Charlas de quincho

Secciones Especiales

Quinchos tomados por la frivolidad en medio del calor. Protestas en obra pública. Ira en el Este por veraneo de quebrados.

A pesar de la celeridad casi sin precedente de las primeras cinco semanas del Gobierno de Alberto Fernández, y a las puertas de su primer viaje oficial que obligará a dejar a Cristina de Kirchner a cargo del Ejecutivo por algunos días, la principal inquietud, sin embargo, no se centró en este hecho ni en el rechazo del Vaticano al nombramiento de diplomático de carrera, Luis Bellando, utilizando un argumento futil o, ni siquiera, al 5o aniversario de la muerte del fiscal Nisman, el tema obligado en todos los quinchos de un lado y otro del Río de la Plata, y que ameritó centímetros de columna en los diarios, horas de televisión y de radio, y los más sesudos análisis de los más conspicuos hombres (y mujeres) del periodismo vernáculo, sino que las palmas se las llevó el vuelo del chancho/cordero que en un más que controvertido delivery exprés aterrizó en una piscina privada de José Ignacio, lanzado desde un helicóptero con envidiable, llamativa, puntería. Por supuesto que Uruguay, bastante más serio a la hora de la aplicación y cumplimiento de las leyes, inició acciones inmediatas prescindiendo del hecho (casi obvio) de que se trataba de un “chiste” (?) entre dos empresarios argentinos. Y aunque después de las versiones más contradictorias tratando de explicar lo inexplicable las derivaciones siguen en una nebulosa, más allá de lo jurídico ya se perfilan algunas acciones como el boicot a la compra de prendas en los locales de la marca del empresario “receptor” del envío, hasta el pedido para que sea corrido de la Asociación de Polo donde, además, su marca (“Etiqueta Negra”) esponsorea a uno de los principales equipos locales: la Ellerstina, de los glamorosos Pieres, que seguramente prefieren ubicarse lo más lejos posible de cualquier situación siquiera sospechada de maltrato animal.

Sin duda, no fue lo único que ocurrió, fuera de la política, en los primeros días del nuevo año ya que hubo tiempo también para cantidad de asados y agasajos como el que Teresa González Fernández, titular de ALPI, y su vicepresidente, Alberto Fernández Calvo, le brindaron a la embajadora de Israel (muy ajetreada por estos días), Galit Ronen. Y, a pesar del caluroso enero, la convocatoria fue amplia, nutrida y de asistencia perfecta, tal vez porque los jardines del Circolo Italiano, en plena Recoleta, constituyen un muy buen reducto para una cálida noche de verano. Así se pudo ver allí al exitoso (INDEC mediante) Jorge Todesca y a su mujer Alicia, al historiador Eduardo de Lazzari; al extitular de la DAIA, Jorge Kirszenbaun, o a la presidente de la Corte Suprema de la provincia de Buenos Aires, Hilda Kogan. Siempre dentro del ámbito diplomático otro agasajado con feroz asado (de carne vacuna “muy jugosa”) en Nordelta, fue Takahiro Nakamae, el nuevo embajador de Japón en la Argentina quien, además de hablar excelente español, no se cansa de alabar las bondades de haber vuelto al país donde casi arrancó su carrera diplomática alrededor de los ´90.

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Mientras en las costas esteñas hubo mucho malestar por la presencia en Punta del Este de altos dirigentes del Grupo Vicentín, que siguen sin dar respuesta sobre la ingeniería financiera con la que piensan dar respuesta a sus números acreedores que, solo entre productores agropecuarios y acopios hace dos meses están demandando por pagos incumplidos que superan los u$s500 millones (mientras que a los bancos se les debería más de u$s700 millones), también del lado argentino continúa el malhumor creciente entre la gente de campo con asambleas que se continúan y que logran cada vez mayor participación. Así, al encuentro de Villaguay del sábado anterior, le siguió la reunión de Pergamino de este fin de semana, en ambos casos, con varios centenares de asistentes y un elemento en común: el mantenimiento del estado de alerta y movilización, y el rechazo -de plano- al aumento de la presión fiscal, incluyendo a las retenciones. El manifiesto de Pergamino agrega, además, un pedido directo de cese de comercialización, y la definición del plazo hasta el 31 de enero próximo para recibir una definición del Gobierno al respecto. Estas, sin embargo, no llegarían con lo que el clima se seguirá enrareciendo, sin que el diálogo mejore ya que los funcionarios que teóricamente entienden los problemas no tienen ningún peso político dentro del mismo Gabinete como para dar ninguna clase de respuesta( caso Luis Basterra, de Agricultura), y los que sí “pesan” a la hora de las decisiones, como Matías Kulfas (Producción), o Martín Guzmán (Economía), no solo no parecen conocer la problemática micro de estos sectores, sino que no tienen casi diálogo con el campo, ni con los funcionarios de las áreas específicas. “Guzmán no entiende de lo que le habla Basterra. Tenemos un problema ahí y estamos intentando conseguir un intermediario para que traduzca las inquietudes”, reconocen en los pasillos del Ministerio de Economía. No es la única diferencia en el seno del novel Gabinete, donde tampoco pasó desapercibido al rápido ascenso que está registrando Gustavo Béliz como secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, en detrimento del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, seguramente por la mayor experiencia del primero en la función pública. Tampoco parece salvarse el hasta ahora empoderado ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo a quien no pocos le auguran un pronto desgaste, incluso con la nueva tarjeta alimentaria que estaría “resucitando” técnicas y controvertidos empresarios-proveedores de la época de Guillermo Moreno como secretario de Comercio, y cuyas secuelas aún se sufren, como ocurrió con el siempre sensible sector de la carne, especialmente vacuna, que se teme se pueda volver a repetir ahora.

Vamos a terminar con un chiste de tránsito.

En una ruta, un policía le hace señas a un conductor para que se detenga. El hombre estaciona su auto en la banquina y el policía le echa una ojeada a su interior. Allí ve muchos fósforos desparramados y varios frascos de bencina que le resultan sospechosos.

- ¿Qué es esto?- pregunta el oficial.

- Soy malabarista y trabajo con fuego -le responde el conductor-, y utilizo eso en mis shows.

- ¿Ah sí? -sigue entonces el policía- A ver, bájese del auto y demuéstremelo...

El hombre, sin inmutarse, desciende del coche, toma un par de antorchas, las enciende, y comienza a hacer espectaculares malabarismos con ellas. En ese momento pasa otro auto a su lado, y el hombre que maneja le dice a su mujer:

- Menos mal que dejé de tomar. Mirá las pruebas que piden ahora en la prueba de alcoholemia.

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