12 de febrero 2001 - 00:00

CHARLAS DE QUINCHO

El presidente de la República Oriental del Uruguay, Jorge Batlle, ingresa al hotel Conrad, desde donde asistiría a los fuegos artificiales de la llamada carnavalesca en Punta del Este.
El presidente de la República Oriental del Uruguay, Jorge Batlle, ingresa al hotel Conrad, desde donde asistiría a los fuegos artificiales de la llamada carnavalesca en Punta del Este.
Celso Lafer, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Brasil que desde ayer está en Buenos Aires, tal vez tenga derecho a hacerle a Adalberto Rodríguez Giavarini una escena de celos: el canciller argentino prefirió conocer primero a Colin Powell que a él, tan recién llegado a su cargo, como el secretario de Estado de los Estados Unidos. Pero anoche, en la comida que compartieron, no se escuchó una palabra en ese sentido. Sucede que Lafer fue advertido sobre la deferencia de Giavarini: los únicos extranjeros a quienes agasaja en su casa son los brasileños. En efecto, el piso de Paraná y Juncal levantó su cotización desde que cobijó a Fernando de la Rúa y a Fernando Henrique Cardoso cuando la Alianza recién llegó al gobierno. Ayer a la noche le tocó el ritual a Lafer, quien llegó a lo de los Giavarini junto al embajador en Buenos Aires, Sebastiao Do Rego Barros, y su jefe de Gabinete, Osmar Chohfi. El dueño de casa estuvo acompañado por sus colaboradores Horacio Chighizola y Susana Ruiz Cerruti, el embajador en Brasil Juan José Uranga y Carlos Muñiz, titular del CARI y amigo personal de Lafer.

Mientras se servían el arrollado de queso con alcaparras y una ensalada tropical, el canciller brasileño comentó cómo había pasado su tarde: después de almorzar con el staff de la embajada, tomó el té con Félix Peña, con quien es autor de un libro precursor sobre la conveniencia de integrar a Brasil con la Argentina. Como al pasar, para no irritar a la mesa, refirió también una tertulia con Diego Guelar, «canciller» de Carlos Ruckauf y figura irritante para la diplomacia oficial. No dio más detalles sobre sus relaciones en el país y no fue necesario: Giavarini había sido informado de todo al detalle, inclusive de que Lafer conserva una horma en Guido donde se hace fabricar especialmente sus zapatos. Egresado y profesor de la tradicional Facultad de Derecho del Largo de San Francisco, en San Pablo (de donde salieron desde el varón de Rio Branco hasta Ruy Barbosa), el nuevo canciller posee la mejor biblioteca privada de relaciones internacionales de Brasil. A la vez, tiene un pie en la tierra de los negocios: durante su primer matrimonio convivió con la hija de un poderoso autopartista y él mismo integra la familia propietaria de la más grande papelera brasileña. A lo largo de toda la comida, Giavarini tuvo conciencia de tener delante suyo a una expresión genuina de los intereses del empresariado de San Pablo. Nadie aclaró si las pechugas, servidas con crema de echalotes al curry, eran argentinas o brasileñas y Lafer se dedicó a indagar a su anfitrión sobre un pasado militar que le resulta tan curioso: Giavarini le contó que fue capitán de Ejército pero, además, hizo el curso de comando. «Tengo la piel de la espalda dañada por tanta exposición al sol», lamentó.

Por la mesa circularon otras intimidades, hasta que el dueño de casa decidió contar algunas impresiones de su reciente gira por los Estados Unidos. Habló de una reunión con intelectuales en la que Arturo Valenzuela, quien asesoró a Bill Clinton sobre temas latinoamericanos, debió soportar que se lo acusara de romántico y naíf por su visión de la guerrilla colombiana: «El plan Colombia deberá ser revisado por Bush», susurró uno de los presentes, para interés de los brasileños, que temen la expansión de la insurgencia hacia los estados del Amazonas. No fue, claro, el tema más entretenido de la comida. Más interesaron las referencias de uno de los diplomáticos que acompañaban a Lafer sobre una muestra a la que Giavarini no pudo concurrir (sólo Guido Di Tella se hacía un momento durante sus viajes para comprar obra de arte en lo de algún marchand recomendado). Se trata de una exposición del Smithsonean sobre los 300 años de historia del piano en la que se pueden ver desde los primitivos claves en los que ejecutaba Bach, pasando por los piano-forte de Mozart hasta el piano plateado de Liberace o el de Duke Ellington. Periódicamente, un intérprete realiza una visita guiada interpretando en cada instrumento la música de la época correspondiente. A esta altura ya se habían consumido las peras al borgoña y Lafer perfumaba con su pipa el comedor de Giavarini, donde se servía el café.

Ni una palabra en la mesa, claro, sobre las maniobras de Darío Lopérfido con el monopolio «Clarín» para afectar la imagen de Brasil; tampoco sobre las declaraciones de Hernán Lombardi, el secretario de Turismo, acerca de que los países en los que no se habla español terminan siendo más inseguros (así, se correría más riesgo de asaltos en Ginebra que en La Matanza). En cambio Lafer hizo algunas veladas referencias a la necesidad de negociar el ALCA en conjunto y a rescatar del Mercosur la relación bilateral Brasil-Argentina. Nadie lo admite, pero el uruguayo Jorge Batlle y sus elogios al NAFTA resultan cada vez más irritantes para el gobierno de Brasil. Por lo imprevisible. Pero de estos problemas Lafer hablará más largamente hoy: no sólo con Giavarini, también almorzará con Chrystian Colombo, el funcionario del gobierno que más inquieto se manifiesta actualmente por las limitaciones que impone el Mercosur para la Argentina.

Los senadores del PJ almorzaron el martes en el reservado de «Quórum». A la reunión asistió casi la mitad de los legisladores del bloque; entre ellos, José Luis Gioja, Augusto Alasino, Eduardo Bauzá, Ricardo Branda, Remo Costanzo, Carlos de la Rosa, Alberto Tell, Osvaldo Sala, Eduardo Menem, Beatriz Raijer, Julio San Millán y Emilio Cantarero. Fue un encuentro de camaradería -la poca que queda entre hombres que se desconfían, acusan, desprecian-, destinado a desactivar los choques domésticos que iban a producirse en el plenario de la tarde. Había una división entre los que quedaron enganchados en la causa de los sobornos por los fiscales (Alasino, Branda, Tell, Costanzo, Cantarero y Angel Pardo), y los que se salvaron (Bauzá y Ramón Ortega), más la mayoría de la bancada. «Todos dicen que yo me quise salvar solo pero no entienden que a mí esta nueva situación me afecta más que a nadie porque me deja como un traidor», lamentó

Bauzá, quejándose de su nueva situación de «falta de mérito sin apelación» con que lo beneficiaron los fiscales. Uno de los «apelados» acotó, casi en broma: «El Flaco nos clavó una puñalada en la espalda a todos», parafraseando al propio Bauzá cuando se quejó del denunciante Antonio Cafiero. Finalmente, hubo un pronunciamiento contra Eduardo Freiler y Federico Delgado. Alasino, Costanzo y compañía convencieron a los demás de que las sospechas afectaban a todos, ya que se hablaba genéricamente del Senado.

Hubo algunos ausentes fácilmente identificables: Jorge Yoma, que elude las reuniones para no cruzarse con Eduardo Menem, entreverados en la interna riojana; Carlos Corach, que había sido alertado de que allí se pondría en duda la continuidad de Mario Losada en la presidencia provisional y prefirió mantener su perfil «independiente», es decir, cercano al gobierno, y Ramón Ortega, que había amenazado con presentar la renuncia a la banca ese mismo día (después lo convencieron de que se quedara y le ofrecieron, a cambio, la jefatura de la Comisión de Coparticipación Federal). En ese almuerzo, Menem avanzó en la posibilidad de aceptar la vicepresidencia de la Cámara alta que dejará Antonio Cafiero, cuyo mandato está vencido y no será renovado. Obviamente, la mayoría de los peronistas no le perdonan la forma en que agitó el escándalo por las supuestas coimas. Pero no quieren que se ponga en el papel de víctima o de mártir (en los últimos meses dijo que iba a renunciar al cargo por «cansancio moral»). Por esa razón, los compañeros de Gioja insisten en que se trata de una renovación de cargos y no de una remoción de Cafiero.

El hermano de Carlos Menem sí se mostró taxativo a la hora de rechazar la chance de asumir el puesto de Losada, en caso de que se reivindicara la virtual vicepresidencia de la Nación para el PJ. De cualquier modo, los comensales jugaron con la eventual salida del misionero y su inmediato reemplazo por otro radical (Moreau, Agúndez, García Arecha o León), previo acuerdo con el oficialismo. Gioja y Tell se lo comunicaron con una sonrisa a Colombo: «Decíle a De la Rúa que se vaya buscando otro presidente del Senado porque Marito no va más, perdió la confianza».

A propósito de Colombo y su relación con los senadores, en la Jefatura de Gabinete resulta cada vez más simpático el estudio de la conducta riojana. Como se dijo, el menor de los Menem y Yoma pelean a brazo partido por la senaduría de la provincia. Eduardo tiene asegurado el triunfo pero no habría que descartar -en el gobierno no lo hacen- que Yoma también triunfe sobre el radicalismo de Raúl Galván, con lo que las tres bancas provinciales serían del PJ. Pero lo que se comentó en la mesa de los senadores fue el triángulo -llamémosle así- que los dos riojanos forman con Colombo. Resulta que cuando uno de ellos concurre por alguna reunión a la Jefatura de Gabinete, el otro va tras los mismos pasos a los 15 minutos, con el temor de que le hayan dado alguna ayuda al competidor. Colombo parece estar ya preocupado: «Tengo alguien que espía aquí dentro, no puede ser que se enteren tan rápido». Ingenuidad del jefe de Gabinete: después de 10 años de gobierno peronista, hay mil y un funcionarios dispuestos a dar aviso de cualquier movimiento extraño a los antiguos superiores. «Por suerte no tengo un peso -sigue riéndose Colombo- porque si esto fuera el Banco Nación los riojanos ya se habrían llevado medio país por la cantidad de veces que me visitan.»

Fiambres, parrilla y pastas fue el variado menú de los senadores. Los comentarios recorrieron toda la política. Hubo una burla a la metodología del Ministerio del Interior para llevar adelante la reforma política. «Yo cuando leí la invitación pensé que nos habían intervenido el partido. Esto parece el '55", bromeaba Tell, quien había leído un fax convocando a un encuentro de legisladores provinciales peronistas el próximo 26 de febrero. La invitación no la firmaba una autoridad de la oposición sino Federico Storani y se prometió la presencia de Fernando de la Rúa. Casi insólita esta nueva costumbre, en la que el gobierno le organiza congresos a la oposición, con el riesgo de que se les transformen en un coro de llantos.

Desde que las denuncias comenzaron a brotar de las propias filas, estos peronistas están especialmente preocupados. El martes temían una ola de denuncias que, dicen, se viene sobre el PJ desde el gobierno. Como ejemplo pusieron la denuncia contra el senador provincial cordobés, el ex frepasista Jorge Bodega, de haber recibido una coima de $ 400 mil para aprobar la reforma del Estado en esa provincia hace casi un año. «Los radicales lo mandan al muere y ahora la Alianza en pleno se va a plegar a la denuncia. Ya le pegaron a De la Sota, ahora vienen Reutemann y Ruckauf», pronosticaron los senadores, acaso sin la intención de prevenir a otros políticos pero sí de buscar solidaridades en un partido que los tiene algo marginados.

Uno de los senadores que llevaba un fuerte bronceado conseguido en horas de exposición en Florianópolis se jactaba de cómo los argentinos que estaban allí escandalizaban a los brasileños. En las primeras horas de la mañana, jóvenes, algunos cuarentones y hasta sesentones, toman sol desnudos en las playas más tranquilas de la isla. Algunos se animan a caminar tal como Dios los trajo al mundo. La policía brasileña no parece tan liberada: ya llevó presos a 10 de estos aprendices de nudistas. Lo curioso es que la única playa nudista, La Galhetta, está virtualmente desierta, relataba el senador. Conducta típica de los argentinos. Quizá para alegrar el oído de los radicales, contó que en febrero cayó abruptamente el turismo en Florianópolis y en Brasil todo por la inseguridad.

Si no tienen demasiada información sobre cuál será su futuro, estos senadores peronistas parecen, en cambio, poseer algún conocimiento sobre las picardías ajenas. Uno de ellos comentó, seguro de lo que afirmaba, que «el ministro Storani puede no estar aliado con Chacho Alvarez en las denuncias pero sí se sirve de ellas para su interna en la UCR». Dio algunos ejemplos: «Al gobernador de Mendoza le pidió que no se solidarice con José Genoud para dejar libre el paso a Víctor Fayad como candidato a senador. En San Luis, 'Fredi' apuesta a Walter Cevallos en contra de Jorge Agúndez y hay que esperar que le llegue algún sablazo a Humberto Salum de Jujuy, porque Storani lo quiere a Gerardo Morales, por más que el propio Presidente no lo pudo convencer la semana pasada, después de dos horas de presión». Parecía bien informado este peronista.

Carlos Menem sorprendió a la troupe cordobesa que llevó Marta Alarcia el sábado por la noche a Anillaco: bombacha bataraza (cuadrillé blanca y negra), camisa refulgente y botas. «Me preparo para participar de la Fiesta de la Chaya de la semana que viene. Cecilia me va a acompañar vestida de china criolla», bromeó.

El grupo, mirado de cerca por algunos habituales riojanos (Agost Carreño, Arnaudo, Maza), terminó cenando en la hostería Los Amigos alrededor de un televisor por donde se vio el Festival de Peñas de Villa María que animó Cecilia Bolocco. Con una sonrisa les preguntó: «Soy tonto para elegir novia, ¿no?», acompañado por los aplausos cordobeses mientras ella por la pantalla respondía a una conferencia de prensa. Nadie se animó a abrir la boca cuando se mostraron también por TV algunos clips con silbidos del público cuando se anunció el nombre de la Bolocco. Hubo cruce de miradas con destino incierto: alguno de los presentes había asegurado 300 amigos, para hacer de claque a favor, que ingresaron a la platea con entradas de favor regaladas por el intendente local, Eduardo Acastello, que logró también que asistiera De la Sota. Además de esos menemistas de la claque, el intendente contrató 100 policías adicionales para custodiar a Cecilia, que viajó con su manager, Rodrigo Danús, quien la acompañó en un tour de compras...
Cuando terminó la transmisión, comenzó la cena y se escuchó esto:
 De Menem sobre De la Rúa: «Me parece que está desaprovechando esta ayuda extraordinaria que hizo Estados Unidos. Hasta ahora el gobierno no revela que tenga algún plan para invertir el blindaje».

 Sobre el casamiento del riojano: es antes del 2 de julio, cumpleaños 71º de Menem. Van a vivir en Buenos Aires y ella está negociando un contrato para tener un programa en el «Canal 9»-«Azul Televisión», del grupo Telefónica.

Nos enteramos de esto, además:
 El caso Bolocco es tema de una fuerte interna en el entorno del ex presidente. El staff de íntimos (secretarios, asesores, Kohan) están celosos de esta nueva relación y deslizan que ella lo usa a él. De otro lado están Eduardo Menem y Susana Valente, que apoyan la boda.
 Otras molestias devienen de la reducción de gastos en el staff íntimo. Hay menos asistentes y secretarios que deben multiplicar sus tareas y hasta ocuparse de minucias que antes estaban a cargo de los valets. ¿Quién le arma y le desarma la valija a Menem cuando viaja? En realidad, nadie quiere hacer esa manualidad servil, pero deben sorteársela entre ellos porque Menem reclama tal servicio.
 Otro detalle sobre la boda: se pueden casar por la Iglesia Católica porque parece que nunca hubo casamiento canónico con Zulema. Si esto resulta ser así, habrá boda de blanco y con varios curas. Además, ambos novios podrían ir de blanco, ya que el riojano sueña con lucir un traje de gaucho de ese color para esa ocasión frente al altar.

En Punta del Este hubo muchos festejos por el reestreno del Convenio de Hermandad entre Miami y Maldonado, con la presencia del presidente uruguayo, Jorge Batlle. Además de algaradas en el Conrad, Batlle encabezó un almuerzo privado en un crucero frente a la isla Gorriti junto a los alcaldes, el visitante Alex Penelas y el local Enrique Antía. El sábado por la noche las celebraciones se trasladaron a las calles, donde desfilaron las escolas do samba más famosas del Uruguay. Para el cierre, se utilizaron 3.800 bombas en un impactante espectáculo de fuegos artificiales que duró 27 minutos..

Entre argentinos que veranean en el Este y contemplaban el desfile bajo una noche de espectacular luna llena (tan impactante como el chubasco del amanecer de ayer), se reveló una novelesca historia de amor de comienzos del siglo XX sobre una joven argentina que, sin saberlo, inspiró un tango de características singulares: fue escrito por un sueco -Evert Taube- que trabajó de peón en una estancia argentina y, de regreso a su país, compuso esta canción, que se convirtió en una suerte de himno entre sus compatriotas.

Este es el resumen de esta pintoresca historia. Antes de 1910 y siendo adolescente, Taube emigró a los Estados Unidos como polizón de un barco carguero. Desde allí llegó luego a la Argentina, traído por una empresa de ingeniería civil, contratada para desagotar la depresión del río Samborombón. El joven se desempeñó como peón en la construcción del Canal 15, cuyo obrador se instaló en la estancia La Ensenada de San Martín. Ahí comenzó a tratar, al igual que el resto de los trabajadores, con la familia que les daba lugar para acampar, los Jaca Cortejarena. Taube, como los demás, comenzó a visitar el casco, sobre todo cuando se organizaban tertulias alrededor del piano que tocaba Cecilia, una de las hijas de Jaca Cortejarena. El sueco quedó fascinado por la joven pero nadie lo advirtió porque mantuvo en secreto esa admiración de enamorado. Terminada la obra, regresó a los Estados Unidos y, después, a Suecia, donde desarrolló una carrera artística y llegó a convertirse en el máximo baladista de su país. Compuso un repertorio muy popular y también otras obras más refinadas que sirvieron, por ejemplo, como banda de sonido para películas de Ingmar Bergman. Artista múltiple, Taube fue también pintor (amigo de Pablo Picasso) y poeta, hasta el punto que hoy sus compatriotas lo consideran uno de los máximos representantes de la literatura sueca. La memoria de aquella muchacha argentina no lo abandonó nunca y lo hizo incursionar en el tango: compuso uno con el título de «Carmencita del Samborombón», dedicado precisamente a Cecilia. Esa canción no pasó como una más entre sus compatriotas, que aprenden a cantarla en la escuela primaria y se ha convertido en uno de los motivos más populares del país. Taube murió en la década del '70 y nunca volvió a ver a su musa. No pudo hacerlo en 1948, cuando, ya casado, regresó a La Ensenada. Cecilia estaba en esos días en Buenos Aires y el sueco encontró solamente a su marido (otro vasco de apellido Ezquiaga), a quien no le cayó del todo bien el interés que demostraba por su esposa. Sin embargo, desde hace más de 10 años, la estancia del Canal 15 se ha convertido en lugar de peregrinación de los suecos que vienen a la Argentina, a tal punto que las agencias de viaje de ese país la incluyen en su itinerario. Agradecidos por el interés que demuestran por su abuela, el propietario actual del campo, Martín Céspedes (storanista que preside el Concejo Deliberante de Castelli), reúne a su familia y ofrece habitualmente un asado a esos visitantes, que quedan fascinados por la casona, que se conserva idéntica a cuando Taube la conoció. Entre los turistas que llegan hasta allí año tras año, se encuentran diplomáticos y también la tripulación del buque escuela de la armada de Suecia, que suele hacer escala en el puerto de Buenos Aires. Lo más simpático de esas visitas ocurre indefectiblemente cuando los suecos dejan los cubiertos y, en medio del almuerzo, comienzan a cantar el tango «Carmencita», del que sólo se entienden un par de versos: los que Taube escribió en español, entreverados con los escritos en sueco.

Finalizamos con un chiste fuerte de la línea machista, es nuevo y uno de los últimos que se escucha en los quinchos.

Tres amigos hablaban acerca de cuáles consideraban las mejores posiciones para hacer el amor.
-¡La mejor es el clásico 69!- dice uno.
-Me fascina la combinación de Turca y Francesa- replica otro.
-¡Ja! No hay nada mejor que la del rodeo!- comenta el tercero.
Los otros dos amigos se miran con cara de asombro y extrañeza. No la conocían. Rápidamente le preguntan en qué consiste la posición del rodeo, ya que nunca habían escuchado hablar de la misma. El hombre les explica:
-Bueno, le decís a tu mujer que se ponga en cuatro patas y vas por detrás. Una vez que las cosas se pongan bien calientes, apoyás tu pecho sobre su espalda, la abrazás fuertemente, y con delicadeza le susurrás al oído: «Esta posición es la preferida de mi secretaria»... e intentás mantenerte encima de ella por más de ocho segundos.

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