Caminos para arribar a la deslumbrante Machu Picchu

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Sobran las hipótesis, el misterio perdura y hace que millares de turistas, aventureros y místicos la recorran año a año. Dialogamos con el profesor Rubén Carlos Orellana Neira, arqueólogo, antropólogo, infatigable investigador de Machu Picchu y versado guía de viajeros, quien en la hostería Illalimo, de Urubamba, suele explicar las rutas y claves para conocer Machu Picchu.Los caminos de Machu Picchu
Si bien los aviones llevan al viajero a Cuzco, hay varios motivos para que el turista no se quede allí, sostiene el doctor Orellana Neira, y explica que hay razones médicas, históricas y religiosas que indican que es mejor alejarse un poco y comenzar el recorrido desde Urubamba.
«Cuzco está a unos 3.300 metros sobre el nivel del mar, entonces al cuerpo le es difícil adaptarse y puede sufrirse el saroche o apunamiento, en tanto que Urubamba está a 2.600 metros de altura, que es más aceptable. Por otra parte, en términos de tradición y de energía Cuzco es La Meca de la civilización andina, el punto al que se llega en peregrinación, y es bueno ir vivenciando el proceso de acercarse a ese lugar considerado sagrado, el centro de aquel magnífico pueblo. Los libros suelen traducir Cuzco por «El Ombligo del Mundo», pero en quechua ombligo se dice popoti; en realidad Cuzco señala lo que está detrás del ombligo, «El Origen de la Vida». En cuanto al aspecto histórico, la sociedad incaica fue un admirable ejemplo de organización político-social, tuvo grandes conocimientos de la arquitectura, la ingeniería hidráulica, la medicina y la agricultura. Es una región de fusión y sincretismo cultural entre lo incaico y lo hispano. Por último creo que el interés para los argentinos consiste en que la civilización inca abarcó gran parte de Sudamérica, desde Ecuador y Colombia hasta el norte de Chile y la Argentina; por tanto, Cuzco es el centro de parte de sus tradiciones ancestrales, de su proceso histórico. Para Rubén Carlos Orellana Neira los mejores senderos llevan a trazar una especie de ida y vuelta, de espiral, cuyo final será Cuzco. Se debería ir pasando de Urutambo a Pisak, a Sacsahuamán, a Ollantaitambo, a Machu Picchu, para llegar finalmente a Cuzco.
Ritos y ceremonias
Pisak es un pueblo que está «a 20 minutos de Urubamba», de gran renombre por su mercado artesanal, por su sistema de irrigación y observatorio astronómico inca. Desde allí se debería seguir a Ollantaitambo, complejo agrícola, administrativo, militar y religioso, famoso por la magnificencia de sus construcciones y porque «sobre las construcciones incas se fueron sumando las coloniales y republicanas».
Luego, Rubén Carlos Orellana sugiere visitar el parque arqueológico de Sacsayhuamán, donde están: Tambomachay o los Baños del Inca, donde se hacía el culto al agua; Pucapucara, la Fortaleza Roja, puesto de control militar formado por andenes, escalinatas, pasajes, torreones y plataformas; Qenko, o el Laberinto, centro ceremonial en donde se rendía culto a Pachamama o Madre Tierra; y Sacsayhuamán, espectacular construcción considerada una fortaleza. «Esta 'gran waca del sol' era un centro ceremonial, pero los españoles habituados a las iglesias no podían ver un muro con piedras de hasta 9 metros de alto y 5 de ancho, como un lugar religioso. Detrás de esta muralla está lo que se ha dado en llamar El Valle Sagrado de los Incas, que reúne a Pisak, Urubamba, Ollantaitambo, Calca, Lamay, pueblos que merecen no dejar de conocerse. Como es imperdible en Pisak el observatorio astronómico Intihuatana, que algunos llamaron reloj solar y, en términos religiosos, era la forma de 'amarrar el sol' observando solsticio y equinoccio para determinar épocas de lluvia, de siembra y de cosecha, pero también porque sabían que los humanos somos 'hijos de la luz', como lo señalan las religiones y hoy también la ciencia», dice Orellana.
«Es tras estos recorridos que se está entrenado para ir a Machu Picchu y, finalmente a Cuzco. Algunos místicos van a Machu Picchu caminando, la peregrinación les lleva unos tres días, pero lo habitual es llegar en tren y en el recorrido se puede apreciar parte del Cañón de Urubamba, bañado por las aguas del río Vilacanota o Río Sagrado de los Incas. El tren llega al pueblo de Aguas Calientes, que se llama así por sus aguas termales, pero que el turismo ha hecho que cambie su nombre y hoy se lo llame Machu Picchu, como esa famosa ciudadela, que yo visito desde hace 15 años y no he terminado de conocerla», comenta Orellana.
Una vez en la ciudadela de Machu Picchu, a la que se llega en ómnibus, se andará por una impresionante sucesión de andenes de variado diseño; se visitará el cementerio de los nobles; el Sector Urbano con el Templo del Sol, edificado sobre una roca maciza, el Templo Principal, el famoso Templo de las Tres Ventanas; el Intiwatana, observatorio astronómico desde donde los incas estudiaron los movimientos del Sol, las evidencias del puente de los incas y «antes o después hacer de la cumbre de la montaña más alta nuestro observatorio turístico, para tener una postal inolvidable. Y claro, no hay que dejar de lado las beneficiosas aguas termales», recomienda el profesor Orellana.
«Finalmente, está Cuzco con la Plaza Mayor, la Catedral y el Templo del Sol o Korikancha, la calle Hatunrumiyoc donde está la Piedra de los Doce Angulos, la ciudad del poder que fue erigida con la forma de un gigantesco puma. Algunos sostienen que fue elegida porque es un centro de energía, lo cierto es que fue el centro de una civilización. Es tanto lo que tiene Cuzco para ver que merece todo un recorrido aparte», propone el profesor Orellana, quedando en deuda con Ambito del Placer.
Máximo Soto

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