Charlas de quincho

Secciones Especiales

La misma muestra que fue ignorada en Buenos Aires sobre una figura clave de la historia causó furor en Estados Unidos: la «high society» de California pagó u$s 1.000 por asistir a la inauguración, con candidata bonaerense de oradora. En una embajada porteña, una pregunta sin respuesta conmovió a quienes la escucharon. También inquietaron cifras sobre terroristas musulmanes dispuestos a inmolarse y la posibilidad de un atentado nuclear en Europa que se barajaron allí. En cambio, cuidando su línea, un ex presidente recibió a su «task force» electoral elucubrando si conviene o no que las encuestas «den bien» tan temprano en la campaña. Por eso acordaron guardar «para más adelante» la munición pesada contra la adversaria de su candidata. Veamos.

• Si Evita viviera, no hubiese imaginado ese acto: una nutrida concurrencia de millonarios norteamericanos (pagaron mil dólares el cubierto) para asistir a una muestra sobre su vida (durará tres meses, es la misma que los argentinos no visitaban en la calle Lafinur). Tampoco la segunda mujer de Perón podía imaginar que la comitiva masculina argentina, presidida por Cristina de Kirchner, estaría totalmente ataviada con smoking, algunos -seguramente porque arrasaron con las tiendas de alquiler- con ejemplares blancos y moños colorados. ¿Era una celebración peronista, de los descamisados?
Los únicos descamisados del lugar eran los mozos, como corresponde, distinguiéndose de la delegación oficial y del popurrí californiano, unos con smoking, otros con ternos oscuros. En cambio, sí podía imaginar Evita que una de sus tantas émulas, en
este caso la primera dama, sexy, bien producida, con sugerente escote y vestido largo negro, pronunciara en ese acto una encendida arenga a favor de los pobres, esos a quienes ella -según el discurso- pudo hacerles creer que eran tan lindos como los ricos. Aplaudían los ricos, mucho más los argentinos bajo la instigación del cónsul Luis Klekerc, quien reclamaba entusiasmo con un «no se escucha».

• Diez puntos en su misión (o sumisión), como el resto de los que acompañaron a la disertante, aunque Klekerc se ganó más premios por la organización del evento en el Orange County, con la presencia de las altas celebridades sociales del lugar (una especialidad del diplomático, algo así como Archie Lanús en París) y una cena ponderada, luego de los discursos, que incluyó un carpaccio de salmón y, para cerrar, un cordero patagónico que a los norteamericanos les produce la misma excitada sofisticación que a los porteños la carne de llama. No pudo, en cambio, modificar otras exhibiciones: junto a la muestra sobre Evita en el Bauer Museum, habrá otra sobre Momias, casi como si fueran piezas pertenecientes a un mismo parque temático.

• Lo cierto es que en el corazón de la más alta clase social estadounidense -democrática, claro-, en la Costa Oeste, expuso la primera dama y también una sobrina de Evita viva, a quien no pudieron colocar en la lista de candidatas a diputados en la provincia de Buenos Aires. Nadie podía imaginar del museo Evita en la calle Lafinur -gente peronista que logró la invitación a posteriori copada por santacruceños de Presidencia- tamaño y aristocrático recibimiento, así como Evita tampoco sospechó que su vida sería quizás una muestra itinerante, casi de exportación. Habrá que admitir que Cristina lo hizo.

• Diálogo porteño, en una embajada: «¿Qué? ¿No saben que nos reconciliamos?». Una pregunta con forma de aserto que aleló a quienes rodeaban a la mujer. Broma del año o verdad, lo cierto es que Gloria López Lecube lo dijo con tal certeza que nadie de sus interlocutores se atrevió a interrogarla, ni siquiera Diego Guelar, que se precia de atrevido o impertinente. Ninguno de los absortos pudo saber si la López Lecube había reanudado su vínculo con quien fue su marido y padre de dos hijas, el ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez ( ahora confesor de Néstor Kirchner y presunto candidato a suceder a Rafael Bielsa en la Cancillería o a Eduardo Duhalde en el Mercosur). Justo es admitir que esa fraseinterrogante de la periodista fue el mayor impacto de todo lo que ocurrió en la revolucionaria embajada francesa del presidente Jacques Chirac, en su 216° aniversario del 14 de julio.
No se podría calcular la asistencia a la fiesta si, en lugar de irse los capitales franceses -ya resignados de negociar con Kirchner, al revés de los españoles que confían en cambiarlo luego de las elecciones-, decidieran quedarse en el país. Hubo dos mil personas en el Ortiz Basualdo y se debieron dividir las invitaciones en dos partes (al mediodía y a la tarde). Alcanzó la comida (sándwiches, bocaditos de salame, de brie, también profiteroles y exquisiteces de chocolate) y el embajador recibió a cada uno de los invitados (la cola llegó hasta la 9 de Julio) bajo uno de los tres principios de su consigna histórica y masónica: la igualdad.

• Si había sorprendido la López Lecube, también costó interpretarlo al embajador estadounidense Lino Gutiérrez, quien a un representante del grupo Dolphin le comentó: «No sé por qué ustedes se compran dolores de cabeza», en presunta alusión al ingreso de Marcelo Mindlin en Edenor. Nadie prestó demasiada atención: el norteamericano asiste a tantas recepciones, desde Francia hasta el país más desconocido del Africa, que tal vez sea él quien por tanto ejercicio trashumante sea el de la cabeza complicada.
Había muchos radicales como es costumbre, de Leopoldo Moreau a Jorge Lapegna, multitud de diplomáticos (Carlos Ortiz de Rozas, Albino Gómez, Jorge Hugo Herrera Vegas), encuestadores, los titulares de Total y Alstom, Miguel Kiguel, Aníbal Jozami, y hasta la esposa de Rafael Bielsa. También Jorge Telerman y su superior, Aníbal Ibarra, quien después de haber asistido inopinadamente con su mujer a la Embajada de EE.UU., en esta ocasión la reservó para otro evento. Estaba feliz con tanta hospitalidad: ya considera el lugar un asilo. Pasaron los dos himnos, se premió a una monja francesa que fue compañera de otras dos colegas desaparecidas en la década de los '70, convivieron en la recepción militares y delegados de los derechos humanos como corresponde a cualquier santuario diplomático.

• No faltó Ernesto Sabato, ni ministros como Daniel Filmus y Ginés González García, tampoco una mención atinada del embajador en homenaje a los caídos en el último atentado en Londres. «Francia es hermana de Gran Bretaña», dijo, mientras Julio Werthein -por si no habían reparado en él- añadió: «Muy bien señor embajador». A propósito de este atentado, había una pregunta que, mejor, no había que trasladársela a Ibarra por Cromañón: «¿Por qué las bombas en Londres produjeron menos víctimas que las de Atocha, en Madrid, cuando fueron más o menos las mismas cargas?».
Simplemente, relató un especialista, porque los británicos estaban preparados para el caso, no hubo confusiones y se atendió rápidamente a los heridos.

• En esa tónica siguieron las observaciones respecto del extremismo islámico y la cantidad de personas dispuestas a inmolarse: el cálculo remite a que no es inferior a los 4 millones.La misma fuente advertía que el año pasado, en Bruselas, se hizo un juego teórico de una explosión atómica (o química), expectativa de que es uno de los pasos siguientes del terrorismo. Según ese ejercicio, un atentado de esas características produciría unos 40 mil muertos y unos 100 mil heridos, también un impacto en la economía mundial. De eso, explicaban, es de lo que se habla en el mundo, no tanto de que George Bush es el culpable de esas represalias porque Al-Qaeda ya actuaba antes de que el norteamericano fuera presidente.

• En esos conflictos ingresará el sucesor de Bielsa; será el reconciliado Chacho Alvarez, como señalaba la López Lecube. A él le confiarán esa responsabilidad. Bromeaban con su retorno a la política por vía del decreto, casi en coincidencia con la de Domingo Cavallo, aunque éste por lo menos se atreve al escrutinio del voto. Hasta los ministros lucubraban sobre la rapidez con que el tiempo aligera la memoria argentina y conjeturaban que, si gana Kirchner por abrumador margen, a la Cancillería o a cualquier otro sitio puede enviar a Frankenstein.
Mejor no decir quién pronunció esa frase, es más comprometedora que la de López Lecube o el embajador Gutiérrez.

• Para Eduardo Duhalde, según confesaba antes de recibir los números, lo mejor que le podía pasar a su mujer era que empezara desde abajo y fuera subiendo en las encuestas hacia el día de la votación en la provincia de Buenos Aires. Así lo expresaba -en verdad, ya lo había dicho tantas veces que hasta se imaginaba un sondeo hecho a su medida- en las oficinas de la Fundación de Chiche antes de embarcarse al Brasil o al Caribe, donde sol mediante se nutre de energía para enfrentar a Kirchner. O, por lo menos, para no hablar y conservar un silencio de radio en clara oposición al Presidente, quien no pierde oportunidad de la palabra para castigar al duhaldismo. ¿Cuál será la estrategia más conveniente?, en este litigio de hombres representados por sus mujeres, típico de un partido en el que su fundador Juan Perón hizo famosas a dos de sus cónyuges (la segunda y la tercera). No hay en el mundo demasiados antecedentes de este apego al sistema familiar o al nepotismo, salvo en la realeza.
Estaba entonces antes del viaje con la carpeta que envió el sociólogo Julio Aurelio, acompañado Duhalde por su «task force» más inmediata para esta contingencia: Juan José Alvarez, Alfredo Atanasoff, Jorge Villaverde, José María Díaz Bancalari, Daniel Basile y Mabel Müller (el marido de ésta, por su pasado en la SIDE, actúa casi en la clandestinidad). «¿Qué dicen los números?», reclamó Alvarez, como si él por otra vía no se hubiera enterado de los datos. «Bueno, la encuesta dice que Chiche está en 18 puntos, lo que si se proyecta para los comicios se extiende a 30. No está nada mal -a Cristina le dan 31-, aunque hubiera preferido ascender de a poco, pues ellos tienen todo el dinero y, además, nos van a tirar con todo». Alvarez dijo que ellos también tenían para responder, quizá volviendo al pasado cuando era hombre de portar bélicos elementos si eran necesarios para persuadir voluntades. Estaba excitado, tanto que luego fue al cotidiano café del Patio Bullrich, ya que la estancia exagerada en la provincia no es lo que más lo seduce. Finalmente, es un hincha de River.

• Como Kirchner acababa de lanzar centellas contra el despilfarro de los tiempos duhaldistas, insinuando inclusive alguna corrupción, los aludidos no salían del asombro aunque lo llevaban con altura. Ni siquiera ellos habían tenido que salir a contestar: fueron los propios y actuales aliados del mandatario, Felipe Solá y el intendente Julio Descalzo, quienes replicaron que ellos ignoraban la existencia de irregularidades -por ejemplo- con la administración del Fondo del Conurbano (órgano sobre el cual no existe hoy, además, ningún proceso judicial). «Si sigue así -bromeó Duhalde-, me parece que el flaco se va a quedar sin amigos». Después, volvió a instruir: no respondan a las agresiones, juren que vamos a respetar la gobernabilidad aún si ganamos y, eso sí, controlen que no haya arbitrariedades con los nuestros.Adhería, entonces, al intendente de Balcarce, el «vasco» Carlos Erreguerena, a quien por no pasarse al kirchnerismo lo privaron de un plan de viviendas que le habían prometido.
Para otro día quedó, entonces, la propuesta de Basile por contestar la acusación de Kirchner sobre corrupción con los fondos « desaparecidos» de Santa Cruz. No es tema por el momento, quizá porque suponen -como se supuso inútilmente desde que el Presidente llegó a la Casa Rosada- que en cualquier momento realiza un gesto y anuncia el regreso de esos dineros, o una parte de ellos, ya que en la provincia hay mucha gente que se pregunta: ¿no nos hemos perdido una gran tasa de interés con la plata en el exterior, mientras Kirchner garantiza en la Argentina unos rendimientos extraordinarios a los que compran bonos? ¿ Somos santacruceños o, después de tanto tiempo, merecemos otro calificativo?

• Graciosos los comentarios, pero Duhalde estaba para endosar tareas. A Juanjo Alvarez, por ejemplo, le recomendó encargarse de tentar empresarios para que colaboren en la campaña y, de paso, ubicar un local para instalar la sede del comando de campaña. «No podemos -dijo- andar de un lugar a otro, de fundaciones a oficinas sin paradero fijo.» Al resto le pidió información sobre asesores internacionales en materia electoral, algo que ya hizo James Carville en 1999 con suerte adversa. Pero, ¿y el brasileño Santana?. Tal vez no sea el mejor momento para esta etapa (recordar los lazos con José Manuel de la Sota); reclamó que indaguen y hagan pesquisas al respecto.
Mientras, la publicidad la manejará Carlos Ben y los discursos los seguirá haciendo Luis Verdi. Pero, no se olviden, «¡ necesitamos un estratega!». Parece que el sociólogo Aurelio tampoco rinde para esta tarea, al revés de uno de los tres encuestadores que trabajan para la Presidencia: Artemio López, Analía del Franco (a quien le atribuyen decir que Cristina arrasa pero que no es de las mejoras candidatas) y Enrique Zuleta Puceiro.
Si uno es arquitecto de campaña de Cristina, a otro en cambio se le atribuye decir que la primera dama arrasa pero que no es buena candidata. Justamente ese dato importa para la definición de los eslóganes de Chiche. Si bien acordaron por ahora con «Queremos a Chiche» con el dibujito de un corazón, no concilian en enviar y difundir un mensaje negativo a la contrincante: «Nadie la quiere a Cristina, ni ella se vota». Ese cargamento, como el de los fondos de Santa Cruz, se reserva para más adelante, igual que la irónica novedad de que la esposa de Kirchner no figura en los padrones porque está alistada en Santa Cruz desde 1983 (aunque se creía en la reunión que en algún sitio tal vez ella se ha inscripto de nuevo). Son chicanas a rodar o para esperar el momento si el debate lo requiere. Nadie duda de que el debate va a requerirlo.

• Pasaron las vueltas de café, ni una masita -más que nunca ahora Duhalde cuida su figura- y dos temas cerraron el encuentro: uno, casi personal, anímico; el otro, de mayor trascendencia política. Por un lado, nadie sabe cómo atender la depresión de Díaz Bancalari, quien no puede recuperarse del cambio: antes tenía vía libre para entrar a la Casa Rosada y ahora le piden documentos si merodea la Plaza de Mayo con riesgo de que lo detengan. Para colmo, no sabe si aguantará hasta fin de mes como titular del bloque partidario -será reemplazado por un triunvirato en primera instancia, luego por un legislador de «consenso»-, fecha en la que seguramente pedirá licencia para ocuparse de la campaña. Ni él entiende que todo puede ser pasajero, que será imprescindible aguardar los resultados electorales para descubrir cuál será su destino.
Apartando esas cuestiones privadas, se improvisó un tanto cuando él se refirió a que Kirchner le dijo que Duhalde no entendía, casi como pecado, «las necesidades del Presidente». No hay otro justificativo para la pelea, sostuvo, como si él no fuera protagonista y recibía un castigo injusto. Pero esas necesidades, como le señalaron, implican la desaparición de Duhalde en 2007, fecha de la renovación presidencial, de ahí que se insista oficialmente en que el bonaerense debe retirarse de la política. «Si ésa es su necesidad, la mía es defenderme», clausuró Duhalde, advirtiendo -otra vez con los números en la mano- que las encuestas no le son tan negativas, al menos para su mujer. O, al menos, contra la otra mujer. O, al menos, para Julio Aurelio.

• Quedó tiempo para el solaz cuando hubo un recuerdo para el hasta hace poco íntimo amigo José Pampuro, hoy con Kirchner casi en exagerado aspaviento. Ni una imputación personal, sólo la mención que él mismo hizo, por radio, cuando trató de explicar cierto abuso de poder al comprar a un costo mínimo (junto a otro ministro, al procurador Osvaldo Guglielmino, el juez Claudio Bonadío y algún empresario del que prometen ocuparse los semanarios) unas exclusivas pistolas Glock de tipo ametralladora. «¿Saben lo que dijo Pepe?», terció Basile, recurriendo a un papel que le proveyeron en su empresa de noticias. Y leyó: «Esa pistola ya ni sé dónde la tengo, creo que mi mujer me la escondió. Ha sido una estupidez y, bueno, si realmente tengo que pagar un costo merecido, lo haré; ocurre que en ocasiones uno hace boludeces en las que no se detiene a pensar». Extrema sinceridad para el compañero de fórmula de Cristina Kirchner.

• Algo de música para salir del tedio bonaerense, donde se anticipan víctimas como señuelo de atracción pero que hasta ahora sólo produjo pacientes de psicoanálisis. Era necesario entonces viajar a Punta del Este, fría y lluviosa, con algunos visitantes por las vacaciones, el ex jefe de Gabinete Chrystian Colombo (haciendo caminar a su mujer e hijos para él adelgazar los alfajores que fabrica) o al ex ministro Horacio Jaunarena cargando palos de un golf que le cuesta más que la Defensa. Había un recordatorio por los 25 años de la muerte de Vinicius de Moraes, minirrecital que contó con la presencia de la hija del autor y del bajista que lo acompañaba en las giras que emprendía con su guitarrista de cabecera, Toquinho. Tiempo pasado, claro, como la bossa nova, aunque los asistentes al Mantra -Graciela Borges, Carlos Páez Vilaró y Chico Novarro, entre otros- disfrutaron de ese revival musical que los devolvía a una energía y juventud de los discos de pasta o de 45 rpm.
Impresionó, en ese sentido, el final con «Tomara», cantada por la hija, quien había apabullado con el anecdotario de un padre al que acompañó en ocasiones como percusionista.

• En el escenario, nostalgias aptas para cualquier público, por la platea episodios más chispeantes de Vinicius y Toquinho, quienes en su raid por Punta del Este, Mar del Plata y Buenos Aires, cantaban y tocaban con tanta fruición como acometían sexualmente a sus visitantes, tras los cortinados, en escaleras o baños. Ninguna de ellas, claro, estaba en la sala, a ellas también se las ha devorado el tiempo o van camino a algún geriátrico. Para los lectores, vale un cuento más inocente, cuando Ben Molar visitó a Vinicius en un chalet marplatense para que éste escuchara la versión que había adaptado de «La tonga da mironga do cabuleté» para las entonces nacientes Trillizas de Oro.
El brasileño recibió a los visitantes inmerso en la bañadera, donde se quitaba la resaca, se enfriaba y escribía (ponía un tablón cruzando los costados y sobre el parante ubicaba la máquina de escribir), hizo levantar de la siesta a Toquinho, quien se sentó a su lado con la guitarra, sobre el inodoro, y acompañó a las tres niñitas que empezaron a deletrear la edulcorada adaptación de Ben Molar. Hubo que cortar la actuación a los pocos minutos, las bebotas cantaban «Me gusta la rosa, me gusta el clavel, la vida es hermosa, hermoso el clavel» cuando se suponía que traducían un insulto ominoso, de los peores, en que se basa la canción surgido del dialecto nagó que usaba Jessi, la mujer del poeta. Vinicius no era Mallarmé ni Apollinaire, pero tampoco quería una variante Disney de su poesía.

• Discreto cumpleaños en el Círculo Italiano de un senador, el jefe del bloque radical, Mario Losada, misionero nacido en una tierra elegida: Apóstoles. De ese lugar casi ignoto, también se aportó a la política al ex gobernador y senador peronista Ramón Puerta y a quien más influyó en la UCR de los últimos 30 años, Enrique «Coti» Nosiglia (extrañó no verlo en la fiesta).Yerba buena la de Apóstoles, lugar tan distante que hasta los cumpleaños se cuentan tan irregularmente como los hijos, de ahí que los festejantes de Losada desconfiaran de los 65 que él juraba celebrar, endilgándole por lo menos otros tres. «¿O acaso no sos del '38?», lo bromeaban, recordando también que su primer empleo político fue en 1963, tiempos de Arturo Illia, cuando el padre lo hizo designar vicecónsul en la localidad brasileña de Sao Borja.
Animo festivo, por supuesto, con muchos desocupados sin Plan Trabajar, aunque otros -también radicales- se esfuerzan por el ganapán todos los días. José Canata, José Bielicki, Marcelo Bassani, José María García Arecha, diplomáticos como el cónsul en Colonia, Gustavo Grippo, y otros habituales al santuario de la UCR, los sábados, en los baños turcos de Colmegna. De Apóstoles al otro sudor, pago naturalmente. Discípulos, íntimos o adversarios de Raúl Alfonsín, la mayoría de los presentes no consideraba prudente -se afirma que Nosiglia asegura que no va a ser- que el ex mandatario quisiera, otra vez, presidir el partido radical. Estiman que esa actitud producirá aun más fraccionamientos, sumándose a la ya obvias divisiones desde que unos se marcharon tras Elisa Carrió y otros bajo el mando de Ricardo López Murphy.

• Apuradas las supremas de pollo, entonados por el tinto que disminuía el frío, se interrogaban inclusive por la intervención de Alfonsín en la interna entre Kirchner y Duhalde. «Le preocupan ciertas consecuencias institucionales», lo defendió uno; «eso es como aceptar que el peronismo lo es todo», contrarió otro. Además, ¿para qué tomó partido por Duhalde?, más allá de que éste haya sido quien más lo halagó en los últimos años. ¿Qué tenemos que hacer los radicales en ese pleito?, se quejaban, imponiéndose la tendencia menos simpática para Alfonsín (tal vez con razón o porque la mayoría de ellos, antes cercanos al caudillo de Chascomús, ahora ni lo ven en figuritas debido a que éste se ha recluido con una mínima corte).
Si podía sorprender que Alfonsín no acompañara el cumpleaños de Losada, más asombrosa se volvía la novedad o contradicción de que uno de los pocos que asiduamente concurre a lo del ex mandatario es Aldo Ferrer, funcionario y nada menos que en Enarsa, una de las cajas del kirchnerismo, según el entendimiento de varios en la mesa. Lo cierto es que, para mal o bien, Alfonsín continúa como el referente de todos ellos.

• No sólo era crítica de jubilados, también hubo requiebros por la jugada de Enrique Olivera de pasarse al tren de la Carrió. Le viene bien para la Jefatura de Gobierno de 2007, conjeturaban y él, a su vez, le aportará a ella cierta estructura porteña para controlar los votos en la Capital. Nadie podía entender, sin embargo, la razón por la cual Olivera finalmente no compartió listas con López Murphy, a pesar de una razonable amistad entre ambos y, sobre todo, porque dialogaban como un idilio con esa alternativa. «El Gordo ni le llegó a ofrecer», lamentaban, incurriendo luego en la teoría de que el jefe de Recrear debió someterse a Mauricio Macri en ese distrito, más que ajeno al mundo radical.
Igual, nadie se lo explicaba, mientras abundaban en un ejercicio político y capitalino de sobrada información. Por ejemplo, sabían que Christian Ritondo -hombre allegado a Miguel Angel Toma- será cojefe de campaña de Macri, junto a Horacio Rodríguez Larreta. Todavía lamentan la deserción de un especialista en punteros como Juan Pablo Schiavi, quien tampoco aceptó la tentadora oferta de la Casa Rosada para que se hiciera cargo del destino electoral de Rafael Bielsa. No estaba demasiado feliz con Macri (más bien con el cerrojo familiar que lo rodea): ni siquiera ahora, de vacaciones en Salta, invitado por el gobernador Juan Carlos Romero, también entusiasta por tenerlo en sus filas.

• Vamos a terminar con un chiste fuerte y corto, escuchado este fin de semana en Punta del Este. Un hombre, campesino él, entra en su dormitorio con una oveja en brazos, mientras su esposa -embadurnada de crema, con un pañuelo en la cabeza y un camisón de algodón que le llega a los tobillos- mira televisión. El hombre dice:

-Mirá, mi amor: ésta es la yegua con la que hago el amor cuando a vos te duele la cabeza...

La mujer, casi sin desviar la vista de la TV, responde:

-Si no fueras tan imbécil, te darías cuenta de que eso es una oveja, no una yegua...

-Y si vos no fueras tan imbécil, te darías cuenta de que le estaba hablando a la oveja...

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