Charlas de quincho

Secciones Especiales

A pesar de la cercanía del fin de año, la gente sigue casándose y celebrando cumpleaños. Pero ya privan los festejos navideños, como el de una pareja de empresarios vinculados al modelaje. O el de la pareja presidencial, que decidió quedarse en Buenos Aires pese a que estaba todo listo (autos, helicópteros, aviones) para transportarlos al frío Sur. El tema obligado en todos los quinchos fue, obviamente, el de las valijas; y no precisamente porque se las está preparando para las vacaciones. Hubo quejas por lo que costará este verano vivir en Punta del Este, y múltiples festejos empresarios, con baile, tenis y hasta solidaridades varias. Finalmente, un asado sindical con la mejor carne (como es tradicional) y las desventuras de un flamante embajador. Veamos.

  • Optaron los Kirchner por permanecer en Buenos Aires; un ancla poderosa los retiene en una ciudad vaciada hasta Reyes. Parecía que tendrían la habitual Navidad blanca de los hielos de El Calafate, pero se quedaron con el caliente cemento porteño: compleja decisión, ya que el sábado frente a la Casa Rosada aguardaba el helicóptero para trasladar al matrimonio al avión, también los patrulleros. Todo el personal presto, funcionando en la espera: las aspas del aparato, las «licuadoras» rojas de los vehículos policiales. Así contaba un dirigente peronista de inmediatez a la pareja, en asado de despedida anual en el country Tortugas, relatando las agitadas horas previas presidenciales a la Nochebuena, dominadas por el affaire de las valijas y, como consecuencia, la presión sobre el Congreso para que esta semana apruebe el adelantamiento de una hora en todo el país.
    Tema que algunos consejeros sugieren como paraguas protector de los cascotes y meteoritos originados en aquel viaje del 4 de agosto -cuando en un avión contratado por la estatal ENARSA,un grupo de funcionarios compartió vuelo con Guido Antonini Wilson y un voluminoso «neceser» con 800 mil dólaresque terminó, casi por orden de Kirchner, en el aeroparque civil y no en el área militar (donde, tal vez, el avión habría tenido tratamiento de «vuelo de la presidencia», lo que supone otro tipo de control para los pasajeros).   

  • Narraba el personaje que, por razones de seguridad, algo exageradas para un observador común, se han suspendido decolajes y aterrizajes en el sector militar cuando, al día siguiente, debe viajar la Presidente. Y así ocurrió, decía, en aquella madrugada en la que una pulposa funcionaria de Migraciones (habría sido bienvenida en la tripulación de aquel avión privado) sorprendió a Antonini Wilson con su valija y le ordenó que la pasara por el scanner. ¿Qué, a esta hora se van a poner a revisar las valijas?, protestó el hoy confidente de la Justicia norteamericana, quien luego de la infracción o delito pudo escaparse al Uruguay por falta de empeño de la Justicia local (no sin antes, claro, comerse un asadito y asistir a un cóctel en la Casa de Gobierno, con venezolanos y argentinos amigos). Aun con esta versión sobre el obligado cambio de lugar de aterrizaje, continuaba el personaje, a Kirchner no hay quien pueda quitarle de la cabeza que ese anómalo ingreso de dinero ha sido diagramado por un organismo de inteligencia norteamericano (a pesar, inclusive, de que él en un principio lo responsabilizó a Hugo Chávez por la desprolijidad del envío dinerario, tanto que el venezolano -como gesto de buen humor solidario- despidió por inepto a un rankeado directivo de PDVSA).
    Se atiene, creen, a la versión de un servicio propio que le endilga a un alto funcionario norteamericano la señalización de Antonini Wilson y la valija. Y con ese criterio inmodificable, algo ofuscado -ya este dato salió en algún matutino de ayer-, le atribuyó Kirchner a Marcelo Saín, a cargo de la Policía Aeroportuaria, una presunta vinculación con la CIA para consagrar el operativo sucio que enloda al gobierno argentino (debe recordarse que Saín, como en su momento publicó Ambito Financiero, ante un núcleo de parlamentarios reconoció que los acompañantes de Antonini Wilson se negaron a ser revisados en la Aduana).

  • No es momento fácil para el dúo, entonces; es preferible quedarse en la Capital y organizar la llegada de legisladores de todo el país (los vuelos están colapsados: habrá que mover aviones de todas partes para cumplir con el objetivo) para que se vote el cambio de horario y una presunta guía cultural de cómo evitar el excesivo consumo de energía. Saludablemedida cuya urgencia cuesta comprender, ya que fueron años los que Kirchner se opuso a consagrarla. Pero, se supone, su esposa piensa distinto.
    Mientras, queda pendiente -según revelaba este peronista en Tortugas- la situación de Saín, un recomendado de Horacio Verbitsky, de frecuente enfrentamiento con los kirchneristas de la Aduana, también con el ministro Aníbal Fernández, y autor de aquellas famosas frases que le imputaban a la Policía bonaerense un poder absoluto sobre Eduardo Duhalde, basado en la entrega de dinero («el cajón») para ejercer actividades non-sanctas. Curioso el sino de este personaje, casi un modelo a copiar según recomendaba el kirchnerismo, hoy en apariencia un funcionario maldito por presuntas vinculaciones con la CIA. ¿Hay un antecedente político de este Saín en el gobierno? Sí, admitióel infidente, se puede comparar con lo que ocurrió en su momento con Gustavo Beliz.   

  • Otro clima, obvio, en el Bajo San Isidro. Allí, en la casa de Alejandro Gravier y Valeria Mazza, más preocupados por el retiro de fin de año en Punta del Este y dispuestos a contar -como si todos fueran de «Caras»- que «esperamos una nena» ( luego de los dos varones). Comprensible fiesta, entonces, con la consigna: todos de blanco. Solo uno violó la norma, Santiago Soldati (de azul, como casi siempre a la noche), sea para no cambiar hábitos o por aquello del tango, «no vestirse de blanco después que pecó». Bastante fría la noche, al aire libre, con sushi como plato principal y un elenco de invitados nada despreciable: Mauricio Macri y su mujer Malala, su padre Franco con Nuria Quintela (también su ex Evangelina Bomparola), el ministro del Interior, Florencio Randazzo, a quien se imaginaba más cerca de las Abuelas de Plaza de Mayo que en estos menesteres sociales, Eduardo Costantini hijo, los hermanos Roemmers, María Laura Leguizamón acompañada por el ahora misionero Patricio Lombardi, Horacio Rodríguez Larreta y Bárbara Diez, Andrea Frigerio, Carlos Magariños y hasta algún peluquero famoso (como no se dice el nombre, se evita utilizar la palabra estilista).
    Por un rato, nadie hablabade valijas (salvo las del veraneo), sí de los muchos dólares que hacen falta para vivir en Punta del Este; Mauricio agradeciendo que este año se quedará en la Ciudad, casi sin deportes ni otro esparcimiento, Randazzo preguntando sobre la actividad de Eduardo Duhalde, quien -recurrente- ya consiguió una oficina en Virrey Cevallos e Yrigoyen donde se sientan a veces, en ocasiones, su mujer Chiche y, en otras, los miembros del grupo productivo. Muchas visitas y escasas permanencias: Luis Verdi, siempre escribiendo algo en la computadora (debe tener más memorias de Duhalde), y el «Ronco» Lence, un hombre de Mar del Plata, quien el ex presidente ha vuelto a recuperar a su lado. Le decían al ministro que Duhalde está atento a su vestuario, suele contar con un valet, y que este escenario político no se modifica hasta pasado el año próximo. Discrepa, claro, con un Domingo Cavallo que afirma lo contrario: este año venidero ya está complicado con las provincias en déficit, el superávit fiscal artificial y una obligación de previsionar 8 mil millones de pesos por el último fallo de la Corte a favor de los jubilados. Si alguien exige fuertes aumentos, tal vez Cristina tenga una crisis. Lo último que quería escuchar Randazzo.

  • Lo de siempre en esta época del año: seguidilla feroz de cocteles, cenas y fiestas empresarias para descontrolar estómago, dieta y presión arterial de los invitados. Hubo imaginación en varias celebraciones para distinguirse del común de las otras, no tanto en gastronomía, sí en propuestas o espectáculos: YPF Repsol (cuya espléndida sala de directorio ya fue partida en dos para albergar a los Eskenazi, Enrique padre y Sebastián hijo) decidió donar 25 kilos de alimentos por cada persona que asista a su ágape (casi 1.500 en esta ocasión), al tiempo que manifestaba particular alegría empresarial por el ingreso de 25% de capital privado nacional a la compañía; en Aeropuertos 2000, con sede festejante en Punta Carrasco, también mostraban entusiasmo con la última medida de Néstor Kirchner como presidente autorizando un demorado y preciado acuerdo parlamentario (ser socios con el Estado en 20%), distrajeron a la concurrencia organizando una suerte de «Bailando por un sueño» sin Marcelo Tinelli (parece que no le llegan las esquirlas judiciales que determinaron la indagatoria a Jorge Telerman, casi magia de jurisprudencia) pero con un jurado de lujo: David Nalbandian, algún cómico profesional y un par de modelos que, por mirarlas, uno no les pregunta el apellido ni el nombre. O Telefónica (confesando uno de sus directivos, en público, su batalla perdida ante el desatino del monopolio del cable que logró «Clarín», también como última medida de Kirchner antes de abandonar la presidencia), en el tradicional Lowlands del Bajo Belgrano, se permitió ofrecer para quienes lo desearan una clínica de tenis brindada por Guillermo Vilas, quien estuvo distante, cumplió, cobró y se fue.   

  • Previsibles las atenciones, del mismo modo que se sospechaba el encuentro con el ministro del Interior de Israel, Meier Shitrit. En el Alvear, con el embajador Rafael
    Eldad, representantes de las organizacones judías locales, empresarios (los Werthein, Mario Montoto), atractivo menú casher ( entrada de salmón, carne con verdura y un mil hojas de chocolate «parve», no lácteo); nadie pensaba en sorpresas diplomáticas ni tampoco una senda a contramano del visitante luego de haber firmado un convenio con la UIA (estaba Juan Carlos Lascurain, su titular). Pero Shitrit se permitió un desliz que, si la Argentina no estuviera complicada con las valijas, podría considerar un exceso fuera de la diplomacia. Más cuando sus palabras, obviamente, hasta objetaron la conducción económica del país. Simplemente, el ministro israelí dijo: «Los países que no abren su economía, terminan mal. O uno se globaliza o se hunde en su propio barro». Y agregó para que no le imputaran malas intenciones: «Al nuevo gobierno le deseo la mejor de las suertes, pero debe cambiar su línea económica, adecuarla a lo que ocurre en el mundo. Si hacen eso, van a crecer hasta el cielo».
    Lascurain se fue más temprano, como si el impacto hubiera estado dirigido a él.
    Después, en los corrillos, su gente aconsejaba la lectura de la historia, la razón por la cual una nación como China, con la misma población y superior ingreso per cápita en otro siglo frente a Europa, luego se desmoronó hacia el subdesarrollo más extremo. Claro que se puede invocar la guerra del opio, la devastación que provocaron países como Inglaterra y Francia en esa tierra, pero lo cierto es que -sostenía un conocedor-, la decadencia china se produjo por el rechazo al extranjero, el desprecio a sus actividades comerciales, a los productos que desarrollaban (por ejemplo, denostaban al reloj mecánico, sólo lo consideraban un juguete y no una forma de reglar la vida o contribuir a la astrofísica) al tiempo que los emperadores se rodeaban de eunucos que impedían la cercanía con cualquiera proveniente del exterior. En ese celo xenófobo puede explicarse el final de China hasta el siglo pasado, no casualmente cambia para mejor luego que los herederos de Mao, fingiendo que seguían su doctrina, abren la nación al mundo y crecen en apariencia en forma indefinida. Faltaba que el propio ministro israelí impartiera la lección; no parece que la gente del gobierno tomara en cuenta sus palabras. Tal vez, si lo hiciera, hasta le harían firmar al canciller Jorge Taiana una nota de protesta.

  • Hubo un capítulo referido a la actividad castrense en la reunión, más bien desopilante. Es que, al referirse a los proyectos nacionales, uno de los empresarios locales se solazó con el «helicóptero argentino», iniciativa que prendió en los altos mandos del Ejército (al menos, en sus corazones).
    Antes de pasar a esa memorable historia rocambolesca, había otra previa, también imperdible. Comentaba el experto que hace poco tiempo se intentó una compra de 40 helicópteros chinos, uno de cuyos aparatos llegó al país para ser exhibido en una demostración. Hasta lo vistieron con los colores patrios para el primer vuelo, episodio frustrante. Al principio, hubo complicaciones para determinar quién piloteaba la nave, ya que el aviador chino carecía de papeles locales y el piloto argentino desconocía la tecnología oriental (para no discutir, por otra parte, sobre cuál es la necesidad militar de disponer de un transporte de sólo dos asientos cuando en los ejercicios castrenses se requiere de mayor cantidad de ocupantes). Finalmente, con asistencia de autoridades, el helicóptero levantó vuelo y, en minutos, empezó a revelar dificultades: para el público, se trataba de situaciones de emergencia que la nave resolvía como muestra de su capacidad técnica, no así para los dos tripulantes: el aparato no se estrelló de milagro. Volvieron a desarmar el helicóptero, se devolvió a China; final para la compra de 40 unidades.
    Como persiste la voluntad para disponer de ese tipo de máquinas con sólo dos personas, en el Ejército se entendió que valía la pena incentivar la fabricación de otro helicóptero, diseñado por un ingeniero argentino, con elementos también del país, en una planta industrial del Gran Buenos Aires. Casi el principio de una producción nacional acorde con los nuevos tiempos políticos. Y con esa venia se desarrolló un prototipo que, seriamente, nadie sabe cuándo podrá ser homologado. Pero al margen de ese sueño patriótico, como no había un presupuesto ad-hoc, parece que se desviaron partidas para la realización de la nave: todo ha terminado en una causa judicial debido -decían- a que se abrieron más de 100 cuentas bancarias en una misma institución para el proyecto, cuestión que en términos administrativos podría tener complicaciones tribunalicias. Nadie sabe el final de este intento, aunque por las características modestas suponga menos agravios que el submarino atómico que imaginó el almirante Massera (con asistencia de una empresa alemana, por lo menos) o aquel desarrollo misilístico que Carlos Menem debió dinamitar por orden de los Estados Unidos.   

  • La mejor carne siempre la consiguen los sindicalistas. De todo tipo, fresca o asada, inevitablemente de exportación. Y fue la que en su gremio ofreció el «Momo» Gerónimo Venegas, sindicalista de los trabajadores rurales, recolector de cuanto ícono peronista quede suelto, él mismo un coleccionista de esa tradición: se ha puesto a cargo de las «seis dos», una organización paralela que utilizaba Lorenzo Miguel y que, aún en los tiempos del metalúrgico, se convirtió en un simple sello de goma. Conservador del peronismo, Venegas organiza cursos reivindicativos, homenajes, recauda fondos para estatuas y mausoleos, también dirigentes como el quincho que organizó: de Antonio Cafiero a Lorenzo Pepe, José María Díaz Bancalari, Graciela Camaño, Teresa González Fernández. Sin distinción de edad, por lo visto y con la única intención de mantener el mecanismo que, en tiempos de Felipe Solá, les permitía obtener partidas del gobierno bonaerense para completar el famoso mausoleo turístico de San Vicente que guarda a Perón y espera la llegada de Evita. ¿Les mantendrá Daniel Scioli los ingresos reparadores de la memoria del general? ¿Alguien puede dudarlo?
    Buena tenida con recuerdos y aspiraciones, ya que es público el interés de Venegas -también él- por heredarlo a Hugo Moyano al frente de la CGT. Aunque en el asado no manifestó demasiado su vocación: estaba la esposa de Luis Barrionuevo, el primero que se lanzó contra el camionero con ese propósito.
    ¿Le va a dar Cristina la personería a la CTA? ¿No le habrá explicado Carlos Tomada que ese pedido nunca deseaba concretarse: de qué protesta van a vivir cuando logren la personería? Bromeaban, conjeturaban sobre cambios y cómo, por el estruendo de la valija, hasta pareció disiparse la cruda interna del oficialismo: Alberto Fernández tuvo que defender a Julio De Vido, éste debió defender al jefe de Gabinete por la visita de Antonini Wilson a la Casa Rosada, Martín Lousteau jura que le gusta Guillermo Moreno y éste dice que el «rubiecito es un buen pibe». Si hasta es posible que avancen, los de Economía, con el mismo proyecto de pacto por sectores o ramas que ya había planeado Felisa Miceli -con la asistencia de Silvia Canela- y que, juntas, en su momento, se lo alcanzaron a Cristina de Kirchner. Por lo menos, comentaban, ¿se supone que le concederán la autoría a la ex ministra, hoy un poco menos golpeada que los encargados de despedirla? Graciosa la vida, siempre hay algo peor.

  • Con parte de la línea cafierista presente, se apenó por la suerte de Ginés González García, ahora designado embajador en Chile. Es que Michelle Bachelet lo citó para hoy al mediodía, para la presentación de credenciales, no le dejó tener la Navidad en paz en la Argentina. Allí explicaba un conocedor que, para los chilenos, las vacaciones son en febrero -con la feria judicial-, no a fines de diciembre y enero, como acostumbran los brasileños y, ahora, los argentinos (bueno, en general, siempre estuvieron de vacaciones varios meses). A Ginés, decía la misma fuente, lo vi ansioso en una recepción en la embajada trasandina, se comía todo lo que había en las bandejas. Y recordaba que en ese encuentro también estaba la viuda de Prebisch (Raúl) y la diputada Isabel Allende, hija del ex presidente Salvador, una dama elegante y discreta que no reparó -o hizo que no reparaba- en los comentarios de un senador sobre los pormenores de un libro reciente dedicado a los amores del padre (no conocidos por la familia, claro). «Che, huevón, hablá más despacito que te va a escuchar Isabel», le reclamó un asistente que, luego, contó un chiste típico: un rotito, al ver pasar a una bella mujer, le dice: «¡Qué bello poto!», a lo cual ella -ofendida- le contesta con un injurioso «¡Roto!» Y el rotito, balbuceando, agrega: «¡Qué lástima!»
    Después de los halagos a la carne (de ahí el chiste, sin duda), alguien advirtió que esta semana se inicia políticamente Karina Rabolini: será presidente de la Fundación del Banco Provincia. ¿Pero ella no se resistía?, terció una amiga. Sí, pero como la mujer de Alberto Balestrini quería ese puesto, finalmente le dieron la vicepresidencia y Karina tuvo que sacrificarse con la presidencia. Así son las cosas, podía alegar «la Colorada» González Fernández, una de las reemplazadas, quien mantuvo el cargo a pesar de haberse separado durante el mandato de Felipe Solá. Largo conciliábulo sobre éste, si sabía o no francés, si París lo aceptó o no como embajador, si quería quedarse a vivir en Pilar por culpa de su nueva esposa (tiene empresas que no puede abandonar, claro), aunque la mayor parte de la charla se dedicó a precisar su nueva vocación kirchnerista para defender al gobierno del acecho de los Estados Unidos con la valija del testigo encubierto. Es un nuevo Fernández, Aníbal, claro, coincidieron.   

  • Desairaron los Kirchner a Diana Conti el día de su casamiento. Todo estaba previsto para que la Presidente y su marido pasaran por el Hotel Hilton de Puerto Madero el viernes a la noche para el festejar con 250 personas la boda de Conti con Enrique Dratman.
    Decepción para Conti que la consideraba ya casi una amiga íntima a Cristina y pensó que el matrimonio se quedaba en Buenos Aires para la fiesta. Ni el menú ni el lugar conjugaban con la historia de la pareja: Dratman es ex militante de la Juventud Comunista, ex miembro del comité central del PC, ex Frente Grande y ahora recaló en el Frente para la Victoria, junto a su nueva esposa.
    Pero la cuestión era festejar y pareció que no sólo los esponsales. A Conti la felicitaron diputados como Agustín Rossi, el nuevo vice de Daniel Scioli, Alberto Balestrini, y Daniel Filmus (otro ex comunista), también por la destitución de Guillermo Tiscornia, opus magna del año en el Consejo de jueces. Los invitados del Fuero Federal y otros juzgados que colmaron el salón poco opinaron. Mucho Congreso y mucha Justicia, pero pocos regalos: la pareja prefirió que le depositaran la plata en una agencia de turismo para financiar su luna de miel, una colecta de la que también participaron los Kirchner.

  • Vamos a terminar con un chiste navideño, escuchado este fin de semana. Un chico humilde de Salta le escribe una postal a Papá Noel pidiéndole $ 500 para comprarse útiles cuando empiecen las clases en marzo. Cuando la postal -dirigida a «Papá Noel; Polo Norte»- llega al correo local, el jefe de la oficina, sin saber qué hacer, la envía a la Casa Rosada. Allí la postal llega a manos del presidente de turno quien, conmovido por el contenido de la misma, le da instrucciones al secretario privado para que le mande al chico un billete de $ 50. El presidente cree que este monto será un montón de plata para el humilde niño salteño. El secretario coloca el billete en un sobre con membrete oficial, y lo manda a la dirección del remitente. A los pocos días el niño lo recibe, lo abre, y le dice al padre:

    - Mirá qué bueno que es Papá Noel, pero qué ingenuo, papito: me mandó la plata que le pedí, pero la hizo pasar por la Casa de Gobierno, y los chorros de ahí, como siempre, se quedaron con los otros $ 450...
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