Charlas de quincho

Secciones Especiales

Baile hasta las cuatro de la mañana en un club de San Telmo para festejar los 53 años de un funcionario clave y discreto. Muchas revelaciones en la pista setentista (por la música y por la edad de los danzarines) y también algunos interrogantes. Por ejemplo, ¿cómo viven los ministros con sueldos de $ 3.000? Allí nos enteramos de los entretelones de la reunión de Néstor Kirchner y Felipe Solá en La Plata, a mediados de la semana pasada. Más reposado resultó el cóctel en la Embajada de Chile para recibir a su nuevo titular. Y es curiosa esa calma ya que bajo el mismo techo convivieron por un par de horas Ricardo López Murphy, Hebe de Bonafini, Martín Balza y su confesor Bernardo Neustadt. Imperdible allí el relato sobre el encuentro Kirchner-Chirac. El lector peregrinará, como sólo sucede en los quinchos, desde un asado del duhaldismo en el conurbano hasta un brindis con Paloma Herrera en el Colón. Veamos:

•plain Baile y self service en un club cuya principal característica política es que Eduardo Duhalde hace sauna, Raúl Granillo Ocampo juega al tenis y José Octavio Bordón se ejercita en la cinta. En el San Juan Tenis, Alberto Iribarne -síndico general de la Nación-festejó 53 años, hoy más atendidos que en ocasiones anteriores porque él debe revisar las renegociaciones por contratos y vigilar, sigilosamente, lo que ocurre en el PAMI. Ex preferido colaborador de Carlos Ruckauf, Carlos Corach -a quien convirtió al peronismo cuando eran docentes de Derecho bajo la tutela antiperonista de Alberto Spota y Jorge Vanossi-y de Eduardo Duhalde (ausente porque cumplía años una de sus hijas), ahora Iribarne repite funciones con otro amigo y casi partner, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien sorprendentemente no concurrió a la fiesta. Hombre claro para elegir relaciones.

Sí lo hizo, en cambio, Felipe Solá, gobernador de óptimo humor, al menos por la única performance que le interesa: el comportamiento de las encuestas en Buenos Aires, distrito donde aventaja rivales por la casual -habría que decir-división de sus rivales Aldo Rico y Luis Patti. Contento también por su relación con Néstor Kirchner, a quien dice envidiarle hoy el fervor popular. «Fijate -repetía-que hasta los empleados de mi gobernación salieron a saludarlo desde las ventanas. Son unos canallas -sonreía-porque eso no lo han hecho por mí, y eso que vivimos juntos.» Es cierto: nunca se aprecia lo que se tiene en casa, aunque no se sabe si esto tiene validez en la política. Después, para puntualizar su afinidad con Kirchner, contó la intimidad de la comida en la que participó con el Presidente y con al menos tres de los Fernández del gobierno: Cristina, Alberto y Aníbal (ministro que hoy pasa como el mayor contacto de Solá en la Rosada). También estuvo Ginés González García, el mismo al que el mandatario levantó en peso desde Washington por un escándalo con medicamentos oncológicos del PAMI. Solá hasta le hizo un regalo a Kirchner: un cuchillo, demasiado fino para el asado, apropiado tal vez para la estética presidencial en su decoración familiar. Eso sí: le pidió una moneda a cambio, porque «si no, es pelea». Extrañamente, Kirchner entregó una moneda, no vaya a ser que la gente piense que se quiere pelear con todo el mundo.

• Alegría en la reunión (Iribarne estrena estado civil más joven), bastante setentista por otra parte, ya que de aquellos tiempos el agasajado integraba la FORPE (Fuerza Revolucionaria del Pueblo Peronista), en la cual a pesar de la altura se lo recuerda como dispuesto a la cultura física (o a la destrucción de la cultura física del adversario), junto al propio Solá, Carlos Chacho Alvarez y alguien que devino en actor y no era propenso justamente -cuidaba el aspecto, su futuro-a los encontronazos físicos: Gerardo Romano. De aquellos barros, sólo Felipe y su esposa Teresa, también otro de la época, Enrique Albistur, miembro de la corte de la Jefatura de Gabinete representada también por funcionarios como Juan Carlos Pessoa (vicejefe), Alejandro Mayoral (hermano del futuro embajador en la ONU) y Julio Vitobello, a cargo de la preciada sección presupuestaria y a quien la gente de Mauricio Macri piensa denunciar porque en la esfera oficial ha incluido a no menos de 20 impulsores de la lista de Aníbal Ibarra.

El tema de la Capital es capital para los del cumpleaños: Iribarne, que está con Ibarra por Alberto Fernández y el dispositivo de la Jefatura, también le debe amores a Duhalde quien acompaña a Macri y ha repetido a los de la Casa Rosada: «Nada de matarse en la primera vuelta así entran candidatos nuestros que van en las dos listas. Después, para la segunda, ahí no vale la pena enfrentarnos». Pero esa voz no se escucha, ya que Kirchner es del eslogan de Santucho: Todo o nada. Otro tema en los rincones del club fue la rigidez salarial que padecen los ministros, quienes tal vez no podrían soportar una integral de la DGI ya que perciben 3 mil pesos de sueldo (obra y gracia de la breve gestión de Adolfo Rodríguez Saá). Todos se quejan, pero Kirchner sonríe: dice que muchos pagarían por ser ministros. Pero ese razonamiento pueril, casi para la radio y la TV, ya empieza a encontrar resistencias y, quizá, recovecos. Antes, los funcionarios se arreglaban con «sobresueldos» de vaya a saber qué organismo (en rigor, todos saben de qué organismo se trata) o, como en Justicia, donde esos extras provenían legalmente de entes cooperantes (los registros de inmuebles o de automotores, por ejemplo, le otorgan un porcentaje de sus gabelas al Estado). Empieza lo que ocurre en toda administración, pública o privada.

• Casi un tema sindical, como el de Ofelia de Fernández, otra del mismo apellido que es suegra de Kirchner. Mujer interesada en los gremios (fue militante de Aedi), cercana al de Rentas de Buenos Aires, se infiltró en la guerra chica de la intendencia de La Plata: ella apoya a Pablo Bruera, auspiciado por el ex jefe de Gabinete Alfredo Atanasof (con venia de Duhalde, claro) y ya se ha hecho ver como estrella de los mitines, a pesar de que le habían recomendado abstinencia electoral (como a Eduardo Sigal, quien en julio fue a un acto diciendo «estamos en el último día de Julio», por Alak, el candidato oficial del PJ). La suegra de Kirchner le reprocha a Alak, hoy primero en las encuestas, haber seguido a Carlos Menem y, como ella siempre fue opositora, no lo quiere. Pero Alak, en verdad, siempre estuvo con Duhalde en los momentos clave. Para la gente del cumpleaños, lo de esta mujer no deja de ser una sorpresa, ya que la inquietud sindical de los Kirchner siempre existió; primero porque la pareja trabajó en un gremio platense (a instancias de mamá Ofelia) y, segundo, porque la hermana ministra estuvo casada con un petrolero dirigente, «bombón» -ése es el pseudónimo-, del cual hoy está casi separada. Los «gordos» de la CGT tampoco ignoran esta debilidad y, mientras miran la fiesta -no la de Iribarne, claro-, se ríen del Todo o Nada y esperan: saben que tarde o temprano tendrán su lugar, como ya lo logró el camionero Hugo Moyano, quien gracias a sus menudencias en el transporte ha logrado que el Presidente le preste algo más que atención.

Sabio cóctel en la Embajada de Chile: reunió a pocos políticos (en rigor, los había convocado a uno previo, más reducido, para la gente del sindicato) e invitados de distinto origen, filiación y actividad: Mirtha Legrand, Bernardo Neustadt, María Marta Serra Lima, Ricardo López Murphy, Hebe de Bonafini, Martín Balza, el ingeniero Pellegrini, de River (quien debe suponer que sabe de fútbol porque los árbitros de Julio Grondona le conceden partidos ganados como el de ayer frente a Nueva Chicago) y una nutrida delegación de empresarios. Soltura en la tarde, tal vez estimulada por el pisco y un blanco de excepción que hicieron estragos frente a la poca solidez de los bocaditos. Se presentaba el nuevo embajador, hombre que se hará notar en Buenos Aires: Juan Gabriel Valdez es hijo de un canciller de la DC que no prosperó como candidato a presidente, argentinófilo -hincha de Boca-, secretario de Orlando Letelier cuando lo asesinaron en los Estados Unidos, dueño de vivienda y playa exclusiva en Zapallar llamada «El Pangue» y último embajador de su país en Naciones Unidas cuando votó en contra de la invasión a Irak.

• Balza, agradecido por haber mudado a la profesión de diplomático, negando que hubiera cenado con Carlos Menem -ahora parece que ése es un delito, cuando antes lo vivía como un privilegio-; la Bonafini, eufórica como si hubiera accedido al gobierno; y López Murphy, atendiendo clientes ya que, como se sabe, desde Santiago siempre se lo consulta. Los artistas, a su modo, todos hablando de rating (Neustadt porque vuelve a la radio, la Legrand porque no cede un punto y la Serra Lima anticipando un recital en Punta del Este).

Copiosa en material fue la reunión, ya que, por ejemplo, se detallaron episodios desconocidos del último viaje de Kirchner a Europa. Con picardía de diplomáticos advertían que la visita a Jacques Chirac debe haber sido considerada por el mandatario argentino como «una caída por sorpresa a la casa de un amigo», ya que llevó 7 personas en lugar de 4 como estaba convenido. Menos mal que no iba a comer, bromeaban. Lo cierto es que hasta el propio Chirac se sorprendió y tuvo que ir a buscar más sillas a un cuarto vecino. Muchos se preguntaban para qué había llevado Kirchner al jefe de la SIDE, Sergio Acevedo, a esa reunión. ¿Para hacer un informe o para contar anécdotas cuando volviera en los bares de Santa Cruz? Si había ironía en esos comentarios, más hirientes se volvieron cuando se informó sobre el diálogo Kirchner-Chirac, especialmente la parte referida al FMI. Como es obvio, el argentino expuso sus críticas al organismo y, con elegante dureza, el francés respondió.

• «Sabe, Kirchner, yo también he hecho objeciones al FMI, pero como usted sabe es un organismo que se creó con una lógica capitalista, para ayudar a los países, para auditar sus cuentas, para mejorar el comercio y otros propósitos loables en beneficio de las naciones. Créame, y en esto usted tiene que estar tranquilo, el FMI no fue creado para destruir a la República Argentina.» Jarra y blanco, leche. Pero, igual, parece que el embalado Kirchner no entendió y prosiguió en su monserga contra el FMI que dañaba a los países emergentes. Entonces, hombre de café experimentado, intervino Rafael Bielsa para salir del atolladero y, conocedor de la forma en que los franceses tratan a sus ex colonias africanas, desvió la conversación hacia un acuerdo entre Francia y la Argentina sobre la UNESCO.

De ese viaje, también se rescató otro episodio, cuando Kirchner recibió a una delegación de derechos humanos alentándolo por la futura liberación de las extradiciones. Como una de las dirigentes era una señora de avanzada edad, el propio Kirchner se interesó por saber desde cuándo estaba en París. «Estoy exiliada desde 1952 -confesó la mujer-, cuando estaba el general Perón en el poder.» Ella, aparentemente, se había ido del país luego del intento golpista del general Menéndez de l95l, donde todos luego terminaron presos en el Sur (entre ellos, los que luego fueron generales Sánchez de Bustamante y Alejandro Agustín Lanusse). Por supuesto, para Kirchner esto resultó excesivo y se les quejó a los dirigentes que habían llevado a la veterana e insistente crítica de los gobiernos argentinos. Lo mejor de todo lo que se escuchó en la embajada fue otro diálogo, quizá presunto, entre Kirchner y Felipe González, esta vez en su paso por España. Alegaban que el mandatario argentino alabó a González, «quiero hacer un gobierno como el suyo» (sin el caso Filesa, entre otros, claro), y le pidió un consejo, a lo que el español replicó: «Simplemente una cosa: no mire para atrás».

• Como Chile siempre ha sido un país preferentemente considerado por los británicos, era obvio que allí también se hablaría del desliz -para la Casa Rosada fue una forma de «dar testimonio»- de Néstor Kirchner por hablar de Malvinas con Tony Blair cuando esto no figuraba en la agenda. «No consiguió nada, salvo salir en los diarios locales, cuando en estos casos hay que respetar el lenguaje diplomático ya que de ese modo se protegen los intereses de ambas naciones. Además del módico 'comprendo' de Blair, a la Argentina le despacharon un exabrupto -vía un funcionario menorcon 'las Falklands seguirán siendo británicas' cuando, en verdad, ese litigio verbal no lleva a ninguna parte. Más que un error, diría que esa decisión de Kirchner no fue bien pensada y, mucho menos, evaluada con un profesional de la Cancillería», relató un especialista trasandino.

En el mismo círculo, con otros participantes, se comentó del tema de Irak con bastante versación. Ante la pregunta de ¿por qué sólo hay víctimas de soldados norteamericanos y no de ingleses cuando ambos ejércitos ocupan el mismo país?, se escucharon estos razonamientos. No es una cuestión de cantidad de ocupantes, explicaban, sino que los disturbios generalmente ocurren en distritos ocupados por militares de EE.UU. y no en los que ocupan los de Gran Bretaña. En ese aspecto, parece que hay diferencias notables en comportamiento y táctica. Como los ingleses disponen de vasta experiencia en ocupación (Irlanda del Norte) y en enfrentamientos con guerrilla urbana, saben que el mejor método para combatirla pasa por no enajenarse a la población civil, mientras los norteamericanos -menos expertos-operan más como fuerza de ocupación que de liberación. No construyen, según decían, una relación benévola con la gente, más bien son una policía ruda. Por eso les va mal.

• También se habló sobre el impacto de las secuelas de la guerra en los dos países, sobre cómo un éxito militar se puede volver una derrota política. Y, con visión pro-Londres, se admite que por la experiencia de Vietnam, George Bush se complica con la llegada de los «body bags» (soldados muertos) a EE.UU., ya que la justificación de la guerra -en verdad, casi una represalia por las Torres Gemelas, aunque Saddam no haya tenido que ver con el atentado-no suele ser tan importante para los norteamericanos como para los ingleses. Además, parcialmente han olvidado ese episodio. En Gran Bretaña reconocen que hubo un cambio de humor por la falsedad en la venta de la guerra (destruir armas químicas o de otra intangible devastación), cuando en rigor debieron decir que se trataba de implantar un sistema de verificación para que no proliferara un complejo bélico destructor. Pero, aun así, Blair -tal vez por la aparente candidez que trasunta-difícilmente sea volteado por los conservadores, ya que el líder de este partido (además de ser más de derecha) no es imaginado por los ciudadanos británicos como posible primer ministro.

Mientras la Serra Lima hablaba de su recital uruguayo, algunos insistieron con el curso político de ese país, donde se recolecta una multitud de firmas y se cambian medidas del gobierno. Como la que se viene, impidiéndole a la petrolera estatal (Ancap) que haga sociedades con otras petroleras extranjeras. Por razones de soberanía, claro. Pero que se sepa, Uruguay no tiene petróleo. Entonces el misterio de una nación que avanza hacia el socialismo y, por no cambiar, ya parece la más conservadora de la tierra. Singular estado: como querían premiarlo al pintor Páez Vilaró por decreto municipal, se decidió hacerle una estatua en vida. Para ser más diferentes aún, han exigido -también por decretoque sea el propio Páez Vilaró quien se construya su propia estatua.

• Asado político en Los Caudillos, estanzuela del escribano bonaerense Hugo Toledo, uno de los más dilectos hombres del duhaldismo. Por supuesto, estaba Eduardo Duhalde. Leer sobre la calidad de los chorizos y las conversaciones electorales en nota que va en página 13, pero en esta sección nos reservamos para contar minucias del incidente con el helicóptero de un gobernador que casi le cuesta la vida a un presidente. Obvio, las referencias son de un testigo y sufriente partícipe. El Bell que bajó de emergencia es un aparato de paseo de la gobernación salteña, y el piloto advirtió: hay demasiada gente. Kirchner dijo: «Dale, dale», despreciando los otros dos helicópteros de la Fuerza Aérea (esto puede ocasionar un problema en la Casa Militar ya que posiblemente se cuestione la responsabilidad de quienes cuidan físicamente al mandatario). Luego que pasó todo, gracioso Aníbal Fernández le dijo a Kirchner: «Eso te pasa por llevar gente que pesa por la carga y no por los votos». Frase acorde con un ministro del Interior.

Varios de los pasajeros (Juan Carlos Romero, Eduardo Camaño, Daniel Muñoz, Kirchner) estaban apunados, tanto que Duhalde -el primero en subir-ya estaba dormido antes de despegar. Ni siquiera se dio cuenta, salvo por los gritos, que el helicóptero volvía a descender (el piloto lo hizo porque no eran compatibles altura de vuelo, peso de carga y temperatura exterior). Por supuesto, nadie se quiso subir de nuevo a los helicópteros, salvo Daniel Scioli, quien se atragantó en la Rural al día siguiente cuando el secretario de Agricultura, Miguel Campos, lo trató en público de presidente. No sabe aún lo que le va a costar el lapsus del otro.

• Kirchner, comentaban, era el único que se reía, tal vez porque dispone de muchas horas de vuelo en zonas inhóspitas. Repetía, «¿dónde está Basualdo?, ¿dónde está Basualdo?», en alusión a un piloto que tuvo durante 7 años, jefe de Gendarmería, uno de los mayores expertos en manejo de helicópteros de alta montaña (tiene el récord de subir a 6 mil metros para rescatar al hijo de un jefe militar que se accidentó en el cerro Mercedario). Eso fue todo el incidente y, de lo que quedó, fue el agravio a los gobernadores: los hizo esperar casi media hora mientras besaba a cada coya que lo quería besar y, tanto a Julio Miranda, como a Romero y Eduardo Fellner les quiso mostrar «cómo me quiere el pueblo». Hasta le dijo con ironía a Romero: «Ya recibí a Maza, también a Marín, ahora a vos, no me pidan que haga más por el menemismo». Mucha desmesura, nadie olvida los detalles, ni el propio Duhalde que comía el asado en Los Caudillos, a quien Kirchner no mencionó jamás en su discurso a pesar de que lo tenía al lado y, por lo menos, al que le debe un porcentaje del poder que tiene y disfruta.

Volvió Paloma Herrera, y el Colón, para festejar el XXV aniversario de la Fundación, organizó un brindis con pocos invitados y el cuerpo de baile entero. Todos contentos porque el público había aplaudido enardecido -todavía sorprende ese contagioso entusiasmo de la multitud cuando le gustan los bailarines-las vaporosas destrezas de la Herrera y el brasileño Marcelo Gómez (aunque el premio mayor se lo llevaron dos hombres que bailaron tangos con firuletes de extremado clima sensual). Estaba la presidenta de la Fundación, Teresa Bulgheroni (con sus padres), el «mozo» Aguirre Lanari, su amiga Teresa Anchorena, Gino Bogani, Alejandro Cordero, Marta Corral, Alberto Dodero, Alejandro Reynal, Clarita Cullen y Arnaldo Listre. La Herrera llegó tarde al brindis, la acaparó una periodista insolente, con un robe manteaux largo, negro, estilo retro, y mientras se hablaba del faltazo de Kirchner a la Rural más comidilla había por el borrón que la Bulgheroni impuso en la lista de donantes porque ya no donan. De política y economía se habló de lo pésimo que la pasa Roberto Lavagna con el Presidente -inclusive tropiezan en materia de modales-y que no habrá dimisión de José Pampuro ni de Rafael Bielsa por la discusión que tuvieron en Gabinete (publicó Ambito Financiero). Lo cierto es que, comentaban, Pampuro vive en una nube o hace vivir en una nube: no es cierto que las Fuerzas Armadas sean una familia y, por lo tanto, hoy quienes están en actividad defienden a los retirados. Por el contrario, esa simple distinción entre retirados y activos fue motivo de desaire. Lo que ocurre es que las imputaciones por violaciones a los derechos humanos no involucran a los retirados únicamente, también a los que hoy están al frente de las fuerzas. Ellos, tal vez, sean los más comprometidos porque en aquellos años eran quienes -por obediencia en casos, por convicción en otras-tuvieron que actuar en las calles contra la subversión.

• Quincho médico y final: se festejaba el cumpleaños del cardiólogo Luis de la Fuente, quizás hoy el más reconocido de la Argentina, riojano que tuvo cierta fama popular por haber atendido a Carlos Menem en más de una ocasión (aunque no fue él quien le operó la carótida). Para no alterar ciertas tradiciones orientales, la esposa, Inés Fitte, optó por incluir sushi como base gastronómica seguramente porque había invitados del exterior: los cardiólogos Simon Stertzer y Peter Fitzgerald, también el bioingeniero Clement (coinventor del catéter rotador), todos recién llegados de Stanford. Menos mal que el menú era frío (salvo una cazuela posterior), pues De la Fuente llegó exageradamente tarde debido a que había estado operando 9 horas sobre un paciente en la quinta cavidad cardíaca, uno de los últimos descubrimientos (a pesar de que el seno coronario fue descubierto por Da Vinci en el 1500).

También estaba el anatomista Adrián Barceló, el empresario Francisco Verstraeten Anchorena (Merrill Lynch) y, en verdad, hubo un rato para hablar de René Favalaro, de quien en el exterior todavía hay gente que no sabe que se suicidó hace 3 años. La reflexión sobre este gaucho de la medicina ocurrió a propósito de que a Stertzer se le recordó que hace 25 años, en los Estados Unidos, habían realizado la primera angioplastía. Curioso, junto con este médico, De la Fuente acaba de aplicar otro tipo de angioplastía inédita: se trata de romper la placa del colesterol con un catéter, a modo de taladro, absorber luego los desprendimientos y proteger la zona con una malla extensible (este nuevo método es especial para infartos y by-pass venosos obstruidos). «Matatin» De la Fuente en un momento recordaba, no sabía si para bien, que fue él quien convenció a Favaloro para que regresara al país cuando era un profesional exitoso en los Estados Unidos.

• Terminamos con un chiste de la línea suave y de actualidad, en momentos en que se debate la unión de homosexuales. Un viejo gaucho, vestido tradicionalmente, con bombacha, faja, sombrero, botas y espuelas, entra a un bar y pide una bebida. Mientras estaba sentado bebiendo su caña, una joven se sienta a su lado y después de pedir su trago se vuelve hacia el gaucho y le pregunta:

-¿Es usted un gaucho de verdad?

-Bueno... he pasado toda mi vida en un rancho, enlazando vacas, domando caballos, esquilando ovejas, alambrando y yendo de yerra en yerra.

Por todo esto, creo que soy un gaucho de verdad.

Después de un rato, el gaucho le pregunta qué es ella, y le responde:

-Yo soy lesbiana. Paso el día entero pensando en mujeres; me despierto en la mañana pensando en mujeres, cuando estoy comiendo pienso en mujeres, bañándome pienso en mujeres, viendo TV, ¡todo me hace pensar en mujeres!

Un rato después ella se marcha y el gaucho pide otra bebida. Una pareja se sienta a su lado y le preguntan:

-¿Es usted un gaucho de verdad?

-Yo siempre pensé que lo era, pero me acabo de dar cuenta que soy lesbiana...

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