Cabalgata de tradiciones en tierra sanjuanina

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Escribe Andrea Fernández Enviada especial

Todo tiene detrás una historia de amor? En 1854 una joven mujer, cuyo marido había sido reclutado para las fuerzas de Facundo Quiroga en la guerra entre unitarios y federales, al verse acosada por un comisario, deja su hogar llevando consigo su pequeño hijo a cuestas, algunas ropas y una botella de agua.
Su objetivo era alcanzar a la tropa, pero nunca lo cumplió. Su cuerpo fue encontrado por dos gauchos. Ella murió de sed en medio del desierto; su hijo sobrevivió amamantándose de su pecho. Deolinda Correa, su nombre en vida; la Difunta Correa, después de su muerte.
De a poco, la gente comenzó a llamarla de esa forma; a hacerle promesas... hasta llegar a organizar una cabalgata en su honor, que desde hace 19 años lleva a cabo la Federación Gaucha Sanjuanina, uniendo la capital provincial con Vallecito.
Esta demostración de fe nació de manera casi imperceptible. Luego se fueron sumando las asociaciones gauchas de todo el país y hasta de naciones limítrofes, como Chile y Brasil, llegando a más de tres mil personas. La cabalgata, considerada una de las más importantes de Sudamérica, recorre en dos días los 62 kilómetros que separan la capital sanjuanina hasta el paraje Vallecito, donde se encuentra el Santuario a la Difunta Correa.
Claro que no es sólo una demostración de fe, sino además una gran muestra de la vocación de los gauchos por mantener las tradiciones del campo argentino. Bombachas impecables, sombreros al viento, espuelas lustrosas, siempre un mate en mano, estos verdaderos baluartes de la historia argentina se pasean en sus caballos... otros en sulky por la ruta... ante la mirada de cientos de sanjuaninos que se sientan a esperar su paso altivo.
Esta manifestación pone varios puntos al descubierto: el fervor patriótico de quienes se pasean en el primer medio de locomoción que existe y de los primeros combatientes, además de la veta religiosa y costumbrista de la región.
Las comidas típicas, los fogones, los juegos tradicionales, los ritos y el folclore cuyano, además de la presencia de alguna figura de la música, como este año fue Soledad, son los hitos de este recorrido.

La «santa» del agua

Pero más allá del periplo por kilómetros de cemento, hay un movimiento social que se genera ante la Difunta Correa.
Esta mujer, cuya historia se fue propagando de boca en boca, comenzó a atraer a los peregrinos que le iban dejando su botella de agua, llegando a ser una verdadera «santa» pagana a la que hoy se le rinde tributo en todas las rutas del país junto con el Gauchito Gil (hay quienes dicen que el correntino le ha ganado terreno a la sanjuanina en fervor popular).
Llegaron los primeros devotos, las primeras promesas cumplidas, y de ahí no hubo límites. Hoy el santuario cuenta con una infraestructura que incluye capillas, espacios para exhibir las ofrendas y hasta un hotel y un camping. La Deolinda no sabe de diferencias entre clases sociales, edades ni sexo.
El lugar, dividido en varias casas temáticas, alberga desde vestidos de novia hasta los botines de fútbol de quien quiso salir campeón y lo logró. También ayuda a otros, como las chicas que sueñan con festejar sus 15, con los vestidos donados que recibe la Difunta.
El sueño de la casa propia, comprar un automóvil, conseguir un novio o una novia, terminar una carrera universitaria, rendir bien una materia, lograr el trabajo ansiado o curar la enfermedad que afecta al ser más querido son sólo algunas de las cuestiones por las que las personas llegan a saludar a la Difunta... y los camiones y ómnibus nunca dejan de pasar por el santuario... aunque el camino se haga más largo.
Es que dicen que esta santa es «cobradora», que le gusta que la hagan sentir querida y que por eso hay que volver siempre que se haya pedido algo o cumplido una promesa.
Y son muchos los que suben las escaleras de rodillas... o llegan todos los años en bicicleta para saludarla, como es el caso de un grupo de mendocinos que, emocionados, la saludaron.
Para Natalia, la Reina Nacional del Sol, los que más se acercan a rezar son los pobladores del interior de la provincia, pero también van los jóvenes de la capital provincial, sobre todo, para pedir una buena nota en épocas de exámenes.
Daniel Rojas, quien preside la Fundación encargada del cuidado de santuario, asegura que «nunca se sabe cuáles son las promesas, pero sí que nos han hecho llegar donaciones de todo tipo, hasta camiones».
Una de las más grandes fue la que realizó justamente en esta edición de la cabalgata el marplaten-
se Alejandro Jewgeniuk. A raíz de una dolencia de su esposa, este constructor se acercó a la Difunta para encomendarle su sanación. Su mujer finalmente superó la enfermedad y Jewgeniuk cumplió su promesa: construyó una oficina de turismo en Vallecito para que desde allí se informe a todos los visitantes sobre la vida de Deolinda Correa.

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