CHARLAS DE QUINCHO

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El agobio de los últimos días no se prolongó al fin de semana, pero igual los quinchos estuvieron bastante calientes. A pesar de que casi toda la política está fuera de Buenos Aires, en el «barrio River» un senador recibió a su hermano y a su novia; después, la pareja viajó a lugares más calurosos aún. En Punta del Este, además de los trompis públicos entre futbolista y fotógrafo, hubo otros -más reservados- entre el representante de ese futbolista y un abogado. En un tono mucho menos frívolo, los radicales se reunieron en una clínica para informarse de la salud de una de las figuras más respetadas (fuera y dentro) de ese partido. Otro que deberá pasar por el bisturí es un gobernador justicialista, por un accidente casi insólito, habida cuenta de su pasado deportivo. Antes, comió con gente de este diario en Rosario y habló de la carrera por la candidatura a la presidencia, y de helicópteros. Veamos.

Aunque sea injusto, muchos creen que éste es el gobierno de los gordos: Chrystian Colombo, Rafael Pascual, Raúl Alfonsín, Héctor Lombardo, Alberto Flamarique -cada vez más amigo del Presidente- y Hernán Lombardi. Esta grey tuvo una baja: el sábado se internó Raúl Baglini en la clínica Favaloro para hacerse una angioplastía (incruenta operación del corazón). Ya está bien, pero muchos le atribuyeron el percance a una rabieta del legislador mendocino con Colombo porque no se pusieron de acuerdo sobre cuál era la comisión más importante para tratar el tema impositivo. Colombo le asignaba hegemonía a la que invitaron a Domingo Cavallo; Baglini propiciaba la que domina en Presupuesto y Hacienda en el Congreso. La realidad es que para De la Rúa -quien se interesó varias veces por la salud de Baglini- el problema del mendocino es más que un drama personal: siempre lo tienen a mano para consultarlo y, eventualmente, designarlo para un cargo importante (no ha sido jefe de Gabinete o ministro del Interior por los problemas de salud que arrastra).
Casi un quincho la centralita de Favaloro, atorada por el Presidente, José Luis Machinea y Alfonsín, quienes aprecian a este «gordo» voluminoso que no sólo creó un teorema sino que, al competir con José Octavio Bordón en Mendoza, como el peronista se proponía como «Bordón 87», él se presentaba como «Baglini 140» (por los kilos, claro).
Este recuerdo de una puja electoral hizo memorar el último cumpleaños de «Pilo» Bordón en diciembre, en su departamento de la avenida Del Libertador (cerca del de Cavallo). Fiesta a la mendocina, con cantores típicos, empanadas, vino obviamente e invitados como Felipe Solá, Gregorio Chodos y Diego Guelar.
La sorpresa fue al final: cuando nadie lo esperaba, desde la cocina se empezaron a escuchar otros músicos, quienes luego entraron a la amplia recepción. Comandados por el ex banquero Raúl Moneta con guitarra al hombro, vestidos de gauchos, entonaron varias piezas típicas como final de fiesta, inesperada para más de uno. Solá, hombre de campo, pareció incómodo. No habrá sido por la música.

Sorprendió que Baglini se internara en lo del suicidado Favaloro y allí se optara por un sistema operatorio contrario al del fundador (bypass), ya que la angioplastía es patrimonio de Luis Lafuente, el médico de Carlos Menem y de la madre de De la Rúa en el Instituto del Diagnóstico.
Pero se aclaró que Baglini terminó allí porque utilizó, democráticamente, la obra social del Congreso. En la antesala, mientras progresaba la salud de Baglini, se discutía sobre la carrera de Darío Lopérfido y del funcionario privado Guillermo Stanley por ocupar la cartera de cónsul en Nueva York. Parece que es una fuerte interna dentro del gobierno. Se solazaban, además -como hombres de De la Rúa- por dos notas aparecidas el fin de semana que despellejan a Carlos Chacho Alvarez. Mal trago para el ex Vice pues la firman dos que fueron adherentes a sus acciones, Marcos Aguinis y Beatriz Sarlo.
Mientras, como el periodismo dominaba la charla -¿quién reemplazará a Lopérfido?-, se dijo que Jorge Lanata, como ha perdido en apariencia su carrera en la TV, ahora piensa vender su revista con un casete con su programa incluido. Imaginación no falta, pero a los consumidores les falta plata.

'abPero, ¿qué les pasa a los argentinos en Punta del Este que todos los años repiten un escándalo y siempre con violencia?» Así, como si fuera el cómico personaje de «Todo por dos pesos» que popularizó por TV esa pregunta casi filosófica para luego replicarla en forma surrealista, se reiteraba anoche el interrogante en el edificio Coral Tower al que asistió el presidente uruguayo Jorge Batlle.
Monumental y soberbia construcción -aunque con detalles de poco gusto, tipo Miami, como arañas versallescas en una recepción para gente que viene de la playa, por ejemplo-, la última y más importante del balneario se inauguraba en forma simbólica: ya está ocupada y, en rigor, el ágape sirvió para auspiciar la construcción de otra torre, al lado, cuya posibilidad de realización hoy no se presenta tan favorable como la anterior.
Proyecto víctima de la crisis, sin duda. Pero la estrechez no se vivió en el despliegue gastronómico, realmente bien servido, ni siquiera en la invitación previa: la tarjeta llegó al convocado junto a una primorosa caja de cedro que, a su vez, contenía una botella de vino tinto uruguayo de tres litros (también, como dato, hay que reconocer que los orientales han mejorado la calidad de sus vinos).
Se hablaba en la poblada reunión que finalizó con fuegos artificiales, claro, del episodio Palermo, de un antecedente parecido con el hijo del entonces presidente Carlos Menem y hasta del episodio cardíaco de Maradona el año anterior. Fueron, como éste ahora, los acontecimientos de la temporada.
Antes de avanzar sobre el jugador de Boca que hoy purga dos horas de trabajo solidario con chicos luego de oblar 8.000 dólares de fianza y mañana regresa a Buenos Aires, un cercano señaló una curiosidad casi histórica: el padre de Maradona, exactamente a un año del problema en el corazón de su hijo, en el mismo día, repitió la dolencia y tuvo que ser internado. De modo, señalaban, que el origen de la falla cardiovascular tal vez sea congénita y no atribuible a otras dificultades más conocidas y justamente criticadas del ex jugador.

Martín Palermo tiene otros inconvenientes del corazón, más de las revistas semanales que de las científicas. Estaba con su nueva pareja -avanzado ya su trámite de separación legal de su esposa, con la que tiene un hijo- en la casa del empresario Gustavo Mascardi, atento a que los fotógrafos no violaran su intimidad.
Evitaba hasta ir a la playa para no tener disgustos aunque la semana pasada fue, como en Buenos Aires, una de las más tórridas en décadas. No se permitía salidas y aceptó una al boliche «Tequila» porque le aseguraban que en ese lugar se prohíbe el ingreso de fotógrafos.
De todos modos, esa noche estaba de mal humor: por la tarde jugó un partido de fútbol casero con el mellizo Guillermo Barros Schelotto, Nicolás Repetto y otros menos connotados en una chacra de La Barra, el cual no sólo perdieron contra el equipo de Mauricio Macri sino que él erró un penal y hasta tuvo una reacción impropia con un arquero no profesional.
También su representante, Mascardi, estaba molesto: no concretó el pase de Palermo al Napoli y un rato antes se había enfrentado a las trompadas con el abogado Marcelo Open (al que parece habrá de demandar por agresión). Si los ánimos estaban en ebullición, más se caldearon cuando un fotógrafo profesional violó las normas del boliche -un rectángulo pésimamente puesto que sólo tiene la gracia de convocar a una multitud de modelos y gente que aprecia esa compañía- y con una máquina pocket le disparó tres flashes al jugador.
Este reaccionó, la cámara se perdió en el tumulto, y el atrevido e insaciable fotógrafo terminó con daños en el rostro por un anillo de gitano que Palermo siempre exhibe.


Intervino la policía, denuncias, declaraciones, la noche en la comisaría, despertar a un juez generoso que se olvidó de que era jornada no laborable, negociaciones de todo tipo -se habló de no ratificar la denuncia a cambio del pago de 50 mil dólares-, intervenciones de abogados (Mariano Cúneo Libarona, por Palermo; Carlos Fontán Balestra por el fotógrafo), reportajes de cuanto espontáneo apareciera, declaraciones sobre la libertad de prensa, otras sobre la intimidad burlada, amenazas por contravenir normas de un local, aparición de la cámara (con lo cual se borró la acusación de «rapiña») y la reiteración de una actividad que por buscar una primicia apela a todo tipo de recurso (sin olvidar a Lady Di, hay que recordar que por un episodio semejante, al escaparse de los reporteros gráficos que lo asediaban, se cayó de un techo y se mató el empresario publicitario Nono Pugliese).
Finalmente, el fiscal pidió 40 horas de trabajo comunitario para Palermo, el juez reconoció que todo había sido leve y determinó apenas dos sin precisar el lugar donde hoy cumplirá su pena el centrodelantero (no vaya a ser que se reitere el encuentro-desencuentro con los fotógrafos).

Mucho deporte en la Punta -el tradicional Seven que fue ganado por la Argentina, la espectacular carrera pedestre de San Fernando con 4.000 personas corriendo por la rambla como si fuera el puente de Nueva York o San Francisco, más del doble que el año pasado- y fútbol también en el Medellín Polo Club de José Ignacio con un equipo «B» de Mascardi (jugó Luciano Galetti), Gatti, músicos de rock, un certamen fashion con Valeria Mazza (el equipo de su marido y él mismo fueron un desastre) y otros famosos en los costados.
En la final de ayer, Mascardi elevó la categoría de su cuadro: incluyó a Barros Schelotto y al recuperado Palermo de la prisión. Terminaron ganando a un equipo de jóvenes ignotos mientras aplaudía la novia del escándalo, observada como tal y por otros atributos físicos (sólo bastaron 10 dólares para ver el partido, lo que exigía el estacionamiento).
También fue música el principio de temporada, con el festival de jazz del tambo -como se suspendió una noche siguió a la mañana siguiente con las plateas repletas- conciertos de varios tipos y quejas porque la Intendencia aportó 35 mil dólares para dos murgas y negó 2 mil para un road show de música clásica.
Un director de orquesta comentaba: 1) en Montevideo no hay arpas: sólo tiene una un particular y no la presta; 2) también hay carencias de pianos de cola (los que están parecen arruinados) y no pueden juntar 90 mil para un Steinway. Aseguró que el único lugar con acústica en la zona del balneario era la Catedral de Maldonado. Todo esto fue confesado a la salida de un tortuoso rulo de automóviles, en Cumbres de la Ballena, luego que más de 700 autos asistieran a dos vernissages distintas y se complicaran para subir y bajar las cuestas.
Dos horas de espera; Osvaldo Cornide se molestó con José Luis Machinea porque había tratado a los comerciantes de «mentirosos» debido a que denunciaron la caída en las ventas, las cuales siguen bajas -según Cornide- también en Reyes. Lo peor no es la caída, también el cambio de hábitos por la falta de dinero para las compras.
Otro pesimista era Cristiano Rattazzi, quien no calcula en más de 230 mil unidades la producción de autos para este año, la mitad de 1994. «No tengo muchas esperanzas -razonó-; el Mercosur crece en burocracia, cada vez hay más tomos escritos para el intercambio, pero no mejoran los resultados y en ocasiones es más inútil.»
Para el final de Punta del Este, la llegada de Phillipe Junot, ya un clásico; también aguardan a Carlos Menem en el departamento vecino al de Armando Gostanian. Para muchos de estos allegados, el ex presidente se casa el mes próximo.

Por la ausencia se perfila un candidato. Nadie sabe si lo extrañan, pero lo cierto es que podría ser vicepresidente de la Nación. Se trata de Rubén Martí, ex intendente de Córdoba, hoy con un cargo secundario en Interior, pero ya casi seguro candidato a senador por Córdoba (iría con la frepasista Griselda Baldata), quien no sólo ocuparía una plaza en el Senado sino que además podría suceder al misionero radical Mario Losada (vence su mandato) al frente de la Cámara.
De esto se hablaba en el Festival de Jesús María, en Córdoba, donde sigue arrasando en el aplausómetro José Manuel de la Sota, pero donde un asistente de Martí, Walter Ceballos, también recogió adhesiones porque invocó el nombre de Fernando de la Rúa. Ventajas del usufructo político. En estas fiestas, la gente casi no se queja y todo le viene bien.
Los radicales están radiantes con Martí porque estiman que, al margen de los convenios políticos dentro de la Alianza, su candidatura podría ser reforzada por adhesiones justicialistas cercanas a Carlos Ruckauf (a quien no le vendría mal un tropiezo de De la Sota).
Se sabe que el gobernador bonaerense ya desistió de insertarse en Córdoba -se apoyaba en la esposa de Julio César «Chiche» Aráoz, Marta- y ahora respalda grupos marginales que podrían optar por Martí. De la Sota, por ahora, ni se preocupa por esta jugada: se solaza con los aplausos en todos los festivales cordobeses. «Para la otra política ya vendrá el frío», confiesa.

«Esta sí que es una cuñada», repetía Susana Valente, esposa de Eduardo Menem, en el cumpleaños 63 del senador, quien celebró en su casa de Núñez con la pareja Carlos Menem-Cecilia Bolocco como invitados principales.
Agobiante calor en las carpas distribuidas en el jardín, la chilena casi tiene un soponcio al igual que otros comensales; sólo el ex mandatario parecía lejos del padecimiento: él tenía frío hasta en La Rioja. La Bolocco debe adaptarse a un Menem atérmico, quien dos días después jugó al golf en su provincia con 47 grados (ella admitió, sin embargo, que este calor seco es más soportable que el de Buenos Aires).
En caso de que no se hubiera ya derretido, Menem la llevó a Catamarca para el casamiento del hijo del dirigente menemista Fernando Rivera, en el hotel Sussex. Volvieron a Anillaco, reunión con Felipe Izquierdo -productor chileno de TV que instalará programas en la Capital- y de pronto, llamado telefónico de Shimon Peres desde Jerusalén.
Charla sobre la paz en Medio Oriente, del esfuerzo de Bill Clinton y de que George W. Bush no desarme lo que ya armó su sucesor. «Hablaré con él», confió Menem, anticipando su encuentro para el 20 de este mes.
Después, entre amigos dijo que por ahora no hay casamiento, que está haciendo las paces con Zulemita sobre la base de que ella acepte la relación con la Bolocco y, para la política, ordenó reacondicionar la sede partidaria de la calle Matheu: «Empezamos a trabajar el 1 de febrero», prometió. Para la chilena, quizás el trabajo en el PJ sea más sosegado que esta vida de vacaciones con Menem.

Otro ex, Alfonsín, tampoco se arredró frente al calor y, a pesar de los años y las rodillas cluecas, jugó al paddle con su sobrino y otros hombres del pueblo en Chascomús (ganó, por supuesto). Una excusa para devorar luego la especialidad de la laguna -pejerrey a la romana- y anticipar que hoy estará en Buenos Aires. «Descongelen el cordero» (que su acólito «Chiche» Canata, secretario del Senado, tiene en freezer) ordenó como ex hombre del Liceo Militar por teléfono. A él no va a sorprenderlo el hambre.
Llega esquivando presiones en la interna: el senador José María García Arecha -quien ahora escribe un libro en su quinta- le ha reclamado apoyo para presentarse en la interna como aspirante al Senado y que desmiente, a su vez, que él respalda al ex ministro Ricardo Gil Lavedra. Alfonsín, hombre de tantos mundos, ahora parece prisionero de estos dos candidatos, a los cuales les contesta «ni». Pero ésa es una cláusula de tiempo que a partir de ahora deberá cambiar.
Para los radicales tampoco hay verano, sobre todo cuando ese verano anticipa elecciones. Entretanto, se interesó por la venta de la potranca Paga (ganadora del último Premio Anchorena) a los Estados Unidos en una cifra millonaria. Le avisaron que pertenecía al Haras Camelias Mercedinas del ex intendente de San Isidro, Melchor Posse, hombre que lo visita a menudo pero jamás le da un dato y, mucho menos, le revela sus negocios con el turf.

Impermeable azul, traje gris oscuro, bajó del taxi, abrió el paraguas para protegerse del chaparrón y se escabulló por las escaleras del viejo y deteriorado caserón de la calle San Luigi dei Francesi (enfrente, en la iglesia del mismo nombre, se conservan las únicas obras del Caravaggio que están fuera de museos; acaso también las mejores).
El invitado era Joaquín Navarro Valls, el portavoz de Juan Pablo II. Adentro lo esperaban a almorzar Adalberto Rodríguez Giavarini, el embajador Vicente Espeche Gil y el encargado de comunicaciones de la Cancillería argentina, Roberto Starke. El catalán que visitaba de nuevo la embajada del país ante la Santa Sede es un prominente dirigente del Opus Dei, laico y médico de profesión; pertenece a una vieja familia de banqueros catalanes, los Valls Taberner.
Con Don Estanislao, el cura polaco que asiste desde hace décadas a Karol Wojtila, es el hombre que más tiempo comparte con el Pontífice. Al vocero le habrán llamado la atención algunos cambios en la decoración -la galería de fotos de embajadores que fue a parar a una bañera, por ejemplo- siendo que era habitué de la casa en tiempos de Esteban Caselli. Aunque tampoco habrá que exagerar la familiaridad del Vaticano con la diplomacia menemista: Navarro dijo que «al anterior canciller jamás le vi la cara».
Si bien el motivo del encuentro fue examinar el temario de la reunión de Fernando de la Rúa con el Papa el próximo 5 de abril, hubo -como se verá- algunas cuestiones menos operativas en la conversación. Es cierto que Navarro no confirmó oficialmente el dato, pero Giavarini teme que el 22 de febrero deba viajar de nuevo a Roma: está previsto que ese día eleven al cardenalato a Jorge Bergoglio y Jorge Mejía.
Es un reconocimiento para el país, aunque parcial: la Argentina siempre contó con por lo menos tres cardenales electores del Papa; ahora sólo habrá dos ya que sólo estos dos obispos tienen menos de 80 años (Raúl Primatesta y Juan Carlos Aramburu superaron esa marca). El vocero papal recomendó cuidar especialmente la comunicación de la visita de De la Rúa: «Como la Iglesia tiene una gran preocupación por los más necesitados, es habitual que el Santo Padre aparezca retando a quienes lo visitan y eso está lejos de la realidad».
No se sabe si fue tan cuidadoso por afecto a sus anfitriones o en defensa propia. Es que Navarro ya tuvo una mala experiencia en ese sentido cuando el papa Juan Pablo II criticó la desocupación en la Argentina, Carlos Menem enfureció y él debió «corregir» a su superior diciendo que hablaba de un fenómeno internacional.
Desde esas prevenciones, casi artesanales, Giavarini condujo la conversación por caminos que sorprendieron al supernumerario del Opus. El canciller, de quien cabe esperar cálculos económicos o alguna táctica de infantería (es egresado del Colegio Militar), se sumergió en una larga reflexión sobre el concepto de culpa en el cristianismo, las religiones y la filosofía. Terminó con una recomendación poco habitual para un dignatario católico: la lectura de «Elogio de la culpa», el libro de Marcos Aguinis, un escritor judío que no necesariamente admira la tradición del papado.
Seguramente le regalará un ejemplar a Navarro cuando éste visite Buenos Aires para ofrecer un ciclo de conferencias, como se acordó a la hora del licor en ese almuerzo romano y lluvioso.


«Todo el mundo cree que mi problema es por manejar el auto y en realidad es una herida de la guerra política.» Así explicó Carlos Reutemann su dolencia cervical. Antes de viajar a los Estados Unidos para una intervención quirúrgica comió con hombres del diario en Posta 36, un caserón sobre el barranco de Rosario que cuenta con un parque iluminado providencial para una noche de calor como la de esa celebración: Ambito Financiero festejaba esa noche sus 15 años en la ciudad.
Reutemann contó que al participar en una recorrida proselitista con Eduardo Duhalde, en 1999, debió pasar varias horas dentro del colectivo en el que se movía el candidato. «No quería ni moverme para administrar bien la energía y no cansarme, pero una chica comenzó a suplicarme por una camiseta desde abajo. Entonces me agaché, busqué una, y al incorporarme me di un golpe en la cabeza con un parante, tan pero tan fuerte, que se me arruinó una cervical», contó el gobernador, quejoso de que «no puedo correr, nadar, tengo que dormir más de lo habitual para controlar el dolor, todo un desastre».
Parece haber una cuestión de amor propio en el gobernador por este inconveniente: después de haber desafiado a la suerte tantas veces y en autos de Fórmula 1, parece poco épico que la primera operación importante se deba aun golpe en la cabeza que se dio en un colectivo y a paso de hombre.
La operación la harán en Nueva York, donde se desempeña un médico santafesino amigo suyo. «Allá me va a atender mi hija Cora, que es fotógrafa en Manhattan. Es una inclinación interesante por el arte pero la profesión es demasiado competitiva, yo a veces sufro porque sé que es difícil moverse en ese ambiente» siguió reflexionando «Lole», como si hablara para sí mismo. De pronto reaccionó: «¿Qué hago yo diciendo estas cosas si en mi carrera nos matábamos por ganar?».
De esas peripecias personales Reutemann pasó a la situación de su administración, más alentadora que lo que permite suponer su parca divulgación. Nos contó que redujo el déficit de 250 millones a 147 millones, y que este año pretende bajarlo 30% más. Reutemann prevé que con la absorción del parte del rojo previsional por el Estado nacional y la privatización de la empresa de energía podrá cubrir totalmente el déficit.
Además anticipó esa noche que podrá sustituir créditos tomados por la administración anterior (Jorge Obeid) a tasa variable por otros del Banco Mundial con 8% de interés. De candidaturas, ni una palabra. El gobernador demostró que sigue pensando la carrera por etapas.
«Lo importante ahora es que nos pongamos de acuerdo en la Capital Federal; si no levantamos la puntería del peronismo ahí, 2003 va a ser dificultoso. Y ponernos de acuerdo será difícil.» Después volvimos a la velocidad y los «fierros» pero no de autos sino de helicópteros: «Vuelo en uno que me compré pero todo es visual, sin instrumentos de navegación. El que tiene la provincia sí es bueno, con tren retráctil. Pero el mío es un cascajo de una sola turbina».

Vamos a terminar con un chiste de la vieja línea «marido-esposa». Una mujer durante 30 años de matrimonio le prohíbe a su marido abrir un determinado cajón del placard. Constantemente lo cierra con llave, hasta que un día olvida ponerle cerrojo. El hombre aprovecha la ocasión para satisfacer una curiosidad de tres décadas. Lo que ve lo sorprende: 6.424 dólares y tres huevos. Espera la llegada de su mujer y le dice:
- Querida, debo confesarte algo. Dejaste el cajón abierto, lo abrí y vi el contenido.
- Querido, yo también tengo una confesión que hacerte. En estos treinta años, cada vez que te fui infiel guardé un huevo en ese cajón.
El hombre piensa un momento. «Bueno, después de todo, tres veces en 30 años no es tanto; además, yo también me mandé mis propias macanas...» Y le dice a la mujer:
- Te perdono, querida, te perdono tus infidelidades y entiendo lo de los huevos. Ahora, decíme: ¿qué significan los 6.424 dólares?
- Es que cada vez que juntaba una docena iba al almacén y los cambiaba por plata...

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