3 de mayo 2004 - 00:00

Charlas de quincho

Publicamos hoy la primera parte de las charlas del fin de semana, que completaremos mañana. En una casona histórica devenida -por imperio de la decadencia argentina-en un restorán, se homenajeó en su despedida a un funcionario de la ONU. Curio-samente, no se habló de la crisis en Irak sino de carpetas que tendrían el actual ocupante de la Casa Rosada y su antecesor, y que podrían emplear el uno contra el otro en una pelea creciente. En un hotel de lujo, una embajada desafió la inseguridad para celebrar la creación de su país. Casi no hubo funcionarios del gobierno, lo que no dejó de llamar la atención a los anfitriones. En cambio, fue un intendente, del que se dice se lanzaría como candidato presidencial para 2007. En otro «cinco estrellas», el mismo ex presidente de las carpetas agasajó a otro enviado internacional, quien no sabe todavía a quién debe entrevistar en la secretaría que tiene relación con su tarea específica. Veamos.

Carmelo Angulo, Ginés González García y el colombiano Carlos Felipe Martínez (viene de cumplir una misión para la ONU en Bolivia), en la despedida del representante de Naciones Unidas en la Argentina.
Carmelo Angulo, Ginés González García y el colombiano Carlos Felipe Martínez (viene de cumplir una misión para la ONU en Bolivia), en la despedida del representante de Naciones Unidas en la Argentina.
• Decadencia argentina. Tal vez. Lo cierto es que la casa que Julio A. Roca decidió construir para sus cinco hijas en San Martín al 500, inaugurada en 1908, ahora se convirtió en un restorán. No sería nada el destino, ya que el lugar mantiene cierto estilo, al menos frente a otros locales y viviendas en esa porte-ña zona degradada que es el microcentro. Lugar comprensible para despedidas, entonces, la del delegado de Naciones Unidas en el país, Carmelo Angulo, hombre -quizá por provenir del socialismo-que motorizó desde su cargo esos diálogos utópicos con los gobiernos de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde para resolver vaya a saber qué crisis recurrente. Típico de la burocracia internacional, pero como el personaje es simpático y ayudó a generar contratos de trabajo (a cierta gente), la mesa que se le tendió tuvo protagonismo: del ministro Ginés González García al empresario Oscar Vicente, del obispo Juan Carlos Maccarone al ministro de la Corte Juan Carlos Maqueda, de la separada Teresa Solá al embajador Manuel Alabart, del bajo perfil de Jesús Rodríguez o Enrique Olivera al desaparecido frepasista y clon de Carlos Chacho Alvarez, Darío Alessandro.
  
Los argentinos, interesados en Angulo porque seguramente tendrá cabida en la Administración Zapatero, se regocijaban o preocupaban por la reyerta Kirchner-Duhalde. Todos hablan de carpetas, decía uno, pero nadie sabe a quién se refieren. «O se refieren a tantos, que no hay carpetas», planteaba un duhadista seguramente amenazado por carpetas que el actual oficialismo dispone sobre la gestión del oficialismo anterior. «No nos compremos las historias que cuentan los diarios.» Entonces, frente a esa disertación, otro precisó: «Mirá, el propio Kirchner le tiró dos carpetas a Duhalde. Una está referida a Carlos Caterbetti, ex interventor en el COMFER y la otra lo compromete a Oscar Rodríguez, el que fue segundo de la SIDE y es marido de la senadora Mabel Müller» (quizá la mejor amiga de Chiche Duhalde). Se concluyó que esos episodios, más allá de lo que supongan, no es lo más grave para afectar a Duhalde, quien a su vez -como respues ta- ya dispone también de carpetas propias. Una, por ejemplo, historia la conducta y reveses financieros de Carlos Kunkel y de varios de sus acólitos en el sudeste del conurbano; otra detalla nombres y apellidos de «riquistas» (Aldo Rico) que ahora se convirtieron al kirchnerismo. Así está la confrontación, aunque parece morigerada porque a Duhalde -según dice- le gusta elegir el momento del enfrentamiento, no que se lo impongan las circunstancias.

• Hubo una bandejeada que incluyó hasta mariscos, luego un goulasch, impresiones de cada uno sobre el ciclo Angulo y discurso final de éste que parecía lanzarlo a la política local, más optimista inclusive que sus ocasionales compañeros de mesa. Rodríguez se quejaba por la forma de conducir las sesiones que hoy tiene el peronismo, Olivera bromeaba sobre sus antepasados de la Casa Braganza y el ministro Ginés afirmaba el dolor que sentía por postergar una novela histórica, en San Nicolás, por la exagerada actividad al que lo obligaba la cartera. Todos se compadecieron, mucho más Maccarone, quien como obispo está justamente para consolar. Ni él le preguntó al ministro si era cierto que, el martes pasado, a Kirchner le volvió a trepar la presión en forma inquietante y requirieron, otra vez, al médico sureño Bonomo. Si lo hubiera sabido, tampoco González García lo hubiera confesado: secretos de la profesión (¿médica o política?).

Despliegue policial infrecuente en las cercanías del Alvear. Lógico, aniversario 56 de la Independencia de Israel (Iom Haatzmaut) y, por los datos que arrecian de Medio Oriente, cualquier lugar puede ser blanco terrorista. Si bien la Argentina ya padeció dos brutales impactos y los eventuales atentados se presumen en Europa o Estados Unidos, en la región sigue siendo el país que más puede tentar (la tercera comunidad judía fuera de Israel) a los fundamentalistas de la violencia por su inseguridad manifiesta. Y, cuando se habla de la existencia de tres a cuatro millones de potenciales suicidas de las organizaciones guerrilleras árabes, fácil es imaginar el daño que estos grupos podrían causar con mínima inversión. La exigente custodia en las cercanías -más para vehículos que para personasse volvía más distendida dentro del hotel y no fue larga la espera habitual para el besamanos del embajador.
Todos saben que los santa-cruceños parecen «chúcaros» con ciertos convites diplomáticos (para Kirchner son, casi razonablemente, «pérdidas de tiempo en la vida del funcionario público»), pero aun así resultó casi ofensiva la ausencia absoluta de representantes del gobierno nacional en esa fiesta. Ni de la Cancillería se rescataron personajes expectantes, y eso que esa cartera se supone dedicada a estos menesteres. Pero, claro, la relación con Rafael Bielsa no parece atravesar su mejor momento. Era tan notoria la inasistencia oficial que algunas presencias, como las de Jorge Telerman, Aníbal Ibarra o Felipe Solá (por no hablar del parco embajador de EE.UU., Lino
Gutiérrez), se volvían las más atractivas para el mundo de las abejas y los zánganos. Claro, no iban a detenerse con el 4 veces por semana personal trainer del embajador anfitrión, Benjamin Oron, quien hizo su última fiesta porque ya deja el cargo.

• Como uno suele confundir, en ocasiones, la religión con el Estado, no se sorprendía entonces frente al íntegro menú «kasher» que reinó en la celebración (inclusive, ni para el asombro era ver en el hotel al ortodoxo e m p r e s a r i o Eduardo Elsztain con la kipá utilizada en los templos). Bandejas con knishes de papa, keppe frito, burekas de queso, boios de verdura y sarma (arrollados de hoja de parra) y otras delicias dulces amenizaban la reunión, tentaciones para gente de todo color -creyente o no- que, como es de sospechar, necesitaba de líquido para digerir esas variedades gastronómicas consentidas por uno o varios rabinos, tan rigurosamente preparadas en la cocina del Alvear y bajo el control de su propietario, el también ortodoxo David Sutton. Pero, quien no se rendía al agua mineral o a los jugos, y optaba por el champagne «kasher», se lanzaba a una aventura olvidable. O inolvidable, ya que ni los judíos aconsejan incursionar en esa bebida.

Ibarra cautivaba atención por la novedad -al menos, para ciertos informados- de que inspira la construcción de un partido político para su propia candidatura presidencial en 2007. Esa decisión supone más de una interpretación inmediata: 1) no iría como número dos de Kirchner; 2) tal vez imagina que no se presente Kirchner; y 3) no cree en un triunfo de Kirchner. Ni a Telerman se lograba hacer hablar de este tema, aunque a él ciertos desencuentros con la Casa Rosada no parecen disgustarle, sea por autonomía o por diferencias con algunos inquilinos. Menos iban a hablar de esas cuestiones Oscar Camilión (felicitaba al titular del Teatro Colón, Gabriel Senanes, por la contratación de la barítono eslovaca de «La flauta mágica») o Antonio Cafiero, quien está sólo para homenajes propios (festejará hasta su intervención en Mendoza, de la que cosechó más de un disgusto), tampoco Rodolfo Terragno, María Laura Leguizamón, Marcelo Stubrin, Norberto Peruzzotti, Ricardo Branda, Pedro Stier, Federico Storani, Jorge Guinzburg. Menos, claro, los principales líderes de la comunidad judía (Manuel Junowicz, OSA; Jorge Kirszenbaum y Alfredo Neuburguer, DAIA; Abraham Kaúl, AMIA; David Stalman, Jorge Burkman, B'nei B'rit) o los rabinos Salomón Ben Hamú y Sergio Berman.

• Se sabe que ciertas lenguas se afilan cuando el destinatario no está. Es lo que ocurrió con Bielsa, quien aparte de votar contra la propuesta del muro de separación con los palestinos, no es bien recordado por su discurso del mes pasado por el atentado a la embajada. Hay clima poco feliz, además, por la evolución de los juicios, el apartamiento de fiscales, la posible liberación de detenidos y hasta la anulación de procesos. Para desgracia del canciller, se mencionó allí su presunto favoritismo para concederle asilo a Josu Laris Uriondo, un etarra que expulsó el Uruguay y que hoy está detenido a disposición del juez Claudio Bonadío. A este guerrillero lo acusan como responsable de diversos atentados en su país. Todo un tema del desaparecido Bielsa en el aniversario israelí, quien reapareció en una ceremonia del Palacio San Martín para darles diplomas a empleados de la casa. Es que es necesario cuidar el frente doméstico.
El dato más interesante, aunque sin precisión, que se escuchó en el Alvear fue que Carlos Kunkel -uno de los principales asesores políticos de Kirchner- sería uno de los designados para establecer una relación sensata con Juan Carlos Blumberg, sobre todo si éste insiste en realizar una movilización frente a la Casa Rosada. Nadie cree que esta iniciativa sea contra el gobierno, pero el más interesado en que no haya equívocos es el propio Kunkel.

Otro hotel (el Plaza) y, en esta ocasión, un agasajo para el comisario agrícola de la Unión Europea, Franz Fischler. ¿Quién invitaba? Eduardo Duhalde, jefe del Mercosur, y a su vera dispuso a Martín Redrado, Guillermo Nielsen, Alfredo Atanasof, el embajador de la Unión Europea Angelos Pangratis y el más caro ministro del Interior, Aníbal Fernández. Todos lo miraban a Nielsen, el hombre de la deuda externa y, por supuesto, devoto confesor de Roberto Lavagna: no porque alguno se interesara por la negociación o los nuevos títulos, sino porque en ciertos círculos se habla de José McLoughlin (hombre de bancos, especialista en títulos) como posible alternativa al secretario de Finanzas si éste no prospera en sus gestiones. Quienes saben, y no son muchos, sostienen que McLoughlin no necesita currículum ni presentación en la Casa de Gobierno.

• Más callado que nunca Duhalde en la comida (ensalada de verdes con parmesano con mousse de salmón y, luego, lomo con papas francesas), quizá por tener a Fernández como testigo. Si hasta se permitió elogiarlo: «Vas a ser el mejor gobernador que haya tenido la provincia», le dijo aceptando la idea del ministro de que se presentará en la provincia. Si no fuera que Fernández es tan pagado de sí mismo, habría advertido cierto tufillo de ironía en la declaración de Duhalde, acostumbrado a duros comentarios de su esposa Chiche sobre Fernández y al que sin empacho, cada vez que lo encuentra, le pregunta: «¿Por qué te portaste así con nosotros?». En verdad, un interrogante que los Duhalde le formulan o piensan formular con otros hombres de su cercanía, léase José María Díaz Bancalari o el ministro José Pampuro.
Plúmbeo el almuerzo, al menos las conversaciones, no sólo por el tedio de los protagonistas, sino también por la apelación a un traductor. Hubo brin
dis y hasta algunas palabras de Redrado, todo protocolar pues las cuestiones serias se habían discutido previamente en la Cancillería. Allí, el comisario homenajeado se pronunció críticamente sobre Brasil, alegando que este país no quiere abrir nada de su economía, sobre todo en comunicaciones y compras gubernamentales, piezas sobre las cuales sobrevuela la avidez europea de sus empresas. «Nosotros vamos a abrir Europa en la medida que Brasil abra sus mercados.»

El planteo perfora la política exterior argentina, tan apegada a Brasil en lo diplomático y con una economía que se abrió en los '90 sin demandar concesiones. ¿Para qué aguardar una larga negociación Mercosur-Unión Europea si las condiciones básicas la Argentina ya las cumplió con el Viejo Continente? ¿No convendría negociar en forma individual? Casi una duda que lo penetra a Duhalde (está Eduardo Amadeo para asistirlo) y, naturalmente, al propio gobierno. Nielsen, quien más de una vez participó en reuniones del Grupo de los 20, se ha asombrado de la actitud subordinada de Brasil con los Estados Unidos, mientras Itamaraty pregona otra política de nacionalismo. ¿Con qué Lula hay que quedarse?: ¿con el estatista de las Relaciones Exteriores o con el neoliberal del Banco Central y el Ministerio de Economía? Respuesta sólo para especialistas.
La misma pregunta podía hacer el homenajeado Fischler para el tema de Agricultura y Ganadería en la Argentina: ¿A quién hay que hacerle caso? ¿A los hombres de Lavagna en esa cartera o a los que responden a Julio De Vido? Los interrogantes, sin embargo, eran demasiado internos para una cumbre gastronómica tan importante como la del Plaza, casi como incluir en la agenda el pleito Duhalde-Fernández o el que más precisamente se advertía en la mesa: la tirantez entre el ministro y su ex colega Atanasof, hoy ambos en la pugna por la gobernación bonaerense y escondiendo a medias proyectos opuestos no sólo en la provincia. Si a Duhalde lo adormecen ciertos temas internacionales, Fischler en cambio se preguntaba cómo los argentinos (al menos, sus políticos) son capaces de perder tanto tiempo en necedades.

• Vamos a terminar con un chiste que apunta a averiguar qué es el éxito. Veamos:
A los 3 años, no mearse.
A los 6 años, recordar qué hiciste en el día.
A los 12 años, tener muchos amigos.
A los 18 años, tener registro de conductor.
A los 20 años, tener relaciones sexuales.
A los 35 años, tener mucho dinero.
A los 50 años, tener muchísimo dinero.
A los 65 años, tener relaciones sexuales.
A los 70 años, tener registro de conductor.
A los 75 años, tener muchos amigos.
A los 80 años, recordar qué hiciste en el día.
A los 85 años, no mearse...

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