CHARLAS DE QUINCHO

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Como los temas económicos parecen menos candentes, en los quinchos hubo lugar también para temas sentimentales. Como, por caso, dos futuros matrimonios (uno real, el otro algo más plebeyo). Sorprendió cierto desinterés en función benéfica de una obra prohibida por un dictador soviético, pero muchos de los que concurrieron al Colón después tuvieron que demostrar su cultura (alcohólica) en sede diplomática. Un ministro y un ex gobernador comieron en el centro de la Capital; admitieron tener enemigos en común y se prometieron futuras alianzas. Otra comida reunió al Presidente con un ex presidente; ahí también hubo acuerdos que suenan trascendentes. Veamos.

Futuro matrimonio busca casa o departamento. Este debería ser el anuncio de la pareja que, al parecer, se niega a compartir la actual casa del novio en Belgrano R, en la calle Echeverría. Mientras Carlos Menem confirma que el mes próximo se casa con Cecilia Bolocco, también trasciende que descartó Tortugas y el Boating como nueva residencia al igual que otras tradicionales que mandó visitar: por último, se integrarían los consortes en un piso de la avenida Del Libertador. De esto se hablaba en una casi despedida de soltero que le hicieron al ex mandatario en Mendoza, en la inauguración de la cancha de golf La Vacherie -dos links de 9 hoyos realizados por la familia Pescarmona-, donde se abordó un menú tentador: salmón relleno con centolla para seguir con langostinos gigantes (los acompañamientos no importaron).
Menem con su novia, luego de jugar al golf y comer, se fueron al mismo piso del hotel Aconcagua desde donde se tiró Charly García. «No hace tanto calor como para bañarse», reflexionó Menem desde las alturas y evitando la réplica del lanzamiento. En la cena también estuvieron Ana Mosso, Ramón Hernández, Eduardo Bauzá, su acólito Rodolfo Gabrielli, Orlando Terranova -socio de José Luis Manzano, el hombre de las mil iglesias porque ahora vuelve a comulgar con Domingo Cavallo- y Euclides Bugliotti, un rosarino que se desarrolló en Córdoba, íntimo de Ramón Mestre, dueño de los hipermercados Libertad, que hace un par de años le vendió en más de u$s 200 millones a la cadena francesa Casino.

Allí Menem volvió a repetir lo de su casamiento ante la mirada atenta y satisfecha de la Bolocco, mientras discurría sobre avatares del momento. Dijo, entre otras cosas, que el justicialismo hizo todo lo que podía hacer por Fernando de la Rúa. «Hasta le conseguimos número en la cámara cuando ellos no podían juntar diputados ni con el partido de Cavallo.»
Reconoció que está enfrentado cada vez más con Carlos Ruckauf, debido -según él- a que el gobernador lo critica cuando lo ve subir en las encuestas (se habla de que el ex presidente ya logró 30% de adhesión). «Ahora ya controlamos más diputados que Ruckauf», sostenían sus seguidores con alegría, un hecho en apariencia impensable hace dos meses.
Lo más importante estuvo referido a la economía: por ahora no basta con lo que hizo Cavallo; desde el exterior se preguntan cómo hará para tapar el agujero fiscal. «Igual vamos a seguir ayudando, pero en nuestra línea, porque las últimas medidas han beneficiado a Brasil y nosotros, estratégicamente, estamos a favor de la incorporación de la Argentina al ALCA».
A la mañana siguiente, Menem se despidió de la Bolocco: ella partió a Santiago, a un festejo de su padre, Enzo, como primer ensamblador de autos en Chile, mientras él se fue a jugar al golf a Anillaco y, luego, arreglar con el párroco local los detalles de la boda. Es notable su entusiasmo para estos menesteres, casi como un veinteañero.


A veces Buenos Aires es insólito. Esto hay que decir del Teatro Colón que, para la misma representación, el viernes del gran abono estuvo lleno y al día siguiente, en una noche benéfica (para el Hospital de Niños), mostró lunares inexplicables (por ejemplo, las tres primeras filas vacías).
Singular y contradictoria adhesión a una obra monumental -»Lady Macbeht de Mtsensk (Minsk)», de Shostakovich, la misma que prohibió Stalin en 1934 -con el maestro Matislav Rostropovich dirigiendo en escena, una orquesta que sonó mejor que nunca y una régie (Sergio Renán) largamente ovacionada. Insólito Buenos Aires por el vacío del sábado -¿no habría sido preferible bajar el precio de las localidades, que estuvieron en 120 dólares?- y por la escasa repercusión oficial de la visita de Rostropovich, uno de los más grandes artistas vivientes de la música. ¿A nadie se le ocurrió que lo entrevistara De la Rúa? Más allá de que el Presidente no digiera este género, ¿no era razonable su presencia en el teatro?
Soprendió, además, ese desdén del sábado frente a la nutrida concurrencia del viernes, con habitúes como Julio Werthein, Marta Patrón Costas, Horacio Rodríguez Larreta, Teresa Anchorena, Fito Fiterman, Federico Klemm (tan sobrio que ni se lo reconocía, salvo por el grueso maquillaje aplicado sobre el rostro y un deslumbrante anillo), Elva Roulet, Nelly Arrieta de Blaquier y Jorge Glusberg con un extraño black tie de Kenzo.
Después vino el volteo: el vodka happy hour vodka en la embajada rusa, donde Rostropovich hacía que muchos invitados inclinaran de un solo saque, hasta el codo, los vasos con vodka. Para ellos resultaba común, no para los argentinos, poco propensos a ese tipo de alcohol, el que para colmo se servía en vasos que eran para cerveza.
Es de imaginar cómo terminaron algunos, entre ellos Jorge Telerman -hoy tan new age, al revés de anteriores años-, víctima de la gentileza del maestro por atender alcohólicamente a sus invitados. Uno de los comentarios de la noche fue el próximo casamiento de la argentina Máxima Zorreguieta con el heredero de la casa Orange de Holanda. Para todos resulta fascinante cómo ha cambiado el clima en ese país -si es que alguna vez estuvo en contra- con la hija de Jorge Zorreguieta, quien fuera subsecretario de Agricultura en tiempos del Proceso.
La boda será un fracaso del periodismo, sobre todo el de izquierda (y el otro que se calló la boca), que intentó descalificar a la novia y bloquear el casamiento porque el padre, un civil, como tal había actuado en el régimen militar. Parte de esa campaña, por ejemplo, fue repetir escenas de la ESMA, hechos patibularios de la época, tratando de convertir a Zorreguieta en responsable de violaciones a los derechos humanos, como si él hubiera sido un jefe de ese lugar de la Marina donde se torturó y se mató, como si hubiese sido, en suma, un jefe como Chamorro.
Despropósito de ese periodismo (¿periodismo?) mezquino, vengativo, que no sólo desconoció el pasado y lo tergiversó sino que además tampoco conoce el presente. Al menos trataron de ignorar lo que sentían los holandeses por esa joven argentina. Una lección.

Otra comida secreta, en Olivos claro, previa a un desayuno público. Fue entre De la Rúa y Raúl Alfonsín, quienes decidieron arreglar sus cuitas por la noche, con un menú moderado, para anticipar el arreglo que mostrarían al público a la mañana siguiente. Cosas de radicales, naturalmente. Si el Presidente obtuvo la adhesión del jefe radical, también éste se llevó algunas promesas en sus alforjas:
1) Nadie tocará a ningún funcionario cercano al ex presidente (de esta manera, por ejemplo, Federico Polak conservará su cargo como titular del PAMI y a la vez la representación en el directorio de YPF-Repsol).
2) De la Rúa prometió asistir a varios actos en la campaña de Alfonsín para convertirse en senador por la provincia de Buenos Aires.
3) Tampoco será apartado por Cavallo de la administración René Bonetto -un activista del ruralismo escasamente interesado en el PJ, por no decir lo contrario, reciente afiliado a la UCR y que heredó la silla de Humberto Volando en Federaciones Agrarias-, secretario de provincias, un puesto en apariencia menor pero que supone el control de varias cajas: los ATN de Interior y el Plan Provincias III, un megacrédito del Banco Mundial con el que se asiste a varios gobernadores.


Lo más importante de la cena, sin embargo, fue otro contrato partidario: Alfonsín se comprometió a que no se presentará para renovar su cargo como jefe del radicalismo (caduca en noviembre) y ambos acordaron presionar para que el sucesor en ese lugar sea el gobernador Angel Rozas (quizá la persona que más desprecia Elisa Carrió). Ambos, en la reunión, celebraron otro convenio por la contra: se despegan de Federico Storani, sobre todo De la Rúa, quien considera que su ex ministro fue insolidario ya que compartió gabinete con Ricardo López Murphy durante 14 meses, hasta lo sugirió como reemplazante de José Luis Machinea y, una vez que éste asumió y desplegó su plan económico, dio el portazo excusándose en que se propiciaba un programa de derecha.

Otra cena política, esta vez en Cabo Mayor (en la bajadita de Posadas), con oficiales de Duhalde y de Cavallo, también con los jefes. A ambos los acompañaban José Pampuro -quien fue la «liaison» en tiempos de Menem y, sobre todo, cuando luego sobrevino el penoso caso de Cabezas-, Guillermo Francos y Alfredo Castañón. Un dato curioso: Cavallo estuvo todo ese día con De la Rúa y, al partir, se olvidó de decirle que se iba a cenar con Duhalde (debe ser porque esas aficiones gastronómicas no le interesan al Presidente).
El ex gobernador explicó que la falta de adhesión de diputados bonaerenses a la última ley reclamada por Cavallo no fue contra el ministro, sino posiblemente contra Ruckauf. Una forma de aclarar la actitud de su propia esposa, «Chiche», quien ni siquiera se presentó a votar. Duhalde dejó traslucir que Cavallo -como ya lo dijera «Chiche»- va a complicar a Ruckauf y en más de un sentido explicó que la jefatura política del PJ en la provincia está en su casa.

A su vez, Cavallo -módico a la hora de comer- le halagó el ego a su contertulio, señalándole que parte de su programa se parece a la concertación que propiciaba Duhalde durante su última campaña presidencial. Larga perorata económica -suba de aranceles y subsidios a determinados sectores, luego de debatir con ellos, una forma, en suma, de intervenir la economía y decretar distintos tipos de cambio- que ocultaba una razón política: el encantamiento a Duhalde diciéndole «hago lo que vos querías».
En otra parte, Cavallo confesó que él no quería quedar preso de sus compromisos con los radicales, por lo que desalentaba cualquier tipo de entendimiento entre su partido y el oficialismo. Ensayó lo que dice en todas partes: «Estoy como ministro por un sentido patriótico, nada más». Aunque no lo dijo expresamente, Duhalde le pidió a Cavallo -en aras de pactos pasados- que no lo abandone en esta época preelectoral, cuando él compite contra la Alianza en Buenos Aires. Un dato significativo: Duhalde y Cavallo preparan un importante acuerdo para candidaturas en el futuro.

Había otros jugosos datos de lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires que se contaron luego algunos asistentes en un café vecino. Por ejemplo, se precisó que a pesar de que mantienen la alianza objetiva, ya no es la misma -como se había previsto- la relación entre Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf.
Un elemento de discordia: la esposa del ex gobernador, Chiche, quien pasó de ser la primera defensora de Ruckauf a uno de sus principales objetores. La razón: los informes de los distintos intendentes que se quejan por cierta desidia del gobernador con ellos. Se presume que debe existir otra causa adicional para justificar la inquina, pero nadie la menciona.
Los duhaldistas insistieron con una premisa: nadie ignora que sólo tres diputados caros a Duhalde (Remes Lenicov, quien aspira a un lugar junto a Cavallo, Raúl Romá y el propio Pampuro) votaron según las instrucciones de Ruckauf: para muchos fue una muestra de poder ejercida por el ex gobernador a fin de demostrar quién manda en la provincia.
Tampoco es feliz, se admitió, el trato de Ruckauf con Domingo Cavallo, ya que éste tuvo una depresión política significativa -en algún momento de esa crisis hasta pensó ir con su familia a trabajar como consultor a los Estados Unidos- cuando se enteró de que Gustavo Béliz lo abandonaba para pasarse con el gobernador bonaerense. Además, algo ocurrió camino del foro, cuando Cavallo se tentó con Economía y Ruckauf -según él- le aconsejó que no asumiera.
En cambio, sí es buena la sintonía entre el nuevo ministro de Economía y Duhalde: ambos acuerdan por encima de Ruckauf o sin consultarlo. En cuanto a Duhalde, vive al estilo De la Rúa: hace «la plancha», es decir que ni se mueve, ya que las encuestas no tiemblan por Raúl Alfonsín y por lo tanto él encabeza cómodo la elección del senador bonaerense. Si fuera por él, se quedaría tapado hasta el día de los comicios
Pero, como sucede en el cuento del escorpión -mucho más aplicable a los seres humanos- saldrá pronto de esa inercia: tiene previsto dirigir la operación para desalojar a Menem de la titularidad del Partido Justicialista. Ya no piensa en reemplazarlo -siente el abrazo del oso-, pero sería el hombre más entusiasta de la Tierra si lograra apartarlo de la Jefatura.


Los miembros de la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana, ansiosos por conocer la opinión de especialistas sobre los cambios políticos y económicos en el país, invitaron entre otros a Rosendo Fraga. Resultó curioso, una vez concluidas las disertaciones, un comentario de Fraga en su rol de historiador: sorprende -dijo- cómo Fernando de la Rúa cambió, en 15 meses, de constituir el «gobierno con más peso de Buenos Aires en la historia argentina a otro con el mayor peso de Córdoba en la historia del país».
Sostuvo que la fórmula presidencial se formó con dos hombres de la Capital y esto no había sucedido nunca. Luego, el Presidente integró el gabinete con porteños o bonaerenses -salvo el mendocino Alberto Flamarique- de modo que el interior sólo tuvo una representación de 10% en la administración, algo que jamás había ocurrido. A 15 meses de gestión, ahora De la Rúa también introduce un antecedente único: le concede a Córdoba una presencia mayoritaria y la convierte en la que más poder dispone en la historia (y eso que Fraga no mencionó el aporte y entendimiento que el gobernador José Manuel de la Sota le ha cedido a la trilogía De la Rúa-Chrystian Colombo-Domingo Cavallo).
Para este nuevo cuadro, citaba el buscador de singularidades que los cordobeses son el propio mandatario, también su ministro de Economía (Cavallo), el de Interior (Ramón Mestre, que nació en otra provincia, pero creció políticamente allí), el de Justicia (Jorge de la Rúa), el de Infraestructura (Carlos Bastos) y el de Educación (Andrés Delich quien, si bien nació en forma circunstancial en Francia -donde estudiaba su padre, Francisco, todos sus aprendizajes se hicieron en la provincia medi
terránea).
Precisaba Fraga que 50% del gabinete hoy es cordobés, nunca la provincia tuvo tanta influencia nacional en dos siglos de historia y que ese fenómeno ocurriera en apenas 15 meses y luego que el Presidente inicialmente también le había concedido esa primacía a Buenos Aires.

Se habló en los corrillos de otros dos temas importantes: ¿hasta cuándo seguirá el proceso recesivo en USA? y ¿cuán cierta es la posibilidad de que la Argentina y Brasil ingresen al ALCA? Para la primera cuestión, los empresarios norteamericanos explicaban que en su país los economistas apelaron al abecedario para resolverla: unos creen que se trata de una «V» (por lo tanto, rebotará pronto), mientras otros estiman que la situación debe caracterizarse con una «U» (o sea, un ciclo más largo de estancamiento con posterior recuperación). Quedan, no obstante, algunos pesimistas: son los que hablan de la «L (una etapa duradera de recesión).
Por suerte no apelaron al sánscrito, donde las oscilaciones y ondulaciones de las letras son mucho más violentas, quizás más acordes con la volatilidad que domina al mundo. En cuanto al ALCA, se debatió largamente y hasta se incorporó un dato vital: muchas regiones de Brasil, en oposición al poder concentrador de San Pablo de fuerte influencia sobre el presidente Fernando Henrique Cardoso, están interesadas
en esa posibilidad de asociación.
Aunque hubo abundante información sobre el favorable impacto que produjo el NAFTA en México en materia de exportaciones, nadie ignora que no es lo mismo dormir espalda a espalda con EE.UU. que disponer de ese socio a muchos miles de kilómetros. Aún así, se reconoce que la tendencia apunta a la constitución del ALCA, a pesar de que la suba de aranceles en la Argentina hoy parece una jugada contra la naturaleza. Nadie cree que estas medidas cerrando la econo
mía persistan por mucho tiempo.

Si alguien quería escuchar sólida información económica debía acercarse al Hilton de Puerto Madero: allí, con la excusa de la presentación del libro de Enrique Blasco Garma «Dolarizar», se organizó un panel interesante compuesto por el propio autor más Juan Carlos de Pablo, Ricardo Arriazu, un discurso de Carlos Rodríguez -mandó su «paper» por un problema de garganta y fiebre-y hasta Carlos Menem. En el poblado salón, mientras, se repartían nítidamente las audiencias: la convocada por Blasco Garma (casi todos de la profesión) y la que acompaña al ex mandatario.
Entonces, por un lado se repartían Alejandro Estrada, Carlos García Martínez, Ricardo Folcini, Orlando Ferreres, Jorge Bustamante, David Espósito y, por el otro, Constancio Vigil -editor del libro-, Pacho O'Donnell, María Julia Alsogaray, la diputada Ana Mosso, el médico Alito Tfeli, el ex jefe de la Armada Carlos Marrón y hasta Gerardo Schamis. Quien le cuida la salud a Menem nada parecía saber del colega que lo reemplazó en la Casa Rosada, pero se interesó cuando le informaron que De la Rúa no le prestaba demasiada atención a ese tema.
¿Pero el doctor Muro -quien le salvó la vida a Raúl Alfonsín-no lo acompañaba al principio, inclusive hasta trasladaban equipos especiales como correspondía? Le dijeron que no, a pesar inclusive del ministro Héctor Lombardo, molesto como otros profesionales porque a veces De la Rúa se receta por su cuenta (por un dolor de estómago u otro problema menor) y manda a comprar un remedio sin consultar a su médico o el absurdo de confiscarlo a éste en un hotel a 15 cuadras de distancia de donde pernocta el Presidente cuando éste viaja (Muro, molesto por esta desaprensión y alguna interna adicional, dejó la responsabilidad). Tfeli no podía creer lo que escuchaba.

Pero no era de salud la reunión en el vistoso Hilton. Allí Arriazu, quizás el verdadero mentor ideológico de la convertibilidad que luego instrumentó Domingo Cavallo, relataba su vinculación con Blasco Garma cuando ambos estudiaron en Chicago y las discusiones entre Milton Frydman (a favor de la flotación) y su admirado Robert Mundell por el tipo de cambio fijo. También, a los que no fueron sus alumnos, les planteó la pregunta de quién fue el mandatario que había hecho inscribir en el epitafio de su tumba las razones por las cuales había devaluado con palabras iguales a las que manifestó Cardoso en Brasil hace unos meses. Se azoraron todos cuando precisó que se trataba del emperador Dioclesiano.
En materia de referencia histórica, parte de la tesis de Blasco Garma alude a que una moneda única, tal vez el dólar, sea la unidad de cuenta en el futuro. Algo tan lógico como aceptar el metro como unidad de medida. No lejos de esa inclinación por el proceso inevitable, casi obvio de «dolarizar», estuvieron Arriazu, Rodríguez -naturalmente Menem, con un discurso más aprendido que leído-y el propio De Pablo, quien también exprimiendo a Mundell señaló que éste anticipó que en un mundo de 200 países sólo regirán unas cuatro monedas. «Y nosotros, los argentinos, ¿creemos que una de esas cuatro será el peso?», bromeó con estilo televisivo el vecino de Domingo Cavallo.

Impresionó la cantidad de comensales en la reunión mensual de la peña Joaquín V. González en el Circolo Italiano: más de 400 personas, que obligaron a habilitar los tres salones de lo que fue la casa de los Leloir.
En la mesa principal, Carlos Menem, Archibaldo Lanús, Blanca Isabel Alvarez de Toledo, Guadalupe Noble, Gigi Rua, Teresa Calandra, Betina Romero, Marina Dodero, Cora de Alvear y el organizador de la peña, Ricardo Romano. Como de costumbre, pocos menemistas confesos y casi ningún peronista en estos encuentros en los que Menem prefiere estar con personas tradicionalmente ajenas a la historia de su «movimiento». Estaban Jorge Asís, Ricardo Fiorito, Carlos Escudé, Horacio Ferrer y su mujer Lulú, Eduardo Santamarina, Germán Neuss, Lita de Lázzari, Jorge Britos, Fernando Miele, Marcia Zicchi Tysen, Patricia Langan, Beatriz Haedo de Llambí, Mario Granero, Jorge Castro, Juan Bautista González Alzaga, Hernán Bunge, Enrique Larreta, entre otros.
Se sirvió un republicano arroz con pollo y helado con salsa de frambuesa y, como siempre, se presentó a un orador: esa noche del martes fue «Archie» Lanús, quien -como si se tratara de una especie de psicoanalista-buscó reparar el orgullo nacional, desmintiendo a «las usinas que nos quieren hacer creer que somos un país inviable, condenado a la depresión». Lanús dio algunos datos para justificar que se debería ser optimista: «En los años '90 la Argentina realizó la revolución agraria más importante de la historia, batimos el récord en biotecnología y nuestro sistema institucional de administración del campo se estudia por su mayor eficiencia respecto del europeo y el de Estados Unidos». Lanús agregó que el año pasado vencimos a Canadá, Alemania y Francia en la venta de un reactor atómico a Australia y se convirtió en el primer referente mundial de producción de radioisótopos.
Sobre la globalización -fenómeno que se produjo varias veces en la historia occidental, aunque a escalas distintas de la actual-Lanús hizo notar que habitualmente se tarda en advertir los grandes cambios y entender la lógica de una nueva era. Dio este ejemplo: «El Ford T pasó de costar 780 dólares en 1910 a 316 dólares en 1913. Ese año Henry Ford resolvió aumentar el salario a 5 dólares por día y 'The Wall Street Journal' tituló que se trataba de un crimen económico. Todavía no había entendido los efectos de la producción en serie y de la masificación del consumo». Después encantó a las damas con un ejemplo de globalización actual, contando cómo se fabrican los pañuelos Hermes: «La seda se fabrica en China, se imprime en Marruecos, en Fez, donde las bordadoras hacen el ruloté. En París lo único que se hace es el planchado y se los pone en cajas. Es decir, nada que tenga que ver con el proceso productivo y, sin embargo, esos pañuelos son una de las imágenes de Francia». Lanús comentó otro caso, el del gobierno de India, que decidió hace unos años promover mediante becas los estudios de administración y contabilidad en el exterior. Con esos profesionales, en el norte del país (la localidad se llama Bangalore) se formó una especie de «oficina global» que lleva adelante la contabilidad de grandes empresas. Swiss Air, por ejemplo, ya le confió el control de todo su tráfico de carga y pasajeros y son cada vez más las empresas que contratan allí servicios de escritos, traducciones, contabilidad que se prestan en muchos casos contrahorario.

Menem habló después de quien fue su embajador en Francia. «Como mi amigo Mariano Grondona, soy el encargado de hacer una suerte de síntesis sobre lo que dicen los invitados», bromeó. Y sacó la siguiente conclusión sobre las afirmaciones de Lanús: «Frente a la globalización que nos ha pintado el embajador, ¿qué sentido tiene seguir hablando de Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social?». Un paso más en el entierro del peronismo tradicional que viene realizando Menem desde hace una década. Finalmente, el riojano se quejó del gobierno diciendo que «lograron lo que todos queríamos evitar: convertir en realidad la ingobernabilidad».

Teresa Calandra fue quien más animó la mesa de Menem, entreteniéndolo con mil historias de «reality shows». Comentaba que los de aquí son juegos inocentes al lado de los que ella había visto en España o Suiza. «Hubo uno en el que se encerraba a 10 personas golosas con todo tipo de manjares durante dos semanas. Se les daban exquisiteces francesas, italianas, vienesas y se declaraba ganador al que menos hubiera engordado. Ganó uno que engordó «apenas» 15 kilos. Como Menem se mostró entusiasmado con los relatos, la Calandra siguió contando. «Hubo otro programa en el que se reunió a 16 personas, 8 mujeres y 8 varones, y se los filmó durante todo el tiempo a lo largo de 15 días. Ganaba quien se resistiera más exitosamente a cualquier relación sexual...» Menem interrumpió: «Pero eso no era un reality show, era una violación a los derechos humanos».

Al cumplir 47 años, una mujer decide hacerse una estética completa. Invierte $ 15.000, pero quiere comprobar si lo gastado dio resultados. Se para frente a un kiosco y le pregunta al diariero:
- Discúlpeme, pero ¿qué edad piensa que tengo?
- Y unos 30 años... - En realidad, tengo 47. Y sigue su camino, contenta. Entra a un banco y repite la pregunta:
- ¿Alrededor de 35? - No, 47, responde feliz. Lo mismo le pasa en el supermercado; al pagar la cuenta, le pregunta al chico que le embolsa la compra y éste le dice:
- Y... ¿29? - No: 47; ¡pero muchas gracias!
Está por subir a su auto, en el estacionamiento del súper cuando ve venir a un señor algo mayor. «Voy a hacer la última prueba con este buen hombre», piensa. Y formula la pregunta de rigor. El anciano responde:
- Tengo 78 años y la vista me falla. Pero cuando yo era joven había un método infalible para decirle a una mujer su edad: necesito tantearle los senos...
La mujer, sorprendida, duda pero la coquetería la vence y accede al insólito pedido. Un buen rato después, el hombre sigue en su tarea y la mujer, impaciente, le pregunta:
- ¿Y, señor, cuántos años le parece que tengo?
- Sin duda: 47. - ¡Pero esto es asombroso! ¿Cómo lo supo?
- Porque yo estaba detrás de usted en la cola del súper...

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