Charlas de quincho

Secciones Especiales

Cumpleaños de quien es sin dudas la mayor diva de la Argentina. Por eso, pudo reunir en una misma mesa a políticos que hoy ni se saludan (milagro que sólo la «Chiqui» puede lograr). Menos popular -elige un perfil bajísimo-, un desarrollador inmobiliario condenó a smoking playero a 400 varones: se casaba su hija en Punta del Este. Hubo empresarios y banqueros llegados de todo el planeta, Palito Ortega y Rubén Rada en la animación y ningún político. Sin embargo, se recordó que un ex presidente tiene como consejero al rabino israelí que ofició la boda. Allí también -como era de esperar-se comentó la ofensa que le dedicó (una más) el monopolio «Clarín» a la comunidad judía, que obligó a una denuncia ante de la DAIA y la intervención del INADI. En Buenos Aires, una comida kirchnerista reunió a «progresistas» y «setentistas», en la que se habló del viaje del Presidente a Caracas y las anécdotas que dejó. Veamos.

  • Si alguna vez pensó un individuo juntar voluntades dispersas de la política -último intento vano el de Juan Carlos Blumberg-, lo logró en su cumpleaños 81 (secreto a guardar) la estrella Mirtha Legrand, quien festejó en el Costa Galana con más de 500 invitados. Al margen de otros notables, la diva televisiva pudo convocar a Daniel Scioli, Jorge Sobisch, Francisco de Narváez y Alberto Rodríguez Saá en una misma mesa, todos sonrientes y alegres de tener una foto histórica, al tiempo que cierto malestar trasuntaban por desconocer las consecuencias políticas de la reunión. Hoy, hasta lo más candoroso, con el sistema punitivo de la Casa Rosada, puede convertirse en un drama. A propósito: ninguno de los Kirchner estuvo en la fiesta a pesar de que alguna vez sacaron provecho de los almuerzos, incluyendo viaje y estadía paga en El Calafate. Tampoco asistió Felipe Solá, especialmente invitado, quien alegó problemas con los docentes para no viajar, excusa que desencantó a la Legrand, quien no ignoraba la presencia del gobernador en otros menesteres gastronómicos de la semana (por ejemplo, asistió sin problemas docentes a una cena con el cantor Joan Manuel Serrat).
    Mesa gigante en «u» con discusiones previas, ya que algunos candidatos se negaban a estar a la vera de otros. Pero la cumpleañera zanjó el conflicto, colocó a las autoridades nacionales a su lado, luego a las provinciales, por último a las municipales. De ese modo, Ginés González García logró un lugar calificado. No hubo mucho tiempo para hablar pues actuaron varios artistas (Cherutti imitó a Kirchner para solaz de la mayoría, inclusive de aquellos que lo van a votar; actuó Carmen Barbieri, y Mirtha la reconcilió con Moria Casán; cantaron Iliana Calabró con su soñador, uno de Los Chalchaleros, Sergio Denis, Polo Román; también participaron otro imitador y un contador de chistes).

  • Buena comida con brochette de langostinos y ensalada de mango, más tarde un lomo envuelto en panceta, degustación de postres y ella, como no resistió la tentación, se retiró brevemente para cambiar de vestido, uno rosa por otro beige: más luces para las fotos. Muchos familiares cerca (la hija, el nieto, dos biznietos), amigas como la Coustarot y la Neimann; los Salvi; los Rotemberg; gente de hotelería; el intendente de Mar del Plata, Daniel Katz, y hasta una nieta de Eva Perón. Susana Giménez había llegado la noche anterior para pasar la velada a solas con ella. Hubo rifas, De Narváez donó un Fiat, la recaudación (casi 400 mil pesos) fue a un hospital materno-infantil y, por si faltara algo, hubo tiempo para escuchar a los políticos.
    No descolló exactamente González García: se dedicó a hacer proselitismo, más para quedar bien con su jefe que con la anfitriona. Sobisch discreto, hablando del conmovedor misterio de la Legrand, tema al que también aludió De Narváez. Preciso estuvo el gobernador puntano: «Me tomo tres minutos, nada más. Uno para felicitar a Mirtha por su solidaridad, los otros para decir que los argentinos nos dividimos entre unitarios y federales, peronistas o radicales, de un club de fútbol o de otro, pero al mediodía somos todos de la Legrand». En las adyacencias se hablaba de que la estrella volvió a cerrar contrato con «América» y de que Gerardo Sofovich liquidó pleitos con «Canal 9»: tendrá dos programas y lo compensarán económicamente por otro que no volvió a nacer («Polémica en el bar»). Lo más jugoso de la reunión, ya que se hablaba de la buena temporada teatral de Mar del Plata, fue descubrir que una vedette y actriz con mucho espacio en los medios, protagonista en apariencia de dos ardientes romances, en rigor tiene un tercer idilio. Y con una chica. Mejor no hacer nombres; esa tarea es para la Legrand -ya pensando en el homenaje que le van a hacer en el Senado-, quien al pasar la barrera de los 80 se permite decir todo y sin ninguna inhibición. ¿No estará allí la razón de su nuevo éxito?

  • Otro cumpleaños que debiera ser más famoso: el de Néstor Kirchner, 57, quien adelantó el sábado la celebración del domingo con un asado en Olivos. Esta vez evitó funcionarios, más bien convocó a su vip a los amigos anteriores al 25 de mayo de 2003, casi todos de Santa Cruz: Héctor Icazuriaga, Francisco Larcher, Pilo Asset, Rudy Ulloa. Muchas bromas, anécdotas, recuerdos de otros que quedaron en el camino y ni una mención al interrogante de oro: ¿irá él por la reelección o le endosará esa responsabilidad a su mujer? Extraño juego en el que los que lo conocen tienen opiniones contrarias: Eduardo Arnold, por ejemplo, asegura que él será de la partida, que las dudas son para engañar al público; otro, como Carlos Kunkel, ya se integró a la banda -musical, naturalmenteque impulsa a la senadora. Mientras, también hay en danza otro juego: ¿quién será el dos de la fórmula? El gobernador Julio Cobos si va él, un peronista como Carlos Reutemann si va ella. Todos, como otros, se preparan para la jornada de hoy: se abre el despacho presidencial para recibir saludos y, no menos importante, regalos.

  • Nadie imagina gente de smoking en La Habana. Ni los maîtres se cuelgan ese atuendo en ese lugar de veraneo. Tampoco en Punta del Este. Pero, de pronto, aparecieron en el Conrad unos 400 caballeros con vocación pingüina de frac, obligada indumentaria -como las damas, todas de largo y enjoyadas con el stock completo de sus cajas de seguridad- impuesta por el padrino del casamiento. Un episodio de gala tan extraordinario para un lugar de playa, sólo concebible en Palm Beach o Montecarlo, exigía una fiesta acorde, aunque con animación telúrica: el tucumano Ramón Palito Ortega, el uruguayo negro Rubén Rada -una suerte de canillita a campeón, de candombero del barrio La Teja a impecable hoy crooner en inglés-, una banda para los bailes típicos y otra para despedir a los invitados, incluyendo bronces, pasadas las 7 de la mañana. Así imaginó el constructor Sergio Grosskopf (ex socio de Pérez Companc en Alto Palermo, luego con otros shopping que le vendió a IRSA, hoy con Millenium, Coral Tower y Le Jardin en el balneario, y grandes complejos edilicios porteños en Núñez y en Puerto Madero), la boda de su hija Romina con el abogado Julián Racauchi, joven que debió estudiar hebreo para acceder al compromiso, proveniente de una familia que alguna vez incursionó en bebidas colas y jugos. También, claro, Grosskopf le introdujo a la celebración judía -comida kasher únicamente, traída de Montevideo (el Conrad carece de cocinas separadas para lácteos y carnes, condición fundamental para ese régimen alimentario) y escasamente satisfactoria para la mayoría de los presentes, casi todos con un paladar más refinado un tinte religioso, ortodoxo y tradicional, al que muchos no están acostumbrados.
    Singularmente, por obra del padrino, esta hija se casó el mismo día que otra, dos años antes (con fiesta más despampanante, en el Ritz Carlton de Coral Gable, Miami), suponiendo que la elección de la fecha hace la felicidad.
    A diferencia de los católicos, que los novios llegan con media hora de atraso, en este caso aterrizaron con una hora de antelación. Adelante los sobrinos, la novia y los padres de blanco, música de «Pompa y circunstancia», de Elgar, ninguna novedad religiosa hasta el ingreso a los tres mil metros cuadrados del salón: decoración con géneros blancos que simulaba una catedral aséptica y con una altura de 30 metros, seguramente la sinagoga más grande del Uruguay. Los invitadoscon la kipá blanca adherida por un broche, hombres a la izquierda, mujeres a la derecha. Igual que los árabes, los tradicionalistas claro. El famoso rabino Vitton se destacaba entre otros ocho que lo acompañaban por el sombrero más amplio, un maestro de ceremonias y cantor de voz estupenda (entonó ocho temas), lectura del papiro con la constancia de la boda, el poncho («talit») con los colores argentinos y de Israel, finalmente la alocución del sacerdote, hombre tan vinculado a los negocios que hasta se permitió una hipérbole sobre la construcción del matrimonio, casi comparándola con la compra de un departamento futuro, viendo solamente los planos o -lo que recomendaba- conociendo todos los detalles previos en el show-room (como es de imaginar, Grosskopf vende de ese modo). El «rab» suele venir a la Argentina dos veces por año, no sólo para bendecir emprendimientos de Grosskopf: tiene fama de milagrero y emociona ver la cola de gente que lo aguarda -frente al hotel Meliá, siempre- formada por famosos, ricos y pobres, que lo consultan por parientes enfermos terminales o en estado menos complicado. También lo visita Carlos Menem, sin hacer cola, naturalmente, ejercicio de consejos a recibir que empezó cuando estaba en la presidencia.

  • Hubo bandejeada acompañada por vinos italianos y un espumante con más azúcar que alcohol que no aprobarían Adonai ni Dom Perignon (por suerte hay rabinos modernos que ya procesan un cambio en estas elaboraciones antiquísimas, más gustosas). Por fin se abrió el otro salón, el de los asientos, las mesas y la comida, con ubicaciones un tanto jeroglíficas, ingreso de los novios y el vals austríaco, entrada con gran pedazo de salmón, arenque pastrón, música que recordaba a Mau-Mau, para seguir luego con un video característico, el segundo plato (pollo), más baile y la ingenuidad de los sudorosos distraídos que mantenían la kipá en la cabeza cuando ya se sabe que ese tocado ritual se puede quitar una vez concluida la ceremonia. El postre, un brownie con helado parve (no lácteo). Entre los invitados poderosos, por ejemplo, el principal competidor de Grosskopf, Moisés Khafif, dueño de Le Parc en la Capital, donde curiosamente vive el padrino anfitrión y posee varios departamentos. Otro poderoso, por dimensiones, el gordo Juan Carlos Solari (autor de una sigla, al pie de todas sus cartas, que dice Q.S.C., simplificación de «Que se caguen»), hombre cercano al gobernador Juan Carlos Romero, dedicado a los aceites y el vino. Mucho regodeo servil cerca de Jorge Pérez (colombiano-cubano-argentinonorteamericano que colaboró en un proyecto que ha roto la ecología del ingreso a La Barra de Maldonado, al cual los vecinos se opusieron --no así los ahora prósperos edilesy al que otros ambientalistas sueñan con destruir con más empeño que la gente de Gualeguaychú a la papelera Botnia) a quien le imputan ser el número uno del Real State en Miami, siempre con una esposa morocha tan mona que confirma que es el número uno.
    También el financista Alejandro Tawil de Nueva York (un recomendado del rabino); uno de los hermanos Safra, dueño del banco del mismo nombre y quizás uno de los más ricos en la galería Forbes de Iberoamérica; Gustavo Yankelevich y su mujer, Rossella Della Giovampaola; el textilero y ahora desarrollador inmobiliario Arturo Karagozlu; los abogados Ana Rosenfeld y Marcelo Fridlevsky; León Halac (Tarjeta Shopping), y varios hombres dedicados a la plástica, al menos a la colección, el cuidado artístico y la compraventa: el mayor atesorador de cuadros del Uruguay, Enrique Malah, y dos galeristas de nota porteños, el multifacético abogado Ignacio Gutiérrez Zaldívar y Daniel Maman (obsesionado por un conflicto personal con la burocracia de ArteBA). Muestras, obvio, de que en algún otro lugar Grosskopf también guarda dinero.   

  • Sobre ciertas costumbres férreas de los religiosos, también en Punta del Este se vivió el caso entre católicos: el último sábado se pretendió hacerle un homenaje y misa en la catedral de San Carlos al odontólogo muerto hace un mes, Beltrán Barrios, justamente el profesional que más famoso ha hecho a ese poblado, pero el cura del lugar se resistió debido a que Beltrán no era de misa habitual y, además, era divorciado. Terminaron con un gentío notable en una iglesia más abierta en Punta del Este, con Bernardo Neustadt recordando al amigo. En la fiesta, mientras, con muchos asistentes del negocio de los ladrillos, se preguntaban por la suerte del edificio Torreón, en la parada uno de la Mansa -famoso por una confitería circular en su último piso-, el cual parece que ha sido transferido a un hijo del gobernante libio, Muammar Kadhafi. Justamente a uno de sus hijos menos lúcidos, al menos en comparación con los otros, quien este año en el balneario se aburrió de ofrecer fiestas aburridas. Lo que más interesaba: saber quién es el argentino que se asoció a Kadhafi junior, secreto blindado a pesar de que un par de infidentes aseguraban conocer el nombre, pero prometían divulgarlo más adelante. Allí también comentaban aspectos del disminuido boom inmobiliario de Miami: los más pesimistas creen que los precios se cayeron 30% y que resultará difícil realizar nuevas ventas o retomar el ritmo de antaño. ¿Será un anticipo de lo que ocurrirá en otros lugares?
    Otros, vecinos del country Highland (antes de Pilar), parecían disconformes con un nuevo vecino: se trata de Sergio Schoklender -casi siempre acompañado por su hermano Pablo, ambos responsables en su momento de la muerte de sus padres-, quien alquiló la casa de Alfonso Ponsiglione (Alazán 785) a través de otro apellido en la inmobiliaria Díaz Alberdi. Allí, este abogado tan allegado a Hebe de Bonafini vive no sólo los fines de semana, juega como socio al golf, recibe visitantes con motos y autos importantes -él, con su hermano, se desplazan en una 4x4- y, según se cuenta, ahora negociala compra de la vivienda,tasada en aproximadamente unos 400 mil dólares. Esa cercanía social no gratifica a los miembros del country. Mayoría obvia de la colectividad judía en el casamiento y, por lo tanto, observaciones respecto a deslices o agravios en su contra: como el cometido por el monopolio «Clarín», al editar y entregar el diccionario Espasa-Calpe, en el cual aparece la definición de judío como «avaro, tacaño». Inexplicable falta que la empresa no pensó siquiera en corregir hasta que se produjo una denuncia de la DAIA ante el Instituto contra la Discriminación y éste le impuso al medio una sanción: ahora habrá una edición nueva del diccionario y se reemplazará a la que ya se había entregado. Igual, el daño ya está hecho.

  • Como muchos clientes de Grosskopf provienen del fútbol -eso se dice del emprendimiento en Núñez-, en la reunión se comentaban temas de dos grandes clubes. Uno, Racing, institución a la cual se le asigna hoy enorme vinculación con el presidente Néstor Kirchner -por el momento, se sabía que era un discreto simpatizante-, quien no estaría contento con el rol de director técnico que ejerce Reinaldo Merlo, llevado a la institución por esfuerzo, entre otros, del ministro de Salud, Ginés González García. Si es cierto que el mandatario se interioriza todas las semanas con lo que ocurre en el club, la suerte de «Mostaza» parece echada. Más ardor, en cambio, provoca la situación de River y, en particular, la conducción de José María Aguilar, el presidente, quien en los últimos días tuvo fuerte exposición pública ante los medios. Se preguntaba, como inocente virgencita -ha estado con distintas y sombrías administraciones en los últimos 25 años-, si alguien podía creer que él les pagara a los barrabravas, si él estimulaba a «pesados» del club contra los opositores, si procediera en forma amenazante para impedir la formación de críticos a su gestión. Se confesaba allí que, en materia de barrabravas, el comentario general es que le entregaban a esos bandidos entradas que luego revendían (tribuna San Martín); en cuanto al amedrentamiento físico de opositores, recordaban que Luis Corsiglia (hoy director del Banco Central) más de una vez reconoció que había sido acosado, mientras otros socios importantes han tenido raros problemas en sus palcos, sea por reparaciones o complicaciones en los servicios (la TV, por ejemplo). Llovían las objeciones a un Aguilar demasiado pegado al gobierno nacional, aunque en su caso -como en el de Merlo- todo parece atado a los resultados futbolísticos: si Racing y River ganan, tanto uno como el otro continuarán en sus cargos. Si pierden, ya están casi afuera de la actividad.

  • Aunque no parecía ese salón del Conrad el lugar apropiado para escuchar este descubrimiento, lo cierto es que tres apartados del bullicio comentaban el voluminoso libro de memorias de Adolfo Bioy Casares sobre Borges, tan ácido y cruel que, con justa razón, pidió que lo publicaran luego de su muerte. Se referían episodios allí narrados en el libro, desopilantes, casi una colección humorística, aunque uno desató la mejor y más actual de las observaciones: se trata de la elección de un profesor para una cátedra en Filosofía y Letras, concurso cuyos jurados eran León Dujovne y otros dos. Es Dujovne quien entiende que la cátedra debe darse a Victoria, idea que al parecer comparten sus otros dos colegas. Entonces, el decano Morinigo le pide a Victoria que le lleve el fallo a los otros dos jurados para que lo firmen, al tiempo que uno de ellos refiere la situación con ingenuidad a un enemigo de Victoria.
    Esta persona, entonces, le cuenta el episodio a Monner Sans, quien denuncia el caso en el Consejo Universitario. Final: se insulta Victoria con Morinigo, renuncia el profesor elegido y Bioy Casares ensaya una digresión sobre un mundo incorrecto, donde no quedan bien los causantes y tampoco Monner Sans, «un insobornable que resulta un metido, un malito, un prig, un juez de la conducta de los demás, quien como profesor recelaba de cada estudiante». A lo que Borges agrega: «Tiene bien ganado el veneno. Es un autor fracasado, hijo de un autor fracasado. De casta le viene al galgo». Por supuesto, la anécdota está referida al padre del abogado denunciante -hoy por hoy, con el gobierno Kirchner, ya no denuncia tanto- Ricardo Monner Sans.

  • Más gente que comida en fiesta kirchnerista. Típico del éxito: todos aprovechan. Y, como cumple el jefe, también lo hicieron tres dirigentes de la inmediatez de la Casa Rosada: el influyente Rafael Follonier (segundo de Aníbal Fernández), Héctor Metón (coordinador del programa de Tierras) y Sergio Berni, un asesor top de la hermana del Presidente, Alicia. Todos absolutamente progresistas o lo que «Página/12» entiende como traducción de oficialistas. Gente, sin embargo, necesitada de gracia bendita, razón por la cual invitaron al lloriqueante sacerdote Luis Farinello con un sermón de « Canal 7». Festejaban segundos de la línea presidencial, pero clave para ciertas tareas: de ahí que se acercaran la ministra Felisa Miceli (con su activo esposo «Pacha» Velazco), el colega de Trabajo Carlos Tomada y un paquete de pretenciosos transformadores de la Argentina (o, si no se puede, de sus propias situaciones personales) como el gremialista Oscar Nievas (quien pretende desalojar a Armando Cavalieri de Comercio), secretarios de Estado como Javier de Urquiza y Daniel Arroyo, setentistas como Dante Gullo, Pedro Cámpora, Roberto Porcaro, el piquetero declarado Quito Aragón y hasta diputados con aspiraciones de gobernador como Juanchi Irrazábal, dispuesto en Misiones a hacer olvidar el último papelón de Carlos Rovira.
    Lunch para parados en la calle Perón, nunca hay que olvidar al líder, en un instituto llamado SADOP y con personajes que también disponen de humor para convivir cerca del Presidente. Allí recordaban, por ejemplo, la anécdota de hace un año, cuando en una cena Rudy Ulloa (un santacruceño que disfruta de toda la confianza de Kirchner, y al que despectivamente llaman «lopecito» en alusión a José López Rega) sostenía la conveniencia de que Daniel Scioli fuera a la provincia como candidato a la gobernación. Esa teoría incomodaba a Alberto Fernández, quien quedaba como heredero del oficialismo, al cual el mandatario entonces bromeaba: «Si Daniel va a la provincia, vos te vas a tener que presentar como candidato a senador», idea que naturalmente altera las hormonas del jefe de Gabinete. Pero aquella broma, sin embargo, luego se hizo realidad cuando la asumió Cristina de Kirchner e impuso a Scioli. Ahora, claro, faltaría la otra mitad (algunos la aconsejan para garantizar continuidades si la señora es presidente y, de esa manera, Fernández como titular de la Cámara alta quedaría en situación de reemplazarla en cualquier eventualidad). Pero esta mitad resulta improbable: de este gobierno, la primera dama quiere a Fernández en su cercanía si llega al poder como dicen las encuestas.

  • Como es personal que gusta leer del exterior admitían que la relación con George Bush no es feliz, casi un descubrimiento. Que, por ejemplo, el viaje de Beatriz Nofal para «vender la Argentina» en rigor poco puede aportar: se hace con ayuda del American Dialogue y el Council of the Americas, ninguna entrevista con el Departamento de Estado. Nadie podría decir que a la Miceli -algo machucada por el caso Greco, del cual ahora la prensa argentina ha empezado a ocuparsele cayera mal esa observación: a la Nofal la quiere menos que a Guillermo Moreno. Pero lo significativo es que se reconoce que los Estados Unidos destinarán recursos en Brasil y Colombia para la elaboración de etanol, para cultivar más maíz. Una pena el apartamiento argentino de esta inversión: sus tierras menos productivas son ideales para sembrar ese maíz duro que luego sirve para el biocombustible. Admitían en ese triple cumpleaños que en ese olvido de USA hay un castigo para el país.
    Pero no importa, ya que el gobierno predica con Hugo Chávez, impetuoso defensor de su gobierno que ha decidido armarse con submarinos para enfrentar una invasión de los Estados Unidos. Allá él con sus teorías y sus gastos absurdos, claro, pero mientras tanto les transmite a sus aliados algún texto basado en la guerra asimétrica que imagina. Teoría poco novedosa (ya Sun-Tzu la planteó 470 años antes de Cristo) que, más o menos, supone la continuidad de la guerra una vez que uno es derrotado. O sea, que ante una invasión de una fuerza dominante, más que oponerse a ella habría que mimetizarse en tierra y agua para resistir, irregularmente, como le atribuyen ese ejercicio a las fuerzas iraquíes. En esto se basa la creación de una quinta fuerza en Venezuela, la Guardia Territorial, con 150 mil reservistas, incluida en la pomposa doctrina militar bolivariana llamada « Defensa integral de la Nación» (texto de 2005). Nada de esto importaría si no fuera que el general Roberto Bendini, más de una vez enviado a Caracas, trajo ese material y ordenó adaptarlo al país, «argentinizarlo», copiando todo y cambiándole el nombre: «La guerra de desgaste». Interesante tarea para el desocupado personal castrense, una forma de perder el tiempo con objetivos que ni el más afiebrado alguna vez tomó en cuenta. Unos escuchaban, otros no.

  • Como nadie puede negarle información a ese núcleo, menos proximidad con sectores de izquierda, hubo elogios para el crecimiento económico de Cuba. Más de 12 por ciento, estimaban, convirtiendo a la Argentina en un paisito más del lote. Todo por los precios del azúcar y del níquel. Si hastacontaban que a la isla empiezan a llegar agricultores argentinos -se menciona al rey de la soja, Gustavo Grobocopatelpara sembrar en esa tierra lo que Fidel Castro no había previsto. De ese tema se pasó a otro: la visita de Kirchner a Venezuela, su conversación con Chávez en el complejo de Macahue, la casa del presidente. Se contaba que en esa reunión, el venezolano le habló a su colega de las ventajas de aplicar, este año, un golpe nacionalista en la Argentina. De expropiar -palabra que no figura en el diccionario del santacruceño, quien dispone de otras alternativas-, por ejemplo, alguna petrolera extranjera. Aludió a Shell por el aniversario de Malvinas -comentaban-, quizás no evaluando que esta compañía responde al reino de Holanda; también pasó lista por otras empresas del sector. Kirchner no respondió, más bien considera que su triunfo electoral está asegurado y, por lo tanto, para nada lo beneficia una acción de ese tipo.
    Los festejantes aplaudían por anticipado una medida de esas características -ya este diario, el martes pasado, aludió a un proyecto semejanteconsiderando que el impacto electoral sería tan importante que «Néstor, tal vez, podría sacar más votos que al regreso del general Perón».
    También, como detalle no menor de ese encuentro palaciego, otra recomendación de Chávez: no arriesgues más la relación con Bush. Quienes desconfiaban de estos informes, señalaban que en otros encuentros apareció la embajadora Alicia Castro, bastante apartada de las reuniones importantes, pero mucho más delgada, mejor vestida y hasta con resabios preciosos de su juventud. Tanto que algunos hombres serios no disfrutaron de ciertos chistes picantes que el venezolano le dispensó a su embajadora.

  • Vamos a cerrar con un chiste breve y netamente feminista. Una noche, un matrimonio estaba sentado a la mesa tras la comida, conversando de bueyes perdidos. Y surgió el tema de la muerte. El marido dice:

    - Querida: nunca me dejes vivir en estado vegetativo, dependiendo de una máquina y alimentándome de líquidos de una botella. Si alguna vez me encuentro en ese estado, desenchufá los aparatos que me mantienen vivo.

    Y ella, sin decir nada, se levantó, desenchufó la televisión, apagó la computadora y tiró la cerveza que bebía su esposo...
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