Charlas de quincho

Secciones Especiales

Cuatro ex presidentes en un evento social no es cosa de todos los días. Por eso, a pesar de que este diario lo cubrió el jueves, se narra lo que quedó de ese encuentro. Sobre todo, los dichos de uno de esos ex mandatarios (al que, según sus peluqueros, insume "80 días cortarle el cabello") respecto de la actual administración. También, las razones por las que eligió como candidato a otro ex presidente que no concurrió a la fiesta. En un sarao benéfico, en cambio, se habló extensamente de un fenómeno femenino que gana terreno: las reuniones de "tupper sex" (no hace falta explicar de qué se trata) y cómo subió la edad promedio de las concurrentes. Finalmente, una embajada cedió sus instalaciones para una academia (no la que se salvó ayer de un destino peor que la muerte) en la que se comentó la carta enviada por un ex legislador a la Presidente, con duras referencias a su actividad como empresaria hotelera. Veamos.

  • La noticia superó al quincho, a pesar de que el encuentro reunía todas las propiedades convencionales para la sección (desde invitados al suculento servicio gastronómico, con pata de ternera y pastas diversas). Sucedió que el embajador de Malta, Antonio Caselli -secundado por su padre, el ahora senador italiano Esteban, más conocido por «Cacho»- logró en el piso de la sinecura de la isla, en Puerto Madero, juntar a cuatro ex presidentes (Néstor Kirchner, por supuesto, evitó el convite), y esa fotografía al menos requería un tratamiento más periodístico (nota de Contratapa, el jueves en este diario). Pero de ese encuentro, en el cual participaron Eduardo Duhalde, Carlos Menem, Ramón Puerta y Fernando de la Rúa, quedó un residuo informativo de valor.
    Antes de ese capítulo denso -político, claro- había entre los magistrados presentes un interrogante: ¿te invitó el petiso a su fiesta de cumpleaños? Casi todos negaban con la cabeza y hasta parecían ofendidos, pero casi nadie de la Justicia al parecerconcurrió a la fiesta, de tendencia como se dice ahora, que organizó para homenajearse el juez federal Norberto Oyarbide. Fue en el kirchnerista hotel Panamericano y la novedad es que la tarjeta obligaba al «black tie». Glamorosa la reunión, como es de prever (recordar que hace un par de años sus amigos se conjuraron para festejarlo graciosa y romanamente en Colmegna, lugar del cual era habitué) a pesar de la formalidad, tema para otros quinchos. Si esto ocupaba a retirados y activos (de la Justicia, naturalmente), los curas parecían ofendidos por nuevas situaciones anómalas con el gobierno Kirchner: se quejaban porque nadie de esa esfera oficial (tampoco de la Municipalidad macrista) había asistido a la « celebración solemne de la Eucaristía» convocada también por tarjeta por el cardenal Jorge Bergoglio y el nuncio Adriano Bernardini para celebrar el tercer y anodino año desde la asunción del papa Benedicto XVI. Solos, en la Catedral, entonces. Y poco animados desde el Vaticano por alguna exigencia del gobierno a través del Ministerio de Relaciones Exteriores: abrir una diócesis en Tierra del Fuego que contemple también a las islas Malvinas, cuestión que a la jerarquía eclesiástica la complica seriamente porque tampoco puede ignorar la presencia británica en lo que Londres llama las Falklands. Dificultoso el momento, justo además cuando Bergoglio se acerca al vice Julio Cobos para ver si componen el conflicto con el agro. No será, claro, por la mediación de ellos con la Casa Rosada: allí no los atienden, tampoco van a los encuentros siquiera que invita la Iglesia.   

  • También uno, más arriesgado, podía atreverse a una vuelta de 80 días por la cabeza -ése es el recorrido, señalan sus amigos, que le demanda a un peluquero cortarle el cabello- del hoy expresivo Duhalde, convertido en un objetivo de Kirchner (al menos, así se lo confió a varios amigos en el viaje a Santa Cruz este fin de semana pasado, sin mostrarse con su esposa mandataria). Para él, hay que aplicar un foco de luz sobre quién lo hizo presidente, de tal modo que esa exposición lumínica -en oposición a la de Cristina- lo muestre a Duhalde en inferioridad de condiciones, como la opción menos interesante. Maniobra que, como se advirtió, algún secuaz de la pluma ya la ensayó al publicar que el bonaerense se había reunido con Alfredo de Angeli, una forma de menoscabar a los dos dirigentes. Al menos, ésa es la perspectiva peronista del santacruceño: no será bueno lo nuestro, pero lo de ellos es peor.

  • Algo ajeno a ese operativo en su contra, Duhalde confiaba:

    1) para el gobierno es ilevantable los comicios del próximo año: los pierde.

    2) También perderá el gobierno la batalla por las retenciones, ya que «el peronista tiene olfato para saber lo que quiere la gente». Además, «todos quieren volver a sus pueblos».

    3) «Sí, soy culpable de haberlo elegido a Kirchner. Me equivoqué. Lo hice porque, cuando él era gobernador, siempre llegaba tarde a las reuniones y se retiraba primero. También hablaba poco.

    También creí que alcanzaba con sus manifestaciones de peronismo.

    4) «Ahora, lo que quiero es lograr en la Argentina un modelo semejante al de Lula. Por eso estudio sobre Brasil y me voy a ir otra semana para aprender bien ese proyecto.»

    Cuando alguien le comentó la diferencia entre el tipo de cambio que aplica hoy Lula (deja flotar el dólar a la baja) en contradicción con la gigantesca devaluación del peso que él impuso en 2002, se ruboriza un tanto y repite: «Bueno, ya les dije que me voy a ir, de nuevo, una semana a Brasil para estudiar bien ese modelo».

    5) Después, como si hablara para los Kirchner -y sus teorías destituyentes que le atribuyen al bonaerense-, Duhalde reconocía que ahora «hablo con intendentes, jefes provinciales, legisladores. Siempre estuve en contacto, con algunos preferidos o fieles, pero ahora me llaman de todos los distritos, de todas las líneas políticas». Trato adulto, entiende, que no altera el sistema político: es sólido, nadie tiene por qué pensar en salidas apresuradas, señala.

    Aunque, claro hombre de la Constitución, no ignora que cualquier episodio precipitante podría devenir en una responsabilidad para la Asamblea Legislativa. Y si bien cree que esto no ocurrirá, piensa que si esto sucediera, la Asamblea no elegiría a un legislador (como ocurrió en su caso), sino a un gobernador. Mucha más sal para complicar la alta presión del matrimonio presidencial.


  • No era el único ex que hablaba off the record. También lo hacía Puerta, aunque como él tiene siempre la radio encendida, prefiere hablar en voz alta, en «on». Aun para bromear. Como su explicación en el cóctel de las dos Argentinas, «la extractiva y la productiva, ubicando a los Kirchner en la primera categoría». ¿Por qué? Es que en esta Argentina extractiva de la minería, el petróleo, el oro -explicaba-, la pareja gobernante sabe negociar regalías y, como son impacientes, quieren todo ya. Al revés del país productivo, el del campo, el que se hace con las manos, obligados a esperar, bancando buenos y malos años, malos y buenos gobiernos, casi una tradición». Después, algo más enardecido, sostenía que los Kirchner han atrasado el país 100 años, retrocediendo primero al criticar los 90, luego los 70, después los 50 (guerra con el campo) y, por último, cuestionarán la Década Infame a partir de 1910. «Para que todos, entonces, discutamos ese período, retroceder en suma un siglo».   

  • Lo que no cuentan en la página de los viernes, en la moda -alertó, casi pontificando una de las invitadas- es que a Cristina de Kirchner sólo le gustan las rosas color salmón. Y añadió la mujer: fíjate que el gobernador José Alperovich ya le decoró con ese ornamento todos los recorridos de la Presidente en Tucumán, en la cumbre del Mercosur. Como es de imaginar, el cronista dibujó su más reconocida cara de asombro y replicó: Perdón, señora, pero hasta ahora yo sólo sabía de las rosas color té que le gustaban a Susana Giménez, por los obsequios florales que en ese sentido -altri tempi- le hacía Jorge «Corcho» Rodríguez (quien, ahora, parece que levantó vuelo en una empresa privada con incorporación de capitales nacionales). Volvió a disculparse el cronista y lamentó, como es de sospechar, no poder asistir al almuerzo en La Mansión del Four Seasons (a beneficio de la Fundación del Hospital de Clínicas) que reunió a unas 300 mujeres que por supuesto no pararon jamás de hablar. Entre ellas, Malala Groba (la mujer de Mauricio Macri, encantada con emprender viaje oficial a China), dos ex del padre del jefe de la Ciudad (Flavia Palmiero y Evangelina Bomparola), ex modelos como Teresa Calandra, Mora Furtado, Evelyn Scheidl y Mariana Arias, también Liu Terracini, Lily Sielecki, las esposas de varios embajadores, la diseñadora Soledad Ordóñez y Mecha Suaya de Miguens. Cada mesa costaba 3.500 pesos y organizaba Mercedes Dietrechstein de Zemborain, por alrededor de los 75 y casi olvidándose de que estuvo casada con Leloir. En una de las mesas, según contó una de las asistentes, hubo una descripción detallada sobre las reuniones de tupper-sex, hoy de moda entre las que pasaron los 40 años, ya que este tipo de encuentros de docencia y comercialización -por así decirlo- antes se prodigaban casi en exclusividad con damas no superiores a los 30. Comentaban que estas convocatorias no exceden las doce mujeres, empiezan después de las 18 y 30 (antes, siempre, eran para el five o'clock) porque las invitadas suelen trabajar. Hay bocaditos, finger-food ( sándwiches), algún petit-four y un plato principal a la hora en que algunas son recogidas por sus maridos (hay otras, menos afortunadas, que deben irse solas).

  • Se conversa mucho en la reunión, la vendedoracounsellor se elige de acuerdo con la composición del grupo, ya que es imprescindible conocer el nivel mojigato o liberal de las participantes. No van hombres (siempre tratan de competir en la información, relató una vendedora), y a las excitadísimas convocadas (así se manifiestan a medida que avanza la tertulia) se les exhibe y explica una veintena de productos ad-hoc. Hay lingerie (no demasiado diferente, señalaban, de la que se vende en locales específicos de Palermo Soho), enseñanza sobre la calidad de los materiales, si sirven para sumergirse, para uso común o individual, también el mercadeo incluye juguetes a pila, en general de superior categoría de los que se ofrecen en los comercios del ramo que parecen venir de la última pocilga china, envueltos en blisters, con inscripciones orientales y sin siquiera una traducción al inglés. En este rubro, bastante éxito provoca un «rabbit» -producto difundido por su aparición en la serie «Sex and the City» con innovaciones tecnológicas-; también un animalito adaptado a las exigencias argentinas: un pingüino a pila, desplazado sin embargo por un patito en tres versiones de colores (clásico, rosa tipo Paris Hilton y soirée con cristales Swaroski). La curiosidad avanzó hacia una tanga comestible en este muestreo del tupper-sex o un juguete que se conecta al I-pod y se mueve al compás de la música. Así le comentaban al cronista azorado a la salida del hotel, el mismo que ignoraba que a la Presidente le gustan las rosas color salmón.   

  • De ese ámbito a la Embajada de Holanda, prestada para una recepción de la Academia del Sur, instrumento culturoso que tropieza desde que la fundó Blanca Isabel Alvarez de Toledo (hoy casi recluida en una chacra de Punta del Este, cerca del banquero Jorge Brito), más con necesidades que realizaciones, sin la asistencia otrora del diario «La Nación». Ahora, bajo la tutela de María Lanusse (y ayuda de Martín Uriburu), ensayan nuevas propuestas para divulgar su desamparada actividad. Y a tal fin, con razonable servicio -generoso el embajador Henk Soeters-, estuvieron Julia Constela, Hugo Gambini, el embajador Ricardo Espeche Gil y varios ex de la Legislatura (los jubilados Avila, Ardon, Castro, Napoli, Lapadu, Melfi, Costa).
    Claro que esa cobertura debió ser robustecida y, tal vez, con quien podría -desde su cargo- brindar asistencia: Mauricio Macri, de pronto interesado en la cultura (al menos, de ese núcleo), quien llegó con su mujer. También, para realzar, arribaron Cristina Guzmán, Cristiano Rattazzi, Juan José Sebrelli, Teresa González Fernández y Jorge Pereyra de Olazábal. No vaya a pensarse que allí faltaba cultura. Si hasta hubo música para baile: el empresario Juan Cornejo amagó con unos boleros y entre varios se discutía si había sido cierto, en otro encuentro anterior, la ocasional presentación de Nazarena Vélez y Humberto Roviralta. El jefe municipal confesaba que debió bajar a la diputada Paula Bertol del viaje a China (es necesaria para votar a favor del campo, aseguró), mientras a Rattazzi lo asediaban con preguntas: ¿es cierto que vos mismo cambiaste, de puño y letra, el discurso que ibas a dar si Cristina de Kirchner te acompañaba a la inauguración de Fiat? No contestó. ¿Es cierto que vos acentuaste el carácter crítico de ese mensaje debido a que te indignaste por la ausencia repetida de la Presidente en ese acto? No contestó. ¿Es cierto que el secretario de Industria, Fernando Fraguío, temblaba mientras hablaba temiendo que a él le armaran una batahola, como algunos creyeron que se armaría si viajaba Cristina? No contestó.

  • Apenas si, en reconocimiento a la posición de Rattazzi contra la aplicación de excesivas retenciones, se comentó en la reunión la carta que el ex funcionario de Raúl Alfonsín (senador, embajador) Ricardo Laferriere le envió a la mandataria. Por supuesto, defendiendo a los productores rurales, preguntándole a ella: «Imagine por un momento cómo se sentiría usted si a la tarifa de casi 5 mil dólares por pareja en su hotel Casa de los Sauces el Estado decidiera retenerle 44% de ese monto bruto. Además de Ganancias, Ingresos Brutos, aportes previsionales y otros impuestos, considerando que usted gana mucho, que tiene una renta exagerada de acuerdo con la inversión que realizó, aprovechando los beneficios de la pesificación y de los escenarios naturales». Le añade que, como abogada -y propietaria, claro- ella debería defender la causa en la Justicia, apelar a la inconstitucionalidad. Y con razón. Aunque, debiera saber -agrega en la carta- «que para obtener un ingreso bruto equivalente al de una habituación en su hotel, durante seis meses, un productor agropecuario debe obtener, en promedios de rendimiento de Entre Ríos, una cosecha exitosa de no menos de 120 hectáreas».
    Lugar para gente de campo, claro, que discutía el rol de Santiago Montoya como ministro de Daniel Scioli (los más castigados son Carlos Stornelli y Claudio Zinn): dicen que lo miden para presentarlo como diputado en 2009 y, mientras, él -fanático del no ascendido Belgrano de Córdoba- viajó un día a París y volvió para no perderse la primera final de su equipo. Otros bromeaban sobre la tormenta tropical Cristina -formada en el Pacífico, en camino hacia California- que, por ahora, no amenaza tierra firme. Habrá que esperar, va a 11 kilómetros por hora. Aunque la mayoría de los asistentes prefería enredarse en comentarios sobre la inauguración de dos salas del Museo de Bellas Artes para la muestra artística de la herencia Guerrico -adaptado el lugar a lo que era la casa familiar, con techos de 6 metros y paredes color ladrillo- con Norberto Frigerio oficiando casi de dueño de casa junto a Nelly Arrieta (ex Blaquier, no demasiado entusiasmada con el negocio de su familia con las tragamonedas). Estaba, por supuesto, el experto Guillermo Alonso, ahora un protegido de ella cuando antes lo era de su rival, Amalita Fortabat. Lo que tiene la vida: él, también antes, estuvo casado con una sobrina de la ex dama del cemento, de la cual se separó con un episodio judicial que debió zanjar la tía política. No faltó Miguel Schapire quejándose de alguien que no le respondía sus llamadas para almorzar, también Rosa María Rovera y todos, unánimes, coincidiendo en que la Cancillería poco y nada hace para que la Argentina, en la Feria del Libro de Francfort, la más importante del mundo, en 2010 -fecha del Bicentenario- sea el país invitado. Poco para leer, menos para presentar.   

  • Más de un centenar de invitados en La Torcaza, solariega casa de Carlos Pedro Blaquier en San Isidro, «un sublime palacio de mármol», como lo llaman sus amigos. Para otros, un edificio con mármoles caros, sin vida ni cuadros. Menú: pinchos con langostinos envueltos en panceta, salmón rosado con hinojos y, de postre, una torta de chocolates que venía como una propiedad horizontal, un piso de mazapán, otro de crocantes y algún otro ingrediente secreto que no quisieron revelar y tenía exótico gusto. Café y licores para el embajador de Brasil, Mauro Vieira, Norberto Frigerio, Cristina Carlisle, Rafael Oliveira Cézar, Lupita Noble, Claudio Stamato, José Ignacio-García Hamilton, Roberto-Devorik, Cipe Lincovsky,Sergio Baur, Mauricio Wainrot y Cristina Guzmán.
    Para ese escenario casi teatral cayeron dos veteranos recitadores, Elena Tasisto y Víctor Laplace, intérpretes de pasajes de un drama que un viaje a Birmania le inspiró al régisseur Daniel Suárez Marzal. Allí tomó contacto con la historia de Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz. Partidaria gandhiana de la no violencia, votada en 1990 como primera ministra con 80% de los votos, desde entonces continúa encarcelada por la dictadura militar. Ni siquiera durante la última «revolución azafrán», donde varios monjes budistas perdieron la vida (se la llama así por el color de sus túnicas), se logró obtener su libertad, a pesar de que la gente la adora y la llama «Mi Lady». Suárez Marzal, enamorado del personaje, escribió «La dama de Birmania», que dedicó a dos mujeres que no están presas. Así gana sponsors: la esposa del propio dueño de casa, Cristina Khallouf, y Guillermina Gordon, la mujer de Hernán López Bernabó, de los laboratorios.
    De la emoción por aquella dama sufriente, llegaron otros comentarios coincidentes de algunos comensales que volvían de París y de Roma: allí, como nadie ignora, la inflación también preocupa, viene en ascenso. ¿Qué hacen las grandes firmas de productos de consumo? No aumentan, sino que reducen discretamente el volumen de sus productos. Por ejemplo (y esto ya empezó a ser denunciado en páginas Web de los consumidores), en Francia la botella de jugo de naranja Tropicana perdió aproximadamente un vaso por unidad. La mayonesa Hellmann's pasó, silenciosamente, de los 907 a los 850 gramos. Los helados Breyer también mantuvieron su precio, pero el pote de 1,5 kilogramo ahora pesa 1,3. En muchos restoranes, la porción de pescado ya no pesa entre 130 y 120 gramos, sino entre 100 y 90. Todo sutil y obvio, ya descripto en cualquier manual de economía, aunque escandaliza: en Italia, en las pizzerías ya no se corta la pizza «grande» en 8 porciones, sino en 12.

  • Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte. Dos amigos se encuentran y uno le dice al otro:

    - ¿Sabés que estuve intentando ingresar al Opus Dei? Es que con mi señora somos muy religiosos y pretendemos que los chicos también se eduquen con los mismos valores...

    - ¿En serio? Te felicito, pero ahí hay un tema muy complicado, creo que te piden un período de abstinencia sexual.

    - Es verdad: me dijeron que tenía que pasar seis meses sin tener relaciones. Lo iba llevando bastante bien hasta el tercer mes, pero un día mi mujer se agachó para agarrar un yogurt del freezer y ahí no aguanté más: tres meses sin tocarla, ya no podía más, era inhumano. Me le tiré encima con todas las ganas, le arranqué la ropa con los dientes e hicimos el amor en todas las posiciones que se te ocurran y otras más también... Imaginate: ¡ella estaba tan excitada como yo! Así que no ahorramos gritos, gemidos, jadeos...

    - ¿Y qué pasó: se enteraron y te echaron del Opus Dei? - Del Opus Dei, ¡y también del supermercado!
  • Dejá tu comentario