Buenos Aires estrena nuevos espacios

Secciones Especiales

Escribe Laura Batkis
En el año 2000 los espacios entonces llamados alternativos fueron la novedad que movió el tablero en el mundo del arte, haciendo eco en la Feria que les dio un sitio para exhibir a sus artistas. El 2004 abre su temporada con la aparición de 3 galerías dedicadas al arte contemporáneo. Sus directores -Alberto Sendrós, Hernán Zavaleta y Daniel Abate- son jóvenes (promedian los 35 años), tienen experiencia en el medio artístico y transmiten un entusiasmo que contagia las ganas de apostar por el arte local. A esto se sumaría el anunciado emprendimiento de Florencia Braga Menéndez, quien estaría por inaugurar nueva galería en Palermo.
Alberto Sendrós se posiciona además como editor. Acaba de presentar un libro sobre el Informalismo, con textos de Jorge López Anaya, y también fue el responsable de llevar a cabo la publicación del libro de fotografías de Santiago Porter. Fue coleccionista y ahora decidió transmitir su afán de poseer cuadros a los que estén dispuestos a ingresar en el mundo del arte. En una zona plagada de historia sesentista, instaló su galería en el estratégico Pasaje Tres Sargentos, cerca del Bar Baro, donde Jorge de la Vega pintó las vidrieras del mítico bar que a fines de los ’0 puso Luis F. Noé. La galería tiene un estilo tecno y despojado, como un depósito neoyorquino. Sendrós es claro en su apuesta económica y en el riesgo de su inversión, a la que piensa darle 3 años para evaluar su proyecto. Decidió apostar por el arte de su propia generación, los años 90. Vender arte joven implica menor ganancia, por eso no tiene en mente ir a ferias internacionales mientras no pueda financiarlas. El recibe personalmente a la gente y asesora, con la ayuda de Ana Gallardo, que está al frente de la galería, aportando su experiencia artística. No hay catálogos sino un papel informativo sobre cada muestra. Si algún espectador está más interesado en conocer la trayectoria de un autor se le entrega un cd y otro tipo de documentación. En arteBA 2004 presenta a Tomás Espina, Beto De Volder, Marina De Caro, Feliciano Centurión, Santiago Porter (fotografías) y Andrea Schvartzman (pinturas). Espina realiza obras con pólvora a partir de documentación tomada de periódicos. La serie Sanacabeza, de Beto De Volder es un conjunto de piezas que quedan del recorte de firuletes de madera, pintados de colores y colocados con imanes sobre soportes metálicos. Marina De Caro amplía los límites del arte en sus objetos e instalaciones con lana y textiles. Feliciano Centurión fue paradigmático en la década pasada. Su temprana muerte a los 34 años no le permitió seguir desarrollando la serie de frazadas pintadas y obras bordadas con textos que recuperan la tradición del ñandutí de Paraguay, lugar donde nació.
Hernán Zavaleta tuvo su formación trabajando en la galería Ruth Benzacar. Este año se abrió camino solo con una galería ubicada en Arroyo y Suipacha, una zona que también tiene un aire sesentista, por la cercanía del lugar donde estaba la discoteca (o «boite») Mau-Mau. Está en un edificio neoclásico, con un estilo más ambicioso que el de su marchand vecino. Zavaleta formó un equipo con diseñadores, historiadores de arte y sociólogos para crear un laboratorio de arte contemporáneo. El modelo de la galería, los catálogos y las tarjetas de invitación están cuidadosamente diseñadas con una impronta de dandismo elegante. Debuta en arteBA con obras de Cynthia Cohen, Silvia Gurfein, Nahuel Vecino, Eduardo Arauz y Hugo Bonamin. Nahuel Vecino (1977) dibuja con sanguínea tomando la iconografía del realismo socialista y pinta al óleo figuras macizas, muy escultóricas. Cynthia Cohen reflexiona sobre las situaciones psicológicas ligadas a la constitución de la subjetividad femenina. Primero eran siluetas de mujeres tironeadas entre el trabajo y las tareas domésticas, después fueron las rosas. Ahora pinta los paisajes desolados de la ficción de la convertibilidad monetaria: lobbys, salas de reunión, y antesalas vacías. Silvia Gurfein alude en sus cuadros a las reminiscencias musicales de los colores.
El galerista Daniel Abate tiene la experiencia internacional que adquirió trabajando durante años con el mexicano Ramis Barquet en ambas sedes de Monterrey y Nueva York. Abate quiere establecer a jóvenes artistas argentinos en el panorama del arte latinoamericano, con la participación en ferias y bienales en el exterior. Recientemente instalado en el Pasaje Bollini, hace su entrada inaugural en arteBA con los artistas mexicanos Betsabee Romero, Fernanda Brunet, el cubano José Bedia y los argentinos Andrea Moccio, Diana Aisenberg y Sandro Pereira. Moccio exhibe su serie de guías telefónicas intervenidas. Aisenberg continúa con su «Historia del arte. Diccionario de certezas e intuiciones», una creación colectiva donde el público es invitado a participar dando definiciones de las palabras que se usan para describir el arte. Bedia es parte del «Renacimiento cubano». En sus instalaciones de grafito sobre lona usa de manera poética ritos afrocubanos. El tucumano Sandro Pereira trabaja de manera autorreferencial, con autorretratos en los que aparece la figura del artista en esculturas hechas en calcos sobre su propio cuerpo, como en el paradigmático «Homenaje al sánguche de milanesa» presentado en arteBA hace unos años. En la sección art dealers de la Feria, hay dos apuestas fuertes con artistas de la década del 80. Debbie Frydman se introdujo en el medio del arte colaborando con Daniel Maman. En esta tercer participación de la Feria, presenta la obra reciente de Juan José Cambre. Sugestivos paisajes tomados de fotografías de ramas de árboles, con la sombra coloreada a través del follaje, que va armando una sutil trama monocroma de luces y sombras. En el stand de Rita Akerman, Marcia Schvartz muestra una selección de sus trabajos de distintos períodos. Desde el retrato expresionista y grotesco de sus primeros óleos, en los que la artista pinta costumbres y personajes populares hasta su obra actual, de abstracción más libre y nostálgica, en los paisajes realizados con brea.

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