que se dieron a la Triple A en presencia de Perón, unos días antes de asumir su tercer período presidencial, como consecuencia del asesinato de José Ignacio Rucci (CGT). Ellas instruyen a terminar "con los grupos marxistas terroristas y subversivos". Palabras más, palabras menos, a las de un alto dirigente de Tacuara (luego de Guardia Restauradora Nacionalista): "Contra la violencia de la antipatria marxista sólo un recurso eficaz existe: la violencia sana, bendita y necesaria de los sostenedores de la Nación".
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La primera acción de represalia fue una bomba en el automóvil del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen (21.11.73). El 7 de mayo de 1974 fue asesinado el padre Carlos Mugica.
Tras la muerte de Perón (1 de julio de 1974), las Tres A operaron contra los "zurdos" o "infiltrados" con el amparo de José López Rega en todo el país. A través de asesinatos o amenazas. Entre otros, el asesinato del diputado Rodolfo Ortega Peña (31.7.74). La muerte de Pablo Laguzzi , de 4 meses, tras un atentado a su padre, Raúl Laguzzi, rector de la UBA (7.9.74). Asesinato del abogado del ERP Alfredo "Cuqui" Curutchet (11.9.74). Cinco días más tarde, cayó el ex vicegobernador de Córdoba Atilio López. El 29 de setiembre de 1974, asesinaron a Julio Troxler, ex jefe de la Policía de la Buenos Aires. Dos días más tarde, fue secuestrado y asesinado Silvio Frondizi. El 8 de octubre, caen dos comunistas: Carlos Alberto Miguel y Rodolfo Achen. Al eminente médico Jorge Taiana no lograron asesinarlo porque lo previno el ministro Antonio Benítez. Otros fueron amenazados y se exiliaron, especialmente actrices y actores (Luis Brandoni, Norman Briski y Nacha Guevara).
El final de las Tres A llegó a fines de julio de 1975 con la caída de José López Rega. Varios de sus jefes y seguidores son desarmados por el regimiento de Granaderos dentro de la residencia presidencial de Olivos. Según Marcelo Larraquy, en su libro "López Rega, la biografía", cerca de 2000 argentinos fueron asesinados por las Tres A, de los cuales 600 permanecen desaparecidos. Las investigaciones posteriores señalaron como responsables de los hechos a ex miembros de Tacuara y otras organizaciones de extrema derecha, ex integrantes de las fuerzas de seguridad y algunos miembros de las custodias del sindicalismo.
* "Guardia de Hierro", Alejandro C. Tarruella, Editorial Sudamericana. En el libro se afirma que la presencia de sus miembros fue "relativa".
** "Leña", Nº 2, sin fecha consignada.

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