Bono

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Por JOSH TYRANGIEL

Bono es un ególatra. Lo sabe y a menudo se disculpa por ello. Cuando desobedece las instrucciones de su director, se regaña a sí mismo diciéndose: Estrellita del pop, eres un malcriado... De esta manera se permite reflexionar sobre las ridiculeces del estrellato mientras reconoce que él es precisamente una estrella. Sería un megalómano si su preocupación ante el poder excesivo fuera mera fantasía, pero no lo es. Hace menos de un mes, en la reunión anual del Foro Económico Mundial, se sentó en un estrado junto a Bill Gates para intercambiar ideas sobre cómo salvar un continente; dos días más tarde cantó para una audiencia televisiva de 130 millones de personas en el espectáculo del entretiempo del Super Bowl del fútbol americano. No está mal.

¿Quién le puede culpar de estar un poco agrandado?

U2 fue nominado para ocho Grammys por su álbum "All That You Cant Leave Behind". Durante 22 años, salvo algunos tropiezos ocasionales, U2 se las ha arreglado para mantenerse musical y políticamente en primer plano. Pero a pesar de que Bono es ante todo una gran estrella de rock —s, sin dudas, el número uno—durante los últimos tres años su imagen ha crecido aún más. Se ha convertido en un sagaz y perseverante defensor de los derechos de quienes más sufren, transformándose en el más secular de los santos, en un símbolo mundial del activismo en el rock and roll. Este poeta y político se ha volcado en una causa —esolver la crisis financiera y sanitaria de Africa—y ha puesto el asunto encima de las mesas de las personas más poderosas del mundo.

Al principio me negué a reunirme con él, dice el secretario del Tesoro Paul ONeill, quien el año pasado se sumó al Papa Juan Pablo II, Bill Clinton, Jean Chretien, George Soros, Jesse Helms y Colin Powell en la lista de personalidades que se han entrevistado con Bono. Pensé que no era más que una estrella del pop que quería manipularme. Cuando finalizó su reunión —ba a ser de media hora y duró 90 minutos— ONeill había cambiado de opinión. Es una persona seria. Le interesan profundamente estos asuntos, y ¿sabe qué? Está muy bien informado.

Las estrellas de rock tienden a crearse una imagen de eruditos, de personas normales a las que les preocupa profundamente, más que al resto de la Humanidad, la devastación de los bosques tropicales y los sufrimientos de la población del Tibet. Bono empezó a interesarse en Africa con la frivolidad que caracteriza a otros ricos y famosos. Fue en 1984, cuando U2 participó en los conciertos Band Aid y Live Aid, dos iniciativas de Bob Geldof para recaudar ayuda para la hambruna que entonces devastaba a Etiopia. Pero mientras muchos participantes de Live Aid hicieron su parte y luego se dedicaron a otras causas, Bono y su esposa Alison Stewart quisieron ver por sí mismos el grado de devastación que estaba sufriendo el país. Viajaron a la localidad etíope de Wello, donde pasaron seis semanas trabajando en un orfanato. Te despiertas por la mañana; la niebla se está levantando, recuerda Bono. Sales de tu carpa y cuentas los cadáveres de niños muertos y abandonados, o peor aún, se te acerca un padre que quiere darte a su hijo vivo y te dice: Llévatelo, porque si es tu hijo no morirá.

Esa experiencia estaba fresca en su memoria cuando en 1999 se sumó al movimiento Jubileo 2000. El propósito de Jubileo 2000 fue que EE.UU. y otras naciones ricas, así como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, condonaran la deuda pública de los 52 países más pobres del mundo, la mayoría de ellos africanos. Si se eliminan los 350.000 millones de dólares de deuda de sus presupuestos, estos países podrían invertir en sus sistemas de salud y educación, en lugar de tener que pagar los préstamos contraídos por gobiernos corruptos, algunos de los cuales ya no están en el poder desde hace años. Hemos exprimido los recursos de esos países hasta tal punto que sus sistemas de salud no pueden funcionar, dice Jeffrey Sachs, el economista de Harvard que negoció un paquete de ayuda para Bolivia en 1986. Los sistemas educativos están destruidos; el colapso del sistema de salud pública y la falta de acceso a los medicamentos son factores que contribuyen a muchas muertes. No creo que ningún estadounidense quiera que sucedan estas cosas.

Aunque Bono conocía los fundamentos básicos de la condonación de la deuda, cuando asumió su papel como embajador no oficial del Jubileo decidió consultar a Sachs. Me llamó y me dijo que quería hablar conmigo sobre la deuda externa, dice Sachs. Y me pidió que trajera a un colega conservador, porque quería oír ambas posiciones. Una vez que terminó ese curso universitario acelerado sobre la deuda externa, Bono comenzó a llamar a los políticos, incluso a aquellos que no lo conocían. Nunca olvidaré aquel día durante mi Gobierno, dice el ex presidente Bill Clinton, El secretario [del Tesoro, Larry] Summers vino a mi oficina y me dijo: Recién vino un tipo a verme, venía con unos jeans y una camiseta y tenía un solo nombre, pero era muy inteligente. ¿Qué sabes de él?

El año pasado el Jubileo 2000 pasó a llamarse "Drop the Debt" (Olviden la deuda), y Bono continuó siendo el portavoz más reconocido y persuasivo del grupo. Fundó DATA, una organización que espera lanzar oficialmente a mediados de marzo, como vehículo para expandir sus actividades y campañas de ayuda a Africa. Entre los objetivos de Bono está el de la ayuda económica a corto plazo, la flexibilización de los embargos comerciales y el envío de ayuda financiera para combatir el SIDA. A cambio, los países se comprometerían a llevar a cabo reformas democráticas y a reforzar la responsabilidad y transparencia en los gobiernos de todo el continente. Sé que es absurdo que una estrella de rock hable sobre la Organización Mundial de la Salud o sobre el perdón de la deuda o sobre el VIH/SIDA en Africa, dice Bono. Pero también sabe que nadie que se haya dedicado a esos temas ha contado con el acceso a los medios y al dinero que tiene él. Como quiere mantener un intercambio de ideas serio y evitar aparecer como cualquier otro roquero que lucha contra algo injusto, evita tratar al tema de Africa como un asunto dominado por la pasión. No buscamos compasión, dice. Su argumento es pragmático, no quiere dar sermones. Lo pusimos en los términos más crudos posibles; lo planteamos como un asunto financiero y de seguridad para Estados Unidos... En Africa existen potencialmente otros 10 países como Afganistán, y es cien veces más fácil evitar incendios que apagarlos.

Las propuestas de DATA se basan en cierta medida en el Plan Marshall, que les otorgó a los europeos ayuda internacional, cancelación de la deuda e incentivos comerciales para reconstruir sus economías después de la Segunda Guerra Mundial, con la finalidad de que los países beneficiados actuaran como un bastión ante la expansión soviética. Cuando se encontró con Colin Powell en enero del 2001, Bono le trajo como regalo una nota firmada por George C. Marshall, otro militar, al igual que Powell, que fue titular de la secretaría de Estado. Bono se pone algo lírico al hablar del Plan Marshall. En Europa uno todavía se encuentra con gente de la edad de mi padre que habla del Plan Marshall. Por entonces Europa sintió la bondad de Estados Unidos, algo que excedía la mera utilización de su poderío militar. Bono quiere que su visión para Africa sea tan efectiva y permanente como lo fue el Plan Marshall para las generaciones pasadas. ¿Podemos hacer algo de lo que la gente pueda sentirse orgullosa durante generaciones?

Son la 1:30 de la madrugada, exactamente cinco horas después de que explayara su energía en el escenario del Super Bowl, y Bono está ejerciendo el derecho de toda estrella de rock a hacer el ridículo. En una cena de celebración después del espectáculo con su banda, con el equipo de gestión de U2 y con la actriz Ashley Judd (una vieja amiga) en el barrio francés de Nueva Orleáns, se toma unos tragos de vino tinto, cuenta historias sobre Frank Sinatra, llama con su móvil al esposo de Judd y le deja un vago mensaje sobre que la mujer ha sido raptada por una banda de rock y luego se va al baño a fumar a escondidas. (Bono piensa que el resto de U2 no saben que fuma, pero sí lo saben).

Después de 15 minutos, el guitarrista Edge, que adopta un papel cariñoso y paternalista hacia su amigo de la infancia y compañero, mira hacia el baño y dice con cierto nerviosismo: Bono es alérgico al vino tinto. Y así es, Bono se ha desmayado en el piso del baño. A la subdirectora de U2, Sheila Roche, no le preocupa demasiado y continúa bebiendo. Probablemente está echándose una cabezada. Es excelente con las siestas.

Unos cuantos minutos más tarde, Bono reaparece, algo despeinado pero recuperado. Sale del restaurante y se mete entre la multitud que abarrota la mítica Bourbon Street. De repente levanta las manos y grita, a nadie en particular: ¡No, no voy a hacer el baile de la serpiente para ti!

Bono tiene buenas razones para disfrutar el momento. U2 estuvo a punto de separarse hace unos años. Tras Pop, el primer fracaso en una dilatada carrera de 10 álbumes, publicado en 1997, los miembros de la banda —odos de más de 40 años, con familia, otros intereses y más dinero del que puedan gastar nunca—tuvieron que decidir si había alguna razón de peso para continuar con el grupo. ¿Por qué continuar?, se pregunta Edge, retóricamente. Hicimos algunos álbumes muy buenos. Pero, ¿por qué seguir produciendo álbumes? En parte concluimos que todos teníamos la fe o la sensación de que podíamos crear el álbum del año, por eso continuamos.

En All That You Cant Leave Behind —ue ha sido nominado para ocho Grammys, incluyendo el de Album del Año—U2 se apartó de los golpes tecno y los disc jockeys que poblaron Pop y volvió a la ardua tarea de escribir canciones importantes, directas. En cuanto a lo emotivo, Bono luchaba por entonces con la enfermedad terminal de su padre (Bob Hewson, quien murió de cáncer el año pasado), pero el mensaje claro y concreto en general no suele ser muy bueno para el pop. Canciones como One, Where the Streets Have No Name, Stay (Faraway, So Close) y Walk On (de All That You Cant Leave Behind) logran lo imposible —ener significado para millones de personas—precisamente porque son bellamente vagas. Hace poco Bono hizo algo que tal vez no debió hacer, comenta el baterista Larry Mullen Jr. Como favor a un amigo irlandés, hizo un libro que explicaba las letras de las canciones. Creo que es un error, porque una de las más valiosas características de sus canciones es que se pueden adaptar a cualquier situación en particular.

Millones de personas, por ejemplo, utilizaron las letras de All That You Cant Leave Behind para superar el trauma del 11 de septiembre. Cuando el primer corte, Beautiful Day, ganó tres Grammys el año pasado, Bono declaró sin modestia que [Estamos] volviendo a postularnos para el trabajo. ¿Qué trabajo? El de mejor banda del mundo. Luego el álbum fue descendiendo en el ranking de los Top 200 hasta ocupar el puesto 108 en agosto de 2001. Pero en los meses posteriores a los ataques, cuando la gente buscaba consuelo, escapismo, o ambos, All That You Cant Leave Behind comenzó a resurgir, llegando al puesto 25 después del Super Bowl, a 67 semanas de su lanzamiento. El álbum no contiene futurología sino elasticidad. En Walk On, el mejor tema del álbum, Bono canta: I know it aches/ And your heart it breaks/ And you can only take so much/ Walk on (Sé que hiere/ Y te destroza el corazón/ Y no puedes soportarlo todo/ Sigue caminando). Y en Peace on Earth, se lamenta: Sick of sorrow/ Im sick of the pain/ Im sick of hearing again and again/ That theres gonna be peace on Earth (Cansado de la tristeza/ Estoy cansado del dolor/ Cansado de oír una y otra vez/ Que habrá paz en la Tierra).

La gira de Elevation, que incluyó más de 100 conciertos ante más de 2 millones de personas en 2001, también cobró un tono totalmente distinto después del 11 de septiembre. Había rabia, ira, patriotismo, tristeza, dice Mullen. Todo se volvió peligrosamente extremo. Como muestra de solidaridad ante la tragedia, U2 comenzó a proyectar los nombres de los policías y bomberos de Nueva York caídos y de las víctimas de los cuatro vuelos sobre pantallas y paredes de los estadios, mientras tocaban One. Debo reconocer que al principio no sabía si era buena idea, comenta el bajista Adam Clayton. Parecía que estábamos provocando a la gente. Pero Bono es un individuo único y sabe lo que hace. Sabe hacer cirugía a corazón abierto y operar sobre el cerebro al mismo tiempo.

U2 incorporó la idea de los nombres en su espectáculo en el descanso del Super Bowl (esta vez los proyectaron mientras tocaban MLK y Where the Streets Have No Name). No fue un mensaje político sino emotivo. Todo estuvo especialmente diseñado para no decir nada en particular y transmitir, sin embargo, algo muy profundo. Fue exactamente el tipo de momento de éxtasis para el cual Bono cree que debe existir U2. Deambulando por Nueva Orleáns después del partido, Bono volvió a vivir cada uno de los 11 minutos de su presentación, casi uno por uno. Espero que haya salido bien por televisión, porque lo que sentí fue —'a1ah!—fue algo increíble.

La exaltación de los momentos imposibles es la razón de ser de toda estrella de rock, pero no es práctica a la hora de actuar políticamente. Dos semanas después del partido, Bono fue a Los Angeles a recoger una donación de 100.000 dólares de la Fundación de la Industria del Entretenimiento para DATA. Durante su estancia en Los Angeles organizó una reunión en la antesala de su suite en el Chateau Marmont con Michael Stipe, Quincy Jones, Bobby Shriver (el productor discográfico y experto en obras benéficas, hijo de Sargent y Eunice Kennedy Shriver) y Jamie Drummond, director de DATA. Fue una reunión para intercambiar nuevas ideas. Bono quería recabar los consejos de algunos de los expertos en filantropía más exitosos en la industria de la música para difundir las principales propuestas de DATA. No envíen dinero. Ya lo han hecho, lee Stipe, presentando ante el grupo una postal que difundirá masivamente el mensaje pidiendo la condonación de la deuda. Les encanta.
Mientras Stipe garabatea unas notas, Jones se pregunta en voz alta cuáles de las cuestiones que plantea DATA —erdón de la deuda, normas de comercio internacional más favorables para los países pobres, envío de dinero para la compra de drogas contra el SIDA, y el fortalecimiento de los sistemas sanitarios—quiere Bono que el mundo asuma como prioritarias. Creo que tienes demasiadas propuestas. Antes fallamos por lo mismo, dice Jones, quien colaboró en la recaudación de fondos para la hambruna de 1985 como parte de USA for Africa. Si los estadounidenses no saben nada sobre la jodida Filadelfia, ¿qué van a saber de Africa? La política comercial plantea cuestiones políticas muy complicadas. Hay que particularizar el drama.

Necesitamos una melodía.
Bono no está convencido.

La reunión termina y Bono parte hacia una sesión de fotografía. En el trayecto, mientras maneja su vehículo, comenta con Jones esa idea de tener una melodía. Lo que nos concierne a todos es Africa. El 70% del problema del VIH/SIDA está en Africa. Es un continente en llamas y nosotros sólo aportamos unas regaderas. Esa es nuestra preocupación. Pero cuanto más nos acercamos a los políticos, necesitamos ser más específicos y saber de qué estamos hablando. Podría ir y hablar del perdón de la deuda una y otra vez, pero la gente diría: Eso es sólo parte de este problema.

A los 41 años, Bono dice que ya ha abandonado la idea de utilizar la música como fuerza política. Cree que su trabajo de negociador con los políticos a puerta cerrada es más vital y efectivo que el de cantar en estadios repletos. La poesía no produce ningún cambio, escribió una vez el poeta W.H. Auden, y Bono reconoce, con cierta melancolía, que eso es cierto. Estoy cansado de soñar. Quiero hacer algo en este momento. Tenemos que plantearnos objetivos que podamos lograr. U2 es sobre lo imposible. La política es el arte de lo posible. Son cosas muy distintas y me he resignado a ello. La música es lo que no me dejó quedarme dormido en la comodidad de mi libertad. Aprendí cosas de Sudamérica gracias a The Clash. Los Sex Pistols me enseñaron sobre situacionismo. Pero eso es muy distinto a establecer límites presupuestarios y a tratar con un Congreso reticente a otorgar ayuda porque en el pasado se ha usado mal.

La música si marca diferencias de alguna manera: conmueve a la gente desde dentro. Pero para Bono esto ya no basta. Cuando cantas, haces que la gente sea vulnerable a cambiar sus vidas. Te vuelves vulnerable, puedes cambiar tu vida. Pero en definitiva eres tú quien debes convertirte en el cambio que quieres ver en el mundo. Yo no soy un buen ejemplo de eso —oy muy egoísta, y me encanta tener el derecho a ser extravagante—pero a pesar de todo, sé que es así. —nformes de Benjamin Nugent/Nueva York


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