Charlas de quincho

Secciones Especiales

¿A qué década retrotraen los últimos enfrentamientos generados por el Presidente? Esa era la pregunta que se escuchaba en la boda de la hija de un reputado abogado. La respuesta (y las pruebas que la respaldan) sorprende. Otra vuelta al pasado fue la de un ex presidente que, en la casa (hoy convertida en museo) de un viejo compañero de fórmula, reveló pormenores de su salida del gobierno, y su (para él) incomprensible relación con su entonces vice. En cambio, en un ámbito mantenido casi en la clandestinidad para evitar iras presidenciales, un ministro intentó restarles importancia a recientes incidentes relativos al combustible y a la prensa. Veamos.

• «No son los '70, son los '50.» A esos tiempos volvemos, parecía bromear uno de los invitados al casamiento en un momento de distracción política, a la que por supuesto muchos de los convocados se anotaron con premura. Era en la Rural y allí festejaban la boda de la hija de Andrés Marutian, famoso abogado especialista en transporte que fue secretario de Asuntos Penitenciarios en tiempos de Carlos Menem. Y él, espontáneo, insistía: « Volvemos a los '50, con Kirchner volvemos a los '50». Quienes dudaban o aspiraban refutarlo, primero debieron aguardar su exposición.

• Ya en enero sorprendió Rafael Bielsa cuando en su discurso en Naciones Unidas habló contra los fusilamientos de 1956, cuando un golpe cívico-militar peronista fue reprimido con la pena de muerte por el gobierno -también surgido de un golpe- de la llamada Revolución Libertadora.

• Hace menos de una semana, en la sede del Regimiento de Granaderos escolta del Presidente-, habló sin que fuera tradición el jefe del Ejército, Roberto Bendini, y dijo un encendido mensaje a favor de los Granaderos que en junio de 1955 defendieron la Casa de Gobierno mientras la aviación naval bombardeaba sin discriminar la Plaza de Mayo y sus alrededores. No estuvo el mandatario en la ceremonia -a pesar, claro, de que había comprometido su presencia-. Interesóel tono que le otorgó Bendinia su arenga, la que concluyócon la manifestación de que el Ejército está identificado con el proyecto político del gobierno. Este tipo de frases no se escuchaba desde la década del '50, cuando era común en los generales de Perón.

• Como había jóvenes uniformados que de esos terribles episodios carecían de información suficiente, más de un alto oficial les explicaba en Granaderos que (se suponía) los episodios traumáticos de los '50 se habían reparado en la Fuerza tres décadas atrás, cuando se le restituyó el grado militar a Perón y se impuso su nombre a la Escuela Militar de Montaña (así como la de Infantería se llama Pedro Eugenio Aramburu y la de Artillería Eduardo Lonardi). Para ellos, era casi extravagante el regreso al altri tempi por parte de Bendini (no se incorporan a estos fundamentos los comentarios sobre la causa que involucra al jefe del Ejército por irregularidades y que, según algunos, es parte de su motivación política al retorno de los '50).

• Más de esos años pasados: el propio Néstor Kirchner, en la misma semana, se preocupó por criticar un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa y aludió en contra del diario «La Nación», casi una réplica de lo que ocurriera con Perón con el diario «La Prensa» (con diferencias obvias este revival, ya que el diario que fuera de los Mitre ni por asomo hoy recoge la prosa y las denuncias que en su momento caracterizaron el medio de los Gaínza Paz). Aun así, se supone que la prensa no adicta en cualquier momento recibirá la visita poco agradable de las legiones oficialistas del piquetero Luis D'Elía.

• Con la Iglesia Católica se ha repetido una escena de los '50, ya que el año pasado se cumplió medio siglo de aquel conflicto entre Perón y la jerarquía de esa fe que derivó en la actitud más anticlerical que registra la historia argentina (con quema de iglesias y detención de cientos de sacerdotes).
También se creía que este litigio violento se había cerrado, con la reconciliación posterior de Perón con la Iglesia, pero la renovada porfía entre Kirchner y el Vaticano por la continuidad de monseñor Baseotto como obispo castrense hace imaginar situaciones semejantes a las del pasado. ¿Qué ocurrirá si Baseotto trata de oficiar misa en la iglesia castrense? ¿Se lo impedirán? Delicado tema en el cual, quizá, bien se sienta el actual nuncio, Adriano Bernardín, quien pasó buena parte de su carrera en territorios asiáticos donde es frecuente la pelea entre los gobiernos y la Iglesia.

• Si podía sorprender esta enumeración de casos para la máquina del tiempo de H.G. Wells, más conmovió el único comentario que se agregó a la suma de elementos regresivos expuestos en la fiesta. Sucede que, en los idus de marzo -alegó otro de los presentes-, al Presidente se le despiertan estas vueltas al pasado. Ocurrió en marzo del año último, cuando inauguró el Museo de la Memoria y volvió a los '70; ahora retorna a los '50. Entonces, ¿habrá que ver a qué tiempos decide regresar en los idus de marzo del año próximo? Sólo con buen humor se podía tomar ese retrato de la actualidad -aunque, para muchos, dista de ser humorístico-, al menos en los avatares de una celebración poblada con originarios de la colectividad armenia, abogados en exceso y empresarios de diversas actividades. Como el titular de Aerolíneas Argentinas (Antonio Mata), Sergio Taselli (Zapla, ahora en Parmalat con socio desconocido, ex del tren San Martín y hombre que conoce en detalle la urdimbre de la organización kirchnerista proveniente de Santa Cruz), Luis Aversa (ex de Freddo, hoy Volta), Eduardo Saladino (dueño de una multitud de hoteles en Mar del Plata), el ex ministro Rodolfo Barra, el ex jefe de Gabinete Jorge Rodríguez (con nueva novia, como él dice, arrancada de un jardín de infantes), Julio Raele, Carlos Tienda (de Tienda León, preocupado por los problemas de su avión privado), el camarista Juan Rodríguez Basavilbaso, Armando Canosa de smoking con su novia Milena (socio del padrino), Jorge Asís, Osvaldo Iglesias (también de Mar del Plata y parte de la nueva burguesía empresarial con sindicalistas y políticos como asociados), Liliana Grinfield (una de las máximas autoridades en angioplastia) y el simpático Settimio Aloisio, casi personaje de film en «Buenos muchachos» y, además de representante, padrino como corresponde del jugador Omar Batistuta. Sobre él cargaban todos para conocer entretelones del retiro del goleador, hace apenas una semana, y aunque Aloisio no aportó nada al respecto, insinuó que su ahijado podría comenzar, a los 36 años, una nueva vida como actor cinematográfico, ya que el año próximo debutará en una gran superproducción hollywoodense. También resultó llamativa la presencia de la vedette María Eugenia Ritó, acompañada del abogado Marcelo Salinas, y que exhibía un atuendo que no ocultaba casi nada de su anatomía.

• Quedó espacio para la fiesta, 800 invitados, con empanaditas y pata de ternera en el foyer más bebidas a granel de todo tipo (por ejemplo, 5 clases de daiquiris), mientras que en las mesas se sirvió un arrollado de queso con jamón, luego un lomo con torre de papas a la crema y, para seguir con las torres, el postre fue un promontorio de hojaldre con crema y dulce de leche. Hubo música con Héctor Suasnabar -quien estudió en la facultad con Marutian, pero ya parece su hijo-, siguió el baile hasta las 7 de la mañana, aunque la parte inicial parecía un recorrido por Mau-Mau: viejos militantes de ese espacio musical, rígidos, sin flexibilidad, al menos demostrando que ellos están vivos, no como el local desaparecido.

• Si de volver al pasado se trata, la propuesta en este caso es más cercana en años. Es que asistimos a la reapertura de la Fundación Balbín (que funciona como museo y en la que fue su casa de La Plata); concurrió el ex presidente Fernando de la Rúa, quien comprensiblemente vive de la nostalgia por lo que fue y no pudo ser. Allí, tan modestamente como el estilo del que albergó ese domicilio, se hizo la rentrée de la Fundación del ex mandatario, quien ante unos 30 invitados ( descollaban el ex ministro Juan Portesi y el ex diputado Juan Manuel Moure) confesó detalles crudos de su caída del gobierno (hecho que la historia todavía no ha sabido compilar y por el que la Justicia navega sin rumbo para establecer si hubo complot o no para derrocarlo).
Con nombres y apellidos, De la Rúa concentró sus críticas en aliados de la Alianza y del radicalismo: Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y Carlos Chacho Alvarez.
Curiosamente, no se refirió al posible jefe de la conspiración, Eduardo Duhalde, tal vez porque se trataba de un encuentro exclusivo de radicales. Sus acompañantes disfrutaban con el blanco de sus dardos, ya que Alfonsín -por ejemplo- no pasa los exámenes de sangre entre esos doctores de la política, indignados aún con el oriundo de Chascomús porque en 1973 fundó Renovación y Cambio como alternativa al balbinismo.

• De la Rúa cargó contra Alfonsín; lo imagina uno de los aceleradores de la crisis de su gobierno (se supone que en combinación con Duhalde); manifestó asombro ante actitudes de Alvarez y, sobre todo, encendió su lengua con Moreau, a quien calificó como el más opositor a su administración, al extremo de que ni siquiera acompañaba lo que el propio bloque del PJ le concedía en el Senado (tambiénen esa casa museo se olvidó de mencionar la relación de Moreau con Duhalde). Lo más desopilante, sin embargo, fueron sus reflexiones sobre Alvarez, ya que es necesario imaginar a un De la Rúa taciturno con rostro atónito ante sus propios dichos. «Es que a ese muchacho nunca lo entendí, a pesar de que formábamos una buena dupla. Pero no sé qué pasó, de pronto se me puso en contra, me acusó de todo y encima, cuando escribe un libro de memorias (de diálogos, para ser más precisos), no cuenta la verdad». ¿Por qué?, lo interrogaban sus conmilitones, como si no conocieran la historia, aunque necesitaban refrescarla para ajustar más tornillos. «No entendí lo del Chacho -señaló-, porque primero me renuncia sin darme explicaciones y enseguida se me aparece para traerme a Cavallo de ministro de Economía y, luego, apenas éste está para asumir me lo quiere poner a Chacho de jefe de Gabinete. ¿Ustedes entienden? Yo no. ¿Les parece lógico que renuncie como vicepresidente y, después, al poco tiempo, quiera ser jefe de Gabinete? No sé, no lo entiendo, pero debo admitir que hacíamos una buena dupla.»
Seguramente, por aquello de los opuestos, por lo del gordo y el flaco, por lo de que uno parecía vivo y el otro no tanto, aunque las últimas revelaciones indican que el vivo no lo era tanto. O demasiado.

• La tenida -adornada con un asado que solventó un sindicalista gastronómico de la ciudad, de apellido Rugo- sirvió para que algunos presentes, lejos del ex presidente, recordaran cuando lo impusieron como segundo en la fórmula presidencial del radicalismo, en 1973, acompañándolo a Balbín. Había un joven en ese grupo y preguntó por el relato completo. El dirigente que debía ir con Balbín era el chaqueño Luis León, pero el «Bicho» se había portado mal con Miguel Angel Zavala Ortiz, diez anos antes, cuando lo bajó como candidato a vice y nominó a Carlos Perette (Zavala Ortiz fue luegocanciller de ese gobierno Illia).
Quedaron enconos y, a pesar de que estaba decidido lo de León, una jugada de último momento lo desplazó. El autor, Facundo Suárez -amigo, claro, de Zavala Ortiz-, quien a la cabeza de un grupo de radicales porteños y del interior, impugnó a León y propició a una figura desconocida, De la Rúa. Lo gracioso es que De la Rúa ni siquiera sabía que lo habían propiciado, tanto que cuando le fueron a anunciar la novedad a primeras horas de la madrugada, los atendió por el portero eléctrico. Desde abajo, le dijeron: «Fernando, lo logramos: sos el candidato a vicepresidente de la Nación con el doctor Balbín». Respiró un instante De la Rúa, se supone, y contestó por el aparato: «Bueno, gracias, mañana nos vemos». Los otros quedaron azorados en la calle. Tanto o más que los amigos de Ricardo Balbín que, como todas las tardes, fueron a visitar al veterano líder al estudio. Entre ellos, Víctor De Martino y a quienes Balbín recibió en la puerta del estudio, sin permitirles entrar. Les dijo, como si tuviera algo oculto en la oficina: «Miren, vengan mañana, hoy no tengo nada que hablar con ustedes. Y, además, les agradezco mucho al pelotudo que me pusieron de vice». Después, les cerró la puerta en la cara.

• Luego de ese anecdotario histórico, siguieron las bromas con una normal ingesta alcohólica, también el beneplácito por recuperar una fundación que suspendió sus actividades porque quien la presidía, un juez emparentado con Balbín (Ricardo Ferrer), debió renunciar en su momento sorprendido por una cámara oculta en la que reclamaba favores de una empresa.
Lejos de esa anomalía, los radicales de Línea Nacional también se acordaban de un dirigente, Manolo Jaroslavsky (tío del célebre «Chacho»), que presidía la UCR metropolitana en los anos '60. Divertido, el personaje solía recibir a los jóvenes militantes y, restregándose las manos, les decía: «A vos te voy a meter el dedo en el culo». Los alelados jóvenes, cuando más tarde relataban el diálogo, recibían siempre la misma respuesta: «No te preocupes ni le hagas caso. Lo que ocurre es que Manolo es proctólogo y siempre hace el mismo chiste».

• Uno en Nueva York, otro en Theobald, a 50 kilómetros de Rosario. Uno, Juan José Alvarez, en el Four Seasons con el fiscal Martín López Perrando entrevistándose con Rudolf Giuliani y el jefe de bomberos de la ciudad estadounidense. Los argentinos viajaron para prevenir catástrofes como las de Cromañón y, de paso, se vieron con Henry Kissinger (indignado con Hugo Chávez, como era de prever). El otro, Daniel Scioli, acompañado por Francisco de Narváez en una exposición con Santiago Soldati, Martín Pando, Ignacio gutiérrez Zaldívar (exponía, otra vez, a Molina Campos) y Diego Videla para apreciar -también- una calesita con 12 caballos, lo mejor del campo al margen de los 400 expositores (todos contentos, dispuestos a comprar 4x4 ahora que sigue la seca en Brasil). Dos destinos diferentes, en lugares distintos, quizá con un destino común. Es que ni Alvarez ni Scioli están distantes de lo que ocurra con Aníbal Ibarra en la Capital Federal. Alvarez, a quien se sindica como experto en «cerrarles los ojos» a algunos (caso Adolfo Rodríguez Saá como presidente de la Nación), estaba feliz de no estar en su despacho porteño con el aluvión de versiones que arreciaron sobre el jefe de Gobierno (desde coparle la gestión hasta su renuncia). A ver si se confirman las condiciones que le endilgan.

• Por su parte, Scioli también pretendía disminuir protagonismo con el agro, ya que convertirse repentinamente en figura porteña para las elecciones de 2007 (acuerdo Kirchner-Duhalde) no sólo lo complicó con Ibarra (quien piensa que de pronto se puede anticipar 2007) y con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien se asume como próxima cabeza partidaria luego de que se inscribieran 35 mil fichas en el PJ capitalino, de las cuales muchas pertenecen a su fracción. Nadie vaya a pensar que Fernández se ocupa exclusivamente de lo que sucede en los alrededores del Presidente, aunque la crisis de Ibarra y las posibles precipitaciones hoy son contempladasen la Casa de Gobiernocon máxima intensidad.Es que muchos se preguntan: si Scioli es buen candidato para 2007, ¿para qué soportar la afrenta de la derrota en octubre de este año y no impulsar esa alternativa cuando Ibarra aparece jaqueado y disminuido por el avance judicial del caso Cromañón y su propia deserción anímica?
Sobre esto se han lanzado los lobos del peronismo. De ahí que Alvarez no sólo quisiera quedarse en el exterior, sino que llegue lo más pronto posible su salida del gabinete porteño para que nadie lo imagine como delegado de Duhalde (y del resto del PJ y adyacencias semioficialistas, como los radicales de Raúl Alfonsín) para cerrarlelos ojos al jefe de Gobierno. Nunca mejor que hoy la relación Duhalde-Kirchner (aunque no se vean), sea para la Capital Federal como para la provincia de Buenos Aires. ¿O acaso Alberto Fernández no lo llamó a Duhalde para explicarle que el presunto lanzamiento de Cristina Kirchner como senadora bonaerense para octubre no era una operación en la que ellos estuvieran complicados?

• ¿Cuánto tiempo durará este espacio, uno de los pocos, que sirve de debate político entre peronistas y ajenos al partido? Es como una carrera contrarreloj, se estima, ya que a Kirchner le disgustan estas tertulias donde se puede cuestionar su política. Se estima también que hasta corre riesgos quien presta el lugar, el jefe de la Gendarmería. Pero en esta ocasión, nada pasará: el invitado principal, el ministro Aníbal Fernández, es el responsable de esa área de Seguridad. Con inmunidad transitoria, entonces, se reunieron -y quejándose porque lo conversado sale en Quinchos y hace peligrar los encuentros- Carlos Grosso, Antonio Cafiero, Mario Granero (funcionario atrevido que organiza el democrático almuerzo), Alicia Pierini, Jorge Hugo Herrera Vegas, Santiago Lozano, Daniel Castruccio, Manuel Benítez de Castro y Fernando Galmarini, entre otros, para desalojar una mayonesa de ave, un asado de tira con papas y cebollas al horno -como «nunca habían salido tan ricas de Gendarmería»- y una ensalada de frutas con helado. También hubo vino tinto, Bianchi, pero en botellas más chicas, lo que sirvió para explicarle al invitado Fernández: «Como verá, ministro, aquí no subimos los precios, pero achicamos las botellas». Nadie piense, después de esto, que esas charlas en Gendarmería son sangrientas; al contrario, todos saben que si exceden con los convocados, éstos luego no concurren más. Por lo tanto, mejor escucharlo al ministro:

* Lo de Shell no fue para tanto. En rigor, temíamos una suba de precios general. Hubo problemas sólo con tres estaciones de servicio (se referíaa las que atacaron los piqueteros, mientras la prensa señaló que las agredidas fueron 32). Juró también que los piqueteros de Luis D'Elía no tienen nada que ver con el gobierno. Nadie le replicó, ni siquiera los que saben que el cuñado del ministro, Héctor Metón -a las órdenes de Oscar Parrilli- suele reunirse a diario con los piqueteros.

* Al referirse al conflicto con la SIP, Fernández pareció más inquieto por la cuestión comercial de los medios que por la libertad de prensa. Seguro que fue por una derivación de la charla, ya que ni siquiera le comentaron que en Francia -por ejemplo- hay una ley de prensa que no sólo obliga al Estado, sino a las empresas privadas, a sostener a los diarios con publicidad, ya que por una cuestión de género éstos atraen menos publicidad que la TV o la radio.

* Entiende que por ahora no habrá normalización del PJ ni elección de autoridades. Allí hubo objeciones: se le planteó que esa rémora vuelve a discriminar compañeros del justicialismo.

* Aludió a su pluralismo personal y habló de sus buenas relaciones con Carlos Corach y con Carlos Menem, de «quien no me puedo olvidar, ya que cuando tuve unos problemas en Quilmes, fue uno de los que más estuvo a mi lado».

* Demostró distancia con Felipe Solá -no me gusta lo que está haciendo en la provincia-, no sabe quién lo apoya (salvo, claro, los intendentes a los que alimenta con subsidios) y descree de su futuro (no tiene reelección, sólo podría ser aspirante a la vicepresidencia). Al contrario de esta opinión, rindió culto a Eduardo Duhalde como conductor en la provincia.

* En Capital no sabe qué puede ocurrir, pero reconoce que se le abre una buena oportunidad a Daniel Scioli.

* También dedicó tiempo a su visita a Israel, señalando que lo sorprendió lo bien que allí se habla de Carlos Menem, lo que viene a ser una contradicción con cierto tufillo oficialista que se observa en la campaña contra el ex presidente por la causa de AMIA. En general, todos contentos con el invitado, la soltura de su exposición y, en las mesas, dos comentarios clave en ese mundo del peronismo con visitas: 1) la confirmación de quienes le hicieron la casa al Presidente en El Calafate, de que allí se hizo instalar algo más que una caja de seguridad, una suerte de tesoro de proporciones poco domésticas y 2) de la visita de los Kirchner a Chile, la sorpresa de que los militares chilenos cantaban el Himno Nacional Argentino con la misma solvencia que el propio, mientras que también interesó el peculiar seguimiento de la prensa de ese país del vestuario de la primera dama argentina, a la que retrataron con su copioso ajuar en todas sus presentaciones.

• Mujeres sobrias para vestir, en cambio enjoyadas como suelen hacerlo pocas en Buenos Aires para lucirse. Fue en el Jockey Club, donde Maya Langes-Swarovski se despidió de sus amigos luego de asistir a la Fiesta de la Vendimia. Bodeguera también, la Swarovski presentó 5 mesas de 10 personas cada una, nominadas con el título de cada vino de su colección Norton (para los enólogos, recupera para bien la marca Perdriel). Aunque pocos de los presentes sentían exagerado placer por los alcoholes, igual se confiaron a las distintas bebidas que acompañaron los platos, destacándose un solomillo de cerdo sabiamente preparado. Estaban Julio Werthein, Martín Cabrales, Salvador Carbo, Lily Sielicki, Teresa Bulgheroni, Patricia Dellagiovampaola, José Lataliste, Jorge Pereyra de Olazábal, Marta de Corral, Ana y Luis Rusconi, entre otros.
Viajes, sociales, algún tema político, los Kirchner y, como novedad, el descubrimiento de un buzo argentino, Rubén Collado, quien frente a Colonia encontró la Lord Clive, una poderosa nave británica hundida en combate en enero de 1763. Contaban en la mesa Mil Rosas (título de la hacienda de la anfitriona) que ese navío pensaba saquear Buenos Aires en una expedición que se frustró por los cañones de Colonia, en manos españolas y no portugueses, como pensaban los invasores. Entonces, relataban, la Lord Clive con 60 cañones de bronce y tres pisos de altura -que había participado en la toma de Gibraltar- llegó a la zona acompañada por las fragatas Ambuscade y Gloria, más otros barcos auxiliares. Eran tiempos del virrey Ceballos, hubo combate, se hundió la nave, murieron 272 hombres, ahorcaron a los oficiales y dispersaron por el interior argentino al resto de los tripulantes. Parece que el buscador de tesoros piensa recuperar por completo la nave, al igual que otras dos (se calcula que cada cañón vale 120 mil dólares) y tal vez se instalen en un museo ad hoc en la ciudad uruguaya. Más para el creciente turismo.

• Vamos a terminar con un chiste fuerte. Una chica comienza a trabajar en un local de «accesorios» para adultos. El primer día, el dueño del local la deja sola, no sin antes recomendarle qué hacer, qué ofrecerle a la clientela, qué actitud tomar. Al rato, entra una mujer de mediana edad, que recorre el local con aire de desinterés y pregunta:

-¿Cuánto cuesta ése, a cuadros negro y colorado?

Poco después, regresa el patrón y le pregunta a la chica:

-¿Alguna novedad?

-No mucho: apenas que vendí su termo en cien pesos...

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