Charlas de quincho

Secciones Especiales

Completamos hoy la entrega de las charlas de esta semana iniciada ayer. Si bien continuamos al final con las últimas anécdotas de la fiesta de Estados Unidos (la aventura de una «star» local con un verdadero «star» mundial), lo más jugoso fue lo sucedido en San Luis. Allí hubo dos asados en una casa decorada hasta con caños de escape usados, odios mal disimulados a la pareja gobernante y relatos de fraudes electorales pasados y futuros. En el medio le contamos también cómo los empresarios -en un homenaje a dos de ellos- ven la crisis energética, sus consecuencias sobre el empleo y su inevitable efecto sobre los precios. Y un dato: en Internet vuelven a circular versiones sobre una supuesta enfermedad presidencial, desmentida en los hechos por la salud del propio protagonista del rumor. Veamos.

  • Hacendoso, con provincia próspera, el gobernador Alberto Rodríguez Saá sorprendió a todos en el asado (en rigor, en dos asados consecutivos) ofreciendo sobremesa de la casa: membrillos y quesos propios, elaborados por él, como el lemoncello, el licor de mandarina, también el fernet digestivo (por no hablar del té, diversos tipos de hierbas que desarrolló en épocas casi de hippismo). Hombre múltiple (recordar su reciente pasión por la industria del cine, incluyendo su propio involucramiento con las estrellas, algo que no le impide mantener su añeja actividad como artista plástico), abrió su casa -merece otro comentario- para albergar a disidentes y opositores al gobierno Kirchner, núcleo más numeroso que lo imaginado, con la pretensión de que el peronismo no oficial supere con comodidad más de un dígito en la próxima elección.
    Entusiasmados como si todos hubieran probado el mismo brebaje energizante, alimentadoscon euforia puntana unos a otros, en los dos asados -uno, preparatorio del congreso por el frente, otro como balance de la reunión- se alinearon la plana mayor con el hermano Adolfo (quien ha resignado cualquier tipo de candidatura y se presentó en una de las cenas acompañado por su nueva esposa y su hijito de apenas dos años, un «mini Adolfo»), otro par de hermanos (Carlos y Eduardo Menem), Jorge Sobisch (Movimiento Provincias Unidas), Ramón Puerta, Carlos Sargnesse, Cesar Albrisi (del partido de Domingo Cavallo), Jorge Pereyra de Olazábal (UDeDé), Marina Cassese, Luis Patti (Paufe), Eduardo Arnold (Unidos por Santa Cruz), Héctor Maya y hasta un enviado de Roberto Lavagna, el «Topo» Rodríguez. Una lista que, hace apenas un año, podía espantar hasta al más voluntarioso opositor y que hoy -debido a los diversos tropiezos del kirchnerismo- se revela como una alternativa poco despreciable. Tanto que hasta Mirtha Legrand invitó a la mesa de conducción para su propia mesa de los almuerzos este jueves. Tiempos volátiles, tiempos que pasan.   

  • Había que atender las bromas y chascarrillos del entrerriano Maya, de lejos el más cómico de todos (« vamos por nuestra última erección»), slogans sobre la señora candidata del Presidente («Con Cristina, llenamos las urnas de botox»; «Cristina es Fernández, pero no Aníbal ni Alberto» o «Cristina Presidenta, si no la votás te revienta») y más de una observación razonable. Como el acuerdo para la constitución del Frente, elaborado en la habitación 510 del hotel Potrero de Funes, a presentarse en pocos días y con puntos referidos a la conciliación nacional, a la inserción de la Argentina en el mundo, la defensa del federalismo, la inclusión social, la calidad institucional, seguridad y medio ambiente. También, claro, la unificación de una sola fórmula presidencial mientras cada partido se colgará con sus propios candidatos legislativos. Autosuprimido Adolfo, en silencio Menem, todo indicaque Puerta sería más adelante el elegido -no en vano ya convocó para un acto en el hotel Meliá, el próximo 17, con su publicitada aspiración-, al que podrían acompañar Sobisch o eventualmente una dama, ya que en este universo masculino parece imprescindible, casi por ley, incorporar mujeres con o sin talento para estar a la altura de la modernidad. Un complejo superior al que tienen los norteamericanos con los negros.
    Sobisch, entre gente particularmente austera (hoy lejos del poder, obvio), aportó vinos neuquinos, apreciados por los asistentes -mientras circulaban las achurascomo si fueran expertos en catas. Luego, al llegar las carnes, cambió esos tintos e hizo paladear nuevos caldos: «Si les gustaron los otros, ahora van a ver lo que es bueno», desafió el neuquino mientras los invitados chanceaban: «Esas actitudes atentan contra la unidad del movimiento». Premio vinario para quienes, con esfuerzo -porque están acostumbrados a la gratuidad- se habían pagado el viaje, lo que no es habitual en el peronismo. Disfrutaban los viajeros de la peculiar casa del gobernador, en la zona de Durazno, llamada «Los Peñitos», de alta sofisticación arquitectónica -al menos, 20 años atrás- con impresionantes puertas, arañas y luces con caños de escape de autos, cuadros de la propia inspiración del dueño y una biblioteca con bastante material de lectura en francés. No por vanidad.

  • Decidieron hacer un congreso «manso», agradecerle a María Servini de Cubría («Le pedimos a la jueza que dejase la pelota un rato en el patio y cumplió: se fue de viaje», celebró Maya) y no imputarle al interventor del gobierno en el partido, Ramón Ruiz, haber sido alto empleado de la SIDE durante todo el gobierno Menem. Se opusieron el propio riojano, también Maya (breve jefe del organismo) y Rodríguez Saá. Tanto pacifismo tenía una explicación: fueron tantos los congresales asistentes que, por lo menos en esa materia, ya le han empatado al gobierno. El puntano ex mandatario cuenta que estuvo reunido con Eduardo Camaño, a quien esperaron en vano (la gente de Lavagna amenazó con concurrir (dicen que llamó desde París para saludar) y, luego, envió algún personaje menor para entregarle la titularidad del Congreso.
    En su reemplazo, varios reclamaron la cabeza para el santacruceño Arnold, una forma de ampliar la herida de Kirchner. Pero ese rival patagónico se opuso: «No soy congresal, sería un escándalo si ocupara ese cargo». Tanta generosidad institucional conmovió a todos y, antes de que se repusieran, Arnold volvió a hablar: «Yo quiero presidir la Comisión de Disciplina». Entre tantas comisiones, nunca ésta figuró en los planes de nadie y, por lo tanto, se la concedieron. En el trámite, uno preguntó: «Y, Chiquito (Arnold), ¿para qué querés esa comisión?». Con rostro serio, replicó: «Para firmar yo mismo la expulsión de Cristina y Néstor Kirchner del Partido Justicialista». Otra vuelta de vino.   

  • Arnold, dado a las confesiones, en algún momento se quejó de su ex amigo Kirchner: «Pensar que en el 97 yo lo llevé para trabajar con Duhalde (Eduardo). ¡Qué mal nos pagó!». «Bueno -lo cruzaron-, no nos traigas a Duhalde acá, no vengas a salvarlo.» Cierta tensión, pero Arnold siguió en sus trece: «Debo decirles que yo sigo hablando con Duhalde». Varios se taparon la nariz, luchadores contra la contaminación en el PJ.
    Aparte de esa primera línea, en hoteles y otras moradas, también se concentraban Miguel Angel Toma (pidiendo cigarrillos mientras Menem le aconsejaba que no fumase), Julio César Aráoz -muchas preguntas y multitud de chistes procaces sobre el crimen de la Dalmasso- , María Teresa González Fernández ( ex Solá, halagada por disponer de más fama que su futuro jefe de fórmula, Jorge Sarghini, próceres peronistas como Osvaldo Agosto, Néstor Perl ( siempre con el latiguillo de que es peronista y judío), Guillermo Piuma, José María Vernet, Ramón Saadi, peronistas que se prometen abrirse a otros partidos (ya negocian solidaridad por lo menos con Ricardo López Murphy) en el frente, aunque todos parecían felices por el encuentro y escuchar anécdotas de jefes del pasado. Como cuando Rodríguez Saá (Adolfo) hablaba de los fraudes, de cómo le habían robado votos en Córdoba, de cómo había que prepararse para no ser burlados en la provincia de Buenos Aires (ya es unánime el conocimiento de que Hugo Curto pesa los votos más que contarlos). Hasta que Menem (Carlos) intervino: «Es cierto: yo también gané en todas partes, pero lo cierto es que acá estoy». Dos explicaciones expertas de que el entusiasmo importa, pero quizá no sea lo más importante.

  • Con frío, pero también a sala llena estaba el auditorio de la Asociación de Dirigentes de Empresas que, a los 65 años, decidió homenajear como empresarios notables a Julio Werthein y a Manuel Cao Corral. Reconocimiento que contó con la asistencia de María del Carmen Alarcón, a quien muchos ven como segunda en alguna fórmula opositora y ella, como toda mujer, se confiesa dependiente de un solo hombre: «Haré lo que me diga Mauricio». Buen banco para sentarse. También estaban el kirchnerista Adelmo Gabbi de la Bolsa, José Ballota (ex vice de River), Santiago Lozano, Jorge Triaca, Luciano Miguens, Miguel Saredi, Pacho O'Donell, Gustavo O'Donell, Eduardo de la Rúa, Abel Fatala, Mariano Caucino y Juan Carlos Blumberg, algo aislado y sin certezas aún sobre la respuesta popular a su candidatura a gobernador bonaerense. Algunos estimaban que Mauricio Macri podría, de acuerdo con el humor de la gente, modificar su expresa determinación: «Sólo seré jefe de Gobierno de la Ciudad». Ocurre que las encuestas lo han alzado en todo el país y, por lo tanto, son muchos los que alientan su salto a la Casa Rosada. No habrá de ocurrir, por supuesto, y quienes así lo entienden agregan: es bueno lo de Ramón Puerta, esa candidatura le hace un daño tremendo a Cristina, ya que cada cuatro votos que saque el misionero, tres le pertenecen a ella.   

  • Cierta intriga había entre varios que, indigestos con cuanto material aparece por Internet, se han apropiado de la versión de que Néstor Kirchner deja la Presidencia (en rigor, se la obsequia a su esposa) por razones de salud. Le atribuyen un agravamiento a sus conocidas penurias con el colon y el sangrado lo ha convertido en más pálido de lo que es en las últimas apariciones. Por si fuera poco, hasta se distribuye una fotografía en la cual se le observa -en un costado de la cintura- una suerte de accesorio para sus complicaciones estomacales. Por supuesto, se añaden informes médicos y hasta declaraciones de quien es el médico personal del santacruceño.
    Esta historia, el correo multiplicado en direcciones de todas partes, interesa a los diplomáticos, despierta curiosidad y maledicencia en cuanta persona observe -aun superficialmente- la realidad política del país. En rigor, más allá de testimonios fotográficos o análisis de expertos, lo que ahora circula es casi lo mismo que ya circulaba en los primeros tiempos de la presidencia de Kirchner. Datos o especulaciones que, al margen de algunas peripecias, la propia salud presidencial se encargó de demostrar que eran poco realistas. Como ocurrió con otros jefes de Estado (¿quién no se acuerda del cáncer de Perón?), como suele ocurrir, inclusive, con el endoso de amantes imposibles, tal vez allí se encuentre la brama de Kirchner por afirmar que hay una campaña sucia en su contra. O en contra de su mujer. Al menos, varios de los presentes en la reunión así explicaban el fenómeno de divulgación sanitario.

  • Como había numerosos empresarios, valió escuchar tres fuentes distintas sobre las consecuencias de la crisis energética. Uno, por ejemplo, se quejaba de que debido a los cortes tuvo que reconvertir parte de su producción a un sistema de emergencia ( alimentado con fueloil), incrementando los costos de tal modo que le han comido la rentabilidad. Si eso sigue así -aseguraba-, voy a tener que suspender o echar gente ( suprimiendo turnos), con lo cual tendré enfrentamientos con el gremio. Otro también padecía, pero desde otro plano: yo, en verdad, no tengo ningún problema de energía, quizá por la localización de mi fábrica de galletitas. Pero, así como yo opero normalmente, mis proveedores no me abastecen por falta de energía, sea quienes me venden la manteca y margarina o los del cartón corrugado. Así, ellos van a dificultades graves y me van a arrastrar a mí.
    El tercero en hablar pertenecía al mundo de los laboratoriosy contaba que su empresa,como tantas otras, requieren de un régimen de temperatura controlada y, si bien los cortes pueden ser resueltos con generadores alternativos, no siempre están en capacidad para mantener determinado nivel de temperatura. Sin embargo, explicó, el gran problema es otro: como la demanda por grupos electrógenos ha crecido en forma exponencial, nadie consigue estos dadores de energía con menos de 120 días de espera. Con lo cual, el que no estuvo atento ya perdió. Aparte de los ejemplos, otros agregaban posibilidades de complicaciones sanitarias y de diverso tipo, aunque lo más probable sea un impacto sobre el nivel de precios y la falta de cumplimiento en las entregas. Aunque el premiado Werthein ha visto casi todo en el país, todavía parece que le quedan situaciones nuevas para observar. No es malo tener expectativas, aun poco agradables, cuando ya se han atravesado tantos años de vida empresaria.   

  • Antes del Día de la Patria, anticipador como siempre -¿no estará allí su flojera como político, previsor de la ola en lugar de cabalgarla?-, Ricardo López Murphy decidió la concentración como si su partido (Recrear) fuera un equipo de fútbol (propuesta más atractiva que un retiro espiritual, al menos para los no tan devotos). Y hacia una quinta de Pilar, sin hacer ejercicio físico, partieron colaboradores como Esteban Bullrich, Marcelo Amenta, Pablo Tonelli (próximo colaborador de la Ciudad con Mauricio Macri), Cynthia Hotto, Nora Guinsbur y Marta Varela, Jorge Sanmartino, Rito Basualdo y otros dirigentes ansiosos por un veredicto: el encuestador Felipe Noguera explicaría, luego de las empanadas criollas y la cazuela de pollo, el estado electoral de Recrear y las posibilidades de López Murphy.
    Nadie, luego, estaba para cantar victoria: todavía está verde la recuperación de la figura de López Murphy y su partido, al menos frente a la performance que tuvo en los últimos comicios presidenciales (en los que, además, hasta cercanos al máximo aparato bonaerense ya reconocen que le birlaron un porcentaje de votos a favor de Elisa Carrió para no mostrar, entonces, avances del liberalismo). Puede ser una cuestión de tiempo, tan esquivo en la política. Pero esa carencia se compensó con otro dato: el profesional aseguró que no hay ninguna garantía de que Cristina de Kirchner triunfe en la primera vuelta, que esa pretensión en verdad es un recurso publicitario del oficialismo para dar por consumado lo que todavía está bajo proceso. Jornada de festejos, entonces, de promisión electoral según ellos, quienes celebrando la Patria desempolvaron un diccionario español de 1819 (tres años después de la Independencia), cuando al aludir a la República Argentina revelaba su ubicación geográfica, su extensión territorial (6 veces más que España), su forma republicana y federal de gobierno, la religión y el idiomay la creencia de que «esta nación está llamada a rivalizar con los Estados Unidos de la América del Norte, tanto por la riqueza y extensión de su suelo como por la actividad de sus habitantes y el desarrollo e importancia de su industria y comercio, cuyo progreso no puede ser más visible». De esa Argentina, jura López Murphy, es de la que quiere hablar y poco le escuchan.

  • De la última fiesta aniversario de los Estados Unidos, quincho excedido que publicó ayer este diario, quedaron sin embargo -como en el resto de la cacerola- algunos datos codiciados en esa noche de tres presidentes (Menem, De la Rúa, Puerta) entre unos mil invitados. Si bien hubo mucho tema de economía y política, también se escuchó un informe pormenorizado del último viaje de la cuarentona Araceli González a San Pablo, quien fue a filmar una publicidad de Citroën en compañía de Kiefer Sutherland, el autor y protagonista de la serie más exitosa de los Estados Unidos, «24 horas» (la expresión televisiva del partido republicano más conservadora que se imagine, a la que las organizaciones de derechos humanos ni le imputan siquiera que tolera y justifica la tortura, entre otras invasiones). Nada de un muchacho de Villa Crespo como Adrián Suar, otros modestos de ocasión, técnicos de fútbol o dirigentes: ahora ella aparecerá en una tira asediada por el actor más caro hoy de la TV de los Estados Unidos. Sorprendente salto de la dama modelo o modelo dama que se lució con remera escotada gris, calza y zapatos negros, mientras Sutherland (hijo del memorable actor Donald) lució camisa celeste, jeans gastados y zapatos de reptil. Juntos, además, participaron luego de una fiesta para 2.500 personas en Rio de Janeiro, con menú variado, y el show en vivo de Marisa Monte. Según contaban, Sutherland se quedó en la playa por unos días, ella volvió rauda: no tiene inglés para otras aventuras internacionales más amplias.
    En la carpa de la embajada, sin embargo, otros más aburridos se preguntaban por qué la Argentina es el país (de Iberoamérica) que peor imagen tiene de los Estados Unidos, superando inclusive a ciertos estados islámicos. Esta pregunta la formulaba el académico Riordan Roett a Rosendo Fraga, quien ensayó la siguiente respuesta: el antinorteamericanismo argentino es semejante al francés, también el más fuerte de la Europa de los 27; en los dos casos, creo, se trata de una cuestión cultural, una postura, más que una diferencia ideológica: ni en París ni en Buenos Aires los norteamericanos sufren agresiones. Más, debiera haber agregado, los principales dirigentes de la Argentina se matan por asistir a las nuevas parrandas de la embajada. Donde, como se publicó ayer, se escuchó una de las más singulares anécdotas del pasado peronista que se asocian con el tema del sobre con dinero que se encontró en el baño de la ministra Felisa Miceli. Volvamos a publicarla, vale la pena.   

  • La más desopilante y actualizada anécdota, relatada en la celebración de la Embajada de los Estados Unidos, fue la siguiente: estaba el peronismo en el poder, era ministro de Economía Miguel Miranda (el que compró los ferrocarriles, idea que tanto admira Felisa Miceli, quien ha dispuesto un busto de Raúl Scalabrini Ortiz como homenaje a uno de los autores intelectuales de esa operación), y tenía como colaborador principal a Alfredo Gómez Morales. Entonces, un colegadel gabinete (se omite el nombre) consultó por la forma económica posible para conseguir un determinado monto de dinero para comprar una casa, ya que sus fondos ahorrados no le alcanzaban. La vivienda estaba en la calle Maza, en el barrio de Boedo, por si alguien duda de la precisión histórica.
    Desistió de consultar a Gómez Morales porque, al final, «seguro que no iba a conseguir nada y, encima, algo le cobrarían», narraba el veterano memorioso recordando el ascetismo de quien varias veces luego fuera figura del justicialismo. Entonces, optó por pedir audiencia con Miranda, quien venía del sector empresarial y, como se sabe, era un hombre bastante práctico: cuando el ministro lo requirió al otro ministro por un préstamo para la compra de su casa, pensó un rato y le dijo: «Negro, vamos a apresurar el trámite». Y, abriendo un cajón de su escritorio, le pidió que se acercara diciéndole: «Sacá de acá». La historia, de tiempos en que los controles del Estado eran otros, también la circulación del dinero, venía a cuento en la reunión diplomática por el caso de la bolsa con billetes que le encontraron a la ministra Felisa Miceli en el baño del ministerio, fondos que presuntamente se utilizarían para la compra de un inmueble. Por ese solo episodio escuchado de la década del 40 valió haber concurrido a la celebración norteamericana.

  • Vamos a terminar con otro chiste de la línea fuerte. Un hombre para de trabajar y va a un bodegón a almorzar. El menú del día dice «sopa; guiso de lentejas; café». El precio es razonable, y el hombre lo ordena. Al rato viene la moza (una señora mayor) con el plato de sopa y su pulgar derecho dentro del plato. El hombre lo ve, se disgusta pero no dice nada y se la toma. Al rato, vuelve la moza con las lentejas, y de nuevo con el pulgar derecho en el guisote. El hombre vuelve a disgustarse, pero no dice nada y sigue comiendo. Finalmente, la mujer trae el café, y una vez más su pulgar dentro del pocillo. El hombre explota:

    -¿¡Pero se puede saber por qué le metés el dedo a cada plato que traés?!

    -Porque lo tengo lastimado, y el médico me dijo que le aplique calor...

    El parroquiano no sale de su asombro y su enojo, y grita:

    -¡¿Y entonces por qué no te lo metés en el culo?!

    -Eso es lo que hago en la cocina...
  • Dejá tu comentario